28 de mayo de 2010

En el Circo Oklahoma



J'irai comme un cheval fou (1973), Fernando Arrabal

Mientras Aden Rey (George Shannon) visita la casa en que ha asesinado a su madre, su acompañante, el diminuto Marvel (Hachemi Marzouk), mata el tiempo en un restaurante construyendo un pájaro con pajitas de sorber. Allí lo descubre el propietario del Circo Oklahoma (Christian Zeymert), que lo convierte en una más de las atracciones de su carpa, junto a la mujer mamut, con sus doscientos kilos de peso, el circo en miniatura de hormigas y el samurai de la mano de hierro.


El número de Marvel, el hombre procedente del misterioso desierto, poseedor de los secretos de la magia de Mesopotamia, consiste en bailar en calzones dentro de una jaula al son del hit “I've found my freedom” de Mac & Katie Kissoon, para solaz de un público necio. El director del circo y el amaestrador de hormigas se las prometen muy felices porque el pequeño no conoce la civilización e ignora el valor del dinero, hasta que Marvel descubre al león y lo deja salir de la jaula, provocando la estampida del público.


Contarles más de la película o del cine “pánico” de Arrabal parece aquí ocioso. Cine fantástico y grotesco que su autor reclama cartesiana concatenación de recuerdos y sueños. En J'irai comme un cheval fou, como en su primer largometraje Viva la muerte, toma carta de naturaleza la irracionalidad, el incesto, la antropofagia, la violencia masoquista, los excrementos, la blasfemia, la ausencia del padre y la destrucción de la madre.


No queríamos traerles el desasosiego. Sólo dejar constancia de la existencia del paso por Francia del Circo Oklahoma en cuyo cartel anunciador nos ha parecido que figuraba el mucho más prosaico nombre de Pessart.


Felices sueños.

J'irai comme un cheval fou (1973)
Producción: Societé Genarale de Production / Babylone Films (FR)
Guión y Dirección: Fernando Arrabal.
Intérpretes: Emmanuelle Riva (la madre), George Shannon (Aden Rey), Hachemi Marzouk (Marvel), Marco Perrin (Oscar Tabak), Claude Villaret (el comisario Gay), François Chatelet (el predicador), Marie-France García (Bijou-Love), Gerard Borlant (el portero), Arlette Thomas (la portera), Christian Zeymert (el gerente del circo), Raoul Curet (el comisario Falcon), Luc Guérin (Aden niño), Jean Chalon, Antoine Marin, Yves le Moustre.
100 min. Color.


25 de mayo de 2010

Ascensión y caída de Erica Rikk, primera vedette



Basta guardarla
(Las tentaciones de Enriqueta, 1970), Luciano Salce

Enrichetta y Silver Boy
La compañía de revistas de Silver Boy (Carlo Giuffrè) llega a Copparola di Soto para actuar en el ruinoso Teatro Diamante. Se trata de la modalidad italiana de la revista, el avanspettacolo, del que ya les hemos hablado en otras ocasiones. Cinco bailarinas, el coreógrafo con una pluma que tira de espaldas (Pippo Franco), la amante de Silver Boy y temperamental bailarina española, Marisa do Sol (Mariangela Melato), y el hombre para todo (Spiros Focás).


Enrichetta (Maria Grazia Buccella), muchacha pilosa y rústica, cae hechizada por el oropel, las lentejuelas y las canciones melosas de Silver Boy. La deserción de una de las chicas propicia su ingreso en la compañía, previo paso por la prueba iniciática a que la somete el coreógrafo… la depilación con saña.
–Esta muchacha lleva el teatro en la sangre –afirma categórico Silver Boy-. Basta mirarla.


Erica Rikk y Farfarello
Enrichetta –ahora Erica- va ascendiendo los peldaños de la escalera del éxito. Primero, como soubrette, en la pasarela, donde los hombres de los villorrios babean y vocean ante sus carnes prietas. Luego, en el pajar, en brazos de Silver Boy.

