29 de enero de 2013

De vuelta a las películas de dos bobinas en Educational Pictures




The Gold Ghost (1934), Charles Lamont
Ditto (1937), Charles Lamont

En 1934, después de su periplo europeo, Keaton firma un contrato con Educational Pictures, una productora dedicada, a pesar de su nombre, a la facturación de comedias de dos rollos a bajo coste. La compañía, fundada por Earle W. Hammons había conocido su edad de oro en la década de los veinte, cuando tenía bajo contrato a dos cómicos cotizados como Lupino Lane y Lloyd Hamilton. A principios del sonoro Harry Langdon y Andy Clyde, fichan por Columbia, así que Keaton es contratado para cubrir el hueco como nombre de reclamo.


El acuerdo prevé la realización de seis cortometrajes al año a razón de cinco mil dólares por título. El presupuesto total por película es de veinte mil, por lo que no queda mucho más dinero para nada. Rodajes en cuatro o cinco días, dependiendo de los decorados disponibles, una única toma para cada plano y repartos familiares. En la dirección es frecuente encontrarse con Charles Lamont, un veterano del vodevil, viejo amigo de Keaton.



En su ciclo Educational Keaton pasa por una gran variedad de oficios y registros. Es empleado de una gasolinera en el desierto, hillbilly, una especie de boy-scout, repartidor de hielo, científico loco… y trabaja sobre guiones propios y ajenos, con viejos conocidos —incluida su familia— y con jóvenes talentos. Algunas historias le ofrecen mayor libertad para desarrollar su propio tempo y otras le obligan a seguir las pautas de la comedia bufa, aprovechando simplemente su habilidad como bayeta humana. Nada por lo que no haya pasado en su periodo de decadencia en la M-G-M.

La quimera del oro
El primer asalto resulta, a nuestro modesto parecer, uno de los más afortunados. The Gold Ghost (1934), dirigido por Charles Lamont, presenta a Keaton una vez más como un joven adinerado que, rechazado por su amada, terminará metiéndose en mil líos para lograr su mano y, sobre todo, su respeto.

La película funciona a pleno rendimiento durante los primeros diez minutos. Keaton demuestra que sigue estando en plena forma y que lo peor que le puede pasar es encontrarse con interferencias creativas. Solo, en un decorado de poblado fantasma del Oeste, es capaz de idear mil y una situaciones divertidas, ágiles y plenas de inventiva.


Aunque se suele mencionar la modestísima pelea en el saloon, en la que Elmer derriba a sus enemigos como si fueran bolos utilizando barrilitos a modo de bolas, hay un momento que nos ha parecido excepcionalmente emotivo. A la invocación del sonido de una vieja tonada en la pianola, en el abandonado saloon aparece el fantasma de una corista. Es una modesta sobreimpresión pero esta breve historia de amor soñado, de triunfo sobre los bandidos imaginados, nos ha transportado sin necesidad de ningún aspaviento a un mundo romántico y poético, en el que Keaton, reacio siempre al sentimentalismo, se puede mostrar lírico sin renunciar a sí mismo.


El mundo futuro
Casi al final del ciclo Educational se sitúa Ditto (1937), una comedia de enredo en la que se juega la carta de dos gemelas que viven en chalets pareados. Keaton es un repartidor de hielo que tiene una cita amorosa con una de ellas y se equivoca de casa. Hace todo lo posible por salvar a la chica de un malvado seductor que no es otro que su marido.


El enredo no da más de sí. Si nos detenemos en ella es por sus apuntes de humor excéntrico que, a ratos, rozan lo surreal. El ama de casa que quiere comprar hielo se quema con el horno y le pide al repartidor que le ponga mantequilla en la quemadura. La sensación de alivio deriva en una suerte de éxtasis erótico compartido cuando Keaton sigue untando brazo arriba. Interpretada sin ambigüedades, lo extravagante de la situación debió prevenir a los censores y al estudio de intervenir, no fuera a ser que los tomaran por mentes calenturientas.


