30 de abril de 2011

Más rápido que su sombra





Un amigo me ha encontrado esto por la red. Se trata de la versión portuguesa de Western Circus, uno de los casi cien títulos del popular personaje Lucky Luke, protagonista de los comics realizados por el dibujante belga Morris con guiones de René Gosciny. Era uno de mis personajes favoritos, pero no tengo recuerdo de este episodio, aunque he de confesar que mi obsesión por el circo comenzó mucho después de abandonar mi pasión por los comics. También tengo que confesar que prefería este personaje a Tintín, y que se disputaba mis favores con Astérix.


Western Circus está publicado en 1970 en la segunda serie de títulos realizada por Dargaud –la primera la editó Dupuis– y la historia comienza a enredarse cuando Lucky Luke se cruza con un estrafalario personaje, inspirado en W. C. Fields, propietario de un circo y deseoso de producir un auténtico espectáculo del Viejo Oeste, al estilo de Buffalo Bill. Volverá a encontrarse Lucky Luke con  con W.C. Fields en La Ballade des Dalton (1978). Era bastante usual que, además de utilizar personajes históricos,  Morris caricaturizara a personas famosas para encarnar a los personajes secundarios: Jean Gabin (Lucky Luke contra Joss Jamon, 1958), David Niven (Calamity Jane, 1967), Lee Van Cleef (Cazador de recompensas, 1972), Kirk Douglas (Las colinas negras, 1963), Alfred Hitchcock (La Dilgencia, 1968), Louis de Funès (El bandido mecánico, 1981), Gary Cooper (Remontando el Mississipi, 1961) han sido algunos de los que han acompañado al vaquero en sus aventuras.

 
Los indios primero atacan a los comediantes pero más tarde se prestan a formar parte de la farándula. Los numeros ganan en vistosidad, en acción y colorido. Todo parece marchar sobre ruedas hasta que aparece el malo de la historia. Pero tranquilos que para solucionarlo está nuestro héroe y Jolly Jumper.


Lucky Luke, es un cowboy solitario y de gran corazón. Es también el perfecto justiciero imperturbable y simpático, siempre acompañado de sus inseparables compañeros Jolly Jumper, el caballo más inteligente del Oeste y Rantanplan, el peroo más estúpido.


Les hemos seleccionado un ramillete viñetas para que ustedes se hagan una idea y vayan raudos y veloces a la librería de viejo más cercana o al rastrillo más apañado para hacerse con un ejemplar en castellano. Que ustedes disfruten.


MORRIS y GOSCINY:
Western Circus
Dargaud Editorial, 1970


29 de abril de 2011

¿Qué hay de nuevo,viejo?





Big top Bunny (1951), Robert McKimson


Bugs Bunny, el conejo de la suerte,  fue creado por Tex Avery a partir del trabajo de otros dibujantes . La primera aparición ofical del personaje es en A Wild Hare (1940) dirigido por Tex Avery y donde el actor Mel Blanc le presta la voz que se haría tan famosa. La pose del conejo apoyado comiendo zanahorias está inspirada en la película de Frank Capra It Happened One Night (Sucedió una noche, 1934) en la que Clark Gable come zanahorias y habla con la boca llena frente a la actriz Claudette Colbert.


En 1942, el conejo de la suerte ya era el personaje más famoso de la serie "Merrie Melodies", popularidad que alcanzó sus más altas cotas a partir de la II Guerra Mundial cuando el personaje fue la mascota de numerosos escuadrones, además de vehículo propagandístico de la época. Más recientemente, aparece en Who Framed Roger Rabbit (¿Quién engaño a Roger Rabbit?, 1998) pero, debido a que es una película de Disney, la Warner sólo permitió el uso del conejo si aparecía el mismo tiempo que la estrella de Disney, Mickey Mouse, motivo por el cual aparecen juntos cuando se encuentran en pantalla.


Bruno es un oso acróbata en el Circo del Coronel Korny, una  réplica exacta de Buffalo Bill que ha tenido la genial idea de incorporar a Bugs Bunny en el número del oso. Éste, celoso y ofendido por esta intromisión –vivía como una estrella en su jaula–, prepara su venganza en la pista.


