30 de diciembre de 2011

Pierrot contra Mefistófeles




Pierrot buveur (Pierrot y el diablo, ca. 1900) 

En la colección Sagarmínaga se conservan dos peliculitas de un minuto de duración rodadas hacia 1900 y que tienen como protagonista a Pierrot, personaje nacido de la Commedia dell’Arte, fue popularizado en Francia por Jean-Gaspard Debureau, del Theâtre des Funanbules. De ahí se estableció en la tradición francesa de la pantomima en particular y del arte en general.


La primera, Grosse tete de Pierrot, consiste simplemente en un primer plano de un mimo maquillado de Pierrot que ejecuta toda clase de muecas para la cámara. De hecho, en el catálogo de Parnaland figura como “escena cómica”. Nos recuerda un poco a aquellos primeros motivos del Kinetoscopio de Edison, cuando un beso o un estornudo suponían el colmo en lo referido a imágenes animadas.


Más interés tiene, a nuestro juicio, Pierrot buveur. Está rodada en un decorado montado al aire libre, lo que se evidencia por las duras sombras de la luz del sol y el flameo del mantel. En el telón de fondo hay una puerta practicable en cuyo dintel cuelga una cruz que nos pasará inadvertida por ahora.

Pierrot da fin a la botella y cae dormido sobre la mesa. Al instante, aparece un diablo, un Mefistófeles teatral como el que hemos visto interpretar a Méliès tantas veces. No necesita materializarse sino que entra abriendo la puerta como un vulgar mortal.


Empiezan entonces las apariciones y desapariciones resueltas a golpe de corte de negativo. Mefistófeles transforma la mesa en una cama, Pierrot suplica primero y luego le arroja cuanto mueble encuentra a mano. Pero el diablejo travieso los hace desaparecer en el aire antes de que le alcancen. Además, él mismo se transforma en un lobishome que aterroriza a Pierrot.

Cuando está a punto de atravesarlo con su espada aparece Colombina. El diablo tuvo que utilizar la puerta pero la mujer se materializa sin más. Echa mano a la cruz y hace desaparecer al diablo que desaparece al saltar contra la pared. Entonces, Colombina le muestra la cruz a Pierrot que jura ante ella con expresivos gestos no volver a darle al tarro. Fin.


La curiosidad de la cinta reside, sobre todo, en su capacidad para mezclar tradiciones iconográficas tan distintas en una historia en la que reconocemos al travieso Mefisto mélièsiano, pero no terminamos de verlo como tentador de un Pierrot borrachín, cuando habitualmente es personaje taciturno, enamoradizo y lunar. La Colombina redentora de descarriados viene a culminar el disparate, crucifijo en ristre, reconduciendo la trama hacia la tradición cristiana de la redención y el perdón. Todo ello en un minuto.

Pierrot buveur (Pierrot y el diablo, ca. 1900)
Producción: Parnaland (FR)
1 min. Blanco y negro

28 de diciembre de 2011

La colección Sagarmínaga



La colección Sagarmínaga (1897-1906) repasa la historia de los orígenes del cinematógrafo, de su producción, evolución lingüística y exhibición, a partir de la colección particular del bilbaíno Antonino Sagarmínaga. A lo largo de su vida, este hombre de negocios y activo participante en la vida cultural de la capital vizcaína de finales del siglo XIX y principios del XX, coleccionó toda clase de artefactos ópticos y aparatos de prestidigitación. La colección, que constaba además de un centenar de películas datadas entre 1896 y 1906, fue adquirida hace unos años por la Filmoteca Española. 


Las películas se encontraban tanto en soportes tradicionales de 35mm como en un sistema de corta vida comercializado Joly-Normandin que contaba con cinco perforaciones por fotograma, lo que impedía su proyección en otros aparatos. Todas las películas conservadas han sido reproducidas por la Filmoteca Española, bajo la dirección de Camille Blot-Wellens, con la colaboración de la Cinemateca Portuguesa.


Las películas, tal y como aparecieron montadas por el propio Sagarmínaga para sus proyecciones ante los socios de la Asociación “El Sitio” de Bilbao, se presentan en los dos DVDs que acompañan a la publicación. Vienen acompañadas por un documental sobre la restauración. 


