29 de agosto de 2011

Pee-wee en el circo



Big Top Pee-wee (1988), Randal Kleiser

A pesar de sus sueños de fama y estrellato, Pee-wee Herman (Paul Reubens) es un singular granjero que vive apaciblemente junto a sus animales y plantas. Cultiva árboles que dan salchichas para perritos y vacas que dan leche chocolateada. Se hace acompañar por Vance, un simpático cerdo hablador (voz de Wayne White). Vive en una pequeña ciudad en la que Pee-wee se mueve con más o menos soltura hasta que una fuerte tormenta se desata en la zona.


A partir de ese momento, la vida para el inocente Pee-wee ya no será la misma. Un circo ha sido arrastrado por la tormenta hasta los terrenos del granjero y su granja se ha convertido en un mar de carromatos rotos entre los que se encuentra el de la mujer gorda que se ha quedado atascada. Un desfile de personajes extraños capitaneados por Mace Montana (Kris Kristofferson) pasan ante sus ojos. La minúscula mujer de Mace, la mujer barbuda, el hombre perro… animales de todo tipo y pelaje y gente no demasiado corriente intentando reorganizar sus cosas. Pee-wee sale muy bien parado de su encuentro con un león y no tanto de su tropiezo con Gina, la trapecista (la guapa Valeria Golino). 


Pee-wee no consigue hipnotizar a sus convecinos para que el circo se instale en la ciudad durante una temporada, así que no le queda más remedio que aceptarlos en su granja. Ahora hay cola para su cuarto de baño, aunque la mujer sirena tiene sus privilegios. Los mismos privilegios que Gina, que enamora a Pee-wee y con el que realiza un paseo sobre elefante que no deja de ser excitante sabiendo que un año más tarde, el actor sería detenido por masturbarse en un cine para adultos. 


Volvamos a lo que importa, Winnie, la novia de Pee-wee (Penelope Ann Miller), descubre que Pee-wee está loco por Gina. Gina descubre que Pee-wee tiene novia. Ambas mujeres le rechazan y le reprochan su traición por lo que recurre a los buenos consejos del experimentado cerdito Vance.








Hay poco más, a excepción de la panorámica del sideshow con las diferentes atracciones que acaban con el cubículo destinado a Pee-wee o del hombre perro (Benicio Del Toro) avisando con ladridos la llegada del comité de vecinos que quiere boicotear al circo o el colorido charivari final, una canción y una coreografía que habría que olvidar a no ser por el paseo en equilibrio de los animales de Pee-wee Herman por un cable de altura. 


A pesar del control de producción por parte de Paul Reubens –o precisamente por ello– Big Top Pee-wee no consiguió el éxito de la primera de la saga, Pee-wee´s Big Adventure (1985), primer largo del genial Tim Burton. Randal Kleiser, el director de esta última secuela del lacónico personaje, quiso quedar inmortalizado más que por su trabajo, concretamente por un plano excesivamente largo en el que hace de vendedor de palomitas. 




Big Top Pee-wee (1988)
Producción: Paul Reubens y Debra Hill, Paramount Pictures (EEUU).
Director: Randal Kleiser.
Guión: Paul Reubens, George McGrath.
Intérpretes: Paul Reubens (Pee-wee Herman), Penelope Ann Miller (Winnie),  Kris Kristofferson (Mace Montana), Valeriana Golino (Gina Piccolapupula), Susan Tyrrell (la minúscula mujer de Montana), Albert Henderson (Mr. Ryan), Terrence Mann (el payaso Snowball), Jack Murdock (Otis), David Byrd (Deke), Mary Jackson (Mrs. Dill), Frances Bay (Mrs. Haynes), Mihaly "Michu" Meszaros (Andy), Joey Arias (mitad hombre/mitad mujer), Franco Columbu (el hombre forzudo), Vance Colvig (payaso), Benicio Del Toro (Duke, el niño cara perro), Leo Gordon (Joe, el herrero), Kevin Peter Hall (gigante Big John), Matthias Hues ( Oscar, el domador de leones), Jay Robinson (voz de gallo), Lynne Marie Stewart (Zelda, la mujer barbuda), Kenneth Tobey (Sheriff), Randy Wayne White (voz de Vance el cerdito).

