31 de julio de 2010

Pájaros de papel



Pájaros de papel (2010), Emilio Aragón

DICEN QUE Pájaros de papel, la opera prima de Emilio Aragón, es una obra autobiográfica inspirada en los recuerdos de su padre, el payaso Miliki. Éste, en su libro de memorias (Miliki, Recuerdos, 1996), no hace ninguna referencia a la guerra civil y comienza su recuerdo en 1942, dedicándole apenas una decena de páginas a la posguerra antes de emprender su afortunado viaje a Cuba, donde precisamente nace Emilio Aragón. Para excusarse –¿o es que le traiciona el subconsciente?– , nos relata una anécdota sobre el augusto Guerrita, un popular payaso, pariente de Miliki. Guerra. Guerrita. ¿Ven el chiste?


Las primeras secuencias de Pájaros de papel, las que transcurren durante la guerra, no son las más afortunadas de la película y el bombardeo en el que pierden la vida la mujer y el hijo de Jorge del Pino (Imanol Arias), a pesar del crescendo musical que consigue llegarnos a la raíz del lacrimal, no es precisamente una lección de cinematografía. A pesar de esto, en la película podemos apreciar el oficio de Emilio Aragón detrás de las cámaras de televisión y su absoluto dominio del tema que trata. No el de la guerra, el de los cómicos.


Si quieres triunfar con creces di mierda siete veces
Pájaros de papel retrata la vida de una peculiar familia de artistas ambulantes en la posguerra española. Se sitúa así, ciertamente de manera desfavorable, entre películas como El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1989), Las cosas del querer (Jaime Chavarri, 1989) o Ay, Carmela (Carlos Saura, 1990). Tras la Guerra Civil, unos artistas intentan sobrevivir a la pobreza con espectáculos de vodevil. Jorge del Pino, el ventrílocuo Enrique Corgo (Lluis Homar) y el niño huérfano Miguel (Roger Príncep) se alían para sobrevivir y huir de sus propias desgracias. Junto con la cupletista Rocío Moliner (Carmen Machi) y Merceditas (Ana Cuesta) intentan buscarse la vida como artistas en una época difícil en la que las patatas y las bombillas robadas servían como moneda de cambio.


La verdad es que la película desde el primer momento –véase la secuencia de la que ya hemos hablado– busca la lágrima fácil. El niño huérfano, un clásico en la mitología intelectual circense y en la cinematografía franquista, permite a Aragón adentrarse en la escabrosa época sin tomar demasiado partido, aunque los malos de la película no dejan de ser los autoritarios militares que vigilan a los artistas para evitar que las ovejas negras arruinen el rebaño. La compañía tiene la suerte, o la desdicha, de realizar una representación privada ante el propio dictador generalísimo. Allí vivimos el desenlace y descubrimos al auténtico malo del filme.


No queremos desvelar el desenlace para no arruinar a los futuros espectadores televisivos de la película, pues a pesar del gran esfuerzo promocional y al tirón y popularidad de Emilio Aragón, Pájaros de papel no ha tenido el éxito que se esperaba y aunque el boca a oreja ha funcionado relativamente bien, el que aquí subscribe tuvo que recorrer, dos meses después de su estreno, cuarenta kilómetros para ver la cinta en un multicine que compartí con una pareja de ancianas que, afortunadamente, no comentaron la película.


El problema del final de la película es que parece como que el director no quisiera acabarla nunca y encadena una serie de finales para dejarnos a todos contentos. De todos ellos me quedo, como el crítico de El País, Jordi Costa, ( http://www.elpais.com/cartelera/peliculas/pajaros-de-papel ) con la primera, la de la poesía papirofléxica que alude al título de la película y abomino de la última en la que los tres protagonistas atraviesan un campo subidos en una carreta pataleando de felicidad. Del homenaje que hace a su padre, un final más, remedando sus propios monólogos televisivos del Club de la Comedia mejor ni hablo.


Emilio Aragón, además de escribir el guión junto a Fernando Castets ha producido la película y compuesto la banda sonora. Precisamente es la composición musical uno de los fuertes de la película y donde se apoya el director para tensar al máximo las emociones de los espectadores. Si la música es un alimento del espíritu, estos artistas la tomaban como desayuno, comida y cena. Para ello ha contado con la colaboración de excelentes músicos como el violinista Ara Malikian o Kepa Junkera, responsable de que los actores parezcan virtuosos de la trikitixa , un acordeón diátonico de botones, muy popular en el País Vasco. También han contribuido a darle un toque de raza, los flamencos Jose Miguel Carmona y Pepe Habichuela.