Los temas son muy variados: desde algunas de las primeras “vistas” obtenidas en España por Alexandre Promio, operador de los Lumière, hasta varios reportajes sobre Alfonso XIII, pasando por películas de transformaciones, títulos que creíamos perdidos de Georges Méliès, registros de acróbatas y payasos habituales del Cirque d’Hiver parisino, o primitivas escenas cómicas. 


Por su parte, el libro constituye un precioso material sobre la catalogación de los materiales, su producción, las prácticas creativas y comerciales de los pioneros del cinematógrafo —los hermanos Lumière, Georges Méliès, las pujantes casas Pathé y Gaumont, así como las menos conocidas Warwick o Parnaland—, y las pistas que proporcionan los propios soportes para la identificación de títulos y datación de los mismos. 


El primer capítulo, a cargo de Jon Letamendi y Jean-Claude Seguin, sitúa la aparición del cinematógrafo en España y en el País Vasco y polemiza sobre la imposibilidad de adjudicar una nacionalidad, con criterios actuales, a las primeras vistas cinematográficas. Dos muy amplios apéndices bibliográficos permiten al curioso seguir indagando en los orígenes del espectáculo cinematográfico. 



BLOT-WELLENS,Camille: 
La colección Sagarmínaga (1897-1906). Érase una vez el cinematógrafo en Bilbao 
Madrid, Filmoteca Española, “Cuadernos de la Filmoteca Española” N. 14, 2011. 
Contiene 2 DVDs. 
ISBN: 9788486877866 Bibliografía

26 de diciembre de 2011

Un sueño dentro de un sueño



Capriccio all'italiana (1967), Pier Paolo Pasolini y otros

Capriccio all’italiana es una cinta de episodios dirigidos por Mauro Bolognini, Steno, Pino Zac y Pier Paolo Pasolini. Es el sketch de este último el que proyectamos ayer en la carpa. Se titula: “Che cosa sono le nuvole?”, la pregunta que le hace una marioneta a otra después de que ambas hayan ido a parar al vertedero.


Ya hemos apuntado otras veces (www.circomelies.com/2008/06/pinocho-prncipe-de-bizancio.html) la naturaleza marionetística de la máscara de Totò. En esta ocasión, Pasolini, que ha rodado con él y con Ninetto Davoli Uccellacci e uccellini (1966), decide tomárselo al pie de la letra y monta en un teatrito de títeres una farsa con el argumento del Otelo shakesperiano. Nosotros (y los espectadores que asisten el espectáculo) ya conocemos la trama: Yago (un Totò pintado de verde envidia) planta en el corazón de Otelo (Ninetto) la semilla de los celos valiéndose de un pañuelo de Desdémona (Laura Betti) que entrega a Cassio (Franco Franchi, la mitad del dúo Franchi e Ingrassia), el apuesto capitán.


Representación dentro de una representación —como el espejo en el que Velázquez se pinta a sí mismo pintando “las meninas”, que sirve de fondo al título del episodio— las marionetas se preguntan por su condición e interrogan a su manipulador. ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Quién lo dispone así y con qué derecho? Y, sobre todo, ¿por qué el papel que nos ha tocado representar es tan distinto de nuestra verdadera naturaleza? Burlando el punto de vista frontal, Pasolini nos brinda la pregunta no en boca de Otelo, sino en la de la marioneta consciente que es Ninetto Davoli. La respuesta de la marioneta lúcida que es Totò, no Yago, ilumina el sentido —no el significado— de la farsa: “Somos un sueño dentro de un sueño”.


Pasolini hace gala de cervantismo en la resolución. Como don Quijote ante la felonía que se representa en el retablo de Maese Pedro, el pueblo entero, hasta entonces público pasivo, asalta el escenario y escarmienta a Yago por insidioso y malvado y a Otelo por uxoricida. Triunfa el amor de marionetas de Desdémona y Cassio.


Domenico Modugno ejerce de basurero cantante. Echa en su camión los dos títeres despanzurrados y los lleva al vertedero. Tirados entre inmundicias y desperdicios, inútiles ya, sin hilos ni manipulador, los muñecos sólo pueden mirar al cielo y mostrar su admiración por la belleza de las nubes, signo al tiempo de la creación y lo inasible.