Color. 86 min. 

22 de agosto de 2011

Delirio “kitsch” en un dirigible



Madam Satan (1930), Cecil B. DeMille

Aparte de sus mastodontes épico-bíblicos Cecile B. DeMille fue uno de los máximos creadores de la comedia sofisticada silente. Maridos aburridos y mujeres frívolas jugaban a las cuatro esquinas antes de que, con el “The End”, el orden burgués quedara inevitablemente restablecido.


Con la llegada del sonoro DeMille fichó por la Metro-Goldwyn-Mayer, aunque su contrato no admitía las injerencias del todopoderoso Irving Thalberg. En el estudio en el que había más estrellas que en el cielo DeMille realizó el único musical de su carrera. Pero, claro, no se iba a conformar con un musical cualquiera. 


Madam Satan es un batiburrillo genérico en el que se salta sin transición de la farsa marital al cine de catástrofes, de los efectos especiales al slapstick, del pase de modelos epatante al puro melodrama.


El abultado presupuesto incluía el rodaje de varias secuencias musicales en color, dieciséis días de ensayos y cincuenta y cinco de rodaje, el vestuario de Adrian y los decorados y diseños visuales de Mitchel Leisen y Cedric Gibbons.


En el terreno estrictamente musical lo más estrambótico es un ballet eléctrico que parece el cruce de Metrópolis con los Ziegfield Follies.


Lo más disfrutable, una canción “Slow Down” interpretada por Lillian Roth y su compositor, Jack King.

 El accidente del dirigible en el que se celebra la fiesta, con los “náufragos” lanzándose en paracaídas en traje de noche sobre Central Park tampoco tiene desperdicio.



Madam Satan (1930)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Cecil B. DeMille.
Guión: Jeanie Macpherson, Gladys Unger, Elsie Janis.
Intérprete: Kay Johnson (Angela Brooks), Reginald Denny (Bob Brooks), Lillian Roth (Trixie), Roland Young (Jimmy Wade), Elsa Petersern (Martha), Jack King (Herman), Edward Prinz (Biff), Boyd Irwin (el capitán), Wallace MacDonald (el contramaestre) y Abe Lyman y su banda.
110 min. Blanco y negro.


16 de agosto de 2011

Del tiovivo al más allá



Liliom (Liliom, 1934), Fritz Lang

Cuando muere un feriante la alegría mecánica de las atracciones cesa durante tres minutos.


“Liliom” es una comedia fantástica del húngaro Ferenc Molnar. “Liliom” es el epítome de lo que se ha dado en llamar “la comedia de la felicidad”. Molnar la escribió en 1909 y se estrenó en España a principio de los veinte con hostilidad manifiesta por parte del público tradicional. Los jóvenes humoristas se rindieron ante ella. Edgar Neville o José López Rubio declararon repetidamente a lo largo de su vida que su vocación teatral se decidió el día en que asistieron al estreno madrileño de “Liliom” por la compañía de Pepita Díaz y Santiago Artigas.


La comedia de Molnar ha tenido cinco versiones cinematográficas que en realidad son cuatro, porque la de Michael Curtiz, rodada en Hungría en 1919 cuando aún se llamaba Mihaly Kertesz, nunca fue concluida. A Trip To Paradise (1921), que Maxwell Karger dirigió en la MGM tenía al parecer poco que ver con el original. Así que, hasta el estreno de Carousel (Carrusel, 1956), adaptado del musical de Rodgers y Hammestein por Henry King, nos queda un Liliom canónico -el dirigido por Frank Borzage en el alba del sonoro- y otro apócrifo, dirigido por Fritz Lang en París en 1934. De éste es del que vamos a ocuparnos.


Lang dirige su Liliom en un interregno. Ha rodado Das Testament des Dr. Mabuse (El testamento del doctor Mabuse, 1933) y ha escapado de Alemania. A pesar de su gran prestigio, no logra lanzar su carrera norteamericana, cosa que hará en 1936 con Fury (Furia, 1936). Entretanto acepta realizar para la Fox esta especie de remake en francés de un éxito reciente de la productora con John Farrel y Rose Hobarth como protagonistas. Charles Boyer y Madeleine Ozeray tomarán sus papeles.