En la película aparecen de pasada algunos conocidos: Joan Montanyes, Monti, aparece como asesor circense en los títulos de crédito además de avisar del robo de las pertenencias de la compañía; Alfredo “Scotland” revive la anécdota del ciclista miope Ruibar, que cuenta Miliki en su libro, acabando en el foso de los músicos estrellado con su monociclo; el mago Jorge Blas, Iñífugo, Javi Javichi, Cuca Cantillo, Rossina Castelli, Eduardo Demontis (Dodo) y Dubi son otros de los jóvenes artistas que pudimos entrever en diferentes secuencias.

De payaso a presidente de cadena de televisión
Emilio Aragón (Milikito) es hijo de Miliki y nieto de Emig, dos payasos de la dinastía que iniciaron Gabriel Aragón (El gran Pepino) y la ecuyere Virginia Foureaux, sus bisabuelos. Sus tíos son los populares Pompoff y Thedy, que junto con Emig, que interpretaba un personaje de negro cubano, formaban un peculiar trío de payasos con el que tuvieron mucho éxito. Emig se casa con una bailarina acróbata sobre caballo (la misma profesión de su madre), la sevillana Rocío Bermúdez, con la que tiene cuatro hijos: Gaby, Fofó, Miliki y Rocío.


Nacido en Cuba, Emilio Aragón actúa por primera vez como MIlikito en 1977 en el Gran Circo de TVE junto a su padre, su tío Gaby y su primo Fofito. Tras abandonar a los populares “Payasos de la tele” se centra en su carrera como showman y comienza a triunfar en programas de humor para la televisión. En 1984 interpreta a Barnum en el musical del mismo nombre demostrando su dominio del escenario y sus numerosos recursos artísticos. Es en la década de los 90 cuando definitivamente se convierte en una estrella de la televisión presentando programas como Saque Bola, Vip Noche o el Juego de la Oca y dirigiendo e interpretando serie de éxito como Médico de Familia o Javier ya no vive solo. En la actualidad es presidente de la cadena de televisión La Sexta y de la productora audiovisual Globomedia. Casi nada.


Pájaros de papel (2010)
Producción: Hispano Foxfilm (ESP)
Dirección: Emilio Aragón.
Guión: Fernando Castets y Emilio Aragón
Música: Emilio Aragón
Intérpretes: Imanol Arias (Jorge del Pino), Lluís Homar (Enrique Corgo), Roger Príncep (Miguel), Carmen Machi (Rocío Moliner), Fernando Cayo (Capitán Montero), Diego Martín, (Quiroga), Cristina Marcos, (Madre de Miguel), Lola Baldrich (María), Aragón 'Miliki' (Miguel viejo), Javier Coll (Pedro Ostense), Oriol Vila (Pastor), José Ángel Egido (Don Ricardo), Asunción Balaguer (Enfermera), Luis Varela (Arturo).
Color, 110 min.

30 de julio de 2010

¡Qué remedio!


Circus World (El fabuloso mundo del circo, 1964), Henry Hathaway

DURANTE algún tiempo pareció posible pasar sin hablar de las grandes producciones sobre “nuestro tema”. Pero como no hay enciclopedia del circo que se precie sin comentario sobre Circus World, hemos decidido contarles dos cositas sobre ella.

Samuel Bronston, el ruso pasado por Norteamérica que terminó fundando en España un imperio cinematográfico, había comprado los estudios Chamartín –a los que rebautizó como Estudios Bronston- y se trajo al Castellana Hilton madrileño a Frank Capra para que dirigiese la cinta. El director de The Strong Man, en el declinar de su carrera, tuvo un desencuentro con la estrella indiscutible de la misma (John Wayne), pero su hijo se quedó como coordinador de las escenas circenses y como tal aparece acreditado en la película. Henry Hathaway se hizo cargo del rodaje para el que Bronston contrató al empresario circense Franz Althoff con todo su equipamiento y personal. La gran parada de Reyes de 1964 en Madrid contó con la presencia de sus huestes patrocinada por el productor, probablemente asesorado en estos asuntos de relaciones públicas por el consultor Alfredo Marqueríe.

Según Armero, gran aficionado circense y abogado del empresario, la idea de hacer una película sobre circo le fue propuesta a Bronston por “un personaje estrafalario, curiosísimo, que tenía gran influencia sobre Sam y con el que hablaba en ruso. Era el príncipe Wachinsky” Era la primavera de 1963.

El guión inicialmente elaborado por Capra y su socio Joe Sistrom se quedó en nada y la película se convirtió en un vehículo más para la autoafirmación de John Wayne. Las dos actrices con las que compartía cartel eran Rita Hayworth, que llegó a España con un avanzado Alzheimer que le llevaba a la frustación, el alcohol y los excesos, y la joven Claudia Cardinale en todo su esplendor que, aunque recibida con recelo, pronto conquistó a todos con su simpatía.

