30 de abril de 2010

'S All Right!




It´s okay? It's all right. La extraordinaria vida del Señor Wences (2009), Tomás Hijo y Jorge San Román

Hace una semana tuvimos la suerte de poder ver un pase de este documental en el Club de Payasos y Artistas de Circo de Madrid. Seríamos unas cuarenta personas ávidas por descubrir los entresijos de este gran artista. Presentaron el documental sus tres máximos responsables: Jorge San Román, productor e ideólogo, el cámara Sixto Cid y Tomás Hijo, director y responsable del montaje.

Autor del libro sobre Wences que ya hemos comentado hace unos días, Jorge San Román se empeñó en sacar del ostracismo al mejor ventrílocuo de todos los tiempos y ha dedicado un montón de horas a la investigación. Fruto de ese trabajo, además del libro, es este documental, inédito por falta de presupuesto, que recoge el testimonio de muchos amigos y conocidos del artista y hace un repaso por los momentos más importantes de su biografía.

Además recoge momentos de varias entrevistas con el protagonista, incluyendo la que podríamos llamar su última entrevista: un centenario Wences que todavía transmite con sus manos una energía imposible de explicar.

Para ayudar a dibujar la figura de Wences, Jorge San Romás se vale principalmente de Mercedes de Sales, la gran amiga de Wences en Alba de Torres. Ella nos ayuda a reconstruir parte de la relación de Wences con su esposa Taly Cover. Y para concluir nos acompaña en los viajes finales de los dos hasta el cementerio de Peñaranda de Bracamonte. También apoyan el perfil el presentador Jose María Íñigo, Fofito, Jaime de Armiñán, Julio Carabias y muchos otros vecinos y conocidos de Peñaranda que dan una nota costumbrista y humana al recuerdo. Conmovedoras, por no decir inverosímiles, son los trofeos del recuerdo que orgullosos ostentan dos vecinos: el envoltorio de un caramelo que apareció detrás de su oreja y las lentejas en el bolsillo de una chaqueta de Wences.


Uno de los aciertos de este documental es el montaje de las presentaciones de Ed Sullivan al espectáculo del Sr. Wences. La verdad es que sigue siendo difícil de imaginar el éxito de Wences en los inicios de la televisión americana, pero las imágenes están ahí. Son apabullantes, en cantidad y en calidad. Y las referencias a su trabajo en Estados Unidos son incontables como bien nos explicaba Jorge San Román.

La figura del hermano de Wences, Felipe Moreno, no puede pasar desapercibida. Felipe Moreno, también ventrílocuo, fue el verdadero creador del muñeco de mano, aunque fuese Wences quien le saco rentabilidad. Felipe Moreno, artista bohemio, músico, pintor, artista asiduo del Price, era según su propio hermano el verdadero artista. El documental nos muestra el registro de una grabación original de Felipe Moreno con el xilófono y el hallazgo final del loro Kiko –el muñeco más famoso de Felipe– en el cuarto de magia de Beherman, mago y constructor de aparatos y trucos de magia, además de gran conversador, que guarda este muñeco como el más profesional de los mitómanos.


El hecho de visionar el documental en el Club de Payasos nos permitió vivir momentos emocionantes. Parte del documental se había rodado ahí y algunos de sus habituales salían en el documental explicando lo mucho o poco que conocían al artista. Aunque no fue un estreno de alfombra roja, las patatas y el vinito no faltaron. Años de tablas y serrín había para regalar esa tarde en el Club y los veteranos artistas, generosos, nos hicieron obsequio de entretenidas charlas salpicadas de divertidas anécdotas sobre su vida.


It´s okay? It's all right. La extraordinaria vida del Señor Wences (2008)

Producción: El Garzo Producciones y Lombroso
Productor: Jorge San Román
Realizador: Tomás Hijo
Edición: Tomás Hijo
Operador: Sixto Cid
Color y Blanco y negro, 75 min.


Más entradas sobre Wences:
El Señor Wences

27 de abril de 2010

Ribeirinho, paradigma del ventrílocuo tímido




O grande Elias (1950), Arthur Duarte

Chuva de Estrelas
“Chuva de Estrelas”. Este es el espectáculo que dan en el Teatro Variedades de Lisboa. La principal atracción es la cantante Ana María (Milú) y su éxito “Quero… e não quero”. Y esta duda trae a mal traer al ventrílocuo Miguel (Francisco Ribeiro “Riberinho”).

