29 de julio de 2013

El mejor espectáculo de Santa Rita de Ibitipoca



O Palhaço (El Payaso, 2011), Selton Mello

La película brasileña O Palhaço finalmente se estrenó en España el 19 de abril después de haber obtenido el Premio del Público, el Colón de Plata a la Mejor Fotografía y una Mención Especial a la Dirección Artística en el Festival Iberoamericano de Huelva 2012. En su país obtuvo ni más ni menos que doce galardones del Cinema Brazil Grand Prize de 2012, algo así como “los Goya” brasileños. Entre ellos estaban los de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Guión Original. También fue seleccionada para optar al Oscar a Mejor Película de habla no inglesa.



Está escrita y dirigida por Selton Mello quien la define como  “una road-movie en la que lo más importante no ocurre en el viaje o el paisaje, sino dentro de los personajes”. La suerte para nosotros es que los viajeros, los personajes, trabajan en un pequeño circo brasileño y el ambiente que se respira tiene mucho de la poética brasileña, aunque algunos de los artistas de circo nos recuerdan a personajes de I Clown (Federico Fellini)  y a veces hay demasiado contraste entre la impecable dirección artística y el vistoso diseño de vestuario con la verdadera realidad de los pequeños circos y de la vida del interior del sur de Brasil.



La historia la protagoniza el payaso Benjamin (el propio Selton Mello) quien cansado del circo —del que es propietario su padre—, se siente un hombre sin identidad, sin número de la Seguridad Social ni un lugar fijo de residencia. Su único papel es una arrugada partida de nacimiento. Así que abandona el circo para sentirse una persona “normal”, instalarse en una ciudad, trabajar y conseguir una novia formal.


Benjamin nos produce la melancolía de quien tiene que hacer reír aún cuando su cuerpo le pide lo contrario y nos remite al “Ríe, payaso, ríe” aunque en esta ocasión la causa del mal del payaso Benjamin no sea una cuestión de celos o amores imposibles. Benjamin está triste porque está aburrido, no se encuentra entre los estrafalarios artistas del Circo Esperanza, un nombre que contrasta con las penurias de los artistas y la escasez de público, pero que apunta una última llama de ilusión y confianza en el futuro del circo y de sus personajes.



Los dos payasos, padre e hijo, son Pura Sangre (Paulo José, un actor curtido en decenas de series brasileñas de televisión) y Fastidio (el propio Mello como hemos dicho). Su número se basa en gags verbales que no son gran cosa, ingenuos, simples, pero que retratan al público a quien va dirigido, pobres campesinos, trabajadores de la caña de azúcar y mineros sin trabajo que todavía valoran el circo como escape de su monotonía diaria. Benjamin presenta con grandilocuencia “el mejor espectáculo de América Latina, de Europa y también de Santa Rita de Ibitipoca”.


La troupe es una mezcla variopinta de artistas de dudoso valor artístico: un falso forzudo, Lady Zaira (Teuda Bara) —una estrambótica y voluminosa mujer que quiere un nuevo sujetador para reemplazar el viejo, del que se le escapan los pechos—, un par de músicos obsesionados con cobrar los atrasos, Lola (Giselle Motta) —una voluptuosa bailarina de vientre y de sable, amante del viejo payaso y dueño del circo,  que de vez en cuando adelgaza la taquilla—, un mago, un enano, un larguirucho, una pareja de acróbatas…


Todos ellos se encomiendan al Santo Filomeno, patrón de los músicos, comediantes y payasos, que disfruta de un lugar privilegiado entre los trastos circenses de la  tienda en la que duerme Guillermina (Larissa Manoela), la niña que da significado a la historia, al mismo nombre del circo y que proporciona el final feliz que todos estamos esperando.


Las secuencias más divertidas de la película transcurren en la mansión del alcalde de Pinga, uno de los pueblos que visita el circo. El alcalde, Romualdo, les agasaja con una comilona y como contrapartida les pide que su pequeño hijo participe en el espectáculo. La mujer del alcalde, Nancy, que regenta una peluquería, les obsequia con una sesión de peluquería en la que todos los artistas cambian su look, sintiéndose –por primera vez en su vida– artistas de verdad.



