30 de junio de 2012

Charles Parrot vs Charley Chase


Charles Joseph Parrott, Charley Chase
en Baltimore (USA)
Hollywood, Los Angeles (USA)

Tras alguna experiencia en el circuito del vodevil, Charles Parrott trabajó como gagman y actor para la unidad de comedias de Al Christie en el seno de la Universal. Quizás porque no viera allí demasiado futuro, decidió pasarse a la Keystone en 1914. Mack Sennett le hace interpretar a uno de los Keystone Kops y le confía también tareas de dirección. Es entonces cuando Charles decide separar nominalmente ambas funciones: como guionista y realizador seguirá usando su nombre, como actor atenderá con el de Charley Chase.


Tras su salida de la Keystone en 1916 y hasta su desembarco en 1919 en el estudio de Hal Roach, la carrera de Charles Parrott es un continuo deambular por productoras especializadas en comedias y hoy apenas recordadas -Kin Bee, K-Lo, Bull’s Eye…- facturando cintas de Billy West y Oliver Hardy. En el estudio de Roach dirige al bigotón Harry “Snub” Pollard y a su hermano James, que, para terminar de liarla, se hace llamar “Poll” Parrott.


A partir de enero de 1924 Charley Chase inicia su propia serie como actor. Su hermano, tiene graves problemas de salud como secuela de los ataques con gases durante la Gran Guerra. Su físico, un tanto desgarbado pero siempre atildado, y su bigotito nos recuerdan a Max Linder. El hecho de que suela ser un hombre casado o un profesional que ignora la miseria, lo emparentan con el gran triunfador de la escudería de Hal Roach: Harold Lloyd. Y, sin embargo, su estilo es absolutamente inconfundible. Está especialmente dotado para el gag físico al tiempo que derrocha talento a la hora de medir el ritmo de las escenas y del conjunto. En sus manos, las tradicionales películas de dos rollos –unos veinte minutos- resultan tan ricas en inventiva como un largometraje en manos de otro. Seguramente no sea ajeno a ello el hecho de que la dirección recaiga en manos de Leo McCarey.


Como en el caso de otros compañeros, la transición al sonoro no le resulta fácil como actor. Sin embargo, su carrera como director en el estudio de Hal Roach está plenamente consolidada. Él es uno de los responsables de que Laurel y Hardy comenzasen a hablar… incluso en castellano macarrónico. Entre 1928 y 1932 dirige un buen número de películas de dos bobinas con la pareja, aparece como actor en Sons of the Desert (Compañeros de juerga, 1933), que dirige William A. Seiter.


Cuando Hal Roach cierra la unidad de cortometrajes, ingresa en la Columbia, la productora más activa en aquellos años y refugio de los comediantes de la vieja escuela como Keaton, donde sigue ejerciendo su doble faceta de director e intérprete. Debido a diversos problemas personales ha empezado a darle duro al frasco.


En 1939 fallece su hermano James. Apenas un año después muere Charles Parrott, en arte Charley Chase.

27 de junio de 2012

Del costumbrismo-observacional aplicado al slapstick


Se necesita chico / Testa fra le nuvole (1963), Antonio Mercero



Toñín (Javier Cebrián) entra a trabajar como recadero en la floristería “El Pensamiento”. Durante su primer día laboral tendrá que entregar un ramo de novia, una corona fúnebre, un ramo para una artista televisiva y un centro floral en una fiesta en la que ejerce de anfitriona una niña prodigio de la canción. Pero a sus doce años Toñín siempre encuentra algo en que distraerse.

Forma Antonio Mercero parte de aquella generación de egresados de la Escuela Oficial de Cinematografía que dieron el salto al largometraje desde las aulas. De todos modos, Mercero es una figura anómala en  el movimiento denominado Nuevo Cine Español. Sus prácticas en la Escuela 
—especialmente Trotín Troteras, que le valió para titularse— y esta cinta de debut sólo tienen parangón en la filmografía inicial de Manuel Summers.



Como éste, Mercero opta por la comedia, da protagonismo a los niños y privilegia las estructuras episódicas. Ahí acaban las concomitancias. Mercero cultiva un humor costumbrista-observacional.

La primera parte de esta etiqueta es lo que peor ha resistido el paso del tiempo. Procusa era una productora ligada al Opus Dei y las aristas más afiladas de la sátira de costumbres que siempre va asociada al costumbrismo han sido convenientemente limadas hasta quedar en casi nada. Episodios como el de la niña prodigio Maryluz (Livia Contardi), trasunto diáfano de Marisol, se diluye en un forzado acento andaluz y en el frenesí del twist.