Al final, dispuesto a poner tierra por medio, Keaton se despide del caballo del carro de reparto. Asegura que es el único amigo que ha tenido, que cada uno debe seguir su camino y que le encantaría ser un caballo para no tener que padecer las burlas de ninguna mujer frívola, en un monólogo que no habría desdeñado Miguel Mihura.


El repartidor de hielo se marcha al Canadá donde pasa quince años como un ermitaño. El mundo ha cambiado. La barba le llega a la cintura y sobre su cabaña vuelan avionetas con caravanas, que a lo que se ve es el medio de transporte vacacional del futuro. Un día conoce a una muchacha que hace revivir en su pecho la vieja llama. Acude a verla al campamento para encontrarse con que no es que tenga una hermana gemela sino cinco.



The Gold Ghost (1934)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Director: Charles Lamont.
Guión: Ernest Pagano y Charles Lamont, de un argumento de Ewart Adamson y Nicholas T. Barrows.
Intérpretes: Buster Keaton (Wally), Dorothy Dix (Gloria), Warren Hymer (Bugs Kelly), William Worthington (el padre de Gloria), Lloyd Ingraham (el padre de Wally).
18 min. Blanco y negro.

Ditto (1937)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Director: Charles Lamont.
Guión: Paul Girard Smith.
Intérpretes: Buster Keaton (“el hombre olvidado”), Gloria Brewster y Barbara Brewster (las hermanas gemelas), Harold Goodwin (Hank), Lynton Brent (Bill), Al Thompson.
18 min. Blanco y negro.


27 de enero de 2013

Keaton x 2 (en francés)



Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934), Max Nosseck y Robert Siodmak

Madame Garnier (la tremenda Madeleine Guitty) lleva veinticinco años metida bajo la concha del apuntador del Theatre du Parc parisino. Como compensación, el director (Paul Clerget) le ofrece un papel para el inútil de su hijo Buster en la comedia policiaca “Le Roi des Champs-Elysees”. Claro que el papel le va a Buster pintiparado. Es un preso evadido que en el primer acto debe gritar: “¡Al fin libre!”. Las indicaciones de la separata para el segundo y tercer acto se resumen en un escueto “corre”. Casi una premonición del papel de Keaton en
A Funny Thing Happened on the Way to the Forum (Golfus de Roma, 1966), su última película.


Para 1934 Keaton ya llevaba varios años embarcado en esto del cine sonoro. De hecho, la Metro-Goldwyn-Mayer, que lo mantenía bajo contrato, lo había utilizado en una serie de comedias en versiones multilingües. Keaton había tenido que hablar ya en alemán, francés y castellano, además de en inglés. En castellano intervino en Estrellados (1930), versión hispana de Free and Easy (1930), y De frente, marchen (1931), de Doughboys (1930), en la que compartía protagonismo con la donostiarra Conchita Montenegro. En ambas su personaje castellanizado recibía el nombre de Canuto.

En francés había rodado, en Hollywood, Buster se marie (1931) y Le plombier amoureux (1932) antes de aceptar la propuesta de viajar a Europa contratado por la Nero Films en la que su voz se dobla. Seymour Nebenzal, el titular de Nero Films, había tenido que escapar de Alemania tras la llegada al poder de Hitler y acogió en Francia a buen número de expatriados entre los que se encontraban Fritz Lang, Max Ophuls y Robert Siodmak .


Por lo demás, Le Roi des Champs-Elysees es una comedia de equívocos. Estos comeinzan cuando Buster aparece vestido de millonario por los Campos Elíseos reglando billetes de mil francos a diestro y siniestro. Pronto nos enteraremos que es el chico de los recados de una compañía automovilística y que los billetes son una especie de Plan Renove promovido por la industria para intentar capear la crisis económica. Así que por este lado el paralelismo con nuestra situación no puede ser más evidente.