Una de las primeras escenas que rodó Hathaway fue el hundimiento en el puerto de Barcelona del barco en el que viaja la troupe de Matt Masters (John Wayne). Durante tres meses trabajaron en esta escena los especialistas, pues en ella participaban todos los actores principales y más de seiscientos extras. El final de Circus World es el incendio de la carpa. Una ráfaga de viento traicionera hizo que el fuego se contagiara a las otras carpas y fue precisa la colaboración de todo el equipo con los bomberos para controlar el siniestro.

Otra de las cosas a destacar es el trabajo del director artístico John F Cuir, el director artístico, un maestro encontrando soluciones ingeniosas como convertir el Liceo de Barcelona en la pista del Circo de Hamburgo, transformar el Paseo de Coches de Madrid en los Champs Elysées de París o el estanque del Parque del Retiro en el Parque de Atracciones de Viena.

Jesús García de Dueñas -cronista del “Imperio Bronston” (Ediciones del Imán, 2000), de donde proceden muchos de los datos de esta breve entrada y la foto de Claudia Cardinale y Rita Hayworth enterándose del asesinato de Kennedy- nos cuenta que durante el rodaje de Circus World el imperio Bronston se desmoronaba. “El Imperio tan esforzadamente levantado se derrumbaba con estrépito. Samuel Bronston admiraba la autodestrucción, a la manera de los héroes románticos que perseguían quimeras…”

En otros sitios encontrarán seguro más información sobre la película.


Circus World (El fabuloso mundo del circo, 1964)
Producción: Samuel Bronston Productions (EEUU)
Director: Henry Hathaway.
Guión: Ben Hecht, Julian Halevy y James Edward Grant. Argumento: Bernard Gordon (firmado por Philip Yordan) y Nicholas Ray.
Intérpretes: John Wayne (Matt Masters, el empresario), Claudia Cardinale (Toni Alfredo, el trapecista), Rita Hayworth (Lili Alfredo, la trapecista), Lloyd Nolan (Cap Carson, el propietario del circo), Richard Conte (Aldo Alfredo “Tojo”, el payaso), John Smith (Steve McCabe, el caballista), Katharyna (Giovana, la equilibrista), Katherine Kath (Hilda), Henry Dantes (Emile Schuman, el domador), Wanda Rotha (la señora Schuman), Kay Walsh (Flo Hunt, la sastra), Margaret MacGrath (Anna), James Bob Malleson (Billy Hennigan), José María Caffarel (el alcalde de Barcelona), François Calepin y Robert Cunningham (jefes de pista).
Con la colaboración de: Franz Althoff y su Gran Circo Althoff. Asesor técnico: Alfredo Marqueríe.
Coordinadores de escenas circenses: Frank Capra jr., Bob Dover, Umberto Bedini y Francisco Perezoff. Entrenador ecuestre: Josef Leshkov.
135 min. Color (Technicolor). Cinerama.


28 de julio de 2010

Perla Blanca en el parque de atracciones



The Perils of Pauline (Las peripecias de Paulina, 1914), Louis Gasnier y Donald MacKenzie

En 1912 las productoras francesas decidieron acometer la conquista del Mercado estadounidense en su propio terreno. La Gaumont destacó allí a Alice Guy, una de las primeras mujeres en asumir puestos de responsabilidad en la industria cinematográfica, la Eclair, y la Pathé Frères envió a Louis Gasnier, que había sido cómplice de los primeros escarceos cinematográficos de
Max Linder. Gasnier alcanzaría la fama al descubrir a una muchachita cuyo nombre se convertiría en sinónimo de aventura, riesgo y emoción a plazo fijo: Pearl White.


En las carteleras españolas el serial The Perils of Pauline (Las peripecias de Paulina, 1914) se presenta en el otoño de 1915 para enlazar, a principios del año siguiente con The Exploits of Elaine (Los misterios de Nueva York, 1914). The Fatal Ring (La sortija fatal, 1917) llega a las pantallas españolas en enero de 1919. Para entonces Pearl White ya es la famosísima Perla Blanca. Gasnier lo intenta con Mollie King y Ruth Rolland, remedos de la famosísima heroína. Pero para 1920 el gusto por los seriales ha decaído.