La parte que hemos denominado “observacional” conecta directamente con el cine de JacquesTati y Pierre Etaix. Algunos gags son originales, como el del Toñín (Javier Cebrián) contemplando su nuevo uniforme en el espejo que carga a la espalda un cristalero más interesado en piropear a las chicas que en cumplir con sus encargos. Otros, como la corona de flores que termina convertida en rueda loca o en salvavidas, buscan su inspiración en Les vacances de M.Hulot.



Mercero ya había ensayado este tipo de comedia en el cortometraje Trotín Troteras. Una de las asistentes a una boda, tocada con un aparatoso sombrero, está arrodillada. Se sienta. La señora de detrás, también arrodillada, hace lo propio para evitar las cosquillas que la pluma del sombrero le producen en la nariz. Una panorámica, nos muestra el movimiento ondulante creado por este movimiento inesperado que llega hasta el final de la fila. Lo malo es que muere allí, como una ola que rompe mansamente en la playa. A Mercero le ha fallado la inventiva a la hora de rematar el gag.



Otros hallazgos, interesantes por sí mismos, quedan desactivados por la repetición del efecto. Antonio Pérez Olea compone una partitura en la que, por ejemplo, el diálogo de dos señoras está servido por un clarinete y por un oboe, en vez de por sus voces. Pero esto vuelve a suceder poco después y al final, en la fiesta, de modo que lo que al principio resulta novedoso termina causando cansancio. No siempre es así. Ese mismo truco utilizado durante la admonición del amanerado empleado de la floristería que mueve la mano como si estuviera conduciendo una orquesta resulta plenamente eficaz. Como cuando la voz de unos anunciantes radiofónicos parece “doblar” a las señoras que abroncan a Toñín.



En estas búsquedas, antes que hallazgos, reside el principal interés de un debut que no tuvo continuidad hasta mucho después, cuando Mercero hubiera ganado premios internacionales con trabajos televisivos como La cabina (1972).



Se necesita chico, con toda su inmadurez a cuestas, no deja de ser una vía interesante por la que el Nuevo (y el viejo, claro) Cine Español nunca volvió a transitar.

Se necesita chico  / Testa fra le nuvole (1963)
Producción: Procusa (ES) / Domiziana Internazionale (IT)
Director: Antonio Mercero
Guión: Antonio Mercero
Intérpretes: Javier Cebrián (Toñín, el chico), Marcella Valeri (la madre de Toñín), Tina Perbellini (la dueña de la floristería), Livia Contardi (Maryluz),  Lina Canalejas (Carolina, la artista), Sergio Mendizábal (el realizador de TV), Pedro Solís, Juanjo Seoane, Ángel Ter.
90 min. Blanco y negro.

23 de junio de 2012

El criminal equilibrista


Pool of London (1950), Basil Dearden


Pool of London está más próxima al espíritu Ealing que Secret People, aunque el marco y el género poco tienen que ver. El atraque de un carguero en los muelles del Támesis ofrece a dos de los marineros de la tripulación la oportunidad de pasar un fin de semana en Londres. En tanto Dan (Bonar Colleano) se ve involucrado en un plan criminal, Johnny (Earl Cameron), de raza negra, inicia una relación con Pat (Susan Shaw), la taquillera de un espectáculo de variedades.



Aquí se presenta un espectáculo denominado “Lipstick & Lace”. El número principal está constituido, a tenor del título, por una docena de señoritas que evolucionan acompasadamente por el escenario. Son las “Champagne Girls”. Uno puede contemplarlas desde el patio de butacas o desde una galería lateral en la que se encuentra la barra del bar. La cerveza, el humo, el eco de la música amortiguado por la cristalera son el ambiente idóneo para el tráfico carnal y otras transacciones clandestinas.


Todo arranca, por tanto, en el Queens Theatre, un modesto coliseo de barrio que nada tiene que ver con el selecto teatro de Shaftesbury Avenue. Dan ha venido a encontrarse con Charlie Vernon (Max Adrian), un equilibrista al que acabamos de ver ejecutar en el escenario una serie de saltos tan precisos como arriesgados. Del trapicheo de tabaco y medias de contrabando Dan pasará a formar parte de un plan criminal para robar unos diamantes. El acróbata tiene parte principal en el atraco pues, gracias a su habilidad, será el encargado de acceder al edificio donde se va a perpetrar el robo desde la azotea de la casa contigua.



Hemos tenido ocasión de verlo ensayar —¿su número? ¿el atraco?— en el escenario del Queens Theatre y, antes de que la película termine, asistiremos a una de sus actuaciones más arriesgadas, huyendo de la policía fluvial.