En las películas sólo hay dos tipos de ventrílocuos: el sicópata dominado por su muñeco y el tímido que sólo es capaz de acercarse a una mujer gracias a su álter ego. Miguel es de estos últimos. “Eugenio”, su muñeco, realiza todo el trabajo de seducción de Ana María. Uno desconoce la obra de Jacques Compannez en que se basa la película pero juraría que este prólogo no aparece en ella. Ni siquiera se plantea aquí el conflicto, que no hará su aparición hasta el segundo acto. Cuando la acción comienza de verdad el muñeco “Eugenio” ha quedado encerrado en su vitrina y, salvo las dos canciones que Milú ha interpretado en este tramo, sólo cantará otra mientras monta con su prometido en bicicleta.

El enredo comienza cuando la temible tía Adriana (Cremilda de Oliveira) anuncia su visita desde Brasil. Carlos (Estevão Amarante), el padre de Ana María, confiesa entonces que lleva años inventándose hijos para estimular la generosidad de la tía. El dinero ha ido a parar a negocios ilusorios concebidos junto a su compadre Elias (António Silva). El último fue la invención de un azúcar sintético que no endulzaba… pero estaba indicadísima para los diabéticos.

Ana María será ella misma, aunque la tía no debe enterarse de su carrera en el mu
ndo del espectáculo. A otra hermana la matan de un tifus fulminante. Miguel asumirá el papel de Francisco, uno de los gemelos. Del otro le cuentan a la buena señora que es la oveja negra, llevó una vida de perdulario durante algunos años y terminó dedicado a la lucha con el sobrenombre de la “Pantera Negra”.

Elias se encarga de orquestarlo todo… enredándolo cada vez más. En el palacete -que ha conseguido de un amigo anticuario que va a subastar los muebles- se hace pasar por mayordomo. El gran Elias da explicaciones fantásticas, organiza combinaciones rocambolescas y siempre tiene una idea que complica aún más la cosa. Es así como Miguel se ve obligado a subir al ring en el Parque Mayer lisboeta. El magro físico de Ribeirinho frente a la mole de un luchador profesional. Hemos visto a Buster Keaton, a Chaplin, a Harold Lloyd, a José Luis Ozores y a Danny Kaye en la misma tesitura.

Hay alguna alusión a la actualidad –a costa del Plan Marshall, por ejemplo- pero no empaña la liviandad del propósito de esta comedia. La disfuncionalidad de la familia los sueños de riqueza inmediata, la trampa y la triquiñuela como medio de subsistencia, el quiero y no puedo… se resolverán al final gracias a los dineros de la tía de América.

Arthur Duarte
Arthur Duarte (1895-1982), el director de O grande Elias, comenzó su carrera como actor en 1921, en su Portugal natal. Su interés por el cine le lleva, mediada la década, a París y a Berlín donde se familiarizará con las nuevas técnicas del cine sonoro. A principios de los años treinta, lo encontramos en España. Sirve de enlace entre varios alemanes huidos del nazismo –el director Max Nosseck, el operador Willy Goldberger, el escenógrafo Herbert Lippschitz…- y el distribuidor portugués Bloco H. da Costa. Todos ellos constituyen en Barcelona la sociedad de producción Ibérica Films. Duarte figura en la media docena de títulos que se ruedan en España mediante esta fórmula como ayudante de dirección, aunque ejerce ocasionalmente de actor, como en la primera adaptación de la zarzuela Doña Francisquita (1934).

Su carrera como director de largometrajes arranca en Portugal, en 1938, con Os Fidalgos da Casa Mourisca. Interviene como actor –hace el villano, el contrincante de “Riberinho”- en O pai tirano (1941), de António Lopes Ribeiro, una de las películas fundacionales del llamado “período de ouro” de la comedia portuguesa, de la que Duarte se convierte en uno de los más conspicuos cultivadores. O Costa do Castelo (1943) –tragedia grotesca en la que Antonio Silva encarna al soñador Simplicio Costa- y O leão da estrela (1947) –en la que el mismo actor es un padre de familia forofo del Sporting de Lisboa que hará lo que sea con tal de ver jugar a su equipo la final contra el Oporto- son dos de los títulos más representativos de esta hornada. Se trata de crónicas populares, pequeño burguesas, más próximas espíritu del sainete que al neorrealismo, soportadas por un grupo de cómicos entre los que descuella, siempre pletórico, el gran António Silva, acompañado por un elenco más o menos estable configurado por el orondo Vasco Santana, la cantarina Milú, el cómico Francisco Ribeiro “Ribeirinho”, la sempiterna madre María Olguim o la dicharachera Laura Alves.