La obsesión de Benjamin —además de conseguir los papeles— es poseer un ventilador. Un simple deseo que se convierte en símbolo de esperanza con el que quiere airear su propia vida y la vida del circo. O Palhaço es una historia simple e ingenua que a veces nos permite emocionarnos y otras consigue que bostecemos en busca de acción. Mello es un buen actor y un buen director que ha sabido rodearse de un buen equipo —tanto técnico como artístico— para conseguir un producto comercial de calidad que en Brasil, en pocas semanas,  consiguió más de millón y medio de espectadores.


O Palhaço (El Payaso, 2011)
Director: Selton Mello
Guión: Selton Mello, Marcelo Vindicato
Dirección artística: Claudio Amaral Peixoto                       
Banda Sonora: Plínio Profeta           
Intérpretes: Pura Sangre (Paulo José), Fastidio (Selton Mello), Guilherminha (Larissa Manoela), Lady Zaira (Teuda Bara), Lola (Giselle Motta), Delegado Justo (Moarcy Franco), Robsom Felix (Erom Cordeiro), Tony lo Bianco (Cadu Fávero), Chico Lorota (Hossem Minussi), Ana (Pritty Borges), Gordini (Thogun), Nanci (Martha Meola), Meio Quilo (Tony Tonelada), Justine (Bruna Chiaradia), Alcalde Romualdo (Phil Miler), Nei (Jorge Loredo), Lara Lane (Maira Chasseroux), Tonha (Fabiana Karla), Borrachinha (Renato Macedo)

24 de julio de 2013

La rifa



Boccaccio ‘70 (Boccaccio ’70, 1962), Vittorio De Sica y otros

Boccaccio ’70 es una producción de Carlo Ponti en la que se da cita lo más granado del cine italiano de los años sesenta: Mario Monicelli, Lucchino Visconti, Federico Fellini y Vittorio De Sica realizan sendos episodios que tienen tempo y hechuras de mediometrajes. Sin embargo, el cuento proletario de Monicelli se queda fuera en la distribución comercial. Restan los otros tres que emparejan a Anita Ekberg con Fellini, a Romy Schneider con Visconti y a Sofia Loren, cómo no, con De Sica.


Durante los títulos de crédito del episodio de De Sica “La riffa”, suena un cha-cha-chá del maestro Armando Trovajoli: “Cuartos, cuartos, cuartos, muchos cuartos, / benditos sean los cuartos, / los queridísimos cuartos, / porque quien tiene muchos cuartos vive como un pachá / y siempre tiene los pies calientes”.


La acción se sitúa, mediante imágenes estrictamente documentales en la feria de ganado de Lugo, en la provincia de Rávena. Un mundo de tratantes y sementales donde el propietario de una caseta de tiro al globito, sortea los favores de su cuñada en una rifa. El espectacular físico de Zoe (Sofia Loren) atrae a todos los hombres del pueblo a participar en el sorteo, incluso el sacristán, un hombre timorato al que llaman Cuspett (Alfio Vita).


Sin embargo, Sofia se ha encaprichado de Geno (Luigi Giuliani), un joven atlético que la ha salvado de un toro que se ha escapado. El cuerpo de la Loren, vestido con un traje brillante rojo, además —lo que justifica la atracción del toro hacia la caseta—, ocupa siempre el centro del encuadre. Por si esto no fuera suficiente, globos, sandías e, incluso, el bombo del sorteo, remiten desvergonzadamente a los atributos femeninos que constituyen el premio de la rifa. No menos alegórica es la presencia de garañones, sementales, gallos y marranos en el montaje inicial.


En la Italia del boom todo está en venta, como bien dice la canción y Zoe se encarga de explicitar en conversación con su hermana: “¿Por qué no habré aprendido a leer? ¡Si al menos hubiera terminado la primaria! […] Ahora lo que importa es ganar siete u ocho millones. Con eso seré independiente y podré casarme con quien me dé la gana”.


El giro boccacciesco de la historia de Zavattini consiste en que Geno secuestre el carromato y, en tanto llegan hasta allí los del pueblo, Zoe negocie con el sacristán que se quede con sus ganancias y pueda presumir antes sus paisanos de sus proezas amatoria.