A renglón seguido, Buster confunde el dinero de pega con cinco millones auténticos que reposan en la mesa del director. Y allá que se va, lanzándolos alegremente al aire, en la terraza de los cafés, a la gente que se encuentra por la calle. Tiene este tramo un inconfundible aire a lo René Clair. También nos ha venido a la memoria Darò un millione que les recomendamos hace algún tiempo. En un momento cómico reseñable, Buster lanza sus billetes sobre unos novios a punto de contraer matrimonio. Ella es particularmente fea. El prometido llena su sombrero de copa de billetes y sale corriendo: “¡Me he salvado! ¡Me he salvado!”.

En todas estas situaciones, Keaton aprovecha para incluir gags físicos. A veces se vale del atrezzo –el bastón de millonario, p.e.- y otras, simplemente, de su manera inimitable de ejecutar una acción sencilla, como abrir una puerta o sentarse. Todavía hay rutinas cómicas claramente slapstick –la evasión de la cárcel de pega, con escalera de mano incluida- y momentos de humor lírico, en los que los objetos cambian de función -los preparativos del suicidio-.

En cambio, en su relación con Germaine (Paulette Dubost), una camarera que no tiene para pagar en piso, todo tiene un aire de ternura chapliniana, ajeno a la relación habitual de Keaton con sus compañeras femeninas de la época muda.

Pero volvamos a los equívocos. Jim le Balafré (Keaton de nuevo), decano norteamericano de los delincuentes parisinos, escapa de la cárcel real en paralelo con la catastrófica evasión de Buster del presidio montado en el escenario. Los compinches de Jim se llevan a Buster a su guarida para que abra la caja fuerte con el botín del último golpe. Mientras tanto, el regidor del Theatre du Parc mete al rey de los gángsters parisinos en el coliseo. La obra, un policiaco ridículo, está siendo un verdadero fracaso.

El germano-polaco Max Nosseck firma la dirección pero en las fichas figura Robert Siodmak como supervisor. Jean Delannoy, que actuó como montador, asegura que mientras el primero rodaba de día, el otro se hacía cargo del rodaje nocturno para recuperar el tiempo perdido tras el despido de Robert Wyler (primo de William lo mismo). El biógrafo de Siodmak afirma que las escenas más reneclairinas –el coro de los empresarios arruinados, el de los gángsters que dan la bienvenida a su jefe cantando y el reparto de billetes- son obra suya. Algunos planos de la persecución policial proceden de otra producción de Nebenzal, Das testament des Dr. Mabuse (El testamento del doctor Mabuse, 1939), de Fritz Lang.

Las secuencias en las que los dos Keaton se encuentran en la guarida de los gángsters, llena de trampillas y puertas ocultas, están perfectamente resueltas. La persecución se prolonga hasta el teatro. Los espectadores, que habían quedado sumidos en el sopor, se despiertan con la batahola de tiros. La orquesta intenta seguir el ritmo frenético de la acción y la obra “Le Roi des Champs-Elysees” es un éxito absoluto.

En cambio,
Le Roi des Champs-Elysees, la película homónima, deja hoy un regusto extraño, acaso, por esta multiplicidad de registros. En España se estrenó durante las Navidades de 1934 con una insistente campaña de prensa de la distribuidora U-Films. Las gacetillas insistían en lo inesperado de ver a “Pamplinas” como cabecilla de unos gángsters y subrayaban el hecho de que sonriera en el plano final, al besar a Paulett Dubost. En se proyectó, sin demasiado eco, con el título de “The Champ of Champs Elysees”.


De vuelta Estados Unidos, previo paso por Gran Bretaña donde rodó la ignota The Invader (1935), Keaton se embarcó en una serie de comedias de dos rollos para la modestísima Educational Films Corporation of America de Al Christie. Ya los proyectaremos en alguna matiné en la carpa.

