29 de marzo de 2011

Amalia en blanco y negro



Nasci com esta obrigação de cantar fado! Ou foi o fado que fez isto! O fado é destino, portanto deu-me este destino a mim!


Amália Rodrigues

Fado, historia d'uma cantadeira (1946), Perdigão Queiroga

Fado es un melodrama esencial. Un melodrama hecho de música (melos) y drama que apura hasta las heces las convenciones genéricas de la estrella que triunfa dejando atrás las raíces que sustentan su arte. Y si la artista es Amália, la primera dama de la canción portuguesa, la reina del fado, no les digo más.




Amália es Ana Maria, una muchacha humilde del popular barrio lisboeta de Alfama aficionada al canto. Júlio (el madeirense Virgilio Teixeira), lutier y guitarrista, mantiene con ella un noviazgo de siempre y la alienta a que actúe en el club fadista que regenta el orondo Joaquim (Vasco Santana). En esta primera actuación la descubre Chico Fadista (António Silva), un representante que la conducirá a los brazos de un importante empresario teatral (Tony D’Algy). En el camino hacia el éxito, Ana Maria deja de lado a Júlio, que la atormenta con sus celos amorosos y profesionales, y abandona el barrio que la vio crecer. Su éxito impone la renuncia a aquello que la impulsó hasta allí.


Lisboa Filmes era hasta entonces poco más que un laboratorio. Se lanzó a la producción en una colaboración con España dirigida por el húngaro errante Ladislao Vajda, Tres espelhos / Tres espejos (1946). Su siguiente película es una jugada comercial en toda regla. Amália ha debutado en el cine con Capas negras, una historia ambientada en la Coimbra estudiantil. La película aguantará veintidós semanas en la sala de estreno, un récord histórico para un film portugués. Al tiempo, Amália llena a diario el teatro lisboeta en el que actúa. Lisboa Filmes acepta un guión de Armando Vieira Pinto que novela la vida de la cantante. La identificación con el público no puede ser más completa.


Si Júlio puede ser trasunto ficticio de Francisco da Cruz, el guitarrista con el que Amália se casó en 1940 y del que se separó apenas dos años después y Chico Fadista, el calco del empresario José de Melo, que llevó su carrera con mano de hierro, el sarao que organiza el embajador (Raul Carvalho) no deja de ser una recreación de la fiesta en el Hotel Ritz de Madrid organizada por Antonio Ferro, jefe del Secretariado de Propaganda portugués. Estamos en febrero de 1943. Los regímenes fascistas de España y Portugal viven la eterna tensión entre vecinos, pero recurren retóricamente a la hermandad ibérica siempre que pueden. En esta recepción, Amália es la principal invitada. El humorista gallego Wenceslao Fernández Flórez pronuncia el ditirambo de rigor que culmina con el agradecimiento al organizador al que compara con Enrique el Navegante; si éste descubrió nuevos mundos para Portugal, Antonio Ferro “descubre Portugal al mundo”. Y en este descubrimiento tiene parte fundamental Amália, que interpreta tres fados –“voz plena de sentimiento, modulación perfecta, emoción y gracia”, glosa el cronista del diario ABC- y dos temas del cancionero de Imperio Argentina y Concha Piquer: “Los piconeros” y “Antonio Vargas Heredia”.

Otra canción de Concha Piquer, “No me quieras tanto”, simboliza en la película su ascensión en un ejercicio de lo que los sajones llaman crossover.




Amália, dotada para el fado, es capaz de cantar cualquier cosa. Siempre músicas con alma en las que pierde la suya. Esta identificación de “lo portugués” con el fado, enfrentado a otros tipos de música, ya sea culta o extranjerizante, servía de apoteosis a otra comedia musical, O Costa do Castelo (El fresco de Costa, 1943).


Virgílio Teixeira llega al cine a través del deporte, como Erroll Flynn, Félix de Pomés o Johnny Weissmuller. Durante los años cuarenta lleva su carrera en paralelo en España y Portugal, protagonizando algunos de los más populares dramas históricos que Juan de Orduña factura para Cifesa. Parece que su relación con la diva no fue, al menos en principio, demasiado buena. Ambos recordaban como mejor escena de toda la película aquélla del ensayo en que Perdigão Queiroga les pidió que improvisaran. Hay en ella verdaderamente un aliento de sinceridad que traspasa la pantalla.