Como otras películas italianas de esta época -vid. Romanzo popolare (Apasionada, Mario Monicelli, 1974)-, Basta guardarla canibaliza todos los recursos de la cultura popular. La declaración de amor de Silver Boy no es más que un ramillete de versos de las canciones del Festival de San Remo; su encuentro esta narrado al modo de las fotonovelas; las viñetas rotuladas dan voz a los sentimientos más tópicos –“Oh, trágico destino, cuando dejarás de golpearla!”-… Todo vale, en este esperpento condimentado por Luciano Salce con abundante sal gorda.


En uno de estos pueblos, la compañía de Silver Boy se tropieza con la del veterano Farfarello (el propio Salce), un tipo impotente que sigue llevándose a las vedettes a la cama con la complicidad de su mujer (Franca Valeri), que irrumpe en el dormitorio antes de que se descubra la incapacidad amatoria del notorio galán.


Farfarello tira los tejos a Erica. Marisa do Sol, que ve que la recién llegada va a ocupar su puesto en el número final, el “Cocorocó”, lo orquesta todo para que Silver Boy la despida. Corroído por los celos, el divo cae en la trampa. Erica seguirá ascendiendo peldaños en la compañía de Farfarello. A partir de ahora se llamará Erica Rikk.
-¿Con k? –pregunta ilusionada.
-Con dos –corrobora triunfante Farfarello.


Pero la bella Erica, sentimental como ella sola, tendrá que elegir tarde o temprano entre el amor y el arte.

Cuatro divas
Maria Grazia Buccella es una veterana cuando se enfrenta al papel de Erica. Había sido finalista en el concurso de Miss Universo en 1959 y había desarrollado su carrera a lo largo de los años sesenta interpretando a chicas con un corazón para el amor y un cuerpo para el sexo. Algo que Salce aprovecha a fondo en Basta guardarla.


Franca Valeri vuelve al mundo del avanspettacolo que ya había visitado en su debut cinematográfico de la mano de Fellini y Alberto Lattuada en Luci del varietà. La Valeri, una de las pocas actrices que pudo medirse de tú a tú con Alberto Sordi y Marcello Mastroianni, realiza una de sus irresistibles parodias como la envejecida Pola Prima, modelada como caricatura feroz de la vedette Wanda Osiris.




Mariangela Melato compone un personaje de bailarina española al que lo único que le falta es la navaja en la liga. Viene de hacer teatro con Dario Fo y Ronconi y no tiene demasiada experiencia cinematográfica. No es raro, dado este registro, que se convirtiera en una de las actrices favoritas de la reina de la comedia desaforada con título kilométrico: Lina Wertmuller.

Entre las
soubrettes de la compañía de Farfarello destaca la cantante y modelo de Playboy Loredana Bertè. “Sei bellissima”, ¿se acuerdan?







Basta guardarla (Las tentaciones de Enriqueta, 1970)
Producción: Fair (IT)
Director: Luciano Salce.
Guión: Steno, Luciano Salce y Jaja Fiastri.
Intérpretes: Maria Grazia Buccella (Enrichetta “Erica Rikk”), Carlo Giuffrè (Silver Boy), Mariangela Melato (Marisa do Sol), Spiros Focás (Fernando), Pippo Franco (Danilo), Riccardo Garrone (Pedicone), Franca Valeri (Pola Prima), Luciano Salce (Farfarello), Umberto D'Orsi, Ettore G. Mattia, Stefania Pecci, Pinuccio Ardia, Loredana Bertè, Dino Curcio, Ada Pometti, Maria Marchitelli, Mino Guerrini, Ennio Antonelli.
102 min. Color.


22 de mayo de 2010

Galería de stripteuses: Jessie Reed



Deux hommes dans Manhattan (Dos hombres en Manhattan, 1959), Jean-Pierre Melville

Jessie Reed (Michèle Bailly) trabaja en un local de strip-tease de Nueva York, llamado Ridgewood Tavern. Sus compañeras no la aguantan. A lo mejor porque Jessie es morena, de piel oscura, y el resto de las chicas son rubias a rabiar.


Ridgewood Tavern y Pike Slip Inn
Hay una fotografía comprometedora de Jessie con Fèvre-Berthier, un delegado francés en las Naciones Unidas que no ha acudido a una sesión plenaria. Su familia tampoco sabe nada de él. Moreau, un reportero de la agencia France Presse (el guionista y director Jean-Pierre Melville), y un fotógrafo alcoholizado apellidado Delmas (Pierre Grasset), lo buscan para realizar un reportaje sensacionalista. Que el alto funcionario –antiguo héroe de la Resistencia- alterne las sesiones de la ONU y la vida familiar con visitas a prostíbulos de lujo y clubs de strip-tease alientas sus esperanzas.