Epílogo Pitouto
Una simple mención al español Pedro Elviro “Pitouto” cuya carrera como actor de reparto, después de haber intervenido activamente en el cine español durante los años veinte, continuó en Francia en los treinta. En Le Roi des Champs-Elysees interpreta al gángster bajito y metepatas. Al finalizar la Guerra Civil “Pitouto” se exilia en México donde es frecuente verle secundando a “Tin Tan” o a “Cantinflas”.




Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934)
Producción: Nero Film (FR)
Director: Max Nosseck. Supervisor: Robert Siodmak.
Guión: Arnold Lipp. Diálogos: Yves Mirande.
Intérpretes: Buster Keaton (Buster Garnier / Jim Le Balafré), Paulette Dubost (Germaine), Madeleine Guitty (Madame Garnier), Lucien Callamand (el director de la empresa de automóviles), Paul Clerget (el director del Theatre du Parc), Gaston Dupray (el regidor), Colette Darfeuil (Simone), Jacques Dumesnil (un gángster), Pierre Piérade (un gángster), Raymond Blot (un gángster), Pedro Elviro “Pitouto” (el gángster bajito), Jim Gérald.
70 min. Blanco y negro.

26 de enero de 2013

Buster y Narizotas: la tradición del vodevil




Speak Easily (Piernas de perfil, 1932), Edward Sedgwick

Después del fracaso absoluto de la que Keaton consideraba sin paliativos su peor película —Sidewalks of New York (1931), dirigida a cuatro manos por Zion Myers y Jules White— M-G-M decide emparejar a Keaton con una estrella emergente del nuevo cine sonoro: Jimmy “Narizotas” Durante.


Narizotas
Durante había comenzado como pianista en cervecerías neoyorquinas y organizó una banda de ragtime con la que actuaba en Coney Island. En los años de la Prohibición regentó uno de los garitos clandestinos de moda entre la gente de Broadway: el Club Durant. Al final de la década debutó en la revista de la mano de Florenz Ziegfeld en Show Girl y la avalancha del cine sonoro lo arrastró a la pantalla en la producción Paramount Roadhouse Nights (1929).


Durante firmó entonces un contrato con la Metro que le llevó a coprotagonizar con Keaton tres comedias dirigidas por el inevitable Sedgwick: The Passionate Plumber (1932) —de la que también se rodó la versión en francés Le plombier amoureux—, Speak Easily (Piernas de perfil, 1932) y What! No Beer? (Queremos cerveza, 1932). Luego, su carrera cinematográfica fue languideciendo, relegándolo la industria a papeles secundarios, pero en el music-hall, la radio y, más delante, en la televisión siguió teniendo estatus de estrella. Uno de sus grandes éxitos fue el musical Jumbo (1935). Su entrada en el escenario huyendo de los acreedores con un elefante se convirtió en uno de los grandes momentos del musical de Broadway y de la comedia. Un policía le daba el alto:
—¿A dónde va usted con ese elefante?
Durante miraba por encima del hombro, hacía una pausa y contestaba:
—¿Qué elefante?



Su estilo agresivo, sus réplicas rápidas trufadas de slang y su físico excesivo, debían actuar por contraste al ritmo pausado de Keaton, a su voz modulada y a su inexpresividad facial. Debían…

El clown y el augusto
Aunque ambos proceden de la tradición del vodevil y podrían haber constituido una pareja clásica —Durante, el clown; Keaton, el augusto— el resultado es como mezclar agua y aceite.

Como botón de muestra hemos cogido Speak Easily (ojo, porque va en versión doblada):


El argumento propone el encuentro entre el profesor Post (Keaton), un tipo apocado que se lanza a correr mundo creyendo haber heredado una fortuna de 750.000 dólares y James (Durante), el factótum de una compañía de vodevil que recorre pequeñas ciudades estadounidenses intentando que no les atrape la policía del villorrio donde han ofrecido la última función. La supuesta fortuna del profesor y su amor a primera vista por una de las bailarinas (Ruth Selwyn) propulsa a la compañía hacia Nueva York y a la película hacia la parodia del patrón —ya clásico, en apenas un  trienio de producción sonora— del backstage musical. Ya saben ustedes: las tribulaciones de una compañía con todo en contra para alcanzar el éxito en Broadway.