Arthur Duarte mantiene un buen ritmo de trabajo en esta década también en España donde, al amparo del acuerdo cinematográfico establecido entre los dos dictadores ibéricos, se ruedan versiones en ambos idiomas de títulos como Es peligroso asomarse al exterior / É Perigoso Debruçar-se (1946), El huésped del cuarto número 13 / O hóspede do quarto 13 (1946), Fuego / Fogo! (1941) y Nubes de verano / Parabéns, Senhor Vicente (1954).

En la década de los cincuenta decrece su ritmo de producción, debiendo conformarse al final de su carrera con la realización de documentales. Será el Instituto Português de Cinema surgido de la Revolución de los Claveles, el que, paradójicamente, apoye la financiación de su última obra como director: Recompensa (1977).


O grande Elias (1950)
Producción: Tobis Portuguesa (POR)
Director: Arthur Duarte.
Guión: Fernando Fragoso, basado en una idea de Jacques Compannez. Diálogos: João Bastos.
Intérpretes: António Silva (Elias), Milú (Ana Maria), Francisco Ribeiro “Ribeirinho” (Miguel, el ventrílocuo), Cremilda de Oliveira (Tia Adriana), Maria Olguim (Francisca), Estevão Amarante (Carlos, el padre de Ana María), Humberto Madeira, Licinio Sena, los luchadores Filipe Rebordão, Damian, Kid Moralino, Duvivier, Kid-Fer, Lobo da Costa, Figueiredo, Mateus y Ruivo, y las bailarinas del Teatro Variedades bajo la dirección de Eugénio Salvador.
108 min. Blanco y negro.


25 de abril de 2010

La vida de Wences



Jorge San Román, ha dedicado a Wences mucho tiempo. Muchas horas de investigación y entrevistas en búsqueda de las raíces de un artista que pasó la mayor parte de su vida profesional en Estados Unidos. Fruto de este trabajo son esta interesantísima y bien documentada biografía y un largometraje documental, It's Ok? It's All Right! La extraordinaria vida del Señor Wences. El documental está todavía inédito por falta de presupuesto y repasa la trayectoria de este genial artista. Nosotros hemos tenido la suerte de ver un premontaje y nos atrevemos a animar a los productores y a los cazadores de ideas a apoyar este documental, un empujón final que permita el estreno de este gran documental dedicado a este genial y extraordinario artista.

En el libro, Jorge San Román nos descubre un personaje muy de Salamanca, muy charro, enamorado de su tierra y de su gente. Y al mismo tiempo, nos presenta al trabajador incansable, audaz, original, capaz de hacer hablar a sus personajes hasta en ocho idiomas, que llegaría a ser el único artista español de la primera mitad del siglo XX, con una calle a su nombre en Nueva York y uno de los mejor pagados de la época.

Para el que quiera más información o quiera adquirir el libro, el autor tiene una página web (http://www.senorwences.com/) dedicada al más grande ventrílocuo de todos los tiempos, el genial Señor Wences.


San Román, Jorge
La extraordinaria vida del Señor Wences
Edición del autor (www.senorwences.com), 2009
ISBN: 978-84-613-1843-8

Más sobre Wences:

24 de abril de 2010

La voz de Wences



Gracias a la amabilidad de Bill Smith, un ventrílocuo americano, fan incondicional de Wences, poseedor de una buena colección de fotografías del artista y creador de una página de facebook dedicada a Wences (http://www.facebook.com/group.php?gid=109051759125686&ref=mf ), ha llegado a mis manos la grabación de un single que realizó el popular ventrílocuo para Joy Records en 1959. En este disco se puede apreciar el talento del genial artista con dos cha-cha-cha llenos de ritmo y de humor.


La cara A es una brillante composición que recrea la relación de Johnny, el muñeco de mano, con su creador. Es una pieza muy divertida, una auténtica lección del tempo cómico y aunque no estamos viendo a sus personajes el resultado es igual de gratificante. La cara B es más musical y se centra en la famosa frase de Pedro, la cabeza en la caja," 'S all right", que tantas veces se ha utilizado hasta convertirse en un referente en la cultura popular americana: los Munster, los Picapiedra, los Simpsons, South Park, Aladdin, el juego de ordenador Kingdom of Loathing y numerosas películas y episodios de tv hacen un homenaje al artista incluyendo la frase en los diálogos de sus personajes.