Pero a Bugs Bunny no se la pegan dos veces, «¡Por supuesto, que sepas que esto significa guerra!» –una frase  de Groucho Marx en Duck Soup (Sopa de Ganso, 1937). )-. A nadie se le escapa que, en pleno apogeo de la guerra fría, esta declaración de hostilidades tiene lugar entre el oso ruso y el conejo, profundamente anarquista, pero al fin y al cabo norteamericano.


Cuando está a punto de caer de lo alto del trapecio se coloca unos muelles en los pies y comienza la revancha. Una vez y otra irá cayendo el oso grandote y estampándose cada vez que quiere competir con el tranquilo y sonriente conejo.



Como gran finale se disputan el honor de ser el que se tira desde más alto a un cubo de agua. Después de atravesar la lona del circo y lanzarse en un exagerado diving act, el oso se encuentra con un bloque de cemento.


Después de esto, el oso Bruno viaja de un lado a otro en  un charivari de técnicas circenses como la cama elástica, el loop de la muerte, antipodismo, para finalizar como proyectil humano en nueva victoria de Bugs Bunny.




Entre los temas musicales, el clásico “She Was an Acrobat’s Daughter” que también había servido como motivo central al corto homónimo de 1937 de la misma serie dirigido por Carl W. Stalling. En él se realiza una parodia de The Petrified Forrest (El bosque petrificado, 1936) con caricaturas de Leslie Howard y Bette Davis, sus protagonistas.


Big top Bunny (1951)
Producción: Warner Bross. Pictures (EE.UU).
Dirección: Robert McKimson.
Guión: Tedd Pierce.
Color. 7 min.

28 de abril de 2011

¡Alekazam!


Presto (2008), Doug Sweetland

Este cortometraje de animación de los Estudios Pixar es un homenaje repleto de gags a los dibujos animados de la época de Looney Tunes. También podría ser nuestra película mascota de la serie Un conejo en la chistera. Su director, Doug Sweetland, un veterano animador de estos estudios, se estrenaba como director en este film y se atreve a dar vida con su voz a los dos personajes.


Presto DiGiotagione, un estirado prestidigitador –una caracterización inspirada en el actor William Powell– que tiene muerto de hambre al conejo Alec Azam, va a comenzar su actuación. En un baúl, bajo llave, esconde su secreto: un par de sombreros, una chistera y un cono de mago, que están conectados mágicamente. Metiendo la mano por uno se saca todo lo que está al alcance de la mano del otro. Un trucazo que es mejor ver para entenderlo en toda su magnitud.



El caso es que con las prisas, el mago se ha olvidado de dar el premio, una zanahoria, al desfallecido Alec Azam que, para nuestro disfrute, prepara una venganza en directo que arruinará el número del mago. Su experiencia como partenaire del mago le permiten conocer las inmensas posibilidades  de tener en su mano el cono del mago para evitar que el mago le alcance. El conejo, invocando su nombre, ¡alekazam!, provoca una catástrofe tras otra hasta que, paradójicamente, consiguen poner en pie al público del abarratado teatro en un final de verdadero delirio.


Deliciosa, como casi todas las películas de  esta maravillosa factoría. El caso es que un año antes de que se pusieran manos a la obra con esta pelicula, Shaun Abernaty, un joven animador que había hecho una entrevista para la Pixar y había presentado entre sus trabajos el corto The  Great Vince Balducci (2006) [http://www.youtube.com/watch?v=YdVbZYIMFS8]. Por supuesto, el autor encontró suficientes coincidencias como para intentar una demanda por plagio, cosa que no consiguió.





Presto (2008)
Producción: Walt Disney / Pixar (EEUU)
Dirección: Doug Sweetland
Productor:  Richard Hollander
Guión:  Doug Sweetland
Musica: Scot Blackwell Stafford
Color, 5min., 16seg.

26 de abril de 2011

Duelo de calle




One man Band (2005), Andrew Jimenez y Mark Andrews

Los Estudios Pixar están dedicados a la animación desde 1979 cuando son parte del conglomerado de Lucasfilm. En 1986, Steve Jobs, cofundador de Apple compra la empresa que pasa a manos de  Walt Disney en 2006 por una cifra astronómica. Sus películas han ganado veintiséis Oscars de la Academia, siete Globos de Oro y tres Grammys entre muchos otros premios y reconocimientos. Entre sus películas se cuentan, como todo el mundo sabe, Toy Story (Toy Story, 1995), Finding Nemo (Buscando a Nemo, 2003), The Incredibles (Los Increíbles, 2004), Cars (Cars, 2006) y más recientemente Up (Up, 2009) o Toy Story 3 (Toy Story 3 , 2010), todas ellas grandes éxitos de taquilla y revolucionarias en el campo de la animación.


