28 de febrero de 2013

Dioses en el crepúsculo




Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950), Billy Wilder
El 3 de mayo de 1949 Buster Keaton ingresa en el “gabinete de las figuras de cera”. Entre las nueve de la mañana y las cuatro y media de la tarde, queda inmortalizado para la eternidad cinéfila. No es el Museo de Madam Tussaud sino el nombre que el guionista Goe Gillis (William Holden) da a la colección de viejas glorias que se reúnen para jugar al bridge en la decadente mansión de Norma Desmond (Gloria Swanson).



El convidado (de la cara) de piedra
No esperen ustedes un comentario sobre este monumento de la filmografía wilderiana, lo que equivale a decir de la cinematografía de todos los tiempos, que es Sunset Boulevard. Si no la tienen reciente, repasen el “¡No necesitábamos palabras, teníamos rostros!” o el “Cuando usted quiera, señor DeMille”.


Ni siquiera nos detendremos en el perfil de Eric von Stroheim en el papel de fiel criado, que, en perfecta sintonía con Wilder, propone un fragmento de su inacabada Queen Kelly para que la vieja estrella le muestre a su joven amante la esencia del arte silente. Deliciosamente masoquista, la escena no alcanza el abismo que pretendía el divino calvo cuando propuso a su paisano Wilder que lo rodara lavando con mimo la ropa interior de la anciana.


Nos limitaremos a comentar brevemente la secuencia del “gabinete de las figuras de cera”. Bajo la atenta mirada de Max y sin dejar pasar una oportunidad para humillar a Joe, Norma Desmond juega una aburrida partida de cartas con Anna Q. Nilsson, H.B. Warner y… Buster Keaton.


Anna Q. Nilsson nació en Suecia en 1888. Al terminar sus estudios emigró a Estados Unidos donde trabajó como modelo antes de ser contratada por la compañía Kalem en 1911. Después de la Gran Guerra trabajó para First National y para la antecesora de la Paramount, Famous Players-Lasky. 


Para esta compañía protagonizó el melodrama circense The Side Show of Life (1924). Tras un paréntesis producido por un accidente en 1928 y superado el trauma del sonoro, la actriz se reincorporó a los platós en papeles de reparto a partir de 1933.



Henry Byron Warner nació en 1875 en Londres, en el seno de una familia dedicada al teatro. Encarnó para Cecil B. DeMille —que también hace un importante cameo en la película— al mismísimo Jesucristo en la versión de King of Kings de 1927. Treinta años más tarde se despediría de la pantalla con otro pequeño papel a las órdenes del mismo director en The Ten Commandments (Los diez mandamientos, 1956).


Realizó la transición al sonoro en la Paramount para la que protagonizó uno de los primeros títulos parlantes: The Doctor's Secret (William C. de Mille, 1929).


Como dando la razón a Norma Desmond, ninguno dice más allá de un par de palabras, Buster Keaton hace gala de su peculiar estoicismo al pronunciar dos veces: “paso”.

Gagman a cien dólares semanales
Al final de la década de los cuarenta Keaton tiene pequeños papeles en algunos títulos como en In the Good Old Summertime (1949). Para entonces, lleva ya una década ideando chistes por cien dólares semanales. Así, ha colaborado con todos los grandes comediantes del sonoro: desde los hermanos Marx en At the Circus (Una tarde en el circo, 1939), pasando por Laurel y Hardy en Nothing But Trouble (1944) hasta Red Skelton en la que fue la colaboración más fructífera de toda su carrera como gagmam: Watch the Birdie (1950) era un remake de The Cameraman (El cameraman, 1930) y I Dood It (1943), dirigida por Minnelli, reciclaba varios gags de Spite Marriage (El comparsa, 1929)

El encargo para la producción de In the Good Old Summertime consistía en coreografiar una escena en la que un personaje caía encima de un violín y lo destrozaba. Terminaron contratándolo para interpretar el papel… con un aplique capilar bastante hiriente. Es su regreso a la Metro-Goldwyn-Mayer como actor después de tres lustros.

La escena del encuentro entre Van Johnson y Judy Garland al principio de la cinta, cuando él consigue arruinar su sombrilla y el absurdo sombrero con una paloma y unas cerezas lleva su firma:


El año siguiente desembarcó en la televisión con The Buster Keaton Show (1950).