22 de abril de 2010

El Señor Wences





Mother Wore Tights (1947), Walter Lang

Betty Grable and Dan Daily fueron un excelente y productivo equipo que comenzaron su andadura juntos precisamente con esta película. La pareja formaba un creíble matrimonio de artistas capaz de enfrentarse a cualquier problema, así que la estructura se repitió en
When My Baby Smiles at Me (1948), del mismo director, My Blue Heaven (1950) y Call Me Mister (1951). A Betty Grable se la recuerda más por su participación en Pin Up Girl (1944), de la que no tardaremos en hablar y en How to Marry a Millionaire (Cómo casarse con un millonario, 1953) formando uno de los tríos femme fatale de la historia del cine: Marilyn Monroe, Lauran Bacall y la propia Betty Grable, "The Girl With the Million Dollar Legs".



En el New York Times del 21 de agosto de 1947 podemos leer: "it must be said that Miss Grable in Technicolor is balm for the eyes". Y efectivamente uno de los hallazgos de esta película es el color por el que recibió una nominación Harry Jackson, responsable de la fotografía. Además la canción "Do You" recibió otra nominación y Alfred Newman se llevó el Óscar a la mejor Banda Sonora.

Se trata de la película de Grable que más dinero generó y la favorita de la artista, que llegó a ser la actriz mejor pagada de Hollywood, a pesar de un comienzo lento y tortuoso con pequeños papeles en demasiadas películas. Betty Grable estuvo casada un par de años con otro conocido de nuestro establecimiento, el niño prodigio Jackie Coogan, protagonista de Peck's Bad Boy (1921) y Circus Days (Chiquilín, artista de circo, 1923), además de encarnar a muchos de los jóvenes personajes de Dickens en otras tantas películas.

Myrtle McKinley (Betty Grable) va a San Francisco para ingresar en una escuela de negocios pero acaba en un chorus line. Pronto, la estrella de vaudeville Frank Burt (Dan Dailey) se da cuenta del talento de la joven y la propone realizar un dúo de baile. Se enamoran y se casan, llegando a formar una feliz pareja. Myrtle se dedica a la crianza de dos guapas niñas de las cuales la más pequeña es la que cuenta la historia (la voz la pone la actriz Anne Baxter, una conocida de nuestra carpa por su participación en Carnival Story (1954). La enfermedad de la mayor de sus hijas y sus fuertes dolores se alterna con nostálgicos números musicales. Entre ellos queremos destacar el tema "This Is My Favorite City" en el que se realiza un divertido encadenado con los diferentes finales dedicados a la ciudad que acogía sus actuaciones y "There's nothing like a song", temas clásicos del musical americano.

Nuestro ventrílocuo favorito
Pero si esta película se proyecta en nuestra carpa no es por nada de lo anteriormente hablado. La razón es la aparición del que nosotros consideramos el mejor ventrílocuo del mundo, el gran Wenceslao Moreno, el Señor Wences, hermano del también ventrílocuo Felipe Moreno y tío del actual productor de espectáculos Jose Luis Moreno.

El que llegará a ser el mejor artista pagado de su época en Estados Unidos, con una calle en su honor en Nueva York, desconocido en España para vergüenza de su millonario sobrino, aparece en la última parte de Mother Wore Tights para entretener a la pobre hija enferma de la ejemplar familia y dar un poco de ilusión navideña a la familia. Wences comienza su número dibujando con una cera o un lápiz de labios la nariz y la boca de Johnny, un personaje adorable que construía a la vista del público y que llegó a ser el sello característico de este ventrílocuo, muchas veces imitado desde entonces. Le colocaba dos bolitas a modo de ojos y acto seguido ponía su puño sobre un cuerpo de marioneta. Johnny canta mientras Wences le coloca un pañuelo en la boca y se enciende un cigarro provocando el aplauso del público familiar que celebra la Navidad.


Es una de las pocas intervenciones de Wences en el cine, al que había cogido manía según cuenta él mismo en una entrevista pocos años antes de su muerte. La otra película, y causante de la fobia del artista a la gran pantalla es History is Made at Night (Cena a medianoche, 1937) de Frank Bogarze. En ella, Charles Boyer le roba literalmente la mano a Wences para hacer reír a Jean Arthur (http://www.youtube.com/watch?v=va58fCwT0TY).