Casi todas estas películas estaban acompañadas en sus estrenos en el cine de pequeños cortos de unos cinco minutos, realizados por la misma compañía. Así, Encontrando a Nemo se proyectaba después de Knick Knack (1989), A Bug's Life (1998) tenía como prólogo Geri's Game (1997) y Monters, Inc. (2001) era precedida por el corto For the Birds (2000). El corto que nos ocupa, One Man Band (2005) predisponía a la diversión antes de ver la película Cars.


Bass, un hombre orquesta, tambor a la espalda, acordeón e intrumentos de viento, se enfrenta a una plaza vacía italiana. De pronto, Tippy, una inocente niña cruza la plaza para lanzar una moneda de oro en la fuente para pedir un deseo. El artista callejero ya ha visto a su presa y no piensa dejarla escapar. Comienza a ejecutar diferentes melodías mientras va acercando la lata a los pies de la niña.


Cuando cree que ha conseguido que la niña le entregue la moneda, en la otra punta de la plaza, aparece Treble, otro hombre orquesta, más espigado, con violines e instrumentos de cuerda por todo su cuerpo. La niña corre a ver la nueva atracción olvidándose de Bass. El hombre orquesta de los tambores, para bsucar la atención perdida, busca el más difícil todavía, un equilibrio imposible que acaba con él por los suelos.


Comienza un duelo entre los músicos que se olvidan de la pobre niña. Tippy, entre sus trompazos y rechinar de cuerdas, pierde la moneda, que va a caer a una alcantarilla.
Aquí no acaba el cuento, pero el resto dejamos que lo descubran ustedes mismos, pues el corto puede verse on line y nosotros se lo facilitamos.



One man Band (2005)
Producción: Walt Disney /Pixar (EEUU).
Dirección: Andrew Jimenez y Mark Andrews.
Guión: Andrew Jimenez y Mark Andrews.
Música: Michael Giacchino.
Color. 4 min., 33 seg. 


23 de abril de 2011

El ilusionista Tatischeff


L'illusionniste / The illusionist (2010), Sylvain Chomet

El ilusionista, según Tati y Etaix
Jacques Tati pretendía rodar “El ilusionista” a mediados de los años cincuenta, inmediatamente después de Les vacances de M. Hulot. El guión, conservado en la Bibliothèque du Film francesa, presenta a un artista de music hall cuya estrella declinante le lleva de los teatros de variedades londinenses al continente, para terminar divirtiendo a los campesinos en las tabernas de la campiña ruritana. Allí conoce a una muchacha que realmente cree en la magia de la gallina que sale del sombrero y del pañuelo que se anuda y se desanuda solo. El encuentro hace recuperar al mago la fe en su talento y juntos conquistan la Grande Ville, una ciudad europea que bien podría ser Praga. Pero en la gran ciudad la chica conoce a un estudiante que no tiene ninguna dificultad en desvelar los trucos del mago. Juntos escapan, en tanto que el ilusionista parte hacia un nuevo destino sin su baúl.


Su experiencia en el mundo del music hall servía de humus nutricio al guión, algo más subrayadamente sentimental de lo que Tati gustaba. Se trataría, según los estudiosos, de una especie de carta de reconciliación dirigida a su hija. Sin embargo, las circunstancias le aconsejaron en aquel momento decantarse por la realización de Mon Oncle y el Óscar que recibió por ella sirvió para confirmar que su elección había sido acertada. Sin embargo, rescató la idea a finales de la década, cuando recuperó la titularidad de sus películas y volvió a las presentaciones en vivo de sus viejas pantomimas en el Olympia de París.


Deseoso de que Monsieur Hulot diluyera su protagonismo en sus propias películas, Tati pensó en ceder el papel principal de “El ilusionista” a su entonces estrecho colaborador Pierre Etaix y éste desarrollará algunas de las ideas del guión en el que colaboró -sobre todo, las escenas relacionadas con la troupe de artistas en un pequeño hotel- en Yoyo.