Mensaje feminista, por tanto, que la propia planificación subraya y desmiente al mismo tiempo. Los espectadores no dejamos de ser como esos paletos que se acercan babeantes a la caseta para contemplar una belleza de la que finalmente sólo podrán disfrutar vicariamente.


Boccaccio ‘70 (Boccaccio ’70, 1962)
Producción: Concordia Compagnia Cinematografica - Cineriz (IT) – Francinex - Gray Film (FR)
Dirección: Mario Monicelli en “Renzo e Luciana”, Federico Fellini en “Le tentazioni del dottor Antonio”, Luchino Visconti en “Il lavoro”, Vittorio De Sica en “La riffa”.
Guión: Cesare Zavattini.
Intérpretes: Sophia Loren (Zoe), Luigi Giuliani (Geno), Alfio Vita (Cuspet Formini, el sacristán), Nando Angelini (el tirador que gana la botella), Valentino Macchi (un ocioso), Tano Rustichelli (Turàs), Antonio Mantovani (el veterinario), Antonio Ravaglia, Romano Lolli, Luciano Baldrati, Angelo Casadio.
205 min. Color por Technicolor.

12 de julio de 2013

Ficheras en el Tabú




Distinto amanecer (1943), Julio Bracho

¡Ay, qué tiempos, señor don Simón! cantan en la pantalla del cine en el que se refugia el sindicalista Octavio (Premio Armendáriz) huyendo de un asesino a sueldo del gobernador Vidal (Enrique Uthoff). Es el trayecto de la primera a la cuarta película de Julio Bracho, de la comedia porfiriana protagonizada por Joaquín Pardavé a la primera colaboración de Bracho con su hermana, Andrea Palma, diez años después de que ésta creara el arquetipo de la mujer caída del cine mexicano en La mujer del puerto (1933).


En el cine, Octavio se encuentra casualmente con Julieta (Andrea Palma), antigua compañera de la Universidad y amor no consumado, pues ella se casó con el intelectual Ignacio (Alberto Galán).


Diez años después Octavio es un concienciado líder sindical que acaba de ver morir a su compañero cuando iban a recoger unos papeles comprometedores para el gobernador; Ignacio ha renunciado a su amor y a su carrera, sumiendo a su familia en la miseria; y Julieta ha terminado en el Tabú, de fichera, taxi-dancer
Cada noche un amor,
distinto amanecer,
diferente visión.
dice el bolero de Agustín Lara que canta Ana María González.


Porque si algo trae de nuevo al cine mexicano Distinto amanecer es la intelectualización de este ambiente denso y pegajoso del Tabú, donde se baila al ritmo de boleros, danzones y sones cubanos.


Se suele tirar de Casablanca (1942) como modelo del triángulo amoroso que configura la película de Bracho. Sin embargo, el armazón simbólico, la carga literaria de los diálogos, el fatalismo sin escapatoria, el hecho de que toda la acción ocurra a lo largo de una noche… nos remiten invariablemente al cine de Carné y Prevert, Le quai des brumes (1938) y Le jour se lève (1939). Mexicanizarlo, hacerlo suyo y utilizarlo como soporte de un thriller sobre la corrupción política es el principal mérito de Julio Bracho.


Escribía en 1968 el historiador del cine mexicano Jorge Ayala Blanco que la película había “envejecido mucho”. Coadyuvan a ello unas interpretaciones fantasmales, simbolizantes –excepción hecha de la de Pedro Armendáriz, que fue de las más vituperadas en el momento del estreno-, un guión fabricado a golpe de casualidad y de acciones inverosímiles y la teatralidad de las situaciones…


Pero todo ello queda relegado a un segundo plano cuando Octavio y Julieta bailan en el Tabú, rodeados de otras parejas y otros dramas, y sus sentimientos afloran, no en el diálogo, sino en el ritmo de un bolero en la voz pastosa de Ana María González.