El Liliom de Lang tiene dos partes bien diferentes. La primera ocurre en un París imaginario de grisetas, apaches y feriantes. Liliom Zadowski (Charles Boyer) trabaja en una feria. Maneja con chulería un tiovivo bautizado pomposamente como el “Hippo-Palace”. Hace sonar el carrillón, vocea la felicidad, canta al amor y pellizca a las chicas. Liliom está liado con la dueña, madame Muskat (Florelle). Un día se enamora de Julie (Madeleine Ozeray). Cuando madame Muskat se entera lo despide. Liliom lleva una vida ociosa junto a Julie. La chulea, pero cada día más irascible. Cada tanto le pega una paliza.


Hasta que un día Julie le comunica que van a tener un hijo. Cuando su amigo Alfred (Pierre Alcover) le propone participar en un atraco, Liliom acepta. Esperan a un contable en un túnel. Alfred le golpeará por detrás y Lilom le clavará un cuchillo de cocina en el corazón Luego, rumbo a América… porque el sueño de Liliom es el de Lang.


De pronto, aparece un afilador (Antonin Artaud, poeta surrealista, creador del teatro de la crueldad y actor ocasional). Le ofrece a Liliom llevarse el cuchillo para afilarlo. Es su ángel de la guarda, pero Liliom aún no lo sabe. Llega el contable. Alfred da la voz de alarma. El atraco sale mal y Liliom, acorralado por la policía, se clava el cuchillo en el corazón. Es entonces, cuando la noticia se corre por la feria y madame Kuskat pide a todos tres minutos de silencio. Fin de la primera parte.


La segunda ocurre en el Más Allá. Lang le contó a Peter Bogdanovich que la película a partir de aquí fue de cabeza en su estreno. “Hice, creo, un cielo muy divertido. Había una mecanógrafa con los pechos desnudos y dos estrellas en los pezones; y el policía que entrevistaba a Liliom en el cielo era exactamente como el policía de la vida real, excepto porque tenía alitas. Pero el público –que realmente simpatizaba con Liliom y su mujer- quería un drama, y de pronto se encontraron una tragicomedia”.


Liliom (Liliom, 1934)
Producción: Fox Europa (FR)
Director: Fritz Lang.
Guión: Fritz Lang y Robert Liebmann, basado en la obra homónima de Ferenc Molnár. Diálogos: Bernard Zimmer.
Intérpretes: Charles Boyer (Liliom Zadowski), Madeleine Ozeray (Julie Boulard), Florelle (madame Muskat), Pierre Alcover (Alfred), Robert Arnoux (“Brazo Fuerte”, el del puesto de la fuerza), Roland Toutain (el marinero), Alexandre Rignault (Hollinger), Henri Richard (el comisario), Richard Darencet (el policía del purgatorio), Raoul Marco (el inspector), Antonin Artaud (el afilador de cuchillos), Léon Arnel (el conserje), René Stern (el cajero), Maximilienne (madame Menoux), Mimi Funes (Marie), Viviane Romance (la cerillera), Mila Parély (la mecanógrafa), Jacques Erwin (el suicida).
118 min. Blanco y negro.

14 de agosto de 2011

La linterna mágica del ilusionista ilusionado




“Yo denuncio como casi inoperante la clasificación del público por sus edades. Para mi todo el público es un gran niño enamorado de lo extraordinario”.


José Valdelomar López, alias José Val del Omar
(Granada, 27 de octubre de 1904 – Madrid, 4 de agosto de 1982)

www.valdelomar.com


Val del Omar, místico y barroco. Val del Omar, poeta. Val del Omar, fotógrafo y cinegrafista de las Misiones Pedagógicas republicanas. Val del Omar, vanguardista e inventor a destiempo…

En sus escritos programáticos hace Val del Omar apostasía de la pantalla como “cuadro teatral” y reclama que el espacio de la proyección, transformado por invenciones suyas como el sonido diafónico, el desbordamiento apanorámico y la TactilVisión, se convierta en la “retina colectiva de un gran autómata”.

La obra cinematográfica de Val del Omar queda resumida en los tres capítulos que constituyen su “Tríptico elemental de España”. Tres piezas cortas de marcado acento vanguardista cuando la vanguardia yacía ya enterrada bajo todos los ismos y seis años de conflagración mundial.