Susnset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950)
Producción: Paramount Pictures (EEUU)
Director: Billy Wilder.
Escritores: Charles Brackett y Billy Wilder.
Intérpretes: William Holden (Joe Gillis), Gloria Swanson (Norma Desmond), Erich von Stroheim (Max Von Mayerling), Nancy Olson (Betty Schaefer), Fred Clark (Sheldrake), Lloyd Gough (Morino), Jack Webb (Artie Green), Cecil B. DeMille, Hedda Hopper, Buster Keaton, Anna Q. Nilsson, H.B. Warner.
110 min. Blanco y negro.

25 de febrero de 2013

Keaton en México (y no)



Dedicada al Abuelito


El moderno Barba Azul (1946), Jaime Salvador

Ya saben como son estas cosas: uno se entrega prisionero al acabar la Segunda Guerra Mundial en el primer país que se le presenta y lo toman por un moderno Barba Azul con seis uxoricidios a las espaldas. ¿Modo de escapar de una condena a muerte segura? Embarcarse en el cohete de un sabio atómico mexicano con sobrina de buen ver.


Keaton en el Desván
A El moderno Barba Azul le dedicó nuestro venerable Abuelito una sentida entrada. Poco podemos añadir a lo dicho por él, salvo insistir en el parentesco de la película con la obra de nuestro santo patrón. Aunque argumentalmente esté más próxima a El astronauta, con Tony Leblanc, que a Le voyage dans le lune, lo cierto es que Jaime Salvador lo tenía muy presente en, al menos, tres momentos:el congreso de sabios astrofísicos...


… la despedida de los astronautas...



… y el vestuario que los protagonistas se enfundan para pasar desapercibidos entre los selenitas…



… son otras tantas estampas mélièsianas.


Cuando se exhibió la película en París el insigne crítico André Bazin escribió que no se atrevía a desaconsejarla a la fanaticada keatoniana; “el fantasma de un genio como Buster Keaton merece no ser totalmente abandonado en esta triste aventura”. [L’Ecran Français, 5 de abril de 1949.]

Exiliados españoles en México
Keaton rodó esta vilipendiada (y razonablemente divertida) cinta en México, con producción de Alexander Salkind, cuando se le acabó el contrato con Educational Pictures y antes de empezar la serie de cortos para la Columbia, cuando se ganaba la vida escribiendo gags para el estudio que le dio la puntilla, M-G-M.


  
El director es el español exiliado Jaime Salvador —su hermano Julio se quedó en España donde rodó, por ejemplo, Apartado de correos 1001— y en el reparto hay al menos otros dos comediantes insignes que tomaron el mismo camino: Ángel Garasa y Pedro Elviro "Pitouto". Por la parte azteca el siempre mondante Fernando Soto "Mantequilla".

 

Ángel Garasa marchó a México en 1937 y obtuvo la nacionalidad mexicana, como más tarde haría Buñuel. En 1941 obtuvo el premio de interpretación de la Asociación de Periodistas Cinematográficos como actor de apoyo a Jorge Negrete en la comedia ranchera ¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1941). Su personaje atiende por “El Malasuerte” pero a él no le pudo traer mejor fortuna. En sus siguientes proyectos actuó como protagonista o coprotagonista, convirtiéndose en partener habitual de Mario Moreno “Cantinflas” a partir de Los tres mosqueteros (1942). En cuatro décadas en el cine mexicano interpretará numerosísimos títulos, siendo también punto fijo en las producciones de Cesáreo González en las que Lola Flores o Carmen Sevilla paseaban flamenquismo por tierras charras y hacían de la confraternización transatlántica tema principal. Entonces se encasquetaba el sombrero cordobés y era, para el cinema azteca, el ideal tío de la folklórica.

En esta ocasión Garasa se presta al juego de darle la réplica a Keaton. Éste no chapuerrea en castellano más allá de tres palabras -“sombrero”, “prisionero” y “bonita”- pero a cambio se le da tiempo para que desarrolle algunas rutinas cómicas individuales: vendarse un dedo, montar a caballo, ordeñar una vaca… Es esta estructura dual, con adherencias del cine mudo la que produce la arritmia continua de que adolece la película.

