24 de febrero de 2014

Tibidabo, 1926



Moros y cristianos (1926), Maximiliano Thous

Hablábamos el otro día del parque de atracciones del Tibidabo y del teleférico que conduce hasta él y ha querido la casualidad que nos encontremos allí a uno de los protagonistas de esta película de Maximiliano Thous.


Va la cosa de los amores de Dolorcitas (Ana Giner), chica de buena posición venida a menos, con el señorito calavera Daniel Soler (Ramón Semeguet). Al final, Dolorcitas termina casándose con el maduro industrial Melchor Llorens (Leopoldo Pitarch). Pero, durante las fiestas de moros y cristianos de la ciudad valenciana en la que viven, Daniel intenta chantajearla. En el combate del día siguiente Melchor, como jefe de la tropa mora, y Daniel, al frente de los cristianos, se enfrentan en un combate real.


El interludio en el parque de recreo barcelonés tiene lugar durante una de las escapadas amorosas de Daniel.


La cinta sufrió una serie de avatares a consecuencia de los cuales no se pudo estrenar. La causa, según Fernando Méndez Leite fue “la incuria de la editora, que suspendió el rodaje cuando la película estaba casi terminada, causando un serio contratiempo al voluntarioso Thous”.


Moros y cristianos (1926)
Productora: PACE (ES)
Director: Maximiliano Thous.
Guión: Maximiliano Thous, de la zarzuela homónima de Maximiliano Thous, Elias Cerdá y el maestro José Serrano.
Intérpretes: Ana Giner (Dolorcitas Centelles), Leopoldo Pitarch (Melchor Llorens), Ramón Serneguet (Daniel Soler), Francisco Villasante (el tío Toni), Arturo Terol, María Luisa Escudero, Genoveva Vallés, Concha Gorgé, Luisa Pla, Francisco Priego, Clarita Ortells, Julio del Cerro, José Ángeles, Fernando Prieto.
119 min. Blanco y negro.

6 de febrero de 2014

Löie Fuller, escenógrafa del movimiento



La Casa Encendida de Madrid celebra una exposición dedicada a recuperar la memoria de la gran artista Löie Fuller (Illinois, 1862-París, 1928). La periodista de EL PAÏS, Elsa Fernández-Santos nos ha hecho el favor de escribir un magnífico artículo y nos ha ahorrado la tarea a nosotros que últimamente andamos algo ocupados.


Además de recomendaros efusivamente su lectura en este enlace, os recomendamos que visitéis la exposición y os impregnéis de la magia del espectáculo de esa época, finales del el siglo XIX y principio del siglo XX, y de la gran imaginación y creatividad de esta artista cuya Danza Serpentina fue inmortalizada por numerosos pioneros del cine como los hermanos Skladanowsky (1895), Dickson for Edison Manifacturing Company (1895-1897), los hermanos Lumiere (1896), Demeny (1897), Alice Guy (1899-1902), Melies (1899), G.A. Smith (1902), De Chomon (1908), aunque no todos ellos pudieron contar con la presncia de la genuina Löie. Podemos ver una recopilación de estas grabaciones aquí:

3 de febrero de 2014

Melodrama en el parque de atracciones



Café de puerto / Malinconico autunno (1958), Raffaello Matarazzo

A lo largo de una década, entre 1948 y 1958, Raffaello Matarazzo dirigió ocho melodramas tan intensos como contenidos protagonizados por Amedeo Nazzari e Yvonne Sanson. Café de puerto / Malinconico autunno es el último de la serie y se rueda en Barcelona con un amplio elenco de actores españoles al asociarse la Titanus de Goffredo Lombardo con Benito Perojo. Fruto de esta mixtura es el cóctel argumental que viene a colocar en el centro de una clásica trama de mujer abandonada redimida por el amor de un hombre honesto, la moda hispana del cine con niño.


El infante es Miguelito Gil, que había debutado con “Peliche” Ozores en Recluta con niño (1956) y al que vimos junto al faquir conquense Daja-Tarto [http://www.circomelies.com/2008/07/daja-tarto-en-el-cine.html] en Un traje blanco / Il grande giorno (Rafael Gil, 1956). Es el niño, carente de padre, como Pablito Calvo y Joselito en casi todas su películas, el motor de la acción al salir en su defensa el capitán de un mercante fondeado en el puerto de Barcelona.


Andrea es un marino corrido, que no le hace ascos al contrabando y con un amor en cada puerto. El del cafetín portuario y canalla barcelonés se llama Lola (Mercedes Monterrey). Pero por el afecto sincero que siente por el chico y el amor que prende en su corazón por la madre (Yvonne Sanson), deberá enfrentarse con su contramaestre (José Guardiola) y su tripulación, intentando abortar una operación ilegal que debía reportarles a todos pingües beneficios.


Pero ya se sabe que no hay mejor modo de crear un vínculo paterno-filial que un día en el parque de atracciones y, puesto que estamos en Barcelona, éste es una vez más el del Tibidabo.


Fotografiado en un sobrio blanco y negro por Alejandro Ulloa, este día de diversión no se lanza por la pendiente del vértigo loco del amor loco ni glorifica la alegría de un día sin escuela. Las atracciones se muestran mesuradamente, en el momento en el que el chico y el hombre que podría convertirse en el padre que no tiene suben a ellas.


Vemos así atracciones clásicas como la “Atalaya” o el “Avión”, que nunca, ni en color, ha resultado tan atractivo como en esta ocasión, sobrevolando la ciudad.


Y es que los equipos de rodaje, como nosotros mismos, parecen no poder escapar al hechizo que evocaba el rumbero argentino y catalán Gato Pérez:

“En tu cumbre reproduces, con enorme exactitud,
los rincones de mil sueños que jamás pude olvidar.
El tranvía color cielo subirá sin rechinar,
hasta que se oxide el tiempo en el pie del funicular.”


Café de puerto / Malinconico autunno (1958)
Producción: Benito Perojo (ES) / Titanus (IT)
Director: Raffaello Matarazzo.
Guión: Aldo De Benedetti, Ricardo Domínguez, Fernando Merelo.
Intérpretes: Amedeo Nazzari (Andrea, el capitán), Yvonne Sanson (María Martínez), Mercedes Monterrey (Lola), José Guardiola (Giacomo, el contramaestre), Miguelito Gil (Luca Martínez), María de las Rivas (Olga), Miguel Ángel Rodríguez (el director del colegio), Manuel Guitián, Vicente Soler, Javier Dasti, Ángel Calero, Mariano Alcón, Joaquín Vidriales.
92 min. Blanco y negro.