En la Ridgewood Tavern Moreau y Delmas son obligados a pasar por el guardarropa. Al identificarse, en el camerino común donde las chicas se cambian y maquillan, reciben puyas burlonas: ¡Olalá, la Fgans! ¡Lamuug!


Finalizada su actuación, Jessie se desnuda tras un biombo. Delmas aprovecha para hacerle varias fotografías en cueros. A la chica no parece importarle demasiado. Le aburren, eso sí, las preguntas de Moreau. Cuando éste la amenaza con publicar la fotografía en la que aparece junto al prohombre tampoco se siente intimidada. No es “su papi” y no sabe dónde pueda estar.


Vuelta a la fría noche navideña neoyorquina, al deambular en coche, al jazz de fondo firmado por Christian Chevallier y el pianista argelino Martial Solal. El episodio de la Ridgewood Tavern no ha sido más que un paso en falso en la investigación de estos dos tipos sin escrúpulos. Como lo ha sido la visita a los estudios de Capitol Records donde la cantante Virginia Graham (Glenda Leigh) graba un tema acompañada por el pianista Art Simmons.



No es la única escena en la que la música gana protagonismo. En el Pike Slip Inn, el bar donde los hombres se enfrentan por última vez al amanecer actúa el trío de Martial Solal con Bernard Hulin a la trompeta. Ambos han formado parte del Hot Club Quintet que acompañaba al guitarrista gitano Django Reinhardt. Hulin toca la trompeta ante el derrotado Delmas en una escena que Melville filma a base de convicción íntima, probablemente consciente de que bordea el ridículo. Hulin falleció poco después en Los Ángeles, antes de haber cumplido los cuarenta.


El argelino Martial Solal es también el responsable de la partitura de À bout de soufflé (Al final de la escapada, 1959), el debut en el largometraje de Jean-Luc Godard con la colaboración en el guión de François Truffaut. Jean-Pierre Melville ofrece su padrinazgo a los miembros de la “Nouvelle Vague” apareciendo en esta película en el papel del escritor Parvulesco.

Edición Especial
Deux hommes dans Manhattan es una película maldita. El propio Melville abjuraba de esta aventura cuyos exteriores rodó en Nueva York, en tanto que los interiores se filmaron en estudios franceses. No es uno de sus títulos mayores, como Bob le flambeur (1955), su inmediata predecesora, ni como la batería de personalísimos policiales que dirigió en los años 60/70. Pero cuenta con el atractivo de retratar el ambiente de novela pulp y la curiosidad de ver al propio Melville asumiendo el papel conductor en la pantalla.


Hay a lo largo de todo el metraje una disociación entre las escenas rodadas al aire de la noche neoyorquina y los interiores despojados. Más que un policiaco al uso se trata de la relación entre un periodista cínico al que aún le queda un ribete de dignidad y el fotógrafo alcohólico dispuesto a destruir cuanta vida y reputación se ponga a tiro de su cámara con tal de ganar unos dólares. Las escenas del interrogatorio de la actriz suicida y la puesta en escena de la muerte del diplomático son casi insoportables en su brutalidad.


La película ha sido editada en DVD en España por Versus Entertainment. Se trata de una “edición especial” muy recomendable pues incluye un documental sobre Melville de la serie “Cineastas de nuestro tiempo”. La aproximación al universo melvilliano cuenta con la complicidad del “autor” que se deja retratar en estas “9 poses”. Entramos así en el estudio de su propiedad, donde rodó sus últimas películas, y en su casa de campo, donde ha ideado un sistema que impide que pase un solo rayo de luz para poder escribir siempre como si fuera de noche.


El repaso de su filmografía y de algunas figuras de estilo, acaso sea menos elocuente que la propia personalidad del entrevistado: defensa de la independencia a ultranza, ética propia, fascinación por el cine clásico americano, imbricación en el star system francés y la conciencia de que parte de elementos de la realidad para crear un mundo absolutamente abstracto definido por el destino trágico de sus personajes.