Pearl White
Pearl White (1889-1938) era hija de un granjero de Missouri. Su madre muere cuando ella es aún muy pequeña y para aportar la economía familiar pronto se ve empujada al escenario. La leyenda dice que apenas reúne el dinero suficiente se compra un caballo. Con trece años actuaba como ecuyère pero una caída la obliga a abandonar el circo. Pasa entonces a formar parte de una de esas compañías de teatro que llevan de gira por las pequeñas ciudades estadounidenses las obras que han triunfado en Broadway. Así conoce a su marido, con el que se casa a los dieciocho años. Con veinte, su habilidad como caballista, le vale el papel protagonista de un western titulado The Girl from Arizona (1910). En 1914 alcanza la fama con The Perils of Pauline. Se casa entonces con Wallace McCutcheon jr. Un matrimonio desgraciado porque McCutcheon sufre los efectos de los gases durante la guerra y termina suicidándose. Pearl White había conseguido un contrato con la Fox en 1920 para protagonizar dramas. Sin embargo, la cosa no terminó de funcionar y en 1923 rodó un nuevo serial para la Pathé. Víctima de una depresión nerviosa Pearl White se retira del cine en 1924. Cinco años antes había publicado una autobiografía –“Just Me”- más acorde con las aventuras de sus personajes que con su propia biografía. Murió de cirrosis en Francia, en 1938.


Los dos biopics sobre Pearl White también llevaron el título de The Perils of Pauline: el muy divertido protagonizado por Betty Hutton en 1947 y el –para nosotros desconocido- interpretado por Pamela Austin en 1967. Evelyn Knapp protagonizó un serial sonoro de la Universal en 1933.


El serial según Gasnier
En 1914 Gasnier y Donald Mackenzie emprenden el rodaje de los veinte episodios de The Perils of Pauline, donde se narran las aventuras de la intrépida Paulina, una muchacha que a la muerte de su tío opta por vivir intensamente antes de hacerse cargo de su herencia. Frente a la norma posterior de dejar a los héroes al borde del peligro al final de cada episodio, Paulina (Pearl White) y Harry (Crane Wilbur) regresan al hogar sanos y salvos cuando ya el malvado Koerner (Paul Panzer) se creía poseedor de la fortuna del fallecido Marvin. Entretanto, los dos jóvenes han arrostrado peligros sin cuento.

En el primer episodio “Trough Air and Fire”, asistimos a la brevísima exposición: un millonario a punto de cascar, un hijo dedicado al deporte y a los automóviles, una pupila risueña y ansiosa de aventuras, un secretario insidioso y un canalla procedente de los bajos fondos. Trabamos conocimiento con ellos en cinco minutos y no necesitamos más. De hecho, el millonario muere inmediatamente. Los otros están tallados de una pieza.

Mucho se ha hablado de Pearl White como prototipo feminista. Hay que decir, en honor a la verdad, que muchas veces se deja rescatar por el varón, pero también que ella es capaz de arrostrar los peligros sola y que sus deseos de independencia y aventura son patentes. El trato es razonablemente igualitario, aunque en muchos episodios Paulina se las arregle para meterse en líos y tenga que ser Harry el que se las componga para sacarla de ellos.

Varias son las diferencias con los seriales que a este lado del Atlántico están creando Victorin Jasset para la Eclair (
Nick Carter contra Zigomar) y Louis Feuillade para la Gaumont (Fantomas, Los vampiros, Judex). En los europeos predominan cierto ambiente fantástico, los interiores misteriosos y los exteriores suburbiales. The Perils of Pauline, por el contrario, se desarrolla en grandes espacios abiertos. Ríos, cataratas, precipicios, son el marco más frecuente donde tiene lugar la acción.


En el quinto episodio “The Aerial Wire” Koerner se pone de acuerdo con unos cíngaros que secuestrarán a Paulina, la encerrarán en el sótano de un molino y luego pondrán una carga de dinamita en la noria para que el sótano se inunde. Como podemos comprobar el plan no puede ser más alambicado. Y, además, se nos explica punto por punto antes de que veamos su ejecución. Disfrazados de bomberos los cíngaros raptan a Paulina y la encierran con Harry en el sótano. Cuando empieza a inundarse ellos escapan nadando por la chimenea. Desde el tejado alcanzan un cable que cruza el río a gran altura. Los villanos lo cortan cuando están a medio cruzar y, luego, cuando caen al agua, disparan sobre ellos. A pesar de todo, la pareja consigue retornar a casa sana y salva.

Ascensión aerostática en el parque de atracciones de Pallisades
El primer capítulo lleva por título “Through Air And Fire” y, efectivamente, contra estos dos peligros se tendrán que enfrentar Paulina y Harry. En media hora se nos pone en antecedentes sobre las peculiaridades de la herencia, la actitud sospechosa del albacea y todavía tenemos tiempo para asistir a un partido de tenis y echar un ojo al Pallisades Amusement Park, que desde 1910 era propiedad de los hermanos Nicholas y Joseph Schenck.


El parque estaba situado en Fort Lee, Nueva Jersey, y ya contaba con un tiovivo y algunas atracciones pero los hermanos Schenck lo dotaron además con la mayor piscina de agua salada del mundo. Aquí se asociaron con Marcus Loew, el dueño de una cadena de cines que terminaría siendo uno de los fundadores de la Metro-Goldwyn-Mayer. Para aquellos de ustedes que no lo recuerden Joe Schenck fue, como productor independiente, el promotor de Roscoe “Fatty” Arbuckle y de Buster Keaton.