Un Keaton apócrifo
El colmillo de Buda es una reliquia conservada en un templo de Ceilán, pero también juguete cómico de Pedro Muñoz Seca estrenado en diciembre de 1919 en el Teatro de la Comedia de Madrid y al que se le dieron 63 representaciones, lo que no está nada mal. Protagonizaba entonces este tour de force cómico el comediante Juan Bonafé en el papel de un hombre pusilánime que se cree intocable al entrar en posesión de un amuleto denominado “el colmillo de Buda”. A partir de ese momento el protagonista se dedica a repartir porrazos y puntapiés a cuantos se le ponen por medio y le molestan, en un recorrido que lo lleva por medio mundo. Sobre esta mínima trama urde Muñoz Seca un astracán rico en retruécanos, viajes abracadabrantes por medio mundo y bayaderas seductoras… una de ellas encarnada por Aurora Redondo, a quienes ustedes recordarán como la madame Bernarda de Ninette y un señor de Murcia.


Juan Bustillo Oro realizó una desubicada adaptación de la comedia de Muñoz Seca en 1949. Esta vez el protagonismo absoluto recaía en Ángel Garasa cuyo personaje atendía por Exquisito Churro. En las bases de datos filmográficas se atribuye el otro papel principal a Keaton. Sentimos decepcionarles, pero después de rastrear abundante documentación y consultar la biblia del cine mexicano, la monumental enciclopedia de otro exiliado español, Emilio García Riera, tenemos que afirmar que Buster Keaton nunca figuró en el reparto de El colmillo de Buda.


No obstante, dado que nos hemos entretenido en localizar alguna crítica y un argumento detallado, damos cuenta del contenido de la cinta, que a buen seguro hará las delicias del Abuelito.

En la colección de chinoiseries de míster Elder Hale (Charles Rooner) ocupa lugar preminente el colmillo de Buda, robado de un templo de Calcuta. Inevitablemente los miembros de una secta de adoradores de Buda, comandada por el príncipe Kalamor (Rafael Alcayde) están empeñados recuperar la reliquia. Benítez (Fernando Cortés), se ofrece a ayudarlos a introducirse en la mansión a cambio de una suculenta suma. Cuenta para ello con un disfraz de gorila con el que pretende sustituir al feroz primate Galaor, que míster Hale tiene como custodio de sus tesoros y de las dos bellas orientales que constituyen su particular serrallo: Adjacapatra (la rumbera Amalia Aguilar) y Egidsa (Sara Montes).

Benítez le propone a su amigo Exquisito (Ángel Garasa) que lo sustituya mientras él se enfunda el disfraz de gorila. Pero Emérita (Consuelo Guerrero de Luna), la mujer de Exquisito, ha aprovechado para pignorar el traje de simio. Total, que creyendo que se enfrenta a un hombre disfrazado, Exquisito se enfrenta al gorila auténtico, al que los miembros de la secta han dejado suelto, y lo derrota. Míster Hale lo contrata entonces como su guardaespaldas personal. Ambos se trasladan a la mansión de coleccionista y se dan la gran vida. Cuando una bailarina pretende cargárselo durante la ejecución de la “danza del puñal” exquisito sale indemne gracias a la protección del colmillo de Buda, que él cree que lo vuelve invulnerable.

Los de la secta se llevan a Exquisito a Calcuta y le dan tratamiento de rey… a cambio de que les devuelva el colmillo. Pero, mientras esté en posesión de la reliquia, Exquisito se dedica a repartir mamporros a diestro y siniestro y a disfrutar de su nuevo harén, en cuya cúspide coloca a la bella Adjacapatra. Al final, lo pierde. Emérita los salva, a Benítez y a él, de una muerte lenta y cruel a cambio de la joya y de que el príncipe Kalamor, enamorado también de Adjacapatra, los devuelva a México y les ponga una taquería.



Cuando tuvo oportunidad de verla —algo que nosotros no hemos logrado— Emilio García Riera no encontró ni una cosa buena que destacar: le molestaba el frase castizo de Garasa en una cinta ambientada en México, le cansaban los retruécanos de Muñoz Seca, le aburría la verbosidad del libreto de Bustillo Oro y le empalagaba la ambientación orientalizante. “La cinta contenía un solo gag visual (el del zapato usado como cenicero) e insistía en deducir implicaciones eróticas, pero muy supuestas, en el tratamiento de lo oriental”.

Como les decíamos, Keaton nada tuvo que ver con ello.


El moderno Barba Azul (1946)
Producción: Alsa Films (MX)
Director: Jaime Salvador.
Guión: Victor Trivas, Jaime Salvador.
Intérpretes: Buster Keaton (el náufrago), Ángel Garasa (el asesino), Virginia Serret (Aurora, la sobrina del profesor), Fernando Soto “Mantequilla” (el alcalde), Óscar Pulido (el alienista), Pedro Elviro “Pitouto” (el profesor), Luis G. Barreiro, Guillermo Bravo Sosa, Ramón G. Larrea, Jorge Mondragón, José Elías Moreno, Ignacio Peón, Enriqueta Reza, José Torvay.
98 min. Blanco y negro.
  