Se da la curiosa paradoja de que mientras Max Adrian, el actor que hace de acróbata, era un reputado intérprete de revista y opereta de origen irlandés que más tarde formó parte de la Royal Shakespeare Company, y, por tanto, tuvo que ser doblado en las escenas de acrobacia, Bonar Colleano, el intérprete del marinero descarriado, pertenece a una eminente saga circense.

Bonar se incorporó al número familiar con cinco años. Su madre era contorsionista y él tomó el nombre de su tío, un conocido funámbulo. No tanto como Con Colleano, conocido como el “Mago del Alambre” y también como el “Toreador del Alambre” por las muchas novedades que introdujo en esta especialidad. El Colleano’s All-Star Circus recorrió Australia durante la segunda década del siglo XX antes de que sus miembros se establecieran en Estados Unidos y Europa.


En la vida civil Bonar Colleano se casó con Susan Shaw, la rubia taquillera de esta película. Colleano murió en un accidente de tráfico a los 34 años.


Pool of London aprovecha a fondo los escenarios naturales del sur de Londres y el Támesis. 


El trabajo de la policía fluvial aparece tangencialmente y Basil Dearden lo aprovecha para sugerir algunos de los temas que desarrollaría en Sapphire, como la historia de amor interracial que viene a demostrar que en el estudio de sir Michael Balcon, la legendaria Ealing de las comedias cien por cien británicas, tampoco eran tan pacatos.

 
Pool of London (1950)
Producción: Ealing Studios (GB)
Director: Basil Dearden
Guión: Jack Whittingham y John Eldridge.
Intérpretes: Bonar Colleano (Dan MacDonald), Earl Cameron (Johnny Lambert), Susan Shaw (Pat), Renee Asherson (Sally), Moira Lister (Maisie), Michael Golden (el official de aduanas Andrews), Max Adrian (Charlie Vernon), James Robertson Justice (Trotter), Michael Golden, Alfie Bass, Christopher Hewett.

20 de junio de 2012

Carleto Cairoli y Paul


Secret People (1953), Thorold Dickinson


Secret People es un ejercicio hitchcockiano. La acción se sitúa en la Inglaterra prebélica donde el cabecilla de un grupo antifascista (Serge Reggiani) dispuesto a lo que sea para acabar con la vida del dictador que rige los destinos de su país le pide a su antigua amante (Valentina Cortese) que coloque una bomba durante una actuación de su hermana (Audrey Hepburn).


En la misma velada aparece Carleto Cairoli, aquel augusto del que hablamos a propósito de Happidrome (1943).


Ahora nos lo hemos vuelto a encontrar con Paul Freeman, el primero de los tres Pauls que le acompañaron como clowns. Los otros fueron Paul King y Paul Conner.



En Secret People realizan un breve número musical que nunca termina de arrancar y que se resuelve con tanta sencillez como precisión.


Su actuación sirve como contrapunto enervante al posible estallido de la bomba.


Resuelta como un estilizado relato moral, la cinta plantea el dilema de la licitud del crimen político y la muerte de inocentes, que Thorold Dickinson resuelve como un problema formal antes que como un conflicto ético. Entre las soluciones más brillantes: un flashback en el que la protagonista se incorpora del presente al pasado mediante una sencilla panorámica o una secuencia de montaje en la que se narra su paso por una clínica.


El final resulta un poco extraño, pero parece que sir Michael Balcon se sentía un poco incómodo con las aristas políticas de la cinta y ordenó cortarle unos cinco minutos. No fue el único encontronazo de Thorold Dickinson con el mandamás de la Ealing. Ya habían tenido sus más y sus menos con The Next of Kin (1942), una cinta de propaganda bélica sobre una red de espionaje alemán en las islas, en la que los nazis no eran tan zotes ni los británicos tan espabilados.

Secret People (1953)
Producción: Ealing Studios (GB)
Director: Thorold Dickinson.
Guión: Wolfgang Wilhelm y Thorold Dickinson.
Intérpretes: Valentina Cortese (Maria Brentano), Serge Reggiani (Louis Balan), Charles Goldner (Anselmo), Audrey Hepburn (Nora Brentano), Megs Jenkins (Penny), Reginald Tate (el inspector Eliot), Carleto Cairoli y Paul.
96 min. Blanco y negro.

17 de junio de 2012

La gran compañía de Aristide Tromboni


Il ratto delle sabine / Il professore Tromboni (1945), Mario Bonnard


Son varias ya las ocasiones en las que hemos acompañado en sus correrías en busca de un bocado a compañías de comediantes como la del profesor Aristide Tromboni. Con ellos hemos recorrido Italia, Grecia, España, Japón, Estados Unidos… y hemos aprendido que el hambre es siempre idéntica a sí misma, sin que importe el idioma, el credo o el género al que uno se dedique.