Pasolini rueda este sketch durante la última semana de marzo de 1967. El 15 de abril fallece Totò.


Capriccio all'italiana (1967) 
Produccción: Dino De Laurentiis Cinematografica (IT) 
Guión y Dirección: Pier Paolo Pasolini. 
Intérpretes: Totò (Yago), Ninetto Davoli (Otelo), Laura Betti (Desdémona), Franco Franchi (Cassio), Ciccio Ingrassia (Roderigo), Adriana Asti (Bianca), Francesco Leonetti (el marionetista), Domenico Modugno (el basurero), Carlo Pisacane (Brabanzio). 
20 min. Color.




22 de diciembre de 2011

Más circo berlanguiano



En coincidencia con la Semana de Cine Experimental de Madrid 2011 se ha presentado la edición de los cuadernos inéditos de Luis G. Berlanga, gavilla de apuntes inconexos y poemas adolescentes y juveniles más atractivos para el curioso que para el estudioso. De entre ellos, rescatamos para ustedes este fragmento del texto titulado “El circo”, que sirve de apéndice a la entrada que le dedicamos a su práctica de fin de estudios  en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas.

"Porque el circo no es otra cosa que el olvidado estadio de 1900 cubierto con una lona.

Por eso, los que amamos las viejas épocas, y los que como yo también intentamos la rehabilitación de los deportes de antaño, injustamente degradados, soñamos con el circo. Y cuando por fin sus letras color de rosa, y los eternos carteles con las fabulosas proezas pintadas en azul y blanco aparecen en la ciudad, nos apresuramos a tomar esa entrada de primera fila, frente a la pista, que nos da derecho por un reducido precio a examinar las heridas del faquir o a escoger la carta exacta del ilusionista. Es también en la primera fila donde el peligro de la caída del trapecista se nos hace más lógico y seguro, y a cada doble vuelta mortal, la muerte del salto, se nos escapa a nuestro pulso desorbitado y encogido.

Por eso los que adquieren la silla de pista, con esa indiferencia y sonrisa que da la maldad, son los inductores del crimen aéreo; van, sin sospechar de su propio peligro, a ver parecer trágicamente al acróbata, y al ingenuo espectador que queda aplastado; pero esto nunca ocurre porque el ángel de la guarda, que cada circo tiene para su custodia, en los momentos del drama, siempre llega con una doble pirueta de ángel acróbata.

Tenemos algo del circo dentro de nosotros mismos, los espectadores de la primera fila, los pobres de espíritu y también esas familias completas con niñera y todo que compran sillas de filas posteriores numeradas, indignados, y ese señor que tiene miedo a los elefantes y a los desenfrenados caballos y por esos se sienta detrás y la envidia le hace decir a sus vecinos que nosotros estamos en combinación con el ilusionista, o que formamos parte de la compañía."

BERLANGA, Luis G.: 
Los cuadernos inéditos de Berlanga.
Madrid, Editorial Pigmalión, 2011. 
ISBN: 9788415244165 Bibliografía

19 de diciembre de 2011

Circo, armónicas y comedia desarrollista



Su desconsolada esposa (1957), Miguel Iglesias 

Película muy menor de Miguel Iglesias Bonns, artífice en otras ocasiones de policiales estimables. El propio director reconocía que “no era nada del otro mundo” y que él la dirigió igual que lo podrían haber hecho Mariano Ozores o Pedro Lazaga. Y lo cierto es que la película tiene un cierto aire de familia con Las dos y media y… veneno (1959), el debut de Ozores en la dirección, y con las comedias desarrollistas que por aquellos años Lazaga realizaba para Ágata Films. Comedias en color e Hispanoscope, desarrolladas en ambientes de alta comedia pero con apuntes costumbristas, ocasionalmente fúnebres e incrustaciones musicales. 


La excusa argumental es la resurrección del industrial cataléptico Antonio Retama Cantueso (Conrado San Martín) lo que provoca el consiguiente enredo a costa del idilio entre “su desconsolada esposa” (Michele Codey) y su amigo César (Antonio Almorós). Éste, a su vez, es el novio de Dora “La Cometa” (Conchita Ortiz), estrella de la canción e hija del señor Domingo (Paco Martínez Soria), que trabaja como vigilante en el camposanto donde reposa el supuesto cadáver. 