Aguaespejo granadino (1953-55) o el agua, Fuego en Castilla (1958-60) o el fuego, Acariño galaico (1961-82) o el barro.

En 1959 Val del Omar escribe:

“Aunque a los ilusionistas nos llamen ilusos, debemos los ilusionados sembrar suelos con ilusiones en una oscura, pero ardiente, realidad mágica suspendidos...

entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo
toda ciencia transcendiendo

Una realidad alumbrada por la temperatura.
La linterna mágica, en los últimos tiempos, sólo ha progresado en linterna. Y más que iluminar los hombres debemos, emotivamente, pegar fuego a los hombres. Todo el público es un gran niño enamorado de lo extraordinario, está en las entrañas de lo cotidiano”.



GUBERN, Román:
Val del Omar, cinemista.
Colección “Libros de la Estrella”, Diputación de Granada, 2004.
ISBN: 8478073825.



13 de agosto de 2011

Funámbulos del amor



Wang-ui namja / The King and the Clown (2005), Lee Joon-ik

The King and the Clown —llamémosla por su título internacional— fue, por lo visto, un auténtico pelotazo en su país de origen, Corea del Sur. Récord de taquilla, 112 días en cartel, 12 millones de espectadores y el actor Lee Jun-gi lanzado al estrellato… amén de una polémica nacional por colocar en el centro del cuarteto protagonista a un homosexual.


El resto es un melodrama con ambientación histórica… con todas las de la ley. En el siglo XVI, una pareja de titiriteros ambulantes llega al Seúl. La capital está bajo el poder tiránico del rey Yeonsan (Jeong Jin-yeong) y sus ministros. Para ganarse la vida Jang-sang (Kam Woo-seon) y su andrógino compañero Gong-gil (Lee Jun-gi) se alían con la competencia, tres payasos acróbatas. Jang-sang les propone organizar una obrita festiva, una sátira que ridiculice al rey y a su concubina (Kang Seong-yeon). El pueblo ríe, pero el consejero del rey los hace detener.


Entonces Jang-sang se la juega. Pide que les dejen actuar ante el monarca: si el rey se ríe, se librarán de los azotes; si no lo hace, perderán la cabeza. El rey no sólo ríe y hace que los actores se alojen en el palacio, sino que siente una gran atracción por Gong-gil.


Y es llegados a este punto donde verdaderamente comienza una intriga de política, amor, celos y crimen que son elementos connaturales de cualquier “best seller”. Os dejamos descubrir todo lo que acontece —que es mucho— porque la hemos encontrado enterita en clowntube.tv, un canal de televisión dedicado a los payasos con bastante material interesante.


Es durante la primera parte cuando hay posibilidad de ver a los actores realizando toda clase de acrobacias. El número de la cuerda está salpimentado por alusiones sexuales de trazo grueso que hacen las delicias del público popular, los volatines se plantean como un duelo entre comediantes por el favor del público y la caracterización para las farsas se realiza a base de máscaras, ropajes coloridos y andorgas y jorobas de pega.


Más adelante hay posibilidad de contemplar también una delicada función con dos pequeñas marionetas de guante y una parábola de la locura del rey en sombras chinescas.


Los espectáculos en el palacio tienen una suntuosidad de vestuario y atrezzo que contrasta con lo grotesco de la farsa, hasta que advertimos que ésta ha devenido tragedia.


Al final no le puede venir más al pelo la categoría que solemos utilizar para etiquetar las cintas cuyo meollo son los funambulismos del amor: “el equilibrio del deseo”.

Wang-ui namja / The King and the Clown (2005)
Producción: Eagle Pictures (Corea del Sur)
Director: Lee Joon-ik.
Guión: Choi Seok-hwan.
Reparto: Kam Woo-seong (Jang-sang), Lee Jun-gi (Gong-gil), Jeong Jin-yeong (lel rey Yeonsan), Kang Seong-yeon (Jang Nok-su)
120 min. Color.