Deux hommes dans Manhattan (Dos hombres en Manhattan, 1959)
Producción : Belfort Films (FR)
Guión y Dirección: Jean-Pierre Melville.
Intérpretes: Jean-Pierre Melville (Moreau), Pierre Grasset (Pierre Delmas), Ginger Hall (Judith Nelson), Colette Fleury (Françoise Bonnot), Monique Hennessy (Gloria), Glenda Leigh (Virginia Graham), Michèle Bailly (Bessie Reed), Jean Darcante (Rouvier), Christiane Eudes (Anne Fèvre-Berthier), Paula Dehelly (madame Fèvre-Berthier), Nancy Delorme, Carole Sands, Gloria Kayser.
84 min. Blanco y negro.


18 de mayo de 2010

Los acróbatas del Trío Manolenka



Manolenka (1939), Pedro Puche

De los otrora famosos acróbatas Los Manolenka sólo sobrevive Juanón (José María Lado), alcohólico desde que el trío se disolvió. Su carácter irascible y el mal beber han convertido a su hijastra Julia (Lina Yegros) en objeto de toda clase de malos tratos. Una noche de tormenta, mientras la persigue borracho, se da un golpe y muere ahogado.

Al pueblo llega un pintor, Carlos (José Nieto), que acoge a Julia y la pinta vestida de zíngara con un traje de su madre. Con el producto de la venta del retrato colma de regalos a la chica. Pero Carlos tiene una amante, Berta (Amparo Martí), que es artista de variedades y maniobra hasta conseguir que el pintor vuelva a su lado.

Julia debuta en un cafetín como cantante. Es sólo el primer paso para triunfar en el Teatro Emporium, cuyo empresario (Francisco A. de Villagómez) la tiene en palmitas. La fama de Julia llega a oídos del pintor, que acude a presenciar su actuación. Los antiguos enamorados se reconcilian. Carlos, celoso, quiere saber porqué el empresario tenía un interés en la chica que parece exceder lo profesional. Éste le muestra entonces una foto en la que aparecen él y su difunta mujer junto a Juanón. Ellos eran el Trío Manolenka y Julia es, en realidad, su hija.


Tal es el argumento concebido por el joven Ramón Torrado, futuro director cinematográfico, en el que cabe rastrear la influencia de su hermano Adolfo, dramaturgo de gran popularidad durante los años treinta y cuarenta. Tanto, que su apellido llegó a identificar un género: el “torradismo”. Consistía éste en la acumulación de elementos de éxito seguro entre la burguesía y las clases populares, con su trama sentimental, su especiado folletinero, sus gotitas de humor bonancible y una moraleja entre el conservadurismo y la carcundia. Casi nada de ello falta en Manolenka, que se rodó en Barcelona apenas finalizada la Guerra Civil. Se publicaron entonces un buen número de gacetillas basadas en este hecho. La “primera película española” se proclamaba en ellas.

La cinta se estrenó en marzo de 1940 con opiniones bastante unánimes sobre su inanidad. Los críticos resaltaban la belleza de Lina Yegros y poco más. Ródenas, desde las páginas de ABC le reprochaba al director que no hubiera realizado una “película más dinámica, con otro ritmo más alegre y atrayente, que se aislara en absoluto de ese aire de convalecencia, desmadejado y torpe que campea en todo el film”.

Poquito más podemos contarles de esta página hoy olvidada del cine circense español.

Manolenka (1939)
Producción: EDIMAN (Exclusivas Edici / Exclusivas Manzano) (ES)
Director: Pedro Puche.
Guión: Pedro Puche. Argumento: Ramón Torrado y H. S. Valdés.
Intérpretes: Lina Yegros (Julia), José Nieto (Carlos), Gabriel Algara (Perico), José María Lado (Juanón), Amparo Martí (Berta), Pablo Álvarez Rubio (Suárez), Francisco A. de Villagómez (Ricardo Esteban), Faustino Cornejo.
102 min. Blanco y negro.