Harto de negocios y de su familia política, Antonio decide dedicarse a su verdadera vocación: el jazzbandismo. Para ello cuenta con la complicidad de Dora, también despechada por la traición de César, y la colaboración de la propietaria de la boîte en la que ella actúa (María Teresa Serrano). 


El hecho de que Dora trabaje como cantante da ocasión a alargar el metraje con unas cuantas ilustraciones musicales. La más curiosa es la actuación de un trío de armónicas denominado Mundarmonik’s. En 1955 el quinteto Los Akkord’s gana un concurso internacional de armónicas en Centroeuropa y, a partir de ahí y con el apoyo decidido del representante en España de la casa Hohner, la moda del pequeño instrumento que cabe en un bolsillo se extiende rápidamente entre la muchachada hispana. Frente al estilo clásico y un poco solemne de Los Akkord’s surge el trío Mundarmonik’s, que dan un vuelco al repertorio tradicional, adaptando éxitos de la música ligera, y que incluyen pequeños sketches cómicos en su actuación. 


Pero si nos decidimos a proyectar en la carpa Su desconsolada esposa es por su inefable número final. Nada tiene que ver la canción con el argumento de la película, como no sea que el arreglo fuera especialmente adecuado para que Conrado San Martín y Paco Martínez Soria mimaran sus solos al clarinete y al saxo. 


 El escenario de la sala de fiestas se convierte en una minúscula pista en la que el ballet Dora’s Show arropa a Mari Carmen Yepes en una pantomima circense. También intervienen una acróbata y un malabarista anónimos y un forzudo cómico que uno juraría que es Fernando Rubio (http://ladyfilstrup.blogspot.com/2008/12/fernando-rubio-del-tapiz-al-plat.html). Mientras, Dora “La Cometa” canta: “Llevar dentro del alma su embrujo, / Soñar con el vaivén de su color. / Ya viene el circo / Al compás vibrante del tambor”. 


Su desconsolada esposa (1957) 
Producción: Concha Films / Imperial Films (ES) 
Director: Miguel Iglesias. 
Guión: Alejandro Dimas y Noel Clarasó, basado en una comedia de Antonio Paso y S. Martínez Cuenca. 
Intérpretes: Conrado San Martín (Antonio Retama), Conchita Ortiz (Dora “La Cometa”), Antonio Almorós (César), Michele Codey (Magdalena), Paco Martínez Soria (el señor Domingo), Carmen Porcel (Soledad, su mujer), Mari Carmen Yepes (Paula), Jesús Colomer (“Castañuelas”), María Teresa Serrano (Mary), Ramón Quadreny y el trío Mundarmonik’s. 
75 min. Color. Hispanoscope.

16 de diciembre de 2011

El cine de la fascinación



En "Segundo de Chomón: El cine de la fascinación" el profesor Minguet Batllori pega un buen repaso a la obra del pionero Segundo de Chomón echando mano de las últimas investigaciones sobre su procelosa filmografía.

Para ello se sirve de las investigaciones previas —Gabriel Tharrats, Agustín Sánchez Vidal, Carlos Fernández Cuenca…—, de su anterior trabajo sobre el cinemista turolense –Segundo de Chomón: Más allá del cine de atracciones- y de los recientes trabajos de catalogación sobre la Pathé de los primeros años de Henri Bousquet y las colaboraciones de Chomón para la Itala Films, estudiadas por Simona Nosenzo. Pero, sobre todo, busca la confirmación de los datos dados históricamente por ciertos en las propias películas conservadas.


La obra de Chomón se divide así en cinco grandes bloques: sus trabajos de coloreado manual entre 1901 y 1904 para la Star Films de Méliès y para la Pathé, con algún rodaje propio para esta última casa; su contratación por la Pathé en París entre 1905 y 1910, donde alumbrará sus obras más célebres; la estancia en Barcelona entre 1910 y 1912, asociado primero con Fuster y luego, bajo la marca Ibérico Films, colaborando una vez más con Pathé; su contratación por parte de Giovanni Pastrone y la Itala Films de Turín, donde ejerce, sobre todo, como director de fotografía y responsable de “efectos especiales”; y, por último, la coda que supone su colaboración más o menos frustrada en el monumental Napoleon (Napoleón, 1929) de Abel Gance y el diseño del sueño de El negro que tenía el alma blanca (1926), de Benito Perojo.