10 de agosto de 2011

El striptease de Buffalo Bill



Los chulos (1981), Mariano Ozores

Vio uno Los chulos en programa doble en un cine de barrio madrileño a principios de los años ochenta. El público era en su mayor parte talludito y entretenía la tarde con este sano esparcimiento antes de ir al bingo. Precisamente Los bingueros (1979) fue el nacimiento del “pajarestesismo”, un fenómeno, no por postfranquista menos relevante sociológicamente.

Pero volvamos a Los chulos, que, so pretexto de zurriagar la hipocresía provinciana y las corruptelas urbanístico-municipales, presenta a dos caracteres contrapuestos –el chulo Félix Rebolledo (Fernando Esteso) y el curita mojigato (Andrés Pajares)- rodeados de un nutrido grupo de cómicos de la vieja escuela –Alfonso del Real, María Isbert, Florinda Chico…- y de un nutrido grupo de bellas señoritas que aprovechan cualquier ocasión para despelotarse. Entre ellas, la cantante Gina Baró, que en los años setenta del pasado siglo se pasó a la revista y era primera vedette de la compañía de Juanito Navarro en la que también iba Simón Cabido. Todos ellos encuentran acomodo en el reparto, sirviendo de portores a la comicidad de los dos protagonistas.


Al finalizar la película se levantaron dos señoras y, mientras se dirigían hacia la salida, comentaron:
-¡Qué gracioso es el chiquitillo!
-¡Y qué buen artista es el otro!


¿Sería éste el secreto del éxito del trío Ozores / Esteso / Pajares? ¿O su capacidad para conectar con un sector social que se sentía desbordado por los nuevos aires y aburrido de un cine que pretendía recuperar a marchas forzadas los años perdidos?


En cualquier caso, si anoche proyectamos el último rollo de la película en la carpa es porque recordaba haber visto un Buffalo Bill apócrifo que pasamos por alto en nuestro repaso de Buffalos Billes. Es éste el protagonista de un número de puntería en el que prueba sucesivamente con los colts, el Winchester 73, los cuchillos, un tomahawk y hasta una lanza. Los proyectiles van impactando a escasos milímetros del notorio proxeneta y propietario del local.

El Buffalo Bill apócrifo no es otro que Arcadio (Andrés Pajares), cura y sobrino del Obispo, que ha descubierto el placer de la carne en brazos de una bailarina de striptease (Jenny Llada). Después del susto morrocotudo que le pega al clavar la lanza rozando la entrepierna, consuma su venganza protagonizando un “full monty” al alimón con su novia. La presencia entre el público del obispo, la alcaldesa y otras fuerzas vivas supone la ruina del intento de limpiar su imagen por parte del chulo.


Los chulos
(1981)
Producción: Bermúdez de Castro P.C.
Guión y Dirección: Mariano Ozores.
Intérpretes: Andrés Pajares (Arcadio), Fernando Esteso (Félix Rebolledo), Jenny Llada (Lolita), Alfonso del Real (don Emilio, el alcalde), María Isbert (doña Loreto, la alcaldesa), Florinda Chico (doña Angelines), Ricardo Merino (Bernardo), Adriana Ozores (Lucía), Juanito Navarro (el obispo), Gina Baró (Bárbara), Luis Barbero, Tony Valento, Simón Cabido, , Ángel Luis Yusta, Carlos Lucas.

8 de agosto de 2011

Circo de Pulgas


Muchos son los que piensan que los Circos de Pulgas no son más que engaños o ingeniosas presentaciones de ilusionistas o habilidosos relojeros. En realidad, las pulgas han estado en el showbusiness desde siempre, aunque hasta el siglo XVI no fuésemos conscientes de ello. Las mejores pulgas para el entrenamiento son las pulgas humanas (pullex irritans), hoy casi en extinción, pero que en la Edad Media seguro que convivían con bufones, juglares y demás artistas ambulantes.

Las primeras exhibiciones de pulgas de las que se tiene noticia son muestras de trabajo de orfebrería diminuta (cadenas de incontables eslabones, carruajes, etc.) en las que las pulgas servían como referencia de tamaño o como animales de arrastre. La fascinación por estas exhibiciones se hizo patente en el siglo XVII en toda Europa donde se convirtieron en asunto de última moda entre las diferentes cortes y objeto de estudio por los inquietos naturalistas de la época. En 1792, en plena Revlución francesa, se anuncia a una pulga ondeando la bandera tricolor y en la Historia de los Insectos de Walckenauër se hace referencia a un desfile militar llevado a cabo por una trup de pulgas en la Bolsa en 1825.