22 de febrero de 2013

El Mago Mordini




The Spook Speaks (1941), Jules White

El Mago Mordini (Lynton Brent) se va de gira durante seis semanas. Su antiguo asistente ronda la casa, empeñado en robarle sus trucos como venganza por haberlo despedido. Buster (Keaton) y Elsie (Ames) son contratados como guardeses para que no pueda llevar a cabo sus desleales planes.


La casa esta aislada. La tormenta arrecia. El ambiente es ominoso. Una médium recién casada (Dorothy Appleby) llega a la casa para pasar su luna de miel. Se va la luz… y Mordini se ha dejado allí a Orson, el pingüino patinador.


A partir de aquí todo es un barullo mil veces visto de casa encantada en la que se oyen ruidos extraños, vuelan fantasmas y esqueletos, los muertos vuelven a la vida y las trampillas se tragan a los vivos.


El autor de los “sustos” es el antiguo ayudante, al que da vida Bruce Bennett, conocido una década atrás como Herman Brix y protagonista del serial producido por Edgar Rice Burroughs The New Adventures of Tarzan (Las nuevas aventuras de Tarzán, 1935).


No fue un periodo especialmente feliz para Keaton pues se vio emparejado por el estudio con el director Jules White, con quien nunca congenió.

Jules White
Lo menos que se puede decir de White era que sabía lo que quería. Lo logró en la década de los cuarenta con la creación de un trío al que llevó a las más altas cotas de popularidad de la comedia de mamporros: “The Three Stooges”.



White, nacido Julius Weiss en 1900, siguió los pasos de su hermano Jack en la industria del cine. Con él ingresó en la Educational Pictures de los años veinte. En 1926 empieza a dirigir comedias de dos rollos y, con la llegada del sonido, logra introducirse en Metro-Goldwyn-Mayer. Junto a su amigo de la infancia Zion Myers crearon para la productora del león, la serie “Dogville”, parodias de los éxitos recientes protagonizadas por… perros, como The Dogway Melody and So Quiet on the Canine Front. Entre col y col, una lechuga: la única película sonora de Keaton en M-G-M que no dirigió Sedgwick: Sidewalks of New York (1931). Buster siempre dijo que no había hecho otra peor.


En 1933 pasó a la Columbia como responsable de la unidad de cortometrajes cómicos. En 1939, cuando contrata a Keaton, no tiene competencia en este campo. Las películas se facturan en tres días, con una modestia de localizaciones y repartos encomiables. En la decena de películas de dos bobinas que Keaton hizo en la Columbia se repiten los nombres de White en la dirección, Bruckman como guionista y Elsie Ames y Dorothy Appleby como compañeras de reparto.

Como director, Jules White adora la comedia cómica: los pinchazos en el trasero, los ojos desorbitados o bizqueantes, los porrazos en la frente, los mordiscos en las pantorrillas y las caídas sobre cactus, seguidas habitualmente de la réplica: “creo que algo le pasa a mi cabeza”. Poco que ver, desde luego, con la esencia del arte keatoniano.
-Hacer una comedia sin violencia es como hacer un western sin tiros —espetaba White a sus detractores—. ¿La gente se ríe? Entonces, es que he hecho bien mi trabajo.


En los mejores momentos, su modo de abordar la comedia nos recuerda a los dibujos animados de la Warner. En los peores… sentimos lástima por los actores vapuleados. La “bayeta humana” nunca había producido tanta pena como en la Columbia.

The Spook Speaks (1940)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Jules White.
Writers: Clyde Bruckman, Ewart Adamson.
Intérpretes: Buster Keaton (Buster), Elsie Ames (Elsie), Lynton Brent (el Mago Mordini, mago), Don Beddoe y Dorothy Appleby (la pareja de recién casados), John Tyrrell (el ayudante del Mago Mordini), Bruce Bennett (el anterior ayudante del Mago Mordini) y Orson, el pingüino patinador.
18 min. Blanco y negro.

19 de febrero de 2013

La vieja escuela




Pardon My Berth Marks (1940), Jules White

La secuencia en el coche-cama de Pardon My Berth Marks constituye un testimonio sin palabras de que, a pesar de los estragos del tiempo, Keaton seguía siendo un maestro de la pantomima y el ritmo.


