27 de enero de 2026

"Fatty" Arbukle


Backstage (1919), Roscoe Arbuckle

¿Cómo se bajan unas escaleras inexistentes? ¿Cómo te deshaces de un niño molesto mientras pegas un cartel en la pared? ¿Cómo se toca la armónica bajo una nieve de confetis? ¿Cómo vencer a un hombre forzudo malhumorado? Las respuestas son algunas de las imágenes cargadas de poesía de Backstage (1919), un corto dirigido por el gordo Roscoe Arbuckle, alias Fatty, actor cómico de la primera época del cine, ágil acróbata a pesar de su voluminoso tamaño, uno de los policías de la loca Keystone de Mack Sennett. Fatty Arbukle pasó de la gloria (se dice que cobraba un millón de dólares al año) al desprecio del público y la prohibición de sus películas a causa de la muerte violenta de una chica en una fiesta llena de excesos Fue uno de los primeros juicios mediáticos de la historia a causa de la habilidad sin escrúpulos del magnate de los medios W.H. Hearst. A pesar de que, después de siete meses de juicios y primeras planas, fue declarado no culpable, Fatty Arbuckle fue censurado en Estados Unidos e Inglaterra y su carrera fue a pique. Murió a los 46 años, un día después de declarar "Hoy ha sido el día mas feliz de mi vida". Acababa de firmar un contrato con la Warner. Nosotros queremos reivindicar su figura por muchas razones. Era un payaso excepcional, con un sentido del tempo brillante. Era excepcionalmente ágil y nunca quería sacar partido de su gordura (no le hacía falta, pues la imagen era suficientemenete poderosa). Fue uno de los primeros cómicos en dirigir y producir sus propias películas, teniendo el absoluto control en la creación cinematográfica e inventando un oficio que crecía día a día. Le dió el primer papel de su carrera a Buster Keaton, el genial Pamplinas y le prestó los pantalones a Charles Chaplin para una audición. Por dar también trabajo a su perro Luke y a su sobrino Al St. John. Y se le atribuye la creación del pastelazo en la cara. Solo por esto último se merecería un blog exclusivo.

En Backstage, Buster y Fatty llevan un pequeño Teatro de Vaudeville. Ante la huelga de los artistas del programa, tienen que hacerse cargo de la representación, interpretando todos los papeles, mientras los artistas en huelga intentan boicotearles. Esta sencilla trama lleva a la pareja a crear numerosos gags, algunos de los cuales son verdaderas obras de arte. Además, la exhibición de slapstick es impresionante. Caídas, trompazos, bofetadas, Buster Keaton vestido de mujer realizando mortales árabes (creo que se llaman así) y danzando o Fatty enredado en sus propios pies intentando imitar a un bailarín excéntrico que resulta ser Jack Coogan Sr., ¡el padre de nuestro niño prodigio favorito y el tío Fester de la familia de Addams!. 


Backstage (1919)
Paramount Pictures (USA)
Productor: Joseph M. Schenck
Director: Roscoe Arbuckle
Guion: Jean Havez
Fotografía: Elgin Lessley
Intérpretes: Roscoe Arbuckle, Buster Keaton, Al St. John
26 min. Blanco y negro

20 de enero de 2026

Payasos de Weimar



Quick (Quick, mi clown, 1932), Robert Siodmak

La comedia musical alemana de la República de Weimar tiene poco que ver con su homóloga norteamericana. Están, desde luego, los grandes espectáculos basados en operetas y en el universo de los Strauss, pero también las cintas de ambientación contemporánea con argumentos escapistas e influencia de la música de kabarett.
Der Kongress tanzt (El Congreso se divierte, 1931) serviría como ejemplo del primer modelo y Die Drei von der Tankstelle (El trío de la bencina, 1930), del segundo. En ambos brilló la minúscula estrella de origen británico Lilian Harvey. Su partener habitual, el incombustible Willy Frtisch. Eric Pommer, el mandamás de la UFA, probó en 1932 a emparejar a Lilian Harvey con otra estrella masculina del cine teutón: Hans Albers. El resultado fue Quick.

Hans Albers es Quick
“Quick” (Hans Albers) es el payaso de moda en una ciudad balnearia. Todas las noches actúa en el Teatro Apollo. Su número, desarrollado entre piruetas acrobáticas, se aprovecha de un sofisticado escenario móvil que incluye rampas, trampolines y camas elásticas. Además, Quick realiza sencillos trucos de ilusionismo y canta, acompañándose de la concertina, una canción de corte cabaretero con la que encandila a las damas. Está claro que si el teatro se llena cada noche es por las señoras.

Entre cajas su representante, Lademann (Paul Hörbiger), renegocia el contrato con herr Henkel (Karl Meinhardt). Si no duplica el sueldo de Quick éste aceptará la golosa oferta de un teatro madrileño. Pero a Quick todo esto se le da un ardite. Su atención está puesta en el palco donde cada noche se sienta la caprichosa Eva (Lilian Harvey), escapada de los brazos de su pretendiente, el bobalicón Dicky von Pohl (Willy Stettner), y del doctor Bertram (Albert Kersten), que cuida de su línea y de su astenia.