El éxito de Capas Negras y de Fado, así como la popularidad de Amália en Brasil, donde había grabado sus primeros discos en 1945, sugirieron a Leitão de Barro la idea de realizar en régimen de coproducción luso-brasileña, Vendaval maravilhoso (1949), basada en la vida del poeta antiesclavista Castro Alves y su pasión por la actriz portuguesa Eugénia de Câmara. Amália interpretaba este papel dramático, pero sólo cantaba una canción durante los créditos, lo que según algunos selló el fracaso de la película y el alejamiento de la cantadeira de los platós cinematográficos durante algunos años.


Pueden seguir instruyéndose al tiempo que se deleitan en www.amalia.com.


Fado, historia d'uma cantadeira
(1946)
Producción: Lisboa Filmes (PT)
Director: Perdigão Queiroga.
Guión: Armando Vieira Pinto.
Intérpretes: Amália Rodrigues (Ana Maria), Virgilio Teixeira (Júlio), Vasco Santana (Joaquim Marujo), António Silva (Chico Fadista), Tony D'Algy (Sousa Morais, el manager), Raul Carvalho (el embajador), Eugénio Salvador (Lingrinhas), Jose Vitor (Damião, el padre de Ana), Emilia Villas (Rosa, la madre de Ana), Alda de Aguiar (Senhora Augusta), Aida Queiroga “Nenita” (Luisinha).
Blanco y negro.


26 de marzo de 2011

Espacio Etaix


La publicación que acompaña al ciclo de la obra integral de Pierre Etaix en su cuaderno bilingüe (francés-inglés) con un espléndido repertorio gráfico.

Los textos van desde sendas entrevistas con el propio Etaix –“la spontanéité est capitale, mais il faut laisser múrir l’idée, l’intégrer dans un contexte, en essayant d’être le premier spectateur de son film”– y su cómplice a lo largo de los años, el guionista Jean-Claude Carrière –“avec Pierre, nous passons d’abord deux mois à parler en général, à etablir la ligne, et une fois que nous commençons a rédiger, nous le faisons côte a côte, ensemble, et nous devons tomnber d’accord sur chaque phrase, sur chaque geste”– , hasta algunos documentos sobre las labores de restauración digital realizadas para obtener nuevos materiales de preservación y copias en 35mm de los cinco largometrajes y tres cortos dirigidos por él, pasando por testimonios de cineastas tan notorios y dispares como François Truffaut –“j’ai aime chaque plan, chaque idée et (…) m’apprend des tous de choses sur le cinema”– o Robert Bresson –“vous êtes un des rarissimes”.

PIERRE ETAIX: Intégrale cinéma restaurée / Restored Complete Film Works.

Paris, Technicolor Foundation / Fondation Groupgama Gan pour le Cinéma, 2010


Pueden ustedes encontrar una versión en pdf en el siguiente enlace: http://www.theatre-espace.fr/2010_2011/fevrier/pierre_etaix.htm

24 de marzo de 2011

Etaix en el Cine Doré



Como pueden comprobar gracias a la imagen que tienen más arriba tuvimos la suerte de conocer a
Pierre Etaix en su visita a Madrid para la presentación del ciclo que la Filmoteca Española está programando en Madrid. El viejo payaso y director de cine lucía una espléndida sonrisa y se atrevió a golpearse con el micro al saludar y a burlarse del traductor haciendo mímica, demostrando que a pesar de los años se encuentra en forma y no ha perdido su particular sentido del humor.


Después de haber visto
Yoyo (
Yoyo, 1965) en videocasetes de tercera copia en los que el blanco del maquillaje del payaso se convertía en niebla, ver la película restaurada en pantalla grande en el cine Doré ha sido como verla por primera vez. He disfrutado como un niño con las peripecias del Yoyo payasito y del Yoyo adulto y me he dejado llevar por el trazo simple –que atrapa la esencia– de su dibujo cinematográfico, muy similar al que hace sobre papel. La sesión incluía el cortometraje de Pierre Etaix –pronúnciese la x, por favor, nos decía el propio Etaix–, Heureux Anniversaire (1962), una charla con el director y una minicena que, debido a la escasa asistencia de público, se convirtió en un cenorrio por todo lo alto, así que la tarde resultó muy provechosa.