El robo ni siquiera aparece en los títulos de crédito y Wences recuerda el acontecimiento con un poco de amargura. Demandó a la productora y ganó el pleito lo que le hace entrar en la lista negra de numerosos estudios de Hollywood. El gesto de la marioneta, Coco en la película, mantiene vivo el recuerdo del amor entre Paul Dumond (Charles Boyer) e Irene Veil (Jean Arthur), un amor perseguido por el armador millonario y exmarido celoso Bruce Veil (Colin Clive). La película no tiene demasiado interés para nosotros excepto por la mano de Wences y la relación entre Paul Dumond y su amigo íntimo Cesare (Leo Carrillo), una amistad que solo se puede ver en películas de este corte.

Por el contrario sus apariciones en la televisión americana se multiplicaban. Es el artista con mayor número de intervenciones en el mítico programa de Ed Sullivan y realizó apariciones en diversos episodios de The Milton Berle Show, The Colgate Comedy Hour, The Steve Allen Show, The Jack Benny Hour, The Andy William Show, Tonight Starring Jack Spaar y otros programas de los primeros años de la televisión americana. Más tarde, en 1980, hizo una deliciosa aparición en el programa The Muppet Show (http://www.youtube.com/watch?v=5AaIDmiFXmo).

Su coletilla 'S All Right –el surrealista personaje Pedro (una simple cabeza) la exclamaba desde una caja– es todavía hoy parte de la memoria colectiva americana y nos la podemos encontrar hasta en los Simpons. A este maestro le dedicaremos unas cuantas entradas en los próximos días. Que ustedes lo disfruten.

Mother wore tights (1947)
Producción: Twentieth Century Fox Film Corporation (EEUU)
Dirección: Walter Lang
Guión: Lamar Trotti sobre una novela de Miriam Young
Intérpretes:
Betty Grable (Myrtle McKinley Burt), Dan Dailey (Frank Burt), Mona Freeman (Iris Burt), Connie Marshall (Miriam 'Mikie' Burt), Vanessa Brown (Bessie), Robert Arthur (Bob Clarkman), Sara Allgood (abuela McKinley), William Frawley (Mr. Schneider), Ruth Nelson (Miss Ridgeway), Anabel Shaw (Alice Flemmerhammer), Stephen Dunne (Roy Bivins), George Cleveland (abuelo McKinley), Veda Ann Borg (Rosemary Olcott)
Color, 107 min.


Más sobre Wences:

20 de abril de 2010

En Montecarlo, el Cirque Jacob



La noche del sábado (1950), Rafael Gil

La Doña
La noche del sábado es una película a mayor gloria de María Félix, como las otras que hizo la actriz mexicana en España producidas por Cesáreo González. El productor gallego había contratado a la diva en 1948 por una cifra astronómica y la puso bajo la tutela de Rafael Gil –director de El fantasma y doña Juanita (1944) y ¡Viva lo imposible! (1958)- en una producción costosísima que adaptaba la novela “Mare Nostrum” de Blasco Ibáñez. La Doña encarnaba aquí a una “matahari” al servicio del Tercer Reich, con un final que buscaba el parangón con las cintas de Marlene Dietrich con Sternberg. Tras Una mujer cualquiera (1948) –policiaco atmosférico concebido por el humorista Miguel Mihura- y varios trabajos con otros directores, María Félix y Rafael Gil se reúnen una vez más para llevar a puerto La noche del sábado.


Imperia
María Félix encarna a una muchacha italiana que ayuda a la economía familiar bailando en el local que regenta su padre (Manuel Kayser). Cuando las cosas se ponen feas el padre envía a su hija directamente a que traiga un jornal a casa “haciendo la calle”. De alguno de estos encuentros casuales nació una niña llamada Donina que poco importa a la ambiciosa joven.


Quiere la casualidad que esa noche se encuentre con un artista (José María Seoane) que, además de enamorarse perdidamente de ella, esculpe una bellísima escultura de la que se encapricha su amigo, el príncipe Florencio (Manuel Fábregas). Imperia, que así ha decidido llamarse la muchacha, tomando el nombre de la estatua, escala rápidamente puestos en la corte de Preslavia. El príncipe Miguel (Rafael Durán), hombre recto, ajeno a las intrigas palaciegas, también se prenda de ella. E Imperia va y viene de uno a otro hasta dar en Montecarlo, veinte años después, con el Cirque Jacob.