16 de mayo de 2010

Pensión El Circo



Muchachas de azul (1957), Pedro Lazaga

Las Muchachas de azul son las bellas dependientes de unos grandes almacenes madrileños. Según el guión de Noel Clarasó y el productor José Luis Dibildos todas buscan al marido ideal. Lolita (Licia Calderón) tontea con el estudiante Julio (Antonio Ozores), Olga (Vicky Lagos), apasionada de la automoción, termina enamorándose de un taxista (Tony Leblanc), Carlos (Leo Anchóriz) ayuda a Pilar (Lucía Prado) a repasar la lista de los reyes godos, y Ana (Analía Gadé) intenta por todos los medios que se le declare Juan (Fernando Fernán-Gómez), el encargado del departamento de Deportes.


Ana, muchacha de azul
Los líos entre las chicas casaderas y los candidatos al matrimonio constituyen la trama de esta comedia desarrollista de un humor tan blanco que, a ratos, produce rubor. Pero son cosas de estos tiempos de escepticismo. Tiene uno que situarse en 1957 y ver la vida con las gafas del optimismo con las que escribieron la cinta sus guionistas.



Estábamos en que Ana lleva dos años casi saliendo con Juan sin que éste se declare. Claro que él vive de pensión y aborrece a las patronas, siempre con su bata de colores y un gato en brazos. Bueno, pues resulta que la madre de Ana, doña Clara (Ena Sedeño) pertenece a esta terrible especie. Y para colmo, la pensión se llama “El Circo” porque sus inquilinos son dos payasos (Ángel Álvarez y José María Gavilán) y tres enanitos (José, Jesús y Ángel) de la troupe de Eduardini.


Cuando el novio de la niña va a subir a casa por primera vez esconden a los huéspedes y desatornillan el cartel de la puerta. Mientras meriendan, los inquilinos se aburren de jugar al parchis en la habitación y desfilan hacia la entrada. Doña Clara finge sorpresa.
-¿De dónde saldrán estos señores?
-Yo no los he traído –asegura Juan con toda solemnidad.


Al final, después de varios desencuentros y de que Ana le dé celos con su amigo Álvaro (José Luis López Vázquez), Juan telefonea a la pensión para declarar que está dispuesto a casarse con ella y que si Ana no le corresponde incendiará la casa. Aturullada, Ana pregunta que dónde está el fuego. Los enanitos y los payasos desfilan con sus cubos y sus jarros de agua, para terminar lanzándose por la rampa que los bomberos han colocado en el balcón de la pensión y que conduce a Ana a los brazos de Juan.



Muchachas de azul (1957)
Producción: Ágata Films (ES)
Director: Pedro Lazaga.
Guión: Noel Clarasó y José Luis Dibildos.
Intérpretes: Analía Gadé (Ana), Fernando Fernán Gómez (Juan, el novio de Ana), Licia Calderón (Lolita), Antonio Ozores (Julio, el novio de Lolita), Vicky Lagos (Olga), Tony Leblanc (Pepe, el novio de Olga), Lucía Prado (Pilar), Leo Anchóriz (Carlos, el novio de Pilar), Ena Sedeño (doña Clara, la madre de Ana), Xan das Bolas (Felipe, el padre de Ana), Luisa Sala (Balbina), José Luis López Vázquez (Álvaro), Mario Berriatúa (Jaime), Jesús Puente (don César), Erasmo Pascual (Pepe, el padre de Olga), Fernando Delgado (Paco), José María Tasso (su amigo), Francisco Bernal (Eusebio, el paleto), Ángel Álvarez y José María Gavilán (dos payasos) y José, Jesús, Ángel, de la trouppe de Eduardini, Margot Prieto, Luisa Puchol, María Gámez, Vicky Gómez, Aníbal Vela, Rosa Palomar, Carlos Díaz de Mendoza, Tina Vidal, Amalia Sánchez Ariño, José Manuel Ramírez, Antonio Padilla, Juan Cazalilla, Manolita Mercader, Ricardo Bueno, Madariaga, Liñeira, Juan Maján, Enrique Núñez, Jerónimo Montoro, Antonio Molino Rojo.
80 min. Color (Technicolor). Scope.