Pierre Etaix, contestando una pregunta relacionada con otras películas de temática circense –justo nuestro tema y la pregunta no la hicimos nosotros, lo juro– dijo que la mayoría de esas películas utilizaban el circo como escenario donde presentar historias, pero que ninguna hacía un homenaje de verdad al esfuerzo de los artistas ni al circo. Ni siquiera salvó Parade (Zafarrancho en el circo, 1974) de Tati y solo en el último momento destacó Circus (El circo, 1928) de Chaplin, a la que sí atribuyó una influencia notable en el desarrollo de la comicidad en la pista.

Etaix se refirió en todas las ocasiones a los artistas circenses como “gens du voyage”, el expresivo término francés para los titiriteros y ambulantes. Se proclamó, antes que nada “clown” y dedicó un afectuoso recuerdo a sus actuaciones junto a
Annie Fratellini.


De las enseñanzas recibidas de Jacques Tati, destacó esta máxima: “Nunca te quedes con la primera idea. Sigue buscando”.


23 de marzo de 2011

Tiroteo en el Tren del Terror



The Big Switch (1968), Pete Walker

Pete Walker es conocido, sobre todo, por sus películas de terror de los años setenta, donde facturó algunas perlas post-hammerianas como
Frightmare (Terror sin habla, 1974) o Schizo (Esquizofrenia, 1976). Pero sus inicios tuvieron que ver con lo que a finales de la década anterior se denominaban películas “para adultos”: un esquema policiaco con huecos.


Pete, era hijo de Syd Walker, un intérprete de comedias musicales, o sea, que conocía el mundo del
show business como la palma de su mano. Sus inicios fueron como cómico en los clubs de striptease del Soho londinense, para dedicarse después al lucrativo negocio de las películas en super-8. De ahí pasó a producir, escribir y dirigir primero cortos y luego largos encuadrables dentro de la sexploitation, cuyas coordenadas sociológicas en la represiva sociedad británica ya se han encargado otros de cartografiar.


Nosotros vamos al meollo de
The Big Switch –algo así como “El gran cambiazo”, aunque en Estados Unidos la película se retituló Strip Poker–. John Carter (Sebastian Breaks), un ejecutivo publicitario vive la noche del Swinging London a tope. Pena, nos explica el locutor, que sea ya un poco talludito para los templos del pop. Frecuenta discotecas manejadas por un gánster, lo que le vale a Walker para realizar un breve recorrido por los clubs de noche, como en otras películas del ciclo “mondo”. Sin embargo, la historia pega un giro de ciento ochenta grados cuando la solícita rubia que se le ha ofrecido en la discoteca, es asesinada mientras él compraba tabaco.


Varias palizas y partidas de
strip-poker más tarde, y después de que le hayan despedido de su trabajo en la agencia de publicidad, Carter se verá obligado a aceptar la misteriosa propuesta de los gánsteres de viajar a Brighton en compañía de Karen (Virginia Wetherell), una modelo baqueteada por la vida y los desengaños amorosos.


El plan es tan demencial y tiene tantos huecos que no merece la pena que nos dediquemos a desentrañarlo. Si
The Big Switch se ha proyectado en la carpa –mínimo recorrido por los antros de ocio londinenses al margen– es porque la persecución final tiene lugar en el pier occidental de Brighton. Ya hemos estado aquí otras veces –véanse: Oh! What a Lovely War (1969), de Richard Attenborough, o Brighton Rock (1947), de John Boulting- y hemos proyectado para ustedes El fugitivo de Amberes (1955), de Miguel Iglesias, así que ya saben más o menos a que atenerse. Contrapunto chirriante entre la alegría mecánica de las atracciones y la angustia de los perseguidos, paradoja de la muerte desnuda y verdadera en el reino de los esqueletos bailarines, incongruencia del horror de cartón piedra y carrito a tres por hora. Tampoco Walker pretende ser Welles. Resuelve y ya está.