Baste decir que, cuando el diálogo es eficaz, supera a casi todos los batacazos y meteduras de pata entre bambalinas de Keaton. Hay un buen gag verbal cuando el profesor propone recurrir a los clásicos: Aristófanes, por ejemplo.
—¿De dónde es? No lo conozco.
—Era griego.
—Perfecto. Hay un millón de griegos en Nueva York.

O cuando el profesor argumenta que, para ser rigurosos, Eleanor Espere (Thelma Todd) debería bailar desnuda.
—No sé si colaría en Grecia… En Nueva York, seguro que no.



Si los dúos Keaton/Durante resultan siempre un poco desangelados, la pantalla se ilumina cuando aparece en ella la princesa del slapstick ThelmaTodd. Su descaro, su capacidad para hablarse de tú a tú con el Gran Cara de Palo como comediante y su evidente sex-appeal pre-code proporcionan a Keaton una partenaire ideal para realizar una pantomima de borrachera, que se encuentra entre lo más logrado de la cinta.



Speak Easily (Piernas de perfil, 1932)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Edward Sedgwick.
Guión: Edward Sedgwick y Ralph Spence, de un argumento de Clarence Budington Kelland.
Intérpretes: Buster Keaton (el profesor Timoleon Zanders Post), Jimmy Durante (James), Ruth Selwyn (Pansy Peets), Hedda Hopper (su madre), Thelma Todd (Eleanor Espere), William Pawley (Griffo), Sidney Toler (el director de escena), Ed Brophy (Reno, el regidor), Lawrence Grant (Bolton), Henry Armetta (Tony).
81 min. Blanco y negro.

24 de enero de 2013

La pulga saltarina de Keaton



Hace unos meses se estrenaba en el Matadero de Madrid una función de marionetas y fantoches urdida por el talento múltiple de Víctor "Coyote" Aparicio. Se titulaba "Ukelele, la pulga que salta" [http://www.mataderomadrid.org/ficha/1575/ukelele-la-pulga-que-salta.html]y contaba la singladura del "cavaquinho" portugués hasta las lejanas islas de Hawaii, donde se convirtió en "ukelele".



Esta guitarrita, divertida y juguetona, se convirtió muy pronto en uno de los instrumentos favoritos de numerosos artistas del vaudeville americano y el music hall británico, y también, en el primer instrumento de numerosos músicos de renombre.



Keaton era un gran aficionado al ukelele, instrumento que formaba habitualmente parte de su equipaje. Nuestra amiga Lior Shoov, genial música callejera y excelente payasa, ha encontrado para nosotros estas tres piezas en las que podemos ver al genial actor con su inseparable ukelele.

En Doughboys (1930) con Ukelele Ike:



En Pest from the West (1939):



Y en Canadá, durante el rodaje de The Railrodder (1965):


Como postre incluimos otras tres piezas musicales interpretadas por tres clásicos del instrumento:

Cliff Edwards (Ukelele Ike) en Take A Chance (Monte Brice y Laurence Schwab, 1933) 

 

Roy Smeck, "Wizard of the Strings," toca la guitarra, el ukulele y el banjo como demostración del nuevo sistema Vitaphone, en His Passtime (1926):

 

Y George Formby con un banjolele (una mezcla de banjo y ukelele). Es hijo de George Formby Sr., artista de una troupe de music-hall en la que militaba Charles Chaplin, antes de viajar a Estados Unidos. La película es Keep Your Seats, Please (Monty Banks, 1936):

 


22 de enero de 2013

Canuto de la Montera se va a la guerra




Doughboys / De frente, marchen (1931), Edward Sedgwick

Doughboys es una comedia cuartelera —tan habituales en el teatro francés— a costa de las penurias de los soldados rasos durante la Gran Guerra. El patrón lo había marcado marcado Chaplin en Shoulder Arms (Armas al hombro, 1918) cuando aún los hechos estaban recientes.