En el Pallisades Amusement Park no eran infrecuentes los espectáculos del Salvaje Oeste y, de tanto en tanto, las novedosas ascensiones en globo aerostático. Pues bien, el globo del profesor Panatella es uno de los objetivos de la sed de aventuras de Paulina. Cuando el aeronauta está a punto de embarcar, el sicario de Koerner (Francis Carlyle) suelta las amarras y el globo parte sin rumbo. Paulina desciende por la cuerda junto a un acantilado. Cuando Harry intenta rescatarla, los villanos cortan la soga. Exhausto Harry, no encuentran obstáculo para maniatar a Paulina y llevarla a una casa abandonada a la que prenden fuego. Harry recupera la conciencia a tiempo e, incluso, consigue un caballo blanco en el que acudir de nuevo al rescate de su amada.



En 1934 los hermanos Schenck traspasaron el parque de Pallisades a los hermanos Rosenthal que lo mantuvieron en activo hasta 1971.


The Perils of Pauline (Las peripecias de Paulina, 1914)
Pathé Frères (EEUU)
Directors: Louis J. Gasnier y Donald MacKenzie.
Guión: Charles W. Goddard, Basil Dickey.
Intérpretes: Pearl White (Pauline), Crane Wilbur (Harry Marvin), Paul Panzer (Koerner / Raymond Owen), Edward José (Sanford Marvin), Francis Carlyle (Hicks), Clifford Bruce (el jefe de los gitanos), Donald MacKenzie (Blinky Bill), Jack Standing (Summers), Eleanor Woodruff (Lucille),Sam Ryan (Baskinelli), Leroy Baker, Louise Du Pre, Oscar Nye.
20 episodios. Blanco y negro


27 de julio de 2010

Los recuerdos de MIliki




Libro de memorias de Miliki, uno de los artistas conocidos como payasos de la tele, que durante años y años han acompañado a varias generaciones de telespectadores. Anécdotas, encuentros, retos, viaies… El equipaje artístico de Miliki está lleno de experiencias y sus ancestros artísticos se remontan dos siglos, así que resulta entretenido. Sus intervenciones en la primeriza televisión cubana les ponen en la órbita televisiva y desde entonces han manejado las naves con suficiente control por todo el mundo.

ARAGÓN, Emilio (Miliki):
Recuerdos
Ediciones B, S.A, Barcelona, 1996
ISBN: 84-406-6701-9

El Imperio Bronston



Interesantísimo libro que nos cuenta las peripecias de Samuel Bronston en España. El productor y distribuidor americano de origen rumano, fallecido en 1995, (http://www.elpais.com/articulo/cultura/BRONSTON/_SAMUEL_/PRODUCTOR/cenizas/Bronston/quedan/Espana/elpepicul/19940115elpepicul_2/Tes/)
revolucionó el cine de la España de los sesenta con superproducciones como El Cid (1961), 55 días en Pekín (1963), La caída del Imperio Romano (1964) o Circus World (1964). El autor nos cuenta el esplendor y la caída de este hábil productor que consiguió la complicidad del gobierno de la dictadura franquista, sobre todo la de Manuel Fraga, por entonces Ministro de Información.

GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús:
El Imperio Bronston
Ediciones del imán, Madrid, 2000
ISBN: 978-84-89133-08-2

26 de julio de 2010

La hija de Max



L'Homme au chapeau de soie (1983), Maud Linder


L'Homme au chapeau de soie es un ejercicio de memorialismo y una invocación mediúmnica. Ya saben que Max Linder se suicidó con su joven esposa en octubre de 1925. Cincuenta y tantos años después su hija Maud intenta recuperar a su padre a través de su legado cinematográfico.

Entre la pregunta inicial (quién) y la final (por qué) tenemos la ocasión de contemplar una antología con los mejores cortos de Linder conservados, una muestra de sus largometrajes norteamericanos –que la propia Maud antologizó en En compagnie de Max Linder (1963)- y apenas unas fotografías de Der Zirkuskönig (1924).




El París fin de siglo, del que Max es epítome con su sombrero de copa y sus botines, cobra vida gracias a fotografías inanimadas y a un par de sketchs cinematográficos en los que podemos ver a Sarah Bernhardt como Hamlet y a Coquelin en Cyrano de Bergerac. Apuntes del mundo teatral en el que Max ingresó y al que, con relativa rapidez, renunció para dedicarse en cuerpo y alma al cinematógrafo.