Distinto amanecer (1943)
Producción: Films Mundiales (MX)
Director: Julio Bracho.
Guión: Julio Bracho, inspirado en “La vida conyugal” de Max Aub. Diálogos adicionales: Xavier Villaurrutia.
Intérpretes: Andrea Palma (Julieta), Pedro Armendáriz (Octavio), Alberto Galán (Ignacio Elizalde), Narciso Busquets (Juanito), Beatriz Ramos (la amante de Ignacio), Paco Fuentes (Memo, el gerente del Tabú), Octavio Martínez (Jorge Ruiz), Felipe Montoya (don Santos), Enrique Uthoff (el general Vidal), Maruja Grifell (la esposa de Ruiz), Lucila Bowling (Gloria, cabaretera), Manuel Arvide y Manuel Dondé (pistoleros), y las actuaciones musicales de Ana María González, Kiko Mendive y Yolanda de la Cruz.
108 min. Blanco y negro.

9 de julio de 2013

Variedades a la italiana




Gran varietà (1954), Domenico Paolella

Gran varietà es uno más de los musicales en los que Domenico Paolella retrata la historia de Italia. El filón arranca con el documental Cavalcata di mezzo secolo (1952) y sigue con Canzoni di mezzo secolo (1954), Canzoni, canzoni, canzoni (1954), Canzoni di tutta Italia (1955) y Rosso e nero (1955) para rematar con dos cintas dedicadas al festival de música ligera más famoso del mundo: San Remo canta (1956) y Destinazione: San Remo (1959). Son películas rodadas a la carrera, aprovechando la popularidad de los intérpretes y el éxito de taquilla de las primeras entregas. Pero, salvo por el color y los protagonistas, los decorados se reducen al mínimo y los plazos de rodaje nunca exceden la semana por episodio, de modo que una película de hora y tres cuartos se filma en un máximo de cinco semanas. Los guionistas se incorporan a la producción con la misma premura que los intérpretes: escriben su episodio y a otra cosa. En la serie velan sus primeras armas futuros directores como Ettore Scola o Luigi Magni.


Gran varietà toma como excusa el retrato de medio siglo de la historia de Italia reflejado en los modos y costumbres del escenario del Teatro Trianon, de los cuplés picarescos afrancesados al avanspettacolo, pasando por la revista de gran lujo o el fine dicitore que le toca en suerte a Vittorio De Sica. Aquí comparecen de consuno el intérprete formado bajo el ala de Mattòli y el espectador de galas líricas.


El fine dicitore es una suerte de cantante-recitador que dramatiza el contenido de sus canciones. Trasnochado en su repertorio y en sus modales, se niega a aceptar que el público prefiera el cine a la canción y que un cantante de sus características deba utilizar ese nuevo invento infernal: el micrófono.

Lea Padovani, su compañera de reparto, interpreta a una soubrette inspirada en Anna Fougez, reina de las perlas, las plumas de avestruz y las escalinatas en los tabarines de los años diez y veinte del pasado siglo.


Entre ambos existe una rivalidad descarada –la ascendente estrella femenina y la declinante masculina- que se resuelve en el escenario a base de trucos para robarle la escena al otro y entre cajas con insultos escupìdos entre dientes. Se lleva la palma el que le lanza Anna cuando se da cuenta de que una bailarina del conjunto (Delia Scala) le hace monerías a sus espaldas: “¡Faraón! ¡Sultán! ¡Nabucodonosor!”


La escenificación de una canción sentimental a más no poder titulada “Juguetes y perfumes” termina como el rosario de la aurora y el veterano fine dicitore se empeña en lanzar a la bailarina como nueva estrella. El problema es que tiene éxito con el fox-trot y su propio arte se ha quedado ya caduco.
-“Al destino que viene resignarse conviene” –le espeta a su examante.
-Eso no es más que una canción.
- La vida es sólo una eterna canción.
-Piensa en mí alguna vez cuando la cantes.


El episodio protagonizado por Alberto Sordi es el siguiente en entidad dramática. Alberto Premoli, su personaje es un trasunto de Fregoli [http://www.circomelies.com/2008/08/blog-post.html]. Premoli es un transformista de éxito que, dispuesto a conquistar esa misma noche a una mujer de mundo (Lauretta Masiero), que se dispone a cenar en un reservado del teatro con cuatro hombres que quieren convertirse en su amante exclusivo, hará uso de su habilidad para la caracterización hasta conseguir deshacerse de todos.