Las leyes del melodrama son inexorables. En este circo trabaja su hija Donina (María Rosa Salgado), convertida ya en mujer. Al principio Imperia se siente atraída por algo inexplicable: el baile de la chica le recuerda su tierra y su juventud. No tarda en descubrir la auténtica identidad de Donina y en sentir un repentino amor materno que dará sentido a su dilapidada existencia.


“¡Aquí muere hasta el apuntador!”, se decía antes cuando la cosa se liaba y sólo había manera de desliarla a base de mandobles, venenos y otras lindezas. Pues La noche del sábado termina más o menos así. Tampoco queremos destripársela así que regresamos a las escenas del circo donde se fragua la tragedia.

La donna è mobile
Del Cirque Jacob conocemos a su director de pista, un tipo iracundo (un cameo de Fernando Fernán-Gómez) que apura a los artistas a trabajar, hasta que advierte la presencia del príncipe Florencio y se doblega antes sus caprichos. Hay un número con ponys. Luego, irrumpe el grupo de danzarinas italianas. Las acompaña Nunú (Virgilio Teixeira) con un acordeón o concertina, que no para de echar miradas intencionadas al palco en el que se sienta Imperia.


También se deja caer por allí la condesa Rinaldi (Maruja Asquerino), pero su interés es más prosaico. De todos los artistas a ella sólo le interesa el forzudo. Hasta la sesión de la noche, cuando se tima con el clown. Ya saben ustedes: “La donna è mobile, qual piuma al vento”.


La noche del sábado (1950)
Producción: Cesáreo González-Suevia Films (ES)
Director: Rafael Gil.
Guión: Antonio Abad Ojuel y Rafael Gil, basado en el drama homónimo de Jacinto Benavente.
Intérpretes: María Félix (Imperia), Manuel Fábregas (el príncipe Florencio), Rafael Durán (el príncipe Miguel), José María Seoane (Leonardo), María Rosa Salgado (Donina), Virgilio Teixeira (Nunú), Juan Espantaleón (Signoret), Manuel Kayser (Gabetto, el padre de Imperia), Maruja Asquerino (Condesa Rinaldi), Fernando Aguirre (el fotógrafo), Antonio Fraguas (el rey), Fernando Fernán-Gómez (el director del circo), Juan Espantaleón (el prefecto de Preslavia), Julia Delgado Caro (Maestá), Diego Hurtado, Mariano Asquerino, José Prada, Francisco Bernal, José Vivó.


17 de abril de 2010

Louis de Funès y las cien mujeres más bellas de París



Ah! Les belles bacchantes (Mujeres de París, 1954)

Les Branquignols
Nos permite
Ah! Les belles bacchantes acercarnos no sólo a la prehistoria del comediante francés Louis de Funès, sino al trabajo de la compañía conocida como “Les Branquignols”, a partir del título de su primer espectáculo en el Théâtre La Bruyère: Braquignol (1949). La compañía estaba dirigida por Robert Dhéry y Colette Brosset y entre los cómicos que la componían destacaban el mencionado Louis de Funès, Michel Serrault, Micheline Dax, Jacques Legras, Pierre Olaf, Jean Lefebvre y Roger Caccia.

Ah! Les belles bacchantes es una suerte de antología de sus mejores números. Tuvo primero versión teatral en 1954 en el escenario del Théâtre Daunou y de ahí pasó directamente a la pantalla, operación que Robert Dhéry llevó a cabo con la complicidad de Jean Loubignac.



Un estriptis en la cuerda floja y un leopardo en fuga
Dhéry está organizando el reparto de su revista “Ah! Les belles bacchantes!”. Preocupado por la procacidad del título el comisario Leboeuf (Louis de Funès) decide tomar cartas en el asunto. Nada mejor que infiltrarse en el espectáculo cuyos ensayos se verán también obstaculizados por un torpísimo fontanero (Raymond Bussières), su novia (Rosine Luguet) y una bailarina debutante (Colette Brosset).

Entre los números hay slapstick y humor de brocha gorda para todos los gustos: les cabinas de baño, la “Léopolda”, la “Rêverie Militaire”, las campanas… Hay ballets y algunos números de variedades que caen dentro de nuestra jurisdicción.

Rosine hace un estriptis en la cuerda de tender para dar celos a su novio, el fontanero que no paraba de mirar a las coristas. Se va despojando de las prendas mientras camina por el alambre y se las entrega al asistente que las va tendiendo. Dhery opina que el número es ocurrente y está bien traído: podría gustar. Pero el fontanero corta (la luz) por lo sano en el momento en que Rosine se va a quitar el sujetador.