El ilusionista, según Chomet
A raíz del éxito de Les Triplettes de Belleville (Bienvenidos a Belleville, 2003), Sylvain Chomet crea en Edimburgo un estudio de animación: Django Films. Se anuncian entonces múltiples proyectos dirigidos o producidos por Chomet de los que el año pasado, después de varias demoras, se estrenó esta versión animada de L’illusioniste.


La acción se sitúa en las postrimerías de la década de los cincuenta con el rock’n’roll emergente como único interés de la juventud. En el teatro londinense en el que vemos por primera vez al mago Tatischeff esperando a entrar en acción, triunfan unos teddy boys que se hacen llamar Billy Boy and The Brittons. Cuando, tras múltiples bises, se abre el telón para la actuación del ilusionista, apenas quedan una abuela y su nieto en la platea.


Chomet altera las localizaciones. Dónde Tati ponía Londres, él pone París, donde Ruritania, las Hébridas, donde la Gran Ciudad, Edimburgo. El encuentro con Alice se produce en una aldea de las islas escocesas y la capital de Escocia sirve de escenario al cuerpo central de la película.


La lluvia constante, el humo y la niebla contribuyen al bello efecto fotográfico pero también a ese txirimiri de desconsuelo que traspasa toda la cinta. El payaso suicida y el ventrílocuo alcohólico, que terminará mendigando por las calles mientras su muñeco reposa en el escaparate de una tienda de empeños, tampoco invitan al optimismo. Junto a los tres acróbatas, parecen los únicos huéspedes del hotel Little Joe, próximo al teatro donde actúa Tatischeff.


Para sufragar los caprichos de Alice, el ilusionista se ve obligado a aceptar trabajos progresivamente degradantes, desde vigilante nocturno en un garaje hasta maniquí humano en el escaparate de unos grandes almacenes. El único trabajo en el que se desempeña con solvencia es uno en el que colabora con los tres trapecistas para pintar una valla publicitaria, en un gag reciclado de (o en) Parade.


Se conservan otros gags marca de la casa –la mujer que escarda un colchón en el jardín, el viento arrastra el plumón y, al mirar por la ventana, la chica cree que está nevando y enciende la chimenea; el payaso que se quita el jabón de la cara con el agua de su flor de broma…- pero el protagonismo de una caricatura de un monsieur Hulot post-Playtime –magnífica de gesto y ritmo, por otra parte- contribuye al efecto general de una profunda melancolía


La llegada a Edimburgo de los Brittons y el noviazgo de Alice supone el final de su estancia en Escocia. Antes, en una puesta en abismo, el ilusionista se ha escondido de Alice y su novio en el Cine Cameo donde se proyecta precisamente Mon oncle.


La partitura musical, firmada también por Chomet, y el hilván de escenas costumbristas –los viajes en tren, los tiempos de espera entre cajas, las fondas y los camerinos…- tampoco ayudan a proporcionar una visión más optimista, que culmina con la separación y una nota terrible que, aparte de un puñado de billetes, es lo único que Tatischeff deja a Alice. Ella se pierde con su novio en un bosque de paraguas bajo la lluvia en un final cuajado de pesimismo.


L'illusionniste / The illusionist (2010)
Producción: Pathé (FR) / Django Films (GB) / Ciné B (FR)
Director: Sylvain Chomet.
Guión: Jacques Tati. Adaptación: Sylvain Chomet.
Animación.
80 min. Panorámico. Color.

21 de abril de 2011

Tan lejos de los mortales



In Weiter Ferne, so Nah (Tan lejos, tan cerca, 1993) Wim Wenders

Al final de Der Himmel über Berlin (El cielo sobre Berlín, 1987) se puede leer: "Continuará". Wenders ya sabía que quería seguir  con esta historia y que quería hacerla de nuevo en Berlín, esta vez en un Berlín unificado, sin muros ni escenarios demasiado desolados. Pero si en El cielo sobre Berlín comienza con un poema de Handke, en esta extraña y fallida secuela comienza con un versículo de Mateo, pues no contó con la colaboración del escritor. Y eso se nota, la primera se salva por la poesía y por sus conmovedoras imágenes, Tan lejos, tan cerca, no se salva.