Elmer Stuyvesant II
Keaton había bordado su retrato de un pazguato metido por amor en un lío colosal, en The General (El maquinista de la General, Buster Keaton y Clyde Bruckman, 1926). El argumento se combina en esta ocasión con la presentación del petimetre millonario que ya había sido en The Saphead (Ingenuo y afortunado, Herbert Blaché y Winchell Smith, 1920), The Navigator (El navegante, Donald Crisp y Buster Keaton, 1924) o en Battling Butler (El último round, Buster Keaton, 1926), el hombre menos indicado para salir adelante ante cualquier pequeño obstáculo, acostumbrado como está a toda clase de atenciones y a la satisfacción inmediata de cualquier capricho.


Todo arranca cuando Elmer se encuentra con que, en lugar de una oficina de contratación para conseguir un nuevo chófer, se ha alistado en el ejército. El sargento Brophy (Ed Brophy) —gritón, malhablado y cascarrabias, en la mejor tradición de los “sargentos de hierro” que en la pantalla han sido— es el encargado de domeñar a esta caterva de tipos patibularios en la que Elmer no encuentra su sitio. Su único amigo es un actor de variedades llamado Nescopeck (Cliff “Ukelele Ike” Edwards).


El único motivo de alegría es encontrarse a su adorada Mary (Sally Eilers) en el campamento de entrenamiento. Claro que el sargento también está interesado en ella. Una carrera en pelo de ida y vuelta es el gag típico de esta primera parte de la cinta en la que también destacan una salida de la enfermería con reingreso inmediato y la lipotimia de los novatos cuando el sargento les explica cómo utilizar la bayoneta para sacarle las tripas al enemigo.


Durante la travesía a Europa uno de los grandes momentos de la película: el interludio musical protagonizado por Ukelele Ike, Keaton y el mismísimo Edward Sedgwick:



Es el prólogo al hilarante número de vodevil con el que los soldados pretenden entretener a las tropas. Keaton sale travestido y protagoniza un número de danza apache, que para eso estamos en Francia. Una vez más, demuestra cómo se ganó el apelativo de “la bayeta humana”.


Queda, claro, la vida en las trincheras, el heroísmo inesperado y la conquista del corazón de Mary.


Canuto de la Montera
En la versión española, rodada contemporáneamente a la original con Keaton memorizando sus diálogos en español, Elmer J. Stuyvesant se convierte en Canuto de la Montera.



Algunos actores comparten también versión. En cambio, Mary está encarnada por la donostiarra Conchita Montenegro y el papel de sargento gritón de Ed Brophy recae en el motriquense Juan de Landa y el de “Uklele Ike” en el toledano Romualdo Tirado. Ambos son habituales en la docena de versiones españolas rodadas por la M-G-M entre 1930 y 1931.



En el myspace de Juan B. Heinink [http://www.myspace.com/jbheinink] hemos encontrado estas fotos que atestiguan no sólo el trueque de actores sino que el baile apache y la canción de “Ukelele Ike” con Sally Eilers fue sustituida por una coreografía burlesca en que se recreaba una castiza corrida de toros.




Doughboys (1930)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Edward Sedgwick.
Guión: Richard Schayer, con argumento y diálogos de Al Boasberg y Sidney Lazarus.
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer J. Stuyvesant), Sally Eilers (Mary), Cliff “Uklele Ike” Edwards (Nescopeck), Edward Brophy (sargento Brophy), Victor Potel (Svendenburg), Arnold Korff (Gustave, el mayordomo), Frank Mayo (el capitán Scott), Pitzy Katz (Abie Cohn), William Steele (teniente Randolph), Edward Segwick (el cocinero).
79 min. Blanco y Negro.