14 de mayo de 2010

Eduardini


Eduardo Gutiérrez Almela, alias Eduardini
(Madrid, 1902 - 1982)


Eduardo Gutiérrez Almela, Eduardini, nace en 1902 en la calle Salitre del castizo barrio de Lavapiés y muere en Madrid en 1982 después de una vida repleta de historias. Su familia se dedicaba a la trata de caballos y cuando se mudan al barrio de Tetuan, Eduardo toma contacto con las constantes troupes de malabaristas y saltimbanquis que deambulan por la zona norte de la ciudad y se siente inmediatamente atraído por el espíritu y el ambiente de la farándula y el espectáculo nómada. Junto con varios amigos descubre un humilde campo de entrenamiento, La Casa de Labor, un solar para caballos situado en La Moncloa y que en realidad se convirtió en cantera de artistas de la época, los “artistas del estiercol”, pues así se conocía al lugar de entrenamiento.

Era el año 1925 y había una verdadera pasión por el circo. Eduardo se enrola con una trup de titiriteros, el circo ruso de Albert Lekinsvinski, que visitaba España y durante tres años recorren pueblos y ciudades, mientras nuestro protagonista va conociendo los secretos del negocio. Después se junta con el Circo Cortés, donde comienza a decantarse por el trabajo de payaso con la ayuda de su maestro, Machuca. Más tarde son seis años con el Circo Alegría, justo antes de la Guerra Civil que le pilla en La Línea.


A su vuelta a España se ve envuelto en una situación comprometida políticamente, que es resuelta con la ayuda de una marquesa, y una vez regularizada su situación en España, debuta en el Teatro de la Zarzuela en un espectáculo de Juan Carcellé, en el que hacía un número de equilibrios sobre pedestal junto con su hermano. Un número acrobático con algunas pinceladas de comicidad dibujadas por Eduardini.

Cuando Carcellé accede a la dirección del Price, Eduardini se convierte en habitual de la prestigiosa pista madrileña compartiendo cartel con las primeras figuras de la época y con los demás payasos del Circo Price: Miguelín, Pepín, Abelardini, Zerep, Guerrita, Luiggi, Pocholo y otros. Su particular lugar reunión fue, durante muchos años, la taberna Madrueño de la calle Hortaleza, donde “los tozudos de la hilaridad”, según el término empleado por Gómez de la Serna, no paraban de bromear y discurrir nuevas maneras de disfrutar y organizar comilonas.



En el año 1947 tiene la idea de capitanear una compañía de enanitos a los que inicia en las artes del equilibrio, la acrobacia y la payasada, obteniendo un éxito inmediato. Comienza a trabajar en el Krone, Knie, Ringling y en el London Casino. Con ellos participa en varias películas, entre ellas una de

Después de la Guerra Civil, en la época en que Juan Carcellé dirige el Price, Eduardini se instala allí como augusto. Pero, siempre inquieto, en 1947 crea la famosa troupe de los enanitos acróbatas y funambulistas de Eduardini con la que recorre los circos del mundo.

En el año siguiente protagoniza una película de la que tenemos muy pocos datos: Aventuras y desventuras de Eduardini, junto a Zerep y con una primeriza Marujita Díaz. Eduardino se hace un hueco en los espectáculos bufo-taurinos y sus empleados deciden quedarse con Pablo Celis “El Bombero Torero”. En una entrevista del año en que se rueda Muchachas de azul, el empresario afirma tener un fichero manual con el contacto de los sesenta “pequeños” que en España se encuentran en ese momento en condiciones de trabajar. “Cuando necesito alguno, les escribo una carta”.


La consagración de los enanos de Eduardini no llega de la mano de Pedro Lazaga, claro, sino de la de Ingmar Bergman, que en 1963 cuenta con ellos para el rodaje de Tystnaden (El silencio).
El 23 de octubre de 1975 Eduardini recibe un homenaje en la carpa del Price por sus bodas de oro con el circo.

Filmografía:
Aventuras y desventuras de Eduardini (1948), Fernando Robles Polo
Tystnaden (El silencio, 1963), Ingmar Bergman

12 de mayo de 2010

Paco España y los enanitos rejoneadores contra la Carmen de Merimée



La Carmen (1976), Julio Diamante

Igual llegan a cien las Cármenes que han llegado a la pantalla. Y en España todas con el prurito de no ser la de Merimée. Julio Diamante transplanta a la cigarrera al mundo del flamenco contemporáneo. La Carmen –así, con artículo- (Sara Lezana) es una bailaora que realiza el recorrido desde los espectáculos de carpa hasta el teatro legítimo. Diamante, buen conocedor del flamenco, trufa la película con las actuaciones de los cantaores Enrique Morente y El Agujetas, los guitarristas Enrique de Melchor y Pepe de Lucía y una lección de baile por Enrique El Cojo. Los fondos musicales corren a cargo de Manolo Sanlucar y su guitarra.