El milagro ocurre, sin embargo, a la entrada del pier. Es un milagro de serie Z, claro. En el ajustadísimo plan de trabajo, el equipo se encuentra con que el día en que se ruedan estas escenas, nieva copiosamente sobre la ciudad veraniega (“donde los viejos ricos van a echar una cana al aire los fines de semana”, afirma Karen; “lástima que yo no sea rico”, replica John). En lugar de meterse en el apartamento y esperar a que escampe, Pete Walker coge el toro por los cuernos y les pide a sus actores que rueden la escena así. Los intérpretes corren bajo la nieve, resbalan y se pegan tremendas costaladas, apenas pueden gritar los monosílabos que exige la acción porque están congelados, pero este fragmento tiene la rara cualidad de lo imprevisto, de lo irrepetible. Durante estos instantes Walker es –a la fuerza ahorcan- un émulo de Rossellini.


Después de rodar
House of the Long Shadows (La casa de las sombras del pasado, 1983), Pete Walker dejó el cine y se dedicó a los mucho más lucrativos negocios inmobiliarios.


The Big Switch (1968)
Producción: Pete Walker (GB)
Guión y Dirección: Pete Walker
Intérpretes: Sebastian Breaks (John Carter), Virginia Wetherell (Karen), Jack Allen (Hornsby-Smith), Douglas Blackwell (Bruno Miglio), Derek Aylward (Karl Mendez), Virginia Wetherell
Color. 68min.


21 de marzo de 2011

Merlín, el de los títeres



La venganza / Ho giuratto di ucciderti (1958), Juan Antonio Bardem


La cuadrilla de segadores andaluces de Luis “El Torcido” (Raf Vallone) recorre las tierras de La Mancha en busca de trabajo. Sus afanes fueron ideados por Juan Antonio Bardem al modo cervantino, con episodios más o menos independientes que sirven de jalones a la venganza preterida con la que se abre y cierra una película que supuso la puesta en imágenes de la propuesta del Partido Comunista sobre la “reconciliación nacional”.

Uno de estos encuentros es con una compañía de titiriteros ambulantes y acaece cuando los segadores se topan con una mona con calzones rojos en mitad del camino. La persecución del bicho propicia el encuentro con los artistas de Merlín, el de los títeres, que, inmediatamente, les ofrece hospitalidad. Frente al tono monocromo de las prendas de la cuadrilla, el colorido vivo del vestuario de los artistas: amarillos, azulones… Contraste también en los tocados: invariable gorrilla de visera, los trabajadores, bombines, feces, canotiés, los titiriteros.


Viajan en dos carros camino del próximo villorrio. Como es habitual, por la tarde hacen un pasacalle acompañados por la chiquillería y por la noche ofrecen función única en la plaza del pueblo, a cambio de la voluntad. Son los antepasados de los Cómicos, que ya Bardem había retratado en su segunda película como director.

Sólo vemos actuar a Rosa (Conchita Bautista), la cantante, a la que Pablo “El Tinorio” (Manuel Alexandre), el enamoradizo de la cuadrilla de “El Torcido”, le echa rápidamente el ojo. Pero esa noche se declara un incendio en el pueblo. Todos –temporeros, titiriteros, lugareños-, arriman el hombro para extinguir el fuego.


Por la mañana, en un paisaje desolado trabajadores y cómicos siguen sus respectivos caminos. Ni para unos ni para otros habrá ya trabajo en el pueblo. La bifurcación de un camino calcinado es metáfora de los destinos divergentes. Y, sin embargo, Rosa y “El Tinorio” cruzan una última mirada en esta tan breve como hermosa historia de amor sin palabras ideada por Bardem.


La venganza / Ho giuratto di ucciderti (1958)
Producción: Guión P.C. (ES) / Suevia Films (ES) / Vides Cinematografica (IT)

Guión y Dirección: Juan Antonio Bardem.

Intérpretes: Carmen Sevilla (Andrea Díaz), Raf Vallone (Luis 'El Torcido'), Jorge Mistral (Juan Díaz), José Prada (Santiago 'El Viejo'), Manuel Alexandre (Pablo 'El Tinorio'), Manuel Peiró (Maxi 'El Chico'), Louis Seigner (Merlín, el de los títeres), Conchita Bautista (Rosa), Fernando Rey (el escritor), Rafael Bardem (el médico), Goyo Lebrero (el tonto), Xan das Bolas (el segador gallego), José María Rodríguez (el mayoral), José Marco Davó, Maria Zanoli, Rufino Inglés, Ángel Álvarez, José Riesgo y la voz de Francisco Rabal (narrador).
103 min. Color.