Vodevil de puertas, a la francesa, el sketch se asienta firmemente sobre la habilidad de Sordi para crear caricaturas vivientes de tipos y voces –no en vano comenzó su carrera como doblador y humorista radiofónico- pero, en lugar de aprovechar la profesión del personaje para imprimirle ritmo a la acción, todo se resuelve por corte y mediante alambicados cambios de caracterización y maquillaje, de modo que lo que podía haberse convertido en una farsa frenética e hilarante, queda en amable viñeta de tiempos pasados. El único gag intencionado es aquel en el que entra un enano a entregarle unas flores y su futura amante le pregunta asombrada:
-¿Cómo lo haces?


En cuanto al episodio protagonizado por Renato Rascel [http://www.circomelies.com/2011/05/el-numero-del-pichon-desaparecido.html], en el que él mismo encarna al censor y al cómico que antes y después de la 2ª Guerra Mundial, bajo el fascismo o bajo el yugo moralizante de la Democracia Cristiana no puede decir absolutamente nada, de modo que una canción tan inocente como “A Marecchiaro” termina con toda la letra en la papelera.


Tampoco la parodia de la escena del balcón de Romeo y Julieta sobrevive al rigor censorial, porque “balcón” sólo hay uno, el de la Plaza Venecia desde el que el Duce pronuncia sus discursos.


La presencia del mago en el primer episodio es apenas una excusa para presentar a la pastorcita (Maria Fiore) que arruina el número y que gracias a su picardía alcanzará las más altas cotas del estrellato en el mundo de las variedades.


Gran varietà se rodó en color por el procedimiento Ferraniacolor [http://www.circomelies.com/2008/06/pinocho-prncipe-de-bizancio.html] con una duración original de 103 minutos. Por desgracia, la copia editada en DVD, además de acusar la heterogeneidad de calidades fotográficas, dura apenas una hora y la continuidad se ve severamente afectada, sobre todo en los tres primeros sketchs.


Gran varietà (1954)
Producción: Excelsa Film / Roma Film (IT)
Director: Domenico Paolella.
Guión: Oreste Biancoli, Michele Galdieri, Carlo Infascelli, Vinicio Marinucci, Domenico Paolella, Ettore Scola, Vincenzo Talarico
Intérpretes: Nico Pepe (los empresarios) y el ballet “Star e Starlet” con Pamela Palma. Episodio “Mariantonia”: Maria Fiore (Mariantonia Marengo), Carlo Mazzarella, Giuseppe Porelli, Renato Malavasi, Mario Siletti, Gustavo Serena, Lia Orlandini. Episodio “Cuttica”: Carlo Croccolo (Battaglia), Lily Granado. Episodio “El fine dicitore”: Vittorio De Sica (Veneziani, el fine dicitore), Lea Padovani (Anna, la soubrette), Delia Scala (Mizzy, la bailarina de fox-trot), Gildo Bocci (el empresario del cine), Fausto Guerzoni (el espectador que lee el periódico). Episodio “Fregoli”: Alberto Sordi (Premoli, el trasformista), Lauretta Masiero (Yvette), Franco Scandurra (el teniente), Carlo Hintermann (el barón Arneta), Michele Riccardini (el banquero Teresky), Guglielmo Barnabò (el abogado). Episodio “Il censore”: Renato Rascel (él mismo y el censor), Flora Medini (una soubrette), Rudy Solinas, Mimmo Craig.
60 min. Color (por Ferraniacolor)

6 de julio de 2013

En casa de Pepito




¡Nosotros somos así! (1936)

“No puede ser que nosotros, los anarquistas, hagamos dejación de nuestra misión propagandista en torno, sobre y delante de las conquistas revolucionarias de la hora actual. Por eso anunciamos seriamente que los anarquistas producirán films y los producirán contando con los elementos de base obrera y capacidades técnicas de valor creador probado, no entregándose en manos serviles y adaptadas –como el camaleón- a los colores dominantes en el mapa revolucionario del día actual.”