Estas tempranas manifestaciones eran un tributo a los artesanos que construían los aparatos, pero con la aparición de Bertolotto el énfasis recae finalmente sobre el domador o adiestrador de las pulgas. Bertolotto es quien populariza definitivamente el Circo de Pulgas en Europa y América y se reserva el derecho a la posteridad escribiendo un libro titulado: Historia de la Pulga: …conteniendo el programa de la extraordinaria exhbición de las educadas pulgas admiradas por las cabezas coronadas de Europa, que se publicó en 1833, reeditado en numerosas ocasiones y que es considerado la biblia en esta materia.

Debido a su corto periodo de vida, apenas dos meses, es necesario un proceso de selección y adiestramiento continuo. Cuando el entrenamiento comienza, la futura artista (según los expertos, el sexo femenino es el más adecuado) era introducida en un bote o probeta de cristal. Al verse atrapada la pulga comienza a dar saltos y a golpearse duramente en la cabeza. Esto permite al domador analizar la fuerza de la pulga y, lo que es más importante, convencer al insecto de que saltar no le va a servir de nada.

Los variados actos interpretados por las pulgas eran imaginativas extensiones de sus acciones naturales. así, dos pulgas manteniendo un duelo de espadas, en realidad estaban intentando frenéticamente desembarazarse de las diminutas agujas atadas a sus patas. Una pulga malabarista o futbolista estaría de hecho procurando alejar una bola impregnada con algún producto químico que a las pulgas les resultaba repugnante.

En el siglo XIX, la época de oro de la exhibición de estos pacientes insectos (tan pacientes como sus propietarios), las pulgas eran anunciadas con el nombre de famosos artistas de circo como Leotard, el acróbata Diavolo, Blondin el funambulista, o bien realizaban pantomimas interpretando a personajes como Don Quijote y Sancho Panza, Wellington o Napoleón.


Que, ¿por qué están aquí estos bichejos? Porque me he encontrado esto navegando entre bobinas de blanco y negro digitalizadas. Ver para creer. Y otro día hablaremos de otras relaciones interesantes de estos semovientes con la industria del cine.


5 de agosto de 2011

El Hombre más fuerte del Mundo


Eugen Sandow, prusiano de nombre Friederich Wilhelm Mueller, nace en 1867 y muere en 1925. Comienza su carrera como Hombre Forzudo en Ferias y Sideshows trabajando por todo el mundo. En su camino se encuentra con Flo Ziegfeld jr. y juntos emprenden el camino del éxito. Sandow, como parte de la estrategia comercial del astuto Flo Ziegfeld jr., permitía que las damas y caballeros de la alta sociedad de Chicago pudieran apreciar sus músculos de cerca, tocarlos, en el backstage con lo que consiguieron triplicar sus beneficios. Con Ziegfeld viaja por los Estados Unidos de 1893 a 1906 con un gran show titulado "Sandow's Trocadero Vaudevilles" con el forzudo culturista como principal atracción. Más tarde comienza a promocionar la salud y el ejercicio físico para combatir las enfermedades de sus coetáneos. Escribió varios libros de fitness del tipo "háztelo tú mismo" o "si quieres puedes" que, todavía hoy, son grandes éxitos de ventas. Sandow fue un auténtico pionero en el culturismo a comienzos del siglo XX. Sus consejos, manuales y exhibiciones musculares, además de su empuje y amistades, afectaron a millones de personas que hasta entonces se contentaban con el cuerpo que la vida les había ido haciendo.

En 1894, Thomas Edison decide que Sandow sea la atracción de su nuevo invento y encarga a W.K.L.Dickson y William Heise que graben una maravillosa película con nuestro héroe exhibiendo músculos y naturalidad.


La peliculita está en una nueva edición de KINOVIDEO: Edison The Invention of the Movies, un maravilloso pack de 4 dvds con muchas cosas interesantes de las que hablaremos otro día, igual que de la película El gran Ziegfeld, en la que Sandow es interpretado por el actor y luchador Nat Pendleton.