19 de marzo de 2011

El ventrílocuo Sanz en Madrid



Este nuevo libro sobre las peripecias del ventrílocuo Paco Sanz nos sitúa en el Madrid del primer cuarto del siglo XX. El Circo de Parish, el Teatro de la Comedia, el Teatro Cómico, el Circo Price y el Teatro Álcazar son algunos de los escenarios madrileños en los que triunfó este gran, aunque hoy desconocido, artista. El autor, Ramos Altamira, se ha zambullido en las hemerotecas y nos ofrece una visión muy completa del trabajo de Sanz documentada con numerosas crónicas y transcripciones de diálogos de Sanz y sus muñecos. El mejor ventrílocuo del mundo, según el autor, se perfila como un hombre constante, emprendedor, hábil, innovador, ingenioso, aventurero, negociante, visionario, moderno…, en fin, un compendio de virtudes que hacen de este titiritero un personaje de leyenda de principios del siglo pasado.

Sanz y el secreto de su arte

RAMOS ALTAMIRA, Ignacio:
El mejor ventrilocuo del mundo: Paco Sanz en los teatros de Madrid (1906-1935)
ECU Narrativa, Alicante, 2010

17 de marzo de 2011

Variedades a la inglesa





Let's Go Crazy (1951), Alan Cullimore

El ritmo frenético imprimido al rodaje de
Penny Points to Paradise dejó a la productora con una semana de margen en el estudio. Allan Cullimore, responsable de producción de la película, solicitó la colaboración de Peter Sellers y Spike Milligan para que pergeñaran una serie de sketchs ambientados en una sala de fiestas construida en el estudio y facturó en una semana este mediometraje en el que alternan las ocurrencias de la pareja con las actuaciones musicales.


Seguramente estas fueran las que en ese momento estaban disponibles en el “Pier Theatre”. Las estrellas de la función son los miembros de la orquesta de Freddy Mirfield and His Garbage Men. Mirfield había empezado como músico de jazz y actuando en algunas orquestas hasta que formó la suya propia. Visto el éxito que las versiones paródicas de temas populares interpretadas por Spike Jones and His City Slickers al otro lado del Atlántico, Mirfield formó sus Garbage Men en 1941. Se trata de una banda apta para acompañar a los solistas pero que, llegado el momento, se encasquetan toda clase de pelucas y se visten con prendas extravagantes al tiempo que descoyuntan las piezas y las descoyuntan con toda clase de ocurrencias burlescas.


Otras actuaciones corren a cargo de Pat Kaye y Betty Ankers, Keith Warwick o Jean Cavall. Son intérpretes de música melódica. El apartado dancístico están Manley and Austin y su baile de inspiración latina, sobre todo, por los increíbles Maxin & Johnson, una pareja que ejecuta un número de baile acrobático en el que el humor -violento y surreal- surge de la increíble crueldad de que hace gala la pareja.


Sellers encarna sucesivamente al maitre Giuseppe (mostacho imponente), al pomposo pretendiente Cedric (bigotín de pincel y raya al medio), la barriobajera Crystal Jollibottom (peluca y pendientes) que ya había aparecido en algunos programas radiofónicos, un camarero liante llamado Izzy Gozzunk que termina comiéndose la comida del cliente (Spike Milligan) y, por último, pero no menos importante, este Groucho Marx de pega con el que les dejamos:



Let's Go Crazy (1951)
Producción: Advance Productions (GB)
Director: Alan Cullimore.
Guión: Spike Milligan y Peter Sellers.
Intérpretes: Peter Sellers (Groucho Marx / Giuseppe / Cedric / Izzy Gozzunk / Crystal Jollibottom), Spike Milligan (Eccles / Salonero), Wallas Eaton (Mr. Jollibottom), Freddy Mirfield and His Garbage Men (orquesta cómica), Tommy Manley y Florence Austin (“Manley and Austin”, bailarines), Keith Warwick (cantante), Jean Cavall (cantante), Pat Kaye y Betty Ankers (piano y voz) y Maxin & Johnson (pareja de baile cómico-acrobático).
31 min. Blanco y negro.