La experiencia en el coloreado de Barbe-Blue (1901), de Méliès, habría llevado a Chomón a penetrar en los arcanos del paso de manivela, hasta convertirse en uno de los padres del ilusionismo cinematográfico.


Sin embargo, no es el hilo biográfico el que sirve a Minguet Batllori para hilvanar su relato, sino la tesis sobre la autonomía del cine “de atracciones” frente al cine “narrativo” que terminó por imponer su gramática frente a las demás opciones. Así, el cine de los orígenes no habría consistido en una serie de balbuceos que preludiaban otra cosa, sino un lenguaje distinto, creado en el entorno de los espectáculos populares, y vinculado al circo y las variedades, a los espectáculos de magia y a la fantasía.

Los apéndices incluyen una propuesta de filmografía, bibliografía y una selección de muy bellas estampas tomadas de las películas de Chomón.

MINGUET BATLLORI, Joan M.:
Segundo de Chomón: El cine de la fascinación
Barcelona, Generalitat de Catalunya / Instituto de Estudios Turolenses, 2010
ISBN: 9788439381402 

14 de diciembre de 2011

Perplejidad y certezas de Leni Peickert



Die unbezähmbare Leni Peickert (La indomable Leni Peickert, 1970), Alexander Kluge 

Al final de Die Artisten in der Zirkuskuppel: Ratlos  habíamos dejado a Leni Peickert trabajando en una cadena de televisión, cambiando una forma de espectáculo por otra, una revolución por otra. 


Junto a von Lüptow, Leni sabotea las emisiones colando de matute una película de educación sexual. Cuando les ponen en la calle, deciden volver a lo que conocen: la carpa y el más difícil todavía. Pero Leni se da cuenta de que el circo era el sueño de su padre y no el suyo. Ahora no se trata ya de vivir “para el circo” sino de vivir “del circo”. 


Ensaya con una maqueta el número soñado por su padre: un grupo de elefantes bajando por un tobogán desde la cúpula de la carpa. Reclutan artistas en espectáculos de variedades y concibe un número cómico (¿?) de destrucción de narices de arcilla. Intenta hacerse con los servicios de dos miembros de la saga Durov que quieren desertar del Circo de Moscú durante su gira por Alemania. La competencia, que paga en dólares, se los arrebata. Ha llegado la hora de las armas. 


En poco más de media hora Alexander Kluge plantea y resuelve esta especie de coda a Die Artisten in der Zirkuskuppel, que es, al mismo tiempo, un ejercicio brechtiano sobre su propia película. 


No ofrece soluciones, plantea preguntas: ¿Se deslizarán mejor por el tobogán los animales cuadrados o los redondos? ¿Cuántas funciones podrían hacer los Durov por día? ¿Había que buscar una carpa más grande para acabar con el imperialismo? ¿Es posible la revolución después de la revolución? 


Die unbezähmbare Leni Peickert (La indomable Leni Peickert, 1970) 
Producción: Kairos-Film (AL) 
Guión y Dirección: Alexander Kluge. 
Intérpretes: Hannelore Hoger (Leni Peickert), Bernd Hoeltz (Von Lüptow). 
33 min. Blanco y negro. 



12 de diciembre de 2011

El Gran Regurgitador


Politiquerías (1931), James W. Horne

Hadji Ali (ca. 1888 – 1937) fue conocido en el circuito del vaudeville norteamericano como el Enigma Egipcio, el Volcán Humano o el Gran Regurgitador.

 
Su arte consistía nada más y nada menos que en tragar grandes cantidades de agua y de queroseno, asistido por su hija Almina, y regurgitarlas a voluntad. Hadji Ali también engullía y devolvía pañuelos de colores, avellanas y otros líquidos, pero su gran final era éste, en el que se convertía alternativamente en lanzallamas y extintor. Como dicen en los programas de televisión: “¡No intenten ustedes hacerlo en su casa!”.