Cinema, en “Tierra y Libertad”, 16 de agosto de 1936


En casa de Pepito (Manuel Jiménez) hay un salón donde los niños pobres se divierten recitando, bailando claqué o jotas aragonesas y donde una niña de nueve años toca el piano como si fuera una persona mayor mientras un cuerpo de baile infantil realiza coreografías dignas de Busby Berkeley.


En casa de Pepito, Alberto (Miguel Ángel Navarro) no termina de encajar porque él también es rico y su padre le dice que hay gente con la que es mejor no mezclarse y de no tratarse con gente que no sea de su clase.


En casa de Pepito se comentan los sucesos del 18 de julio de 1936… sin dejar de bailar. Y se sabe que hay un documento que compromete al papá de Alberto en un asunto de espionaje que le costará la vida.

En casa de Pepito se preparar un gran mitin monstruo…


En casa de Pepito se enarbolan pancartas que piden acabar con el hambre a base de pan y chocolate y la abolición de la aritmética y se celebra una asamblea en la que se debate ¡en verso! la igualdad entre niñas y niños y Alberto toma conciencia del valor de la solidaridad y de las virtudes del trabajo.


¡Nosotros somos así! es un híbrido de película de entretenimiento, cine didáctico y folletín ideológico, cuyas partes no terminan de ensamblar, pero es también una de las producciones más insólitas del Sindicato de la Industria del Espectáculo durante la Guerra Civil Española.


Los números musicales remiten al cine popular independientemente de que éste sea el procedente de Hollywood con Shirley Temple como portaestandarte o la castiza zarzuela. Un sencillo encadenado entre el arranque de un número musical –con los niños de paisano- y su ejecución –con vestuario y atrezzo ad hoc- sirve además para subrayar el poder a la vez evocador y mistificador del cinema.


Una hoja de almanaque con la fecha del 19 de julio da paso a un breve montaje en el que las imágenes documentales del ambiente de la resistencia popular a la sublevación militar enlazan, sin solución de continuidad, con escenificaciones de la participación de las mujeres en la lucha, un tema que será clave en la asamblea infantil que cierra la película.


En paralelo, el folletín policial del niño rico, que debe recuperar el documento que incrimina a su padre en labores de espionaje a favor del enemigo. La interpretación enfática, la iconografía, la ambientación contrapuesta del hogar burgués y del modesto piso donde vive la familia trabajadora, todo… evoca las estampas de los libros infantiles. Imaginería de devocionario, que sirve también para la propagación del credo libertario.


Y, por último, la asamblea, con sus reivindicaciones humorísticas –ese ¡Muera Pitágoras!- y su debate sobre la igualdad de sexos y la superación de los prejuicios de clase, que son fruto de una educación injusta y segregadora desde su base. La película concluye con una moraleja rimada que se resume en el cántico infantil ¡Nosotros somos así!, que sirve de ejemplo a los adultos.


Escribe y dirige Valentín R. González, al que ya vimos como guionista de La farándula [] (1935), de Antonio Momplet. González era periodista y, bajo su propio nombre o el de “Belisario”, publicó algunas novelas protagonizadas por el inspector Pedro Sánchez, de la Brigada Móvil, como El crimen del parque Güell, y reportajes de títulos sonoros como La prostitución en Marruecos o Morfina: Reportaje sensacional. Fue uno de los cineastas más activos en los primeros compases de la producción colectivizada. Sabemos que durante la caída de Barcelona pasó a Francia. Luego, su rastro se pierde y ninguno de los historiadores del periodo da razón de su destino.


¡Nosotros somos así! (1936)
Producción: SIE Films (ES)
Guión y Dirección: Valentín R. González.
Intérpretes: Miguel Ángel Navarro (Alberto), Manuel Jiménez (Pepito), Joaquín Regales (padre de Pepito), Salvador Arnaldo (Don Rafael), Lolita Domínguez (María), Carmen Campoy, Paquita Muñoz, Rosita Navarro, Berta Violeta, Lolita Baldo, Marujita Cendrá, Rosita Gómez, Salvador Morales, Maruja Nicolás, Margarita Sierra y el grupo infantil del SIE.
31 min. Blanco y negro.