La primera etapa de su trabajo, entre 1907 -Les débuts d'un patineur-y 1914 –cuando se incorpora a filas durante la Gran Guerra- constituye el grueso del montaje. Casi doscientos títulos producidos por Pathe con la única condición, al principio, de que se rodasen en un día. He aquí al Max atildado, preciso en la pantomima, actor de invención fecunda, querencioso de los motivos sentimentales, pero pronto siempre a la explosión maníaca.


Poco amigo de los trucos, Max Linder construye sus comedias a partir de las situaciones en las que se ve inmerso su personaje. La regla se rompe en contadas ocasiones. Una de ellas adquiere categoría de obra maestra de la fantasía y por eso se la recomendamos. Los zapatos de un par de turistas en un hotel de la Riviera se conocen una noche a la puerta de sus respectivas habitaciones, se cortejan y se enamoran. Por la mañana, los zapatos propician un nuevo encuentro a pesar de que sus propietarios, pretenden hacer vida independiente.


Max prend un bain (1910) es una muestra relativamente temprana de rigor en la construcción de una comedia. Max compra una bañera. Como el cochero no está dispuesto a cargar semejante armatoste, se la lleva hasta casa como si fuera una tortuga. La instala en su habitación… pero el grifo está en el descansillo. Pronto comprueba que si intenta llenar la bañera con una jarrita nunca conseguirá darse el ansiado baño. Traslada entonces la tina al descansillo. Pero una vez llena, no hay quien la mueva. Solución: bañarse allí mismo. Escándalo vecinal. Llegada de la policía. Max es conducido a comisaría como si fuera un faraón; incluso se detiene a saludar a unas amigas. En la comisaría Max juguetea con el agua, salpica a los policías. Termina escapando, convertido de nuevo en tortuga humana y perseguido por un grupo de representantes de la ley que prefiguran en unos cuantos años a los Keystone Kops. Ya está.

L'Homme au chapeau de soie (1983)
Producción: Films Max Linder (FR)
Guión, Dirección y Narración: Maud Linder.
Documental. Archivo: Max Linder.
96 min. Blanco y negro.


24 de julio de 2010

Linder, Fairbanks y Dumas



The Three Must-Get-Theres (Los tres mosqueteros, 1922), Max Linder
Los completistas de Max Linder están de suerte, porque esa cueva de Alí Babá que es Europa Film Treasures (www.europafilmtreasures.com) ha incorporado a sus fondos de acceso público The Three Must-Get-Theres, la última de las tres películas que Linder rodó en Estados Unidos en el plazo de un año. La copia es una restauración de la Deutsche Kinemathek a partir de la copia conservada en el Nederlands Filmuseum complementada con otros materiales.



El arte de la parodiaThe Three Must-Get-Theres no es tanto una versión humorística de la novela de Dumas como una parodia directa de la adaptación cinematográfica de Douglas Fairbanks. Al fin y al cabo, debió de pensar Linder, yo lucía este mostachuelo antes que Doug y Dumas era paisano mío, no suyo. La cosa no molestaba a nadie y parece que, incluso, Linder aprovechó algunos decorados de la película de Fairbanks. Probablemente aquel arco en el que descabalga y exclama con sorna autoconsciente: “¡Así que esto es París!”.

Linder realiza algunas piruetas acrobáticas pero su esgrima no está desde luego a la altura de la de su modelo. Los episodios clásicos están todos aquí: la despedida de su padre en Gascuña, el duelo en fila con los tres mosqueteros del Rey, el enfrentamiento con la guardia de Richelieu, las intrigas amorosas en la corte y las palaciegas del Cardenal. Y, por último, el rescate del brazalete de la reina y la definitiva incorporación del gascón al cuerpo de mosqueteros.


Sin embargo, todos los personajes han sido rebautizados con nombres que buscan el efecto cómico como si nos halláramos en un astracán de don Pedro Muñoz Seca.

Mosqueteros acróbatasMás por eufonía que por otra cosa Portos se llama Porpoise [Porpuga], Athos, Octopus [Pulpo], y Aramis Walrus [Morsa]. El primero de ellos aparece en los títulos de crédito como Charles Mezzetti lo que llamó nuestra atención pues hubo una conocida troupe de equilibristas que trabajaron en Estados Unidos por aquellos años llamados los Metzetti. Sin embargo, ninguno se llamaba Charles. Eran Otto, Victor, Tom y Richard. Este último, después de unos años de servir de doble a Fairbanks acabó teniendo una carrera propia como actor con el seudónimo de Richard Talmadge.