De frente, marchen (1930)
Versión española y Supervisión: Salvador de Alberich.
Intérpretes: Buster Keaton (Canuto de la Montera), Conchita Montenegro (Mary), Romualdo Tirado (Pepe Alegría), Juan de Landa (el sargento Gruñón), Victor Potel (Adormidera), Martin Garrálaga (el capitán Scott), Francisco Madrid (Sánchez), Hans von Morhart (Fritz), Gabry Rivas (El comandante), Rosita Granada (Rosita), Lolita Méndez (Lolita).
96 min. Blanco y negro.



19 de enero de 2013

De Pamplinas a Canuto Cuadratín: Keaton en los platós sonoros de M-G-M





Free and Easy / Estrellados (1930), Edward Sedgwick

El cambio tecnológico que supone la transición al sonoro entre 1928 y 1929 es un petardo en el culo de Hollywood. El negocio se revitaliza en tiempos de profunda crisis económica y los espectadores acuden ansiosos a presenciar el nuevo espectáculo, pero el proceso no tiene marcha atrás. Además, existe el gran inconveniente del mercado no doméstico, fuente importantísima de ingresos. Francia, Alemania, Italia… podrían recuperar el terreno perdido en los últimos años si son capaces de producir películas sonoras. Pero, sobre todo, está el inmenso mercado hispanohablante. Aún no existe la posibilidad de doblar: el sonido debe ser registrado en directo en el estudio.

Aprenda español en dos semanas
La alternativa son las nuevas versiones hispanas de éxitos probados por las que la Metro-Goldwyn-Mayer apuesta desde el principio. Cójase, por ejemplo, The Big House (1930), encárguese la traducción a un escritor español, aprovéchense los planos generales del motín de los presos en la película matriz y, con una moviola en el plató, reprodúzcanse plano a plano las escenas dialogadas con Juan de Landa en el papel de Wallace Beery y José Crespo en el de Chester Morris. ¿Resultado? El presidio (1930), cinta de notable éxito de crítica y público tanto en España como en Hispanoamérica.


Pero qué pasa cuando la estrella es insustituible. Se pueden buscar clones de actrices de Broadway en los escenarios del resto del mundo. Hay una Claudette Colbert hispana, un Chevalier español… Un puñado de actores latinoamericanos asentados en Hollywood pueden rodar en los dos idiomas sin problemas. Pero, ¿qué hacemos con los reyes de la comedia, cuyo ritmo y estilo son insustituibles, con los Laurel y Hardy, con los Keaton? Pues ponerlos a hablar español. Que se aprendan los diálogos fonéticamente y rueden la escena primero en inglés con el reparto original y luego en español con el elenco hispano.


Así es como Free and Easy se convierte en Estrellados y Elmer J. Butts, el personaje que Keaton asumirá en esta rencarnación sonora, en Canuto Cuadratín. La invención ha de atribuirse a Salvador de Alberich, traductor del guión original, adaptador de los retruécanos verbales y supervisor en el rodaje de la interpretación de los actores hispanos, puesto que de la dirección de ambas versiones se encarga Edward Sedgwick.

Elmer J. Butts
Keaton encarna a Elmer J. Butts, un comerciante de un pueblecito de Kansas, que acompaña a la miss local (Anita Page) a Hollywood como agente, aunque tiene que soportar el continuo maltrato de una madre despótica (Trixie Friganza).


La Metro aprovecha esta trama para mostrar sus nuevos estudios sonoros, el trabajo con la orquesta en sus nuevos platós sonoros y a algunas celebridades como Fred Niblo o Cecil B. DeMille. Mientras ellos charlan, Elmer intenta colarse en la conversación para no ser expulsado por el policía del estudio, en una metáfora involuntaria de la situación de Keaton en el estudio de Leo, el león.


Por lo demás, ya conocen ustedes el argumento del pez fuera del agua: un metepatas que va arruinando escenas, efectos especiales y figuraciones hasta que alguien descubre que es un estupendo actor cómico. La madre resulta idónea para darle la réplica como mujer implacable y la miss de Kansas, que nunca ha querido ser actriz, termina casándose con el galán hollywoodense.