 
Originario de Egipto —dice la leyenda que advirtió su habilidad por la gran cantidad de agua que tragaba mientras nadaba en el Nilo—, trabajo en teatros de variedades europeos y, mediada la década de los veinte, se estableció en Norteamérica. Según Harry Houdini el número no era apto para públicos selectos, pero Hal Roach decidió inmortalizarlo en Politiquerías, un mediometraje que Laurel y Hardy interpretaron en español cuando aún no se estilaba aquello delo doblaje. En su muy documentada página sobre los mil errores arrastrados en la identificación de las diferentes versiones de las películas de Laurel y Hardy, Juan B. Heinink advierte que Politiquerías es la “versión ampliada de Chickens Come Home (1931) con la inclusión de números adicionales de variedades y filmada directamente en español”. En la versión inglesa Mae Busch interpreta el papel de la ex amante y Thelma Todd el de la esposa de Ollie.

El argumento se desarrolla a partir de una situación básica: Stan y Ollie son socios en una compañía de fertilizantes y el segundo pretende presentarse a alcalde de la ciudad. Pero su intachable moralidad queda en entredicho cuando aparece una antigua amante (Rina de Liguoro) que pretende chantajearle con una foto en la que aparecen juntos en situación comprometida. Para terminar de liar el asunto la esposa de Ollie (Linda Loredo) se planta en la oficina. Tras mil enredos, Ollie consigue evitar el encuentro. Si ex amante le da un ultimátum para que le entregue esa misma tarde el chantaje, pero Ollie tiene invitados a cenar y pide a Stan que le saque las castañas del fuego.

La versión española dura 25 minutos más que la norteamericana gracias a la incrustación de dos números de variedades durante la velada en casa de los Hardy. Además de la intervención de Hadji Ali tienen ustedes ocasión de ver el número completo del prestidigitador latinoamericano Abraham J. Cantú:


Lo decimos porque conste en el expediente, pero después de ver en acción al Gran Regurgitador la verdad es que estos juegos de manos saben a poco.

Politiquerías (1931)
Producción: Hal Roach Studios (EEUU)
Director: James W. Horne.
Guión: H.M. Walker, basado en el cortomertraje Love’em and Weep (1927).
Intérpretes: Stan Laurel (Stan), Oliver Hardy (Oliver), Rina de Liguoro (la ex amante de Ollie), James Finlayson (el mayordmo), Hadji Ali (El Gran Regurgitador), Abraham J. Cantú (el mago Cantú), Linda Loredo (la señora Hardy), Carmen Granada (la señora Laurel), Enrique Acosta, María Calvo, Nelly Fernández.
56 min. Blanco y negro.


8 de diciembre de 2011

Hommage à Méliès chez La Tour verte et Capricci


A l'occasion du 150eme anniversaire de Georges Méliès le 8 décembre et de la sortie en salle de Hugo Cabret (Martin Scorsese), deux ouvrages rendent un bel hommage à celui que l'on peut considérer comme l'inventeur du spectacle cinématographique. 

 

Le premier, intitulé Georges Méliès l'enchanteur, est édité par La Tour verte. Ce livre de 536 pages, riche d'une 60aine d'illustrations, est une biographie (parue pour la première fois en 1973). Elle est aujourd'hui revue, corrigée et actualisée. Son auteur n'est autre que Madeleine Malthête Méliès, petite fille du cinéaste et animatrice de l'association des amis de Georges Méliès. On y trouve une préface de René Clair. Cet ouvrage fleuve sera prochainement chroniqué dans nos pages. 


Le second ouvrage est édité par Capricci. Intitulé La couleur retrouvée du voyage dans la lune de Georges Méliès, il est signé par deux spécialistes de la restauration, Séverine Wemaere et Gilles Duval. Les 194 pages racontent les grandes étapes de la vie de Méliès et l'histoire du Voyage dans la lune, de sa genèse à sa restauration. Plus de 100 illustrations couleur y sont présentées (documents de travail, photographies inédites, et une série d’images peintes tirées du film lui-même). 