Los intertítulos con intención jocosa se multiplican a riesgo de ralentizar la acción. La mayoría de los gags se basan en los anacronismos: Linder viste un canotié con una pluma, cuando los mosqueteros tienen que partir a recuperar el brazalete bajan a la cuadra por una barra como la que hay en los parques de bomberos, los guardias del cardenal se comunican por teléfono y cabalgan potentes motocicletas…


Y, sin embargo, mucha de la magia de Linder está aquí: su precisión para la pantomima y algún gag estrictamente cinematográfico, como cuando los hombres del cardenal le inyectan al caballo una dosis de morfina que tumbaría a un ídem. Dart-In-Again espolea a su cabalgadura para llegar a tiempo a París, pero la escena está resuelta a cámara lenta. O la justamente célebre escena en la que se ve rodeado por los guardias del cardenal que le atacan al mismo tiempo. Véanla porque su resolución, en el mejor estilo Busby Berkeley, merece la pena.

“Veinte años antes”The Three Must-Get-Theres, se estrenó en Nueva York el 22 de agosto de 1922. La crítica alabó la comicidad de Linder y la belleza de Jobyna Ralston, compañera en breve de Harold Lloyd en sus comedias de dos rollos para Hal Roach. Sin embargo, tanto por su duración como por su carácter burlesco llegó a las pantallas en programa doble.



Linder anunció que realizaría una secuela. Si la de la novela de Dumas se llamaba “Veinte años después” el título propuesto por Linder era “Veinte años antes”. Ya hemos visto en otras ocasiones que regresó a Europa y su carrera (y su vida) siguieron otros derroteros.

En alguna de sus reposiciones españolas la película fue rebautizada como “El estrecho mosquetero”, aunque en octubre de 1923, cuando la cinta se estrenó, la prensa española siempre se refiera a ella como la parodia de “Los tres mosqueteros”, igual que la Carmen de Chaplin se había llamado Chaplin’s Burlesque on Carmen. Al año siguiente Sennett comenzó la serie de parodias protagonizadas por Ben Turpin con The Schriek of Araby, burla del colosal éxito de Rodolfo Valentino. En fin, que esto de las parodias ya daba buenos rendimientos cómicos antes del invento de la televisión.

The Three Must-Get-Theres (Los tres mosqueteros, 1922)
Poducción: Max Linder Productions (EEUU)
Guión y Dirección: Max Linder.
Basada en la novela “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas padre. Intertítulos: Tom Miranda.
Intérpretes: Max Linder (Dart-In-Again), Bull Montana (el Duque de Rich-Lou), Frank Cooke (el Rey Louis XIII), Caroline Rankin (Annie, la Reina), Jobyna Ralston (Connie Bonne-aux-Fieux), Jack Richardson (Walrus), Charles Mezzetti (Porpoise), Clarence Wertz (Octopus), Fred Cavens (Bernajoux), Harry Mann (Bunkumin), Jean de Limur (Rochefort).
58 min. Blanco y negro más tintados.



22 de julio de 2010

Llora una vez más, payaso



La farándula (1935), Antonio Momplet

La farándula
es una película anómala. Debutó con ella en la dirección Antonio Momplet, pero cuando la película se estrenara en 1939, “adecuada” al nuevo entorno por el montador y nuevo productor, Momplet ya estaba exiliado en Argentina. Y eso que la gestación tampoco había sido fácil. Hasta tres estudios –los Orphea en Barcelona y los Lepanto y Cine Arte en Madrid- sirvieron de plató a un rodaje abrupto, en el que las escenas se iban rodando conforme se reunía el dinero necesario. No es por ello extraño que la peripecia dramática sea apenas nada, aunque La farándula sea un completo catálogo de las habilidades canoras o histriónicas de su cuarteto protagonista.


Por fama y prestigio encabeza el reparto Marcos Redondo. Además de popularísimo, sobre todo en Barcelona donde residía, Redondo es una de las figuras puntaras del arte lírico español del siglo XX. Ostenta dos récords: haber superado las trescientas funciones anuales durante la década 1924-1934 y haberse grabado en una tarde seis discos de dos caras. En La farándula, además de interpretar dos temas de hondo calado argumental –“Así es la vida” y “La frase de Pierrot”-, se atreve con largas cantatas de Il barbiere di Siviglia, de Rossini y con la circomélièsiana I pagliacci, de Leoncavallo.


La cosa comienza en el café bohemio de ciudad portuaria. En el pequeño escenario se suceden las actuaciones: un tanguista, los recitados cómicos de Berenguela (Amalia de Isaura), las canciones arrastradas de Rosa (Pilar Torres), los histrionismos del artista del hambre Ataúlfo Manzanos (Antonio Palacios) y el arte lírico de Lorenzo (Marcos Redondo).


Los cuatro deciden “formar compañía” y se echan al camino. Ahí se encuentran con el apuesto Carlos (Julio de Infiesta), que les propone trabajar en un pueblo cercano: Villa Sierra Alta. Allá que se van. Primero actúan en una fiesta en casa del alcalde bajo promesa de una suculenta merendola. Luego, en el coliseo local donde Lorenzo tiene un éxito apoteósico y llama la atención de un empresario que le ofrece realizar una gira internacional.