Aprovechando la oscuridad el leopardo “Romo” se escapa de su jaula y crea el caos entre las artistas. Aunque no aparezca en escena los títulos de crédito nos indican que su adiestrador es el conocido domador Paul Leroyer.

Hay también un intento del presentador (Jacques Legras) de hacer pasar a su amigo Amsterdam por ventrílocuo cuando en realidad es él, oculto tras el telón y con una pinza en la nariz, quien finge la voz del muñeco.



Son pequeños interludios cómicos que alternan con los grandes números musicales, como el interpretado por el ballet de Loie Fuller, que nos retrotrae a las primeras imágenes captadas por el cinematógrafo con sus danzas serpentinas y sus mariposas femeninas.

Ocasionalmente farsa y música se dan la mano, como el famoso baile de los monjes:



Y Dios… creó la mujer
Pero el atractivo principal de Ah! Les belles bacchantes eran “las cien mujeres más bellas de París” que se desnudan porque se pelean y se arrancan la ropa, porque las sorprenden en su camerino, o, en definitiva, porque lo exige el guión:



En esta exhibición de carne
Ah! Les belles bacchantes fue precedida, so pretexto de que un político en plena campaña electoral visita una colonia nudista, por L'île aux femmes nues (1953), de Henri Lepage. Sin embargo, habrá que aguardar a la consolidación de la alianza entre Brigitte Bardot y Roger Vadim -Et Dieu... créa la femme (Y Dios… creó la mujer, 1956)- para que un cuerpo desnudo con nombre propio se convierta en el foco principal de atención de la pantalla francesa.


Ah! Les belles bacchantes (Mujeres de París, 1954)
Producción: Optimax Films / Lux Films (FR)
Adaptación y Dirección: Jean Loubignac.
Argumento y Diálogos: Robert Dhéry.
Canciones: Francis Blanche. Música: Gérard Calvi. Coreografía: Colette Brosset.
Intépretes: Robert Dhéry (el director), Louis de Funès (Michel Leboeuf, el comisario), Raymond Bussières (el fontanero), Rosine Luguet (Rosine, la novia del fontanero), Colette Brosset (Colette, la bailarina), Jacques Legras (Legras, el presentador), Jacqueline Maillan (la directora de la sala), Francis Blanche (Garibaldo Trouchet, el tenor), Robert Destain (Destain, el cantante de “Rêverie militaire”), Jacques Jouanneau (Joseph Delmar, el regidor), Roger Caccia (el bañista), Roger Saget (el gordo), Guy Pierrauld (el músico ambulante), Michel Serrault (el trompetista), Marthe Serres (la pianista), Gérard Calvi (el director de orquesta), Bernard Musson (Labaule), Mario David (el forzudo), Bob Ingarao, Georges Paulais, Jacques Muller, Pierre Olaf, Dominique Tirmont, Simone Claris, Catherine Candida, Sophie Mallet, Jacques Beauvais, Liliane Autran, Jacques Desagneaux, el leopardo "Romo" de Paul Leroyer, las Bluebell Girls del Lido, los ballets de Loie Fuller y las cien mujeres más bellas de París.
90 min. Color (Agfacolor)


13 de abril de 2010

Pierdel, discípulo de Méliès


Cuando comentamos el catálogo de la exposición de Jacques Tati les prometimos volver sobre Pierdel. Hoy lo hacemos.

André Delepierre, alias Pierdel, es el auténtico discípulo de Méliès. No porque asistiera a sus clases sino porque en su carrera se da la doble condición de ilusionista y hombre de cine.


Durante la Segunda Guerra Mundial Pierdel ejercía de mago. Estaba refugiado en un pueblo próximo a Saint Severe donde a la sazón se encontraban Jacques Tati y Henri Marquette. Fue a verlos. Tati animó a Pierdel a “americanizar” su número, como haría el cartero François en
Jour de fete. Pierdel le hizo caso: realizó varias funciones para las tropas americanas en las que salía montado en un jeep e hilvanaba una serie de gags al tiempo que ejecutaba sus trucos. Sin que sepamos muy bien porqué, esto le acarrea el calificativo de “mago cubista”.