En resumen que Quick se ha enamorado locamente de Eva y Eva se pirra por Quick. Y, sin embargo, mujer de su tiempo, Eva prefiere el disfraz al hombre, el amor de una hora al matrimonio. Como Quick se ha hecho pasar por el director Henkel y Eva no lo reconoce sin su maquillaje ya tienen ustedes el embrollo servido. Para salpimentarlo están la celosa e irascible bailarina Marion (Genia Nikolaieva), un augusto alcohólico llamado Clock (Paul Westermeier), el señor Müller con sus monitos amaestrados, forzudos, bailarinas, acróbatas… Todo ese discurrir de la vida que se cruza en las escaleras tras el escenario. Nada más sabemos de ninguno de ellos.

Fiesta en el balneario donde se aloja Eva. Quick decide no actuar. En sustitución Dicky recitará sus poemas. Pero Quick se lo piensa mejor. Ya que Eva no ama a Henkel es Quick quien la seduce. Y Eva se deja seducir. Después de una noche de amor Quick está hecho polvo. Sin su maquillaje Eva no le ama. Todo se resolverá en el escenario, justo minutos antes de que el tren parta para Madrid.

Más allá del enredo boulevardier, del modernísimo diseño de la clínica y del ambiente de las variedades, de Quick se queda la cancioncilla “Gnädige Frau, komm und spiel mit mir” que el payaso canta con machaconería acompañándose de la concertina.


Jules Berry es Quick
Jules Berry tomó el papel de Quick en la versión gala, rodada al mismo tiempo que la germana. Él había protagonizado el estreno de la comedia de Félix Gandéra en el teatro de la Potinière en 1930. Su coprotagonista de entonces, Suzy Prim, tuvo que renunciar a favor de Lilian Harvey. Es posible que existiera mejor química entre el actor francés y la poliglota protagonista de ambas versiones, el caso es que mientras la alemana fracasó ante el público que prefería ver una vez más a Lilian Harvey emparejada con Willy Fritsch, la francesa aguantó sus buenas siete semanas de estreno en un cine parisino.

Escribe Adrian que Berry « sait rendre la côté merveilleux du clown blanc pailleté, bondissant, musical et imposer l’image de sa séduisante désinvolture, de sus gestes de mains, de bras, de ses attitudes toujours à la frontière de l’humour et d’une canaillerie vaguement inquiétante ». Nosotros ya se lo presentamos cuando hablamos de Le Jour se lève.

En España se estrenó la versión francesa con el título de
Quick, mi clown.

Quick (Quick, mi clown, 1932)
Producción: UFA (AL) / ACE (FR)
Director: Robert Siodmak.
Guión: Hans Müller, basado en una comedia de Félix Gandéra.
Intérpretes: Lilian Harvey (Eva Pertorius), Hans Albers (“Quick”), Willy Stettner (Dicky von Pohl), Albert Kersten (el doctor Bertram), Paul Hörbiger (Lademann, el representante), Karl Meinhardt (Henkel, el director del Apollo), Paul Westermeier (Clock, el augusto), Genia Nikolaieva (Marion, la bailarina), Flockina von Platen (Charlotte, la doncella), Käthe Haack (Frau Koch), Fritz Odemar (Oberkellner).
90 min. Blanco y negro.

13 de enero de 2026

La ayudante del amaestrador de perros

Le jour se lève (1939), Marcel Carné


François está enamorado de Françoise, pero ella tiene un asunto con monsieur Valentin, que comparte el afecto de la joven con el de Clara. François y Clara terminan juntos, a pesar de no amarse… En fin, un embrollo amoroso-policiaco realizado por el tándem Carné-Prevert en la época en que el “realismo poético” francés estaba en su apogeo y una de cuyas cimas es esta Le jour se lève, cuya trama había empezado a contarles.

-¿Y qué nos importan a nosotros estos líos de faldas? –se preguntan ustedes. Y uno responde que como monsieur Valentin se dedica a hacer un número de variedades con unos perrillos amaestrados y Clara es su ayudante, ambos están aquí en su casa. Sólo vemos las habilidades de los canes en una ocasión, punteadas por la conversación casual que reúne a Clara (Arletty) y François (Jean Gabin). Él ha seguido a Françoise (Jacqueline Laurent) hasta este cruce de teatrito de variedades y café en un suburbio parisino donde cohabitan trabajadores y parados, chulos y floristas. En el tablado, monsieur Valentin (Jules Berry) ejecuta su número con precisión. A pesar de ello –o precisamente por eso- Valentin es un hombre brutal, de esos a los que les gusta hurgar en las cicatrices ajenas. De hecho, este es su método para que los perrillos le obedezcan: látigo y heridas sin cerrar.

Carla ha caído en sus manos después de ser ayudante de un domador de focas, que era igual de cruel con ella que con los animales. Pero Valentin posee un extraño magnetismo. Las cosas a su lado no son como son, sino como él las cuenta. Por eso, hasta que sus destinos se cruzan con el de François, Fraçoise se ha dejado seducir por el domador y Carla ha continuado junto a él. Ahora se siente fuerte para seguir adelante sola. Arletty, de la que ya hemos hablado con ocasión de Portrait d’un assassin, sólo aparece en unas cuantas escenas pero la claridad de ideas de que dota a su personaje, su acento barriobajero y su sinceridad a toda prueba, que aflora bajo la fachada encanallada, la convierten en el personaje más sólido de esta tragedia que se abre con un crimen y se cierra con un suicidio. No en vano estamos en un mundo en el que Jacques Prevert pone sus estupendos (y literarios) diálogos en boca de unos personajes que se mueven entre brumas existenciales y fatalismo en la Francia del Frente Popular.

El ambiente es obra de la fotografía difusa, de las melodías de Kosma y Jaubert y, sobre todo, de los irrepetibles decorados de Alexandre Trauner, un maestro de las perspectivas forzadas, capaz de meter en la trasera de un estudio un suburbio parisino completo.

Circula por el mundo una foto de Arletty en la que aparece desnuda, saliendo de la ducha. Corresponde a un plano de Le jour se lève. Viendo la película se produce un salto evidente en la continuidad cuando François abre la puerta de la casa y luego se asoma al cuarto de baño. Arletty, que ya no era una jovencita, accedió a rodar la escena como le pedía Marcel Carné y como vino al mundo, a cambio de que no hubiera fotógrafos en el plató. Alguien hizo la fotografía vedada y, cuando la película fue censurada, este es el único testimonio que queda de la belleza rotunda de la actriz. Como Carné volvió a contar con ella en Les enfants du paradis, tendremos ocasión de encontrarla de nuevo en Circo Méliès.
Sr. Feliú
Le jour se lève (1939) 
Productora: Sigma (FR) 
Director: Marcel Carné 
Argumento y Guión: Jacques Viot. 
Diálogos: Jacques Prévert. 
Intérpretes: Jean Gabin (François), Jules Berry (Valentin), Arletty (Clara), Jacqueline Laurent (Françoise), Mady Berry, René Génin, Arthur Devère, René Bergeron, Bernard Blier, Marcel Pérès, Germaine Lix. 
93 min. Blanco y negro.

6 de enero de 2026

La danza de la Princesa Rajah

Esta peliculita casi se me pasa y es que la Princesa tarda en coger la silla, pero en cuanto la coge… La factoría Edison de nuevo a la caza de talentos y curiosidades para retratar para la posteridad: "Señoras y Señores, ante Uds. tenemos un nuevo portento de la naturaleza. La Princesa Rajah tiene unas mandíbulas más fuertes que las de un caimán o un tiburón. Admiren el sugerente baile de esta exótica damisela, asómbrense con su fuerza y teman un mordisco suyo."


En la maravillosa colección de DVD del programa de televisión francesa La Piste aux Etoiles de los años 60 y 70, tuvimos la grata sorpresa de encontrarnos, entre tantos actos circense de exquisita calidad, uno que se salía de todos los moldes habidos y por haber: el número de Elvis Monco. Este negro, de mirada loca y baile sincopado, mordía una silla y comenzaba a girar la cabeza como un poseído al ritmo de una música de tambores. Igual que nuestra protagonista de hoy. Elvis Monco parecía tener una doble hilera de dientes, algunos de ellos bien afilados, un personaje asalvajado, medio en trance por el ejercicio y pidiendo la participación del público para repetir ULA ULA y encontrarse con Elvis en una selva imaginaria y remota donde los caníbales se entretienen mordiendo sillas. El número de la Princesa parece un poco más sofisticado, aunque comparten la esencia. Prometo colgar imágenes de Elvis Monco para que podáis comparar vosotros mismos. Tanto Elvis Monco, como su antecesora, la Princesa Rajah, utilizan los dientes para su ejercicio. Parece ser que los músculos de la mandíbula son los más fuertes que tenemos (ya que son los que usamos con más asiduidad), así que los ejercicios con dentales se han visto mucho en las pistas de circo. No como el de nuestra invitada de hoy, del que solo conocemos un caso más, pero dentales se utilizan en malabares, en equilibrios, en aéreos… Ant-Platas, nuestro maestro malabarista, lo estuvo haciendo hasta el último día de trabajo y no parecía molestarle, aunque nosotros torcíamos el ceño cada vez que le caía la pelota en el palo de boca. Conozco a más de una trapecista que antes de adquirir la técnica suficiente para presentar un número de trapecio han hecho un turbillón sujetas por la boca con un dental: parece ser que el único truco, además de girar, es no abrir la boca y eso, de primeras, parece fácil.