Para conseguir cualquiera de los dos libros os recomendamos www.amazon.fr

 (información extraida de http://www.dvdclassik.com)

2 de diciembre de 2011

Vida soñada de Charley Bowers



Charles “Charley” Bowers, alias “Bricolo”. 
(1889, Cresco, Iowa – 1946, Paterson, New Jersey) 

Resuelto totalmente el grave problema que acongoja a los ultramarinos. 
Huevos irrompibles. 
(…) 
Mecánica. 
Amor. 
Poesía. 
¡Oh! 
Charles Bowers 
Difunto inventor. 

Rafael Alberti: “Charles Bowers, inventor”,
en La Gaceta Literaria, nº 65, 1 de septiembre de 1929.

Una vez más fue el Abuelito quien, desde su desván (http://eldesvandelabuelito.blogspot.com/) nos avisó sobre la existencia de este cómico y animador norteamericano, que sólo ha recuperado su puesto en la historia (secreta) del cine en las últimas dos décadas. Pusieron sobre la pista de este espléndido creador a los archivistas unas cintas etiquetadas como “Bricolo”, que era como se le conocía en Francia por su afición a los inventos.


Quiere la leyenda que Charley Bowers se fugara de su hogar natal en Iowa con un circo y que se convirtiera en funambulista cuando apenas era un crío. También que se diera buena maña con pinceles y brochas para pintar los carteles anunciadores de los espectáculos y que, de este modo, recalara en Chicago como dibujante publicitario e historietista. De ahí, a intervenir en las pioneras series de dibujos animados Mutt and Jeff y The Katzenjammer Kids, no hay más que un paso que el inquieto Bowers dio con decisión:
 

A finales de la década de los veinte produce, dirige y protagoniza un par de decenas de películas de dos bobinas en las que da rienda suelta a sus obsesiones. Porque el arte de Charley Bowers —¡arte mayúsculo!— es insistente y tenaz. Otros sabrán hallar ocasión para el humor en cualquier tema o limitarán estos a un abanico en el que quede justificada la presencia del personaje que han creado. Bowers, no. Él recurre una y otra vez a la máquina abracadabrante, al avestruz y al huevo. No necesita más. Rara es su película en el que uno de estos tres elementos, o los tres juntos, no se dan cita, conjugando el slapstick puramente físico con la animación fotograma a fotograma o “stop motion”. Lo asombroso es que esta simbiosis se produce sin aparente cambio de registro, con una continuidad que sólo parece tener sentido en el Universo Bowers. 


Físicamente Bowers recuerda bastante a Keaton, pero la precisión de éste es irrepetible. Algunas veces, logrado el efecto cómico —el batacazo, el paso de baile…—, Bowera insiste en él sin aportar demasiadas variaciones, como al principio de Fatal Footsteps (1926). Otras veces este esquema funciona a la perfección, como cuando se emperra en meter la máquina en casa de su tío en A Wild Roomer (1926).



Maquinarias y huevos aparte, nos causa asombro la cantidad y calidad de los clubs y asociaciones inverosímiles que maneja. El Sindicato de Camareros, bueno, pero el Consorcio de Exportadores de Huevos, es todo un hallazgo. Y del Club de los Mentirosos Compulsivos o de la Liga Anticharlestón qué vamos a decirles. Con estos pocos elementos alumbra un mundo perfectamente coherente y variadísimo de invención. Ni precisa más ni quiere otra cosa, porque Bricolo es el maestro del profesor Franz de Copenhague. Y desde ya mismo queda coronado Rey de los Huevos.


De su estancia en el circo acaso conservara también la querencia por lo excéntrico, que en Bowers alcanza auténtico lirismo en los momentos surreales gratuitos. La camada de Fords que sale de los huevos empollados en el motor, la muñeca fabricada por la máquina que empieza a vivir al colocarle el corazón o la muerte del bacilo del resbalón… Es entonces cuando Breton y Alberti proclaman sus excelencias. 


Con la llegada del sonoro emprendió la creación de una película sonora que sólo se conserva fragmentariamente:


Luego, volvió a trabajar como animador para otros, dibujó historietas para los periódicos e ilustró libros infantiles. En 1941 cayó gravemente enfermo y, aunque su mujer, intentó sacar el trabajo adelante, los encargos dejaron de llegar. El olvido cayó sobre él durante medio siglo. Felicitémonos por el reencuentro.