A veces uno llega a un poblachón en el que el profesor (Carlo Campanini) está dispuesto a dejar la despensa vacía con tal de que estrenen su comedia. Y entonces… ¡Ay, entonces! Vuelan las galletitas, corre el vino dulce, se agotan las existencias de sabayón… una especie de natillas hechas con huevo y vino de Marsala cuya receta no damos para no ponerles a ustedes en situación de perritos de Paulov.


Lo malo es que luego hay que representar el drama histórico en estrofas sáficas que ha escrito el profesor.


Se titula “El rapto de las sabinas” y la única que lo encuentra insuperable, aparte de su autor, es la criada (Clelia Matania). Claro, que ella le encuentra el inconveniente de que se acaba justo en lo mejor. “En algún momento tiene que acabar”, razona el profesor.


De poco le van a valer los razonamientos enfrentado a las trapacerías de Tromboni y a los celos y envidias de los miembros de su compañía. Está su oronda señora (Luis Alliani) a la que el primer actor pretende hacer pasar por núbil esclava a base de corsés americanos. Está el famélico secundario (Aldo Salvini), el encargado de dar la réplica al primer actor —lo que los italianos llaman el “spalla”— que encuentra cualquier cometido indigno de su arte y sólo quiere hacer grandes tragedias. Está su hija (Fosca Spadaro), enamoriscada siempre del primero que se presenta…


Y está el profesor Tromboni, claro, al que da vida nuestro viejo amigo el príncipe de Curtis. Cuenta Carlo Campanini que durante el rodaje de esta película en 1945, en los mismos estudios donde hacía escasos meses había rodado Rossellini Roma, città aperta (Roma, ciudad abierta, 1945) le confiaba Totò.
—¡Ironías del destino, Carlè! ¡Yo aquí, haciendo burla de la realeza, cuando por mis venas corre sangre real!


Y ni corto ni perezoso se fue al registro nobiliario y movió Roma con Santiago hasta que le reconocieron su título de Príncipe de Bizancio. A nosotros siempre nos ha parecido más honroso el de príncipe de los clowns, que sigue ostentando sin necesidad de trepar por las ramas de ningún árbol genealógico.


Il ratto delle sabine / Il professore Tromboni (1945)
Producción: Capitani Film (IT)
Director: Mario Bonnard.
Guión: Mario Amendola y Mario Bonnard.
Intérpretes: Totò (Aristide Tromboni), Carlo Campanini (Ernesto Molmenti, el maestro), Clelia Matania (Rosina), Luisa Alliani (Ermenegilda, la señora de Tromboni), Aldo Silvani (Tancredi), Fosca Spadaro (la hija de Tancredi), Olga Solbelli (Matilde, al señora de Molmenti), Laura Gore (Paolina), Lia Corelli (Mariannina), Mario Pisu (Alberto Randoni), Giuseppe Rinaldi (Emilio), Claudio Ermelli (Germani), Mario Castellani (el propietario del teatro), Peppino Spadaro (Turiddu, el maquinista), Aristide Garbini (Bartolomeo).
90 min. Blanco y negro.

13 de junio de 2012

La señora Morales en el Tren Fantasma


Siete mil días juntos (1994), Fernando Fernán-Gómez


Las concomitancias argumentales de esta película de Fernando Fernán-Gómez, con El esqueleto de la señora Morales (1959), de Rogelio A. González, son más que notables. Claro, que tras los guiones de ambas está Luis Alcoriza. Para el clásico de la comedia negra mexicana hizo el guión a partir de un relato de Arthur Machen; en la película de Fernán-Gómez Javier García Mauriño y Fernando Morales escribieron el primer guión de un argumento póstumo. En ambas historias un marido es tiranizado por una esposa ruin que hace pasar ante sus vecinos su mezquindad por martirio. En los dos casos, el marido encuentra la posibilidad de un amor verdadero en una vendedora de aparatos fotográficos. Tanto en una como en otra el veneno juega un papel fundamental en la trama.


Las diferencias son de orden coyuntural —la ambientación en un Madrid milenarista—, genérico —la adscripción a ese cruce de comedia negra y esperpento que Fernán-Gómez ya había practicado con fortuna en El extraño viaje (1964)— y ambiental —el hallazgo de que el protagonista trabaje en el Instituto Anatómico Forense—. Esta última circunstancia favorece la creación de un personaje inolvidable interpretado con tanta humanidad como sabiduría por Agustín González: el forense necrófilo.