De este trabajo de adaptación sale una Carmen hija de su tiempo, en la que se acentúan los rasgos feministas de la mujer española de rompe y rasga. Cuando José (Julián Mateos) le dice que no quiere compartirla con El Morao (Rafael de Córdova), Carmen le suelta:
-Yo me comparto sola.


También se exasperan los rasgos más tópicos de la historia -el torero triunfador (Palomo Linares), la extranjera en busca de machos latinos (Yelena Samarina)…- probablemente con la intención de subvertirlos, aunque la operación se quede a medio camino y no satisfaga ni a los amantes de lo clásico ni a los amigos de la renovación.


De esta Carmen lo que más nos interesa es el prólogo. El momento en el que José y Carmen se conocen. Él está haciendo la mili y acude con un grupo de compañeros a la feria donde echan unas monedas a la máquina del horóscopo, montan en la noria y en el tren de la bruja, y prueban su puntería en una caseta de tiro con una decoración sublime.


En una carpa, números de variedades. El espectáculo se anuncia como “Circo Chino” a imitación del archipopular “Teatro Chino de Manolita Chen”. La esencia es la misma: una carpa, seis funciones diarias, de cuatro de la tarde a cuatro de la mañana, transformismo, bombillas de colores, carne femenina y mucha chunga con un público cómplice.


En La Carmen podemos ver una actuación completa de Paco España, célebre transformista, que por aquellos años triunfaba en el Gay Club de Madrid con el tema “La Tomate”. Cuando rueda La Carmen Paco España está a punto de alcanzar su cenit como artista “legítimo” con su participación en la comedia musical de Antonio D. Olano y Juan Pardo “Madrid, pecado mortal” y su intervención en la película de Olea Un hombre llamado Flor de Otoño (1978).

En el cartel también se anuncian Eva Ricard –suponemos que vedette- y el ballet Star. Pero el número fuerte es la actuación de La Carmen con sus mamberos –unos rumberos maquillados de color chocolate- y cuatro enanos ataviados de toreros. Son éstos, miembros de la troupe conocida como “los enanitos rejoneadores”, que acompañaba por entonces a Manuel Pérez Luque “El Chino Torero”.

Lo que se apunta como esperpento no llega a cuajar. O esa es, al menos, la sensación que nos ha producido esta Carmen que no es la de Merimée pero tampoco deja de serlo.



La Carmen (1976)
Producción: Isaac Hernández (ES)
Director: Julio Diamante.
Guión: Julio Diamante y Elena Sáez, inspirado en la Carmen de Prosper Merimée.
Intérpretes: Julián Mateos (José), Sara Lezana (Carmen), Rafael de Córdova (El Morao), Carlos Mendy (Jiménez), Xan das Bolas (el padre de José), Yelena Samarina (la extranjera), José Nieto (el duelo del tablao), Guillermo Montesinos (un soldado), Paco España, Enrique Morente, El Agujetas, Enrique de Melchor, Pepe de Lucía, Enrique “El Cojo”, Martín Jíménez “El Bizco” y el torero Sebastián Palomo Linares.
103 min. Color (Eastmancolor)


10 de mayo de 2010

Próximamente… Etaix


La Association "Il Etaix une fois..." (http://sites.google.com/site/iletaixunefois/Home) nos hace llegar esta maravillosa noticia.


"L’association « Il Etaix une fois » est heureuse de vous annoncer la FIN HEUREUSE & DÉFINITIVE de l’imbroglio juridique qui bloquait depuis de nombreuses années la ressortie des films de Pierre Etaix!
La restauration des négatifs a ainsi pu reprendre en vue de la ressortie prochaine de l'ensemble des films de Pierre Etaix (il y aura même un inédit !)
Une bonne nouvelle n'arrivant jamais seule, nous avons l'immense plaisir de vous annoncer la sélection du film «Le grand amour » au 63 ème Festival de Cannes. Il sera projeté en présence de Pierre Etaix, le 19 mai à 17 heures, salle du Soixantième dans la programmation Cannes Classics".