Clyde Bruckman, cómplice necesario
Aprovechamos la brevedad de esta entrada para contarles de uno de los cómplices de Keaton a lo largo de toda su carrera: Clyde Bruckman.

Periodista de profesión, Bruckman se incorporó a la troupe de Keaton como gagman en 1923. Su primera película con él fue The Three Ages (Las tres edades, 1923) y siguió a su lado en las duras y en las maduras. Entre estas últimas, firmando los guiones Sherlock Junior (El moderno Sherlock Holmes, 1924), The Navigator (El navegante, 1924) y codirigiendo The General (El maquinista de la General, 1926).


También trabajó junto al Gordo y el Flaco en el estudio de Hal Roach entre 1927 y 1928, dirigiendo la celebrada The Battle of the Century (1926). Colaboró con Harold Lloyd en dos de sus primeras películas sonoras: Feet First (¡Ay que me caigo!, 1930) y Movie Crazy (Cinemanía, 1932). Y dirigió uno de los cortos de W.C. Fields en el estudio de Sennett The Fatal Glass of Beer (1933) y el largometraje Man on theFlying Trapeze (1935). Éste fue su último trabajo tras las cámaras. A partir de entonces, tuvo que conformarse con sentarse a la máquina de escribir.


Bruckman y Keaton siguieron colaborando en la Metro-Goldwyn-Mayer y compartieron estrecheces en Columbia Pictures. Cuando Keaton se marchó, Bruckman siguió trabajando para Jules White en las películas de los tres Stooges. Sus guiones recurrían una y otra vez al refrito. Al fin y al cabo, las películas de dos bobinas siempre había vivido de viejos gags reciclados. No era de esta opinión Harold Lloyd, que demandó a la Columbia por plagio hasta en cinco ocasiones. En 1955 le rescindieron el contrato.


Su muerte es una de esas hermosas leyendas de Hollywood. Fracasado profesionalmente, divorciado de mala manera y harto del olvido momentáneo que le ofrecía la botella, entró en un restaurante sabiendo que no podría pagar la cuenta. Tampoco le preocupaba. Al terminar de comer, se encerró en el aseo y se descerrajó un tiro con un revólver que le había prestado su amigo Buster.

Pardon My Berth Marks (1940)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Jules White.
Guión: Clyde Bruckman.
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer), Dorothy Appleby (Mary Crissman), Richard Fiske (Ted Crissman), Vernon Dent (el editor), Ned Glass (el hombre de la estación), Bud Jamison (el maquinista), Fred “Snowflake” Toones (el mozo del tren), Stanley Brown (un reportero), Eva McKenzie (Ma), Cy Schindell (Al Spumoni), Lynton Brent, Jack “Tiny” Lipson, John Tyrrell.
20 min. Blanco y negro.

16 de febrero de 2013

Buster Keaton vs. Elsie Ames




General Nuisance (1939), Jules White

La novena producción de Keaton en Columbia es General Nuisance, un corto que recicla la trama general de Doughboys (1930). Buster es el millonario Peter Hedley Lamar Jr. Les pide a dos enfermeras del campamento militar Cluster que le cambien la rueda de su lujoso automóvil —algo que se siente incapaz de hacer— y cae enamorado a primera vista de una de ellas (Dorothy Appleby), que pasa de él. La otra (Elsie Ames), una auténtica “gold digger”, se ofrece a arreglar el pinchazo.


En pos del amor, Peter se alista en el ejército. La escena en la que el médico ordena desnudarse a Peter es una de las que aparecían en Doughboys. De acuerdo con la personal concepción de la comedia de Jules White, tiene un desarrollo mucho más lento, pero también más violento. Sedgwick apenas cortaba el plano general, permitiendo a un Keaton más joven, algunas acrobacias, como colgarse de la lámpara del techo. White resuelve la escena en planos cortos y complica la acción al introducir al personaje del médico, interpretado precisamente por Nick Arno, el marido en la vida real de Elsie Ames.


Aunque no coinciden en pantalla, ella es la coprotagonista del resto de la historia y de su punto fuerte, una coreografía en la que ambos recurren a la violencia habitual de las rutinas de Ames y Arno, pero también bailan claqué con un par de cazuelas en los pies. El suspense está servido por la pirámide perolas que acaba de abrillantar Peter. Suspense por saber cuándo se van a derrumbar, claro, no por si van a caer o no, que de eso no hay duda.