Se nota que el productor es montador, porque si ya los viajes en tren tiraban de material de archivo que era un primor, todo el triunfo del barítono se narra gracias a sucesivos encadenados de planos documentales de ciudades del mundo, mediante el expeditivo procedimiento de montarlas al ritmo de las melodías con las que suponemos que Lorenzo se ha hecho un nombre en el mundo de la ópera.


Pero -¡ay!, llora, payaso-, Rosa, su sempiterna amada, se ha comprometido durante su ausencia con Carlos. Argumentalmente, poco o nada aporta la película salvo su abonamiento al tópico. Además, lo irregular de su rodaje y postproducción le otorgan un ritmo sincopado en el que algunas escenas parecen sucederse sin demasiada lógica mientras otras se remansan en largos desarrollos que alternan lo lírico con lo cómico. Registro de una época y un modo de hacer, los interesados en el arte lírico pueden disfrutar de la que creemos que es la única aparición de Marcos Redondo en la pantalla, después de haberse anunciado su debut en diversas ocasiones durante el quinquenio republicano. Nosotros hemos disfrutado con la interpretación desorbitada de Amalia de Isaura, una de las principales cultivadoras del cuplé cómico, que en esos años solía acompañar en los espectáculos a Miguel de Molina.


Una vez finalizada la contienda y tras los oportunos ajustes, La farándula se estrena en un par de salas de Barcelona, sin mayor repercusión.


La farándula
(1935)
Producción: Antonio Lasierra Ediciones Cinematográficas / Hispano Nacional Films (ES)
Director: Antonio Momplet.
Guión: Valentín R. González.
Argumento: Antonio Momplet.

Intérpretes: Marcos Redondo (Lorenzo Martínez), Amalia de Isaura (Berenguela), Antonio Palacios (Ataúlfo Manzanos) , Pilar Torres (Rosa), Julio de Infiesta (Carlos), José Baviera (el alcalde), Manuel Crespo (el agente), Modesto Cid, Alejandro Nolla, José Rivero.
72 min. (la versión conservada). Blanco y negro.

20 de julio de 2010

Varietés en Timoka



Tystnaden (El silencio, 1963), Ingmar Bergman

Las dos hermanas descienden del tren en Timoka. Es una ciudad desconocida, en la que hablan un idioma que ninguna de las dos comprenden y en la que los tanques patrullan por las calles. Pero Anna, la mayor, traductora, se encuentra gravemente enferma. Esther, la otra, una mujer con la sensualidad a flor de piel, viaja con su hijo Johan. Deberían de llegar a su destino para dejar al niño con los abuelos. Pero el estado de Anna las obliga a alojarse en un vetusto hotel.


El niño recorre los pasillos desiertos, fisgonea en las habitaciones. En una de ellas descansan los seis enanitos de Eduardini. El baúl junto a la puerta delata su procedencia: Madrid. Los pequeños juegan a las cartas, fuman, matan el tiempo. El niño es una distracción. Se disfrazan de animales, le hacen cucamonas, lo atavían con un vestido femenino.


Mientras tanto, Esther, sedienta de amor, recorre las calles de Timoka. Entra en el “Chin Varietés”, el local en el que actúan Eduardini y sus muchachos. Por fin hemos podido ver al malabarista y empresario en acción. No luce su legendario bigote postizo. Realiza unos malabares con platos mientras los enanitos realizan números acrobáticos. Al final, forman una especie de monstruoso ciempiés y salen del escenario al ritmo de la música. Mientras, en un palco, una pareja hace el amor violentamente.


Johan ve entrar a su madre en una habitación con un hombre. Se lo cuenta a Anna, que siente por su hermana una mezcla de deseo incestuoso y de pulsión despótica. Ambas se cruzan reproches que han callado toda la vida. Cuando Anna sale de la habitación, los chicos de Eduardini regresan del teatrito de variedades.


Aparte de que los acróbatas españoles anduvieran de gira por Estocolmo, aún no entendemos cómo llegaron a colarse en este piélago existencial y metafísico de Bergman del que, no lo duden, David Lynch ha bebido a grandes tragos.


Tystnaden (El silencio, 1963)
Producción: Svensk Filmindustri (SUE)
Dirección Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Intérpretes Ingrid Thulin (Anna), Gunnel Lindblom (Esther), Jörgen Lindström (Johan), Haakan Jahnberg (el gerente del hotel), Biger Malmsten (el camarero), Leif Forstenberg (el hombre en el teatro). Lissi Alandh (la mujer en el teatro) y Los Eduardini con Eduardo Gutiérrez “Eduardini”.
96 min. Blanco y negro.