Por el camino, la posibilidad de hacer un somero censo del tipo de producciones que se estilaban en aquel momento de transición: de la farsa de dormitorio en la que aparece Lionel Barrymore como director hasta la opereta que dirige Fred Niblo; de la película de aventuras derivada del serial con la heroína (de nuevo Dorothy Sebastian) a punto de saltar por los aires por la explosión de un barril de pólvora al musical excéntrico que ruedan Elmer y Ma Plunkett.


El registro, ya lo hemos dicho, fluctúa más que la Bolsa de Valores. Además de sus clásicas caídas y de una dolorosa escena en que una sucesión de matronas lo zarandean, lo vapulean y lo pisotean, Keaton se ve obligado a interpretar escenas románticas y alguna otra sentidamente dramática. Por suerte, hay hacia el final un par de rutinas musicales que alivian algo el tono del conjunto y sirven a Keaton para desinhibirse un poco.


El maquillaje de payaso que lleva en la película dentro de la película tiene un propósito bien definido. En la última secuencia, mientras las chicas del coro cantan y el resto de actores bailan al estilo de un gran final de revista Elvira saluda cariñosamente a Larry. Así, en lugar de terminar con la nota optimista del musical, la cinta muestra un primer plano patético del actor con el corazón destrozado por la maldición del payaso triste.

Canuto Cuadratín
La publicidad de Estrellados afirma que se puede aprender castellano en dos semanas: Keaton lo ha hecho para rodar la cinta.


Se responsabiliza de la traducción de los diálogos y de la dirección de los mismos, bajo la supervisión de Sedgwick, Salvador de Alberich. Es éste un hombre de teatro afincado en Hollywood desde los años veinte. El estudio lo tiene contratado como responsable de publicidad para el potente mercado hispano. No debe extrañarnos, por tanto, que cuando se comienzan a realizar las versiones multilingües sea él el encargado de coordinarlas. Con Edgar Neville tendrá más de un rifirrafe por lo que vino a llamarse “la guerra de los acentos”. En Estrellados, además de la traducción y la supervisión, interpreta a uno de los directores.


La crítica de la versión española es inclemente. El diario ABC, por ejemplo, la califica de “deplorable botón de muestra” del cine parlante en el que “un clown genial rompe a balbucir en castellano, como los del circo, y, en fuerza de chocante, resulta cómico. Preferimos, sin embargo, toda su gesticulación silenciosa y todas sus películas precedentes”. (4 de noviembre de 1930. p. 10.)


Vista la película hace un par de décadas no nos atrevemos a llevar la contraria al comentarista. Sin embargo, no es menos cierto que la versión original, aquejada de una estructura errática y de continuos cambios de registro, tampoco es un dechado de salero.



Free and Easy (1930)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Edward Sedgwick.
Guión: Richard Schayer, Paul Dickey. Diálogos: Al Boasberg.
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer J. Butts), Anita Page (Elvira Plunkett), Trixie Friganza (Ma Plunkett), Robert Montgomery (Larry Mitchell), Edgar Dearing (el policía del estudio); e interpretándose a sí mismos: Fred Niblo , Lionel Barrymore, William Haines, Dorothy Sebastian, Gwen Lee, William Collier Jr., David Burton.
92 min.

Estrellados (1930)
Versión española y Supervisión: Salvador de Alberich.
Intérpretes: Buster Keaton (Canuto Cuadratín), Raquel Torres (Elvira Rosas), María Calvo (su madre), Don Alvarado (Larry Mitchell), Juan de Homs (el director), Salvador de Alberich (otro director), Carlos Villarías (Jack Collier), Joe Dominguez (el ayudante de dirección), Enrique Acosta Un invitado), Emile Chautard, Julio Abadía; con la participación de Cecil B. De Mille, Fred Niblo, Lionel Barrymore y William Haynes.