14 de marzo de 2011

El Show de los Matones




Penny Points to Paradise (1951), Anthony Young

“The Goon Show” estuvo en antena en la BBC entre 1951 y 1960 y, a decir de los estudiosos de la comedia, revolucionó la escena del humor británico. Sin los descerebrados y celéricos chicos del radiofónico “Show de los Matones” nunca habrían existido los Monty-Python.

Los cuatro Goons
Cuatro fueron inicialmente los miembros del grupo. Michael Bentine (1922-1996), Harry Secombe (1921-2001), Spike Milligan (1908-2002) y el mismísimo Peter Sellers (1925-1980). Los cuatro tuvieron ocasión de poner a prueba sus dotes para el espectáculo entreteniendo a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar ésta siguieron por separado carreras en el “show business”. De los cuatro, Peter Sellers fue quien primero metió la cabeza en la radio, donde su prodigioso talento para crear personajes excéntricos le permitió interpretar multitud de comedias y dramas radiofónicos en la BBC. Estas actuaciones se alternaban con sus apariciones como humorista –su afición a la batería había quedado momentáneamente relegada– en el escenario del Windmill, un teatro que alternaba el striptease con los números cómicos. Los cuatro Matones se reunían con otros actores en el pub que regentaba Jimmy Grafton, un guionista aficionado que empujó a Milligan a crear su propio material cómico y ejercía de agente de Secombe y Milligan.


En 1951 la BBC les dio una oportunidad, aunque tuvieron que cambiar el título de la serie por el de “Crazy People”. Las señas distintivas del programa son la alternancia de números musicales con viñetas cómicas, el uso turulato de los efectos de sonido, un humor excéntrico y frenético –de raíz marxiana– y, por último, una indescriptible galería de personajes que ponen en solfa la pomposidad y la flema británicas. Michael Bentine abandona el programa por diferencias creativas con Spike Milligan, que es quien se hace cargo de los guiones de la serie. Harry Secombe actúa como portor, dando vida a uno de los personajes definitorios del show, el capitán Ned Seagoon. Y Peter Sellers aporta una variedad de caracterizaciones, de voces y una velocidad endiablada que hace crecerse a sus compañeros.


Hacia 1953 el programa adquiere su forma definitiva, con una trama central y derivaciones continuas de las que no está exenta la improvisación. Nuevos guionistas aportan material puesto que Milligan sufre algunas recaídas en una depresión, secuela del conflicto bélico. Como no es cosa de extendernos más, les dejamos un enlace (http://www.thegoonshow.net/), con completísima información sobre el programa y sus autores, y éste clip de una actuación tardía que explica mejor que mil palabras lo que fue el programa en su último tramo:

http://www.youtube.com/watch?v=pd0ONww0rrw



Slapstick en Brighton
En noviembre de 1950, después de finalizar la grabación del piloto de la primera temporada del programa y sin tener muy claro que sería de su futuro, los Matones aceptan la oferta para realizar una película por unos emolumentos que ascienden a la modesta suma de unas 125 libras por cabeza. Para ello cuentan con cuatro semanas en los estudios cinematográficos de la localidad de Brighton.



El equipo, a las órdenes del debutante Tony Young, sabe lo que se trae entre manos. La película, de una abosoluta modestia, alterna los números de variedades a cargo de sus intérpretes –en especial, el sketch del cirujano de Secombe y las imitaciones que Paddy O’Neil hace de Bette Davis y Gloria Swanson–, con persecuciones y batacazos por las desiertas avenidas de la ciudad balnearia del sur de Inglaterra. Para hilvanarlo todo, una trama policial en la que Secombe encarna a Harry Flakers (Secombe), el afortunado ganador de una quiniela premiada con 100.000 libras. A pesar de ello acude, como todos los años, a pasar unos días de descanso con su compañero Spike Donnelly (Milligan) a una pensión donde serán asediados por toda suerte de cazafortunas y seguidos por dos falsificadores de moneda que pretenden pegarles el cambiazo.


Sellers encarna a un personaje denominado el Comandante, residente estable en la pensión y sablista profesional, y al vendedor canadiense Arnold P. Fringe, capaz de colocarle a usted desde un seguro de vida hasta papel matamoscas.