Cuando Tati comenzó a rodar Jour de fete le propuso incorporarse al equipo como accesorista. Debía preparar todos los objetos trucados que intervenían en los gags y resolver los planos en los que la bicicleta marcha sola. No sólo eso, también interpretó varios papeles, entre ellos el del hombrecillo del canotié que dirige la maniobra de erección del mástil.

Desde entonces, Pierdel fue parte del equipo de Tati hasta
PlayTime. Entretanto descubrió su habilidad para los efectos especiales. Casi doscientas películas como armero, artificiero y trucador que le han permitido fotografiarse junto a Jean Gabin, Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Jeanne Moreau… Vale decir el olimpo del cinema galo. Uno de sus trabajos más apreciados es el de atrezzista para Le procès / The Trial (1963), o Wells según Kafka según Wells.

(Foto procedente del blog: Thiron fait son Cinéma)

Su última película data de 1983:
Les Cavaliers de l'orage, de Gérard Vergez. Pierdel tiene su propio sitio web (www.cinemagique.fr/) y ha publicado dos libros:


Pierdel, André
Les secrets des effets spéciaux
Editions Georges Proust, 1999.
ISBN: 2-907642-18-9



Pierdel, André
La Magie du petit homme vert
Cercle des Magiciens Blésois, 2009.
con prólogo de Pierre Étaix.


10 de abril de 2010

La ambición de Jenny Lamour



Quai des Orfèvres (En legítima defensa, 1947), Henri-Georges Clouzot

Jenny Lamour es un nombre artístico, claro. Nadie se puede llamar así. En realidad Jenny se llama Margueritte (Suzy Delair) y está casada con un pianista apellidado Martineau (Bernard Blier). El matrimonio sería perfectamente feliz si no fuera porque ella está dispuesta a todo con tal de progresar en su carrera artística y él es un hombre atormentado por los celos. A partir de ahí, un crimen, coartadas, encubrimientos mutuos, pistas falsas, sospechosos y un inspector (Louis Jouvet), harto de su profesión y dispuesto a resolver el caso como sea con tal de poder cenar en Nochebuena con su hijo adoptivo.


Si aclaramos que el director, Henri-Georges Clouzot es el responsable de L’assassin habite... au 21 (El asesino vive en el 21, 1942) y Les diaboliques (Las diabólicas, 1955), enseguida se harán cargo del terreno en el que nos movemos.


Para ambientar la historia Clouzot sitúa buena parte de la acción en un music-hall parisino: el Eden Folies.

En su escenario triunfa Jenny, acompañada al piano por su marido, con una canción cuyo estribillo -“tralalá”- corea entusiasmado el público masculino. Después de la actuación de Jenny y durante la larga noche en que Martineau prepara su coartada para el asesinato que piensa cometer podemos atisbar varios números de music-hall: la ecuyere con tres caballos, una trapecista, malabaristas, coristas y una pareja que actúa con una bicicleta enana y un biciclo con la rueda trasera cuadrada.

Quai des Orfèvres supone la reincorporación posbélica de Clouzot al cine. La negrísima, desasosegante y divertida Le corbeau (El cuervo, 1944), una cinta sobre la delación en la Francia ocupada producida por los nazis a través de la Continental Films, le valió una proscripción vitalicia para ejercer su profesión. La intercesión de varios compañeros de profesión le permitió regresar a la dirección y encadenar una serie de éxitos que le valieron el calificativo de “el Hitchcok francés”.


En Quai des Orfèvres pone en juego todas sus habilidades: una planificación esmerada, un humor tirando a negro y un dibujo de los personajes siempre sorprendente. Jouvet es una institución en Francia, pero Bernard Blier hace cuanto puede por robarle la película, como ese marido calvete y gordezuelo, atormentado por la desconfianza, al que la pizpireta Jenny no puede sino adorar.



Quai des Orfèvres (En legítima defensa, 1947)
Productora: Majestic Films (FR)
Director: Henri-Georges Clouzot
Guión: Henri-Georges Clouzot y Jean Ferry, basado en la novela “Legitime Defense” de Stanislas-André Steeman.
Intérpretes: Suzy Delair (Marguerite Martineau ‘Jenny Lamour’), Bernard Blier (Maurice Martineau), Louis Jouvet (el inspector Antoine), Simone Renant (Dora Monier), Charles Dullin (Georges Brignon), Jean Dunot (Nitram), Claudine Dupuis (Manon) , Robert Dalban, Jean Daurand, Pierre Larquey, René Blancard, Henri Arius, Charles Blavette, Jeanne Fusier-Gir.
106 min. Blanco y negro.