En In Weiter Ferne, so Nah (Tan lejos, tan cerca, 1993), Wenders vuelve a contar con el elenco principal de El cielo sobre Berlín: los dos ángeles (Bruno Ganz y Otto Sander), Solveig Dommartin, la trapecista que ha cautivado a Damiel –y a Wim Wenders–, una actriz que no brilla demasiado ni aporta nada a la película y Peter Falk, el detective Colombo. A ellos se le suman en esta película la actriz Nastassja Kinski, en el papel de la melancólica ángel Raphaella, Lou Reed, que sustituye al rockero Nick Cave en un lamentable papel con una canción de lo más simplona y Mikhail Gorvachev en una aparición difícil de encajar.


Como difícil de encajar es el resto de la larga película. Cassiel se une también al mundo de carne y hueso y se convierte primero en un borrachín, y luego en un superhéroe –superbungee– que salva a una niña de las garras de un malvado y corrupto empresario que trafica con armas. Antes, la troupe de trapecistas ha robado todo el arsenal de armas con un plan a lo Louis de Funes. Si a esto añadimos las incursiones historicistas, las pesadillas germánicas que ni la caída del muro ha hecho olvidar, las reflexiones filosóficas de unos ángeles que desertan y el florecimiento de un sentimentalismo familiar, el resultado es una película larga, aburrida, con demasiadas tramas que no llevan a ninguna parte y que nada tiene que ver con El cielo sobre Berlín, excepto para comprobar la decadencia de su director, más que para vivir la decadencia insulsa de los dos ángeles protagonistas o el desencanto de Alemania después de la caída del muro de Berlín.



In Weiter Ferne, so Nah (Tan lejos, tan cerca, 1993)
Producción: Bioskop Film (GER).
Dirección: Wim Wenders.
Guión: Wim Wenders, Richard Reitinger y Ulrich Zieger.
Intérpretes: Otto Sander (Cassiel), Bruno Ganz (Damiel), Nastassja Kinski (Raphaella), Mikhail Gorbachev (él mismo), Martin Olbert, Aline Krajewski (Raissa), Monika Hansen (Hanna), Rüdiger Vogler (Phillip Winter), Peter Falk (él mismo), Willem Dafoe (Emit Flesti), Solveig Dommartin (Marion), Horst Buchholz (Tony Baker).
Blanco y negro y Color. 144 min.

15 de abril de 2011

Un circo angelical





Der Himmel über Berlin (El cielo sobre Berlín, 1987), Wim Wenders 

Als das Kind Kind war, / ging es mit hängenden Armen, / wollte der Bach sei ein Fluß, / der Fluß sei ein Strom, / und diese Pfütze das Meer.
Als das Kind Kind war, / wußte es nicht, daß es Kind war, / alles war ihm beseelt, /und alle Seelen waren eins.
Als das Kind Kind war, / hatte es von nichts eine Meinung, / hatte keine Gewohnheit, / saß oft im Schneidersitz, / lief aus dem Stand, / hatte einen Wirbel im Haar / und machte kein Gesicht beim fotografieren.
 


Cuando el niño era niño, /caminaba balanceando los brazos, / quería que el riachuelo fuera un río, /
el río un torrente / y este charco, el mar.
Cuando el niño era niño, / no sabía que era un niño ,/ todo le parecía lleno de vida / y todas las almas, una sola
Cuando el niño era niño, / no tenía opiniones sobre nada, / no tenía costumbres, / se sentaba en el suelo con las piernas cruzadas / echaba a correr, / tenía un remolino en el pelo / y no quedaba mal en las fotos.
 

Peter Handke (Lied Vom Kindsein)


Solo los niños pueden ver a Damiel (Bruno Ganz), un ángel que observa y escucha todo, sobrevolando un Berlín en blanco y negro lleno de murmullos de historias tristes, fragmentadas, una sinfonía de voces en off que nos hipnotiza,al igual que cautiva a Damiel. El ángel mira los pequeños detalles de vida plena como si fuese la primera vez que los ve. Peter Handke, junto con Wenders fueron escribiendo la historia a medida que la iban haciendo. Dejándose llevar, como su personajes.


La tierra era un caos
Desde lo alto de la Siegessäule (construida en 1873), una columna coronada por una escultura dorada de la alada diosa Victoria, Damiel no está solo. Está también su ángel amigo, Cassiel (Otto Sander) y muchos otros con los que se encuentra en la Biblioteca Estatal de Berlín, refugio de ángeles y de Homero (Curt Bois), un viejo poeta.