El siguiente gag procede de Spite Marriage con la variante de una inversión de género. Peter se desmaya al arrojarse una piedra sobre su propia cabeza y Elsie intenta llevarlo a la enfermería. Después de varios intentos logra cargarlo en una carretilla, que se desploma por un terraplén en un remate típico de White y muy poco keatoniano.


La escena final funciona de modo análogo. En la enfermería Keaton tiene que tener la pierna en alto y las maniobras de Elsie para colocar el peso terminan con ambos colgando del techo alternativamente, con el derrumbe del cielorraso y la caída del enfermo de la habitación superior. Por si fuera poco, en el cuarto de al lado hay un loco empeñado en convertir en chuletillas a quien se le ponga a tiro de cuchillo de carnicero.


El clímax —pues de un auténtico clímax se trata— es una orgía de destrucción digna de un dibujo animado de la Warner. Lo menos que se puede decir es que Elsie Ames se entrega a ello con un furor digno de una princesa del slapstick y Jules White premia su entrega regalándole el último plano. Encolerizada porque Peter ha conseguido el corazón de Dorothy, agarra la pierna del enfermo del piso superior y la muerde con rabia caníbal.



General Nuisance (1940)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Jules White.
Guión: Felix Adler, Clyde Bruckman.
Intérpretes: Buster Keaton (Peter Hedley Lamar Jr.), Elsie Ames (Elsie, una enfermera), Dorothy Appleby (Dorothy, otra enfermera), Monty Collins (el sargento Michael Collins), Bud Jamison (el sargento médico), Nick Arno (el médico militar), Cy Schindell (el loco).

13 de febrero de 2013

Todo lo que usted no puede hacer hoy con su pareja




No se froten las manos: esto no va a ser es un breviario del erotismo marital. Se trata de una simple reseña de las actividades artísticas de la pareja de baile Elsie Ames y Nick Arno, que asombraron al mundo con sus danzas cómico-acrobáticas allá por los años cuarenta del pasado siglo.


El matrimonio conocido artísticamente como “Ames and Arno” ejecutaba en los escenarios una dislocación absoluta de la danza apache, una parodia bufa del cortejo y rendición que ponían en escena Astaire y Rogers… ¿Cómo? Recurriendo a una violencia desmesurada. Las cosas solían comenzar cuando, tras un pequeño traspiés dancístico, Elsie tumbaba a Nick con una llave de lucha libre y le mordía el pie con saña. Nick tomaba entonces a Elsie por una pierna o por el cuello y la hacía girar para arrojarla contra el suelo con furia inusitada al ritmo de la música. Aturdida, desorientada, Elsie se ponía en pie… y volvía a por más. Después del toma y daca coreográfico ambos caían rendidos. Dicen las crónicas que en estas pequeñas discusiones domésticas, Elsie siempre tenía la última palabra.


Ames and Arno pasaron del circuito del vodevil a trabajar en teatros respetables y, sobre todo, en restaurantes con espectáculo, donde los matrimonios estadounidenses disfrutaban con una sonrisa y una buena cena de una versión ligera de lo que luego iban a tener en casa. Tal es el caso del espectáculo de Earl Carroll: “The World Of Pleasure” (1940) donde compartían programa con las Sterner Sisters y otro especialista en violencia slasptick como Walter “Dare” Wahl:



Debutaron en el cine en una comedia musical de la Paramount al servicio del crooner Bing Crosby: Double or Nothing (1937). Repitieron estudio siete años después en Fun Time (1944). En 1951 todavía aparecieron en una producción de la modesta Monogram, Rhythm Inn (1951). Y, al parecer, seguían en activo en Houdini (El gran Houdini, 1953), aunque no hemos conseguido localizarlos en la copia que hay en nuestra videoteca de esta película.



Donde sí encontramos a Elsie en solitario es en papeles tragicómicos a las órdenes de John Cassavetes, para el que trabajó en Minnie and Moskowitz (Así habla en amor, 1971) y A Woman under the Influence (Una mujer bajo la influencia, 1974). Claro que los repartos de Cassavetes tendían a lo endogámico y Elsie era, a la sazón, la suegra de Soymour Cassel, uno de los actores fetiche del director.


De cómo la vapuleada Elsie terminó emparejada con Buster Keaton, alias “la bayeta humana”, en varios cortos de la Columbia entre 1939 y 1941, les contaremos en el siguiente capítulo.

Elsie Ames
18 de mayo de 1902, New Jersey - 3 de mayo de 1983, Northridge (California)