31 de julio de 2009

Emilie Sannom, la Perla Blanca danesa

Emilie Kirstine Valborg Sannom
29 de septiembre de 1886 (Copenhague) – 30 de agosto de 1931 (Dinamarca) 

Perla Blