31 de julio de 2014

Plató Tibidabo



No estamos solos (1957), Miguel Iglesias
La frontera del miedo (1958), Pedro Lazaga
Amor bajo cero (1960), Ricardo Blasco

Parece como si no hubiera habido película rodada en Barcelona durante la segunda mitad de la década de los cincuenta que no recurriese al parque de atracciones del Tibidabo como plató.


Últimamente hemos tenido oportunidad de ver el melodrama No estamos solos y el policial La frontera del miedo y nos hemos vuelto a encontrar con las sempiternas atracciones del Avión y la Atalaya, amén del Ferrocarril Aéreo y las Ollas Voladoras.


Se trata siempre de escenas de transición, en las que apenas ocurre nada dramáticamente relevante pero en las que las parejas protagonistas fraguan sus idilios.
Da la casualidad de que ambos están amenazados y que este fogonazo de felicidad artificial que propician las atracciones se verá pronto derribado por la vida a ras de tierra. Es como si al bajar a Barcelona desde la estratosfera del Tibidabo el aire se enrareciera y los celos y el crimen se apoderaran del argumento.


No nos atrevemos a recomendarles ninguna de las dos. Los finales moralizantes terminan por desmoralizarnos a nosotros. Pero si alguna vez les salen al paso y quieren pasar un ratito luminoso en el parque de atracciones antes de ser devueltos a la vorágine tenebrosa de la vida cotidiana, busquen estas escenas en las que la felicidad costaba un duro.


No estamos solos (1957)
Producción: Pecsa (ES)
Director: Miguel Iglesias.
Guión: José Antonio de la Loma y Luis S. Poveda, de un argumento de Ramón Hernández y Ricardo H.P. de Arrilucea.
Intérpretes: Isabel de Pomés, José Marco, Diana Mayer, Rafael Calvo, José Eslava, Javier Dotú, David Vives.
76 min. Blanco y negro. Hispanoscope.


La frontera del miedo (1958)
Producción: Ágata Films (ES)
Director: Pedro Lazaga.
Guión: José Luis Dibildos.
Intérpretes: Analía Gadé, Rubén Rojo, Luis Peña, José María Rodero, Elvira Quintillá, Marisa de Leza, Rafael Alonso, Jesús Colomer, Arturo Fernández, Antonio Ozores, Fernando Cebrián.


Amor bajo cero (1960)
ProducciónAs Producción / Sintes Films (ES)
Director: Ricardo Blasco.
Guión: Pedro Masó y Antono Vich.
Música: Augusto Algueró.
Intérpretes: Tony Leblanc, Concha Velasco, George Rigaud, Katia Loritz, Ángel Jordán, Marta Padován, Jaime Avellán, Alberto Berco, Ángela Bravo, Matilde Muñoz Sampedro, Manuel Alexandre, Delia Luna, Emilio Fábregas, Pedro Osinaga.
83 min. Color

28 de julio de 2014

La risa ofende y halaga, sé benévolo al repartirla



Juguetes rotos (1966), Manuel Summers

Juguetes rotos es, junto a Las Hurdes / Tierra sin pan (Luis Buñuel, 1933) y Queridísimos verdugos (Basilio Martín Patino, 1973), uno de los más certeros retratos documentales de la España negra. Allí donde Buñuel escruta con mirada de entomólogo y Martín Patino escarba con hurgón de moralista, Summers y Tico Medina se acercan con humor teñido de melancolía a sus juguetes.


Summers indaga qué se ha hecho de los otrora héroes populares del fútbol, el boxeo, los toros o el espectáculo. Los púgiles Paulino Uzcudun, Luis Folledo y Ricardo Alís, el futbolista Guillermo Gorostiza y los toreros Pacorro y Nicanor Villalta reviven glorias pasadas.


Otros ni siquiera han llegado a saborear las tan cacareadas mieles del éxito, como ¡Oh, Gran Gilbert!, que todas las noches interpreta un espectáculo musical en la Bodega Bohemia de Barcelona y, a los ochenta y tantos años, todavía sueña con triunfar en Madrid.


El guión depositado en la Biblioteca Nacional corresponde probablemente a un estadio intermedio de la producción, antes de que se tomaran varias decisiones definitivas, y es muy clarificador de las pretensiones iniciales de Medina y Summers.


La película se debía articular en cuatro grandes bloques dedicados al fútbol, los toros, el boxeo y la belleza. De este último sólo queda el episodio de ¡Oh, Gran Gilbert!, que finalmente viene a funcionar como pórtico del montaje definitivo. Aquí podemos ver el documental en varias partes: 
[http://youtu.be/g4rkU93lHlY]

Juguetes rotos (1966)
Producción: Paraguas Films / Pefsa (ES)
Director: Manuel Summers.
Guión: Manuel Summers, Tico Medina.
Documental, con la intervención de ¡Oh, Gran Gilbert!, Guillermo Gorostiza, Paulino Uzcudun, Ricardo Alís, Nicanor Villalta Franci,sco Díaz “Pacorro”, Marina Torres.
80 min. Blanco y negro.



25 de julio de 2014

El infierno como atracción de feria




Dante's Inferno (La nave de Satán, 1935), Harry Lachman

Jim Carter (Spencer Tracy) trabaja como fogonero en el transatlántico S.S. Paradise pero pierde su empleo y se contrata como blanco con la cara pintada de negro en una barraca de pim-pam-pum. Es el principio de una carrera meteórica que le llevará a fundar un emporio de juego y juerga, encontrar el amor en la dulce Betty (Claire Trevor)… y a perder su alma.


Harry Lachman había sido pintor y escenógrafo antes de dirigir varias películas entre las que se cuentan Charlie Chan at the Circus (1936) y ésta de ferias y feriantes que ayer proyectamos en la carpa. Seguramente por eso, en la barraca del profesor “Pop” McWade (Henry B. Walthall), aparte de una decoración grotesca y grutesca priman los cuadros históricos: Cleopatra y el áspid, Salomé y la cabeza del Bautista, Alejandro y el nudo gordiano…


También un busto de Dante Alighieri, cuya Divina Comedia da nombre a la atracción.


La celebridad de la película se debe, antes que nada, a un montaje exento de diez minutos que reproduce los suplicios de los condenados en el infierno. Es una visión simbólica producida por la visión de los grabados de la versión ilustrada del libro.


El resto es una parábola sobre el capitalismo, así como suena. Típico drama de la Gran Depresión y de la hipocresía del final feliz made in Hollywood. Jim Carter logra el éxito sin pararse en barras. Su ascenso está sembrado de los cadáveres de sus rivales. Miente en un juicio y obliga a su mujer a cometer perjurio. Y todo con tal de montar un casino de lujo en el transatlántico del que fue despedido como fogonero.


Mucho se habló en los años setenta del cine de catástrofes como metáfora de la crisis de valores de la sociedad y del hundimiento del sistema de estudios. La industria del entretenimiento ya había recurrido a este mismo expediente en los años treinta. Probablemente la mejor ilustración del mismo sea King Kong (King Kong, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), la bestia atávica que deviene rey de Nueva York, pero también Madam Satan (Cecil B. DeMille, 1930) y San Francisco (San Francisco, W.S. Van Dyke, 1936).


Dante's Inferno multiplica el desastre. Primero, el del colosal palacio de los horrores montado sobre la estructura de la atracción de las cataratas. Luego, el de la Sodoma flotante. Según la Fox, la sociedad hedonista que vive por encima de sus posibilidades está condenada a suplicios eternos y a vivir en el espanto, en tanto que el empresario negligente y ávido de ganancia fácil salva su alma inmortal gracias a un acto heroico que le sirve para salvar su propia vida y la de su hijo.


Mejor no buscar paralelismos con el aquí y ahora.


Dante's Inferno (La nave de Satán, 1935)
Producción: Fox Film Corporation (EEUU)
Director: Harry Lachman.
Guión: Philip Klein, Robert M. Yost.
Intérpretes: Spencer Tracy (Jim Carter), Claire Trevor (Betty McWade), Henry B. Walthall (“Pop” McWade), Alan Dinehart (Jonesy), Scotty Beckett (Alexander Carter), Robert Gleckler (Dean), Willard Robertson (el inspector Harris), Morgan Wallace (el capitán Morgan) y Gary Leon y Rita Cansino (la pareja de baile).
89 min. Blanco y negro.

  

23 de julio de 2014

La cabaña chiflada




Barnacle Bill (1957), Charles Frend

A menudo nos hemos encontrado en estos muelles victorianos o eduardianos donde se aúnan la esencia del espíritu británico con la diversión barraquera. Frente a la charlatanería vocinglera y altisonante del side-show estadounidense, la circunspección reina en las atracciones del pier donde lo más que puede pasar es que se cometa un crimen horrendo, aunque siempre dentro de lo que exige el decoro.


El pier de Sandcastle-on-Sea ha sido adquirido por el capitán naval William Horatio Ambrose (Alec Guinness), heredero de una tradición marinera tan extensa como la Historia de Inglaterra, pero aquejado de mareos inmovilizantes cada vez que se embarca. El muelle de recreo parece la solución ideal a sus problemas, si no fuera porque las autoridades municipales están dispuestas a llevarse la instalación por delante en aras de las comisiones devengadas por la operación inmobiliaria.


El capitán Ambrose logrará desbaratar sus planes gracias a una argucia que le permite burlar en el muelle, una vez cercenados a golpe de hacha los vínculos con tierra firme, las conservadoras ordenanzas que rigen en el pueblo.


De este modo se convierte en salón de baile juvenil lo que antaño fuera un derruido teatrito en el que Artie White and His Brinnies practican un número de escapismo. Artie White (Warren Mitchell) se declara émulo de Houdini al tiempo que se burla de la calva del espectador que se ha ofrecido voluntario para atarlo de pies y manos. Por supuesto, el capitán Ambrose es un experto en cabullería marinera y los artistas no permanecerán demasiado tiempo en el lugar.


Toma su lugar un grupo de skiffle, ese peculiar cruce de música folk, swing y proto-rock & roll que hacía furor en las islas a mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado. Los jóvenes enloquecen con ellos y son los primeros en apoyar el proyecto de resurrección del viejo muelle.


No obstante, la atracción a la que se saca más partido cómico en Barnacle Bill es “The Crazy Cottage”, una casa con todos los planos inclinados en la que es imposible mantener el equilibrio. En ella se instala el capitán Ambrose y pretende hacer vida normal. Claro, que tiene que afeitarse en un espejo deformante y luchar contra la ley de la gravedad en caso de ingesta severa de alcohol.


Como Davy, Barnacle Bill es una comedia tardía de los Ealing Studios. Pero donde aquélla proyectaba una mirada melancólica ante el futuro del music hall, ésta busca entroncarse en la tradición de la comedia autóctona que tantos títulos memorables reportó al estudio. Alec Guinness encarna una vez más a una variedad de personajes excéntricos y el argumento.


Barnacle Bill (1957)
Producción: Ealing Studios (GB) / Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Charles Frend.
Guión: T.E.B. Clarke.
Intérpretes: Alec Guinness (el capitán William Horatio Ambrose y todos sus antepasados), Irene Browne (la señora Barrington), Maurice Denham (Crowley), Percy Herbert (Tommy), Victor Maddern (Figg), Allan Cuthbertson (Chailey), Harold Goodwin (Duckworth), Richard Wattis (el del registro marítimo), Lionel Jeffries (Garrod), George Rose (Bullen), Lloyd Lamble (el superintendente Browning), Harry Locke (el periodista), Mike Morgan (Larry), Max Butterfield (Phil), Donald Churchill (Roy).
87 min. Blanco y negro.

21 de julio de 2014

El viaje del Soleil



Journey of Man (El paso de la vida2000), Keith Melton

A principios de este nuevo siglo tuve la oportunidad de ver en Valencia, en el Hemisféric de la Ciudad de las Artes y las Ciencias —ese complejo arquitectónico que ahora se cae a pedazos—, Journey of Man.  Es una película firmada por el Cirque du Soleil que se estrenó en formato IMAX.


Esta película recorre el camino de la evolución del hombre desde su nacimiento —un parto al ritmo de la batucada de Mystère y de una coreografía acuática de O— hasta la edad madura. El niño, y luego el adolescente, el joven, el treintañero, etc… va acompañado por dos personajes genuinamente soleilanos con los que descubre a los hombres elásticos —aéreos con bungees— que habitan en el bosque, la manipulación del cubo en medio del desierto realizada por Mikhail Matorin, el dúo de olímpicos –estatuas haciendo portés muy lentamente– subidos en un nenúfar gigante en medio de un lago, realizado por Marie-Laure Mesnage e Yves Décoste, o la troupe rusa  de banquinas en el interior de un palacete.


Los números —entresacados de los espectáculos Mystére, Quidam y O— no son los más originales ni los más acrobáticos del Cirque du Soleil, pero el recuerdo que tengo de la proyección es muy potente. Quizás, la pantalla circular me envolvió tanto que nubló mi capacidad crítica, pues viendo la película, diez años más tarde, en la pantalla de mi ordenador no puedo encontrar el pulso, no adivino la idea,  la trama me parece débil y el mensaje, tópico.



Journey of Man (El paso de la vida, 2000)
Productor: Cirque du Soleil (USA)
Director:  Keith Melton
Guión: Steve Roberts y Peter Wagg
Música: Benoît Jutras
Intérpretes:
Ian McKellen (Narrador), Nicky Dewhurst (Hombre joven), Brian Dewhurst (Hombre viejo), Anait Karagyezyanm (Vagabunda), Chris Van Wagenen (Joven), Kenny Raskin (Hombre), Cully Smoller (Niño), Mikhail Matorin (Número del Cubo)Yves Decoste y Marie-Laure Mesnage (Número de Estatuas), Troupe de Banquinas, Troupe de Natación Sincronizada, Troupe de Tambores Taiko, Trouope de Bungee

39 min.,Color. IMAX 6-Track