Requiere el juego argumental que algunas escenas se desarrollen en el Parque de Atracciones de Madrid. Ya hemos visto en otras ocasiones que este escenario fue muy habitual en el cine español del primer lustro de los años ’70. Pero, que nosotros recordemos, las cámaras cinematográficas no habían vuelto por allí desde 1975.


Ahora lo hace en dos escenas de muy diferente contenido. La primera, para la tópica escena de amor en la noria que el propio Fernando Fernán-Gómez había interpretado junto a Elvira Quintillá en Esa pareja feliz (1951), el debut de Luis G. Berlanga y Juan Antonio Bardem. En 1994 Matías (José Sacristán) y Angelines (María Barranco) se besan en la atracción denominada “Noria Visión”.


La otra, no podía ser de otro modo, en el túnel del terror conocido como “El Tren Fantasma”, con su profusión de espectros y mutilados animatrónicos y sus sustos en vagoneta a tanto la entrada. Esta atracción fue desmontada en 1998, cuando ya hacía mucho tiempo que Jason y Freddy Kruger habían impuesto otras modas en los miedos infantiles.

Siete mil días juntos (1994)
Producción: Rosa García P.C. (ES)
Director: Fernando Fernán-Gómez.
Guión: Javier García Mauriño, Fernando Morales y Fernando Fernán-Gómez, a partir de un argumento de Luis Alcoriza.
Intérpretes: José Sacristán (Matías), María Barranco (Angelines), Pilar Bardem (Petra), Agustín González (Luis), Chus Lampreave (Sofía), Pedro Beltrán (el portero), Tina Sáinz (Juliana).
100 min. Color.

10 de junio de 2012

El Parque de Atracciones de Blackpool (en color)



The Open Road (1924-1926), Claude Friese-Greene

Claude Friese-Greene
Empeñado en la vindicación de su padre Claude Friese-Greene se embarcó en 1924 en un ambicioso proyecto: recorrer la isla de sur a norte filmando en color cuanto le saliera al paso.


Mezcla de “travelogue”, de documental antropológico y de curiosidad científica, las peliculitas resultantes constituyen un testimonio excepcional de un mundo más soñado que perdido.


El procedimiento de color ideado por William Friese-Greene se basaba en el fenómeno conocido como “persistencia retiniana”. La idea era la misma que estaba detrás de numerosas invenciones precinematográficas como el zoótropo o el praxinoscopio. Friese-Greene pasaba la película por la cámara a doble velocidad de manivela filtrando alternativamente cada fotograma en rojo y azul. La película se revelaba alternando el filtrado de fotogramas pares e impares. El resultado eran imágenes consecutivas alternas teñidas de azul y rojo que, proyectadas a velocidad conveniente producían en el espectador una sensación de color bicromático.


Claude Friese-Greene elige los motivos en función de sus valores cromáticos, con predominancia del celeste y el bermellón, que eran los colores que mejor respuesta ofrecían, relegando verdes y amarillos a segundo término.


En 2006 la BBC y el British Film Institute alumbran conjuntamente la serie The Lost World of Friese-Greene, un viaje por Gales, Inglaterra y Escocia en el que se comparan las estampas recogidas ochenta años atrás con el mundo contemporáneo. De paso, se reproducen en color, mediante técnicas actuales, lo que en las películas originales nunca fueron más que intuiciones.


Blackpool
En una de sus escalas Friese-Greene hijo recala en Blackpool (Lancashire), uno de los centros recreativos más importantes de Gran Bretaña. La iniciativa se debe a William George Bean, un empresario con un ojo puesto en los Estados Unidos, donde se fabricaban buena parte de las atracciones que fue instalando en el parque recreativo desde su fundación en 1896 hasta la Gran Guerra.


Una de las más populares es la “Sir Hiram Maxim Flying Machine”, operativa desde 1904. El año siguiente se instalaron las “River Caves of the World”, tradicional atracción de cataratas. Bean falleció en 1932. Su hija y su yerno y se hicieron cargo entonces del Parque de Atracciones y de la zona recreativa denominada Pleasure Beach, aún en continua renovación.


Entre otras atracciones, Claude Friese-Greene documenta una especie de montaña rusa denominada “The Reel”, desmontada en 1980.


Aquí pueden ver el fragmento de The Open Road rodado en Blackpool:


The Open Road (1924-1926)
Producción: Claude Friese-Greene (GB)
Director: Claude Friese-Greene.
Documentales.
64 min. Color por el procedimiento Friese-Greene.