Una noche, Harry y Spike llevan a las chicas (Paddy O'Neil y Vicki Page) al “Pier Palace” de Brighton, que ya hemos visitado en otras excursiones de Circo Méliès –cuando comentamos Brighton Rock, por ejemplo–. Allí asisten a una exótica actuación de Felix Mendelssohn and His Hawaian Serenaders y caen rendidos ante el poderoso influjo mental de la hipnotista Madame Moravia (¿Patience Rentoul?).


La persecución final, en el mejor estilo Keystone Kops, lleva a los protagonistas al Museo de Cera de Louis Tussaud, tataraniento de la famosa Madame Tussaud, donde inevitablemente se hacen pasar por trogloditas, miembros de la Policía Montada de Canadá o decapitados por el hacha del verdugo.


Otra película perdida... y encontrada.
La distribución de la película fue desastrosa. Entre 1951 y 1953 se realizaron algunos pases por todas las islas y, se cortaron algunas escenas que parecían extemporáneas. En 1960, aprovechando el apogeo de la serie radiofónica en el ámbito de la Commonwealth se procedió a un nuevo corte de negativo para su distribución en Nueva Zelanda. Desde entonces se pierde la pista de esta pieza, muy codiciada por los fans de Peter Sellers, hasta su reciente restauración por parte del British Film Institute.

Penny Points to Paradise (1951)
Producción: P.Y.L. Productions (GB)

Director: Anthony Young.

Guión: John Ormonde.

Intérpretes: Harry Secombe (Harry Flakers), Spike Milligan (Spike Donnelly), Peter Sellers (el Comandante / el vendedor Arnold P. Fringe), Alfred Marks (Edward Haynes), Paddy O'Neil (Christine Russell), Vicki Page (Sheila Gilroy), Bill Kerr (Digger Graves), Freddie Frinton (el borracho), Joe Linnane (el policía), Sam Kydd (el taxista), Hazel Jennings, Patience Rentoul, Diana Leslie y Felix Mendelssohn and His Hawaian Serenaders.

77 min. Blanco y negro.

12 de marzo de 2011

Etaix en Madrid



Pierre Etaix, uno de nuestros cineastas de cabecera, asistirá el próximo 23 de marzo, a las 19:30, a la proyección de Yoyo (Yoyo, 1965), en el Cine Doré, sede de la Filmoteca Española, y mantendrá un coloquio con el público . También se proyecta en esta sesión el cortometraje Heureux Anniversaire. La sesión se repetirá el sábado 26 a las 17:30, con entrada libre para los menores de 14 años.

El martes 22 a las 19:30 y el sábado 26 a las 20:00 se proyecta
Le soupirant (El pretendiente, 1963), con el complemento de Rupture (1961).

El jueves 24 a las 19:45 se puede ver el cortometraje
En pleine forme (1971/2010) y el largo de episodios Tant qu'on a la santé (Mientras haya salud, 1966). Nuevo pase el miércoles 30 a las 22:00.

El viernes 25 a las 22:15 y el martes 29 a las 19:45,
Le grand amour (El gran amor, 1969).

El documental
Pays de Cocagne (1971) se proyectará el domingo 27 a las 19:40 y el jueves 31 a las 22:00.

Se trata de las copias restauradas recientemente por la Fundación Technicolor y la Fundación Gan pour le cinéma, cuya edición en DVD hemos
comentado aquí.

11 de marzo de 2011

Vaqueros cantantes



Limonádový Joe (Joe Kolaloka, 1964), Oldrich Lipský

Ahítos (nosotros y ustedes) de olor a pólvora y aullidos apaches, de sudor y polvo, de sillas de montar calientes y café de puchero frío, hemos decidido cerrar el ciclo dedicado a don Buffalo Bill y sus contemporáneos con un vaquero cantante. Pero no nos hemos decantado por los canónicos y canoros Roy Rogers o Gene Autry, aquellos tipos de camisas con flecos y sombreros imposibles que pasaban el día junto a la fogata entonando melancólicas baladas vaqueras, sino por una opereta cinematográfica del muy excéntrico cineasta checo Oldrich Lipský del que tendrán más noticias si vistan Esbilla Cinematográfica Popular (http://esbilla.wordpress.com/2009/11/26/en-el-pais-de-oldrich-lipsky-todo-es-posible-lemonade-joenick-carter-aquel-loco-loco-loco-detective/), de cuyo voltio procede la copia que anoche proyectamos en la carpa.



Limonádový Joe (1964) fue una de las primeras películas de “detrás del telón de Acero” que llegaron a España gracias a la manga ancha que el ministro Fraga tenía con el Festival de Cine de San Sebastián, escaparate cinematográfico internacional de la apertura del Régimen. Lo descarado de su propuesta, sus aires de comedia excéntrica y el slapstick rampante favorecieron el estreno comercial de esta cinta cuyo doblaje se encomendó al genial humorista Antonio de Lara “Tono”.


La ciudad fronteriza de Stetson City en 1885. El alcohol hace estragos entre la población. Dough Badman (Rudolf Deyl), el dueño del saloon hace su agosto. A pesar de ello vive con la insatisfacción de no poder conseguir el amor de la cantante del local, Tornado Lou (Kveta Fialova), una morena espléndida que espera la llegada del amor verdadero para entregarle su virginidad. Frente a esta morena desgarrada e ingenua, la ingenua rubia Winnifred Goodman (Olga Schoveroba), militante de la liga antialcohólica que acude periódicamente al saloon para predicar la buena nueva de sobriedad. Ella y su padre son objeto de burla por parte de los secuaces de Dough y en especial de Grimpo (Josef Hlinomaz), un pistolero sucio y malote que después de tomarse un whisky con pimienta devora el vaso.


En el momento álgido de la trifulca irrumpe en el local Limonádový Joe (Karel Fiala), vestido de blanco impoluto, abstemio, tirador infalible y representante del refresco Kolaloka. La morena y la rubita caen inmediatamente rendidas ante sus encantos. Además de frustrar un atraco al banco del pueblo, Joe consigue que le sea concedida al padre de Winnifred la representación del refresco para Stetson City, con lo que la liga antialcohólica edifica un nuevo saloon en el que sólo se sirven bebidas no espirituosas y se escuchan bellos himnos.


La trama sufre un nuevo giro con la llegada al pueblo del hermano de Dough, Horac (Milos Kopecky), un mago conocido como “Hogofogo”, que echará una mano a la familia para recuperar a la clientela perdida. Horac es una especie de Fantomas del Lejano Oeste, mago del disfraz, protagonista de revistas ilustradas, ilusionista de recursos. Los hermanos Badman secuestran a Winnifred y Tornado Lou, despechada, jura venganza contra Joe Kolaloka. La tragedia se resolverá, burla burlando, deus ex machina y anagnórisis aristotélica mediante.


El reconocimiento de que los cuatro protagonistas son hermanos y el enriquecimiento repentino de todos gracias al capitalismo feroz –descubren un pozo petrolífero y un yacimiento de oro al mismo tiempo, ganan una fortuna en la bolsa y tienen la patente de la Kolaloka, capaz de resucitar a los muertos– hacen precisa una conciliación de intereses comerciales que se logra gracias a la invención de la WhisKola.


Rodada en scope y en blanco y negro con virados en colores intensos Limonádový Joe es un festín visual. Apenas hay plano en el que no se nos ofrezca un gag y el trabajo de encuadre y montaje son parigualmente imaginativos y juguetones. Lipský desmonta todos los tópicos del western –duelos, peleas, infalibilidad con el seis tiros– y del serial –secuestros, persecuciones, rescates in extremis, marcas de nacimiento– con un uso siempre fascinante de los recursos de la animación como el paso de manivela, la marcha invertida, las sombras chinescas o la integración de imagen real y grabados de sabor retro.



Limonádový Joe (Joe Cola-Loca, 1964)
Producción: Studio Barrandov (CHE)
Director: Oldrich Lipský.
Guión: Oldrich Lipský y Jirí Brdecka.
Intérpretes: Karel Fiala (Limonádový Joe), Rudolf Deyl (Dough Badman), Milos Kopecký (Horác Badman alias “Hogofogo”), Kveta Fialová (Tornado Lou), Olga Schoberová (Winnifred Goodman), Bohus Záhorský (Ezra Goodman), Josef Hlinomaz (Grimpo), Karel Effa (Pancho Kid), Waldemar Matuska (Banjo Kid).
99 min. Blanco y negro + tintados.