La conversación de Damiel y Cassiel en un descapotable rojo en el que se cuentan lo que anotan en su cuaderno de campo es un delicioso juego de haikus. Desconcertante cuando la conversación se centra en su cansancio eterno de la eternidad. Querrían meterse en nuestro pellejo pero están condenados a consolarnos y a acompañarnos cuando más los necesitamos. Damiel está en crisis. 



Las imágenes de Berlín son demoledoras, una ciudad despersonalizada, donde el muro cobra un significado trascendente, un Berlín lleno de solares desolados, una tierra de nadie con edificios derruidos y grafittis en todas las paredes. “Es imposible perderse en Berlín, siempre vas a parar al muro”, dice la protagonista.


Caminando por Berlín, Damiel encuentra con un pequeño circo en bancarrota, el Cirkus Alekan, llamado así en homenaje al director de fotografía, Henri Alekan, que hizo un trabajo espléndido. Marion (Solveig Dommartin), una trapecista con alas es la primera imagen de color que vemos en la película. Damiel siente un flechazo, el mismo que sintió Wenders, pareja en ese momento de la actriz. Pero la historia vuelve al blanco y negro: la tristeza de la trapecista, la imagen de un ángel caído de verdad. Derrumbada en una caravana hasta que se desnuda y el ángel la roza el hombro y vuelve el color… 



Colombo es el ángel perfecto 
Pero el color no vuelve a la película. Esta sigue con historias en gris, como la de Homero, como la de la prostituta, como la del suicida… Todas te llevan a la historia de Alemania, al muro que divide y rompe, y la película te dirige a la película dentro de la película, una sobre la II Guerra Mundial, en la que Peter Falk, la estrella, dibuja retratos a lápiz mientras se pregunta si seguirá siendo tan buen actor como antes. Colombo –que aceptó encantado un papel pensado, en principio, para Willy Brandt – se encontró con que no había ni una sola página escrita sobre su personaje, así que la mayor parte de sus intervenciones se improvisaron –se crearon– sobre la marcha.


Colombo es el contrapunto a la seriedad conceptual de los ángeles de Handke y su presencia en Cielo sobre Berlín puede chocar a primera vista. Pero sus reflexiones en off –grabadas meses después en Los Ángeles bajo las indicaciones de Wenders al teléfono, muchas improvisadas– y sus diálogos ayudan a darle tierra a los espirituales y angelicales modos de Damiel y Cassiel. Colombo se interpreta a si mismo cuando no sabe qué sombrero escoger o cuando realiza pequeños bocetos a lápiz de los extras.

El amor da alas y también las quita
Las historias se entremezclan y volvemos al circo. El número de la trapecista se llena de emoción al ver al ángel en la pista soplando en la coronilla del jefe de pista. Pero nos tranquilizamos al ver que el ángel la acompaña en la discoteca donde ha ido a olvidarse de todo. Damiel está enamorado hasta la coronilla.


Es tanta la compasión que siente por los humanos, es tanto su amor hacia ellos que acaba convirtiéndose en un hombre de carne y hueso. El color vuelve a la pantalla al mismo tiempo que vuelve su sangre a las venas: una armadura –la protección del ángel– le ha caído del cielo provocándole una herida. 



El circo se va de la ciudad. La trapecista se queda sola. Cuando Damiel va a buscarla el dibujo de la arena de la pista preside el centro de un solar vacío. Pero, no se preocupen, que para que el final sea feliz están el teniente Colombo, Wenders y el From Her to Eternity de Nick Cave.


Der Himmel über Berlin
(El cielo sobre Berlín, 1987)
Producción: Road Movies Filmproduktion / Argos Films / Westdeutscher Rundfunk (WDR)
Director: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders, Peter Handke y Richard Reitinger
Intérpretes: Bruno Ganz (Damiel), Solveig Dommartin (Marion), Otto Sander (Cassiel), Curt Bois (Homero), Peter Falk (como él mismo), Lajos Kovács (entrenador de Marion), Bruno Rosaz (payaso), Hans Martin Stier, Elmar Wilms, Sigurd Rachman, Beatrice Manowski,
128 min. Blanco y negro / color