Resumiendo, que por fin se podrán poner en circulación las películas de Etaix, que se restaurarán y pronto tendremos un cofre del tesoro para disfrutar en nuestras pantallas panorámicas.

Francisco Sanz



Francisco Sanz Baldoví nacido en Anna (Valencia) en el año 1872 pronto se sintió atraído por las tablas de los escenarios. Su tenacidad y su sentido musical –también era un apasionado guitarrista– le llevan a actuar como tenor cómico en el Teatro Ruzafa de Valencia durante varios años. Según cuenta Edu Borja en este catálogo, en 1891 asiste a un espectáculo de ventriloquia y queda tan impresionado que decide convertirse en ventrílocuo.

Su privilegiada voz, bien afinada y trabajada con la práctica, le permitían cambios de registro que le servían para interpretar a numerosos personajes. Sin muñecos lo hacía en "Oratoria Fin de Siglo", con monólogos en los que interpreta personajes característicos de esa época: el cura rural, el poeta, el anarquista, el orador de feria, el charlatán callejero, el abogado y el ateneista.


Diez años tardaría el artista Sanz en presentarse ante el público como ventrílocuo. Lo hace en 1902 con números musicales, monólogos y autómatas de dimensiones humanas. El francés Ventura Carné fue su maestro y aunque tardó en hacerlo con sus propios muñecos, Sanz comenzaba una nueva carrera que le llevaría a actuar en las mejores salas del mundo, incluido el Circo Parish.

Uno ve las imágenes del catálogo y se imagina una vida vivida de mil maneras diferentes y entiende el éxito de este pionero. Doña Anastasia –de tamaño natural– parece una viejecita de las que te pide ayuda para cruzar una calle o llevar unas bolsas. En la fotografía mira de reojo a su propia voz desvelándonos la complicidad que debía existir en sus diálogos. La versión masculina es el Senyor Venancio, mas encogido y arrugado. El pañuelo en su mano izquierda y la profundidad de sus ojos nos hace intuir un personaje acabado, afligido.


Los muñecos y autómatas de Sanz tenían un realismo fuera de lo común y el mantenimiento de sus mecanismos en las giras requería del trabajo de dos mecánicos. La troupe de Sanz estaba compuesta por cerca de veinte personajes entre los que destaca –por su complejidad mecánica– Frey Volt, un personaje considerado como el mejor autómata del mundo y que tenía mecanismos independientes para cada dedo. Pero nuestro personaje favorito es el borracho D.Melanio con su botella bien agarrada con la mano derecha.

De la meticulosidad y habilidad de Sanz y sus ingenios mecánicos ya hemos dado cuenta en la entrada que hemos dedicado al documental que –afortunadamente para la historia y para nosotros en particular– Sanz decidió hacer mientras se curaba de una afonía. Su intención –más que de pasar a la historia o satisfacer nuestro vicio– tendría una función promocional de su espectáculo. El cuidado y puesta en escena que pone en sus carteles y fotografías demuestran su visión de la importancia de la publicidad. Lo que todavía nos tiene asombrados es el atrevimiento y la mentalidad abierta de un artista de principios del siglo XX que descubre los secretos de su arte, de su oficio, sin miedo a desvelar el supuesto truco. Al contrario, Sanz parece convencido de que la explicación de su funcionamiento despertaría la curiosidad del público. También había intuido, como otros artistas de variedades, el potencial del cine.

Viendo las magníficas imágenes de Sanz en este catálogo, viendo su cabeza parlante, los muñecos de tamaño natural y su Juanito, uno entiende mejor al Pedro de Wences, a los muñecos de Balder o a muchos de los niños de los ventrílocuos españoles, que por si no se habían dado cuenta son unos cuantos. España, tierra de titiriteros.


VV.AA.
Francisco Sanz i figures del circ a València / y figuras del circo en Valencia
Museu Valencià de la Il-lustració i de la Modernitat - MuVIM, 2008
ISBN: 978-84-7795-528-3

Catálogo de la exposición del mismo nombre realizada en el MuVIM del 18 de diciembre de 2008 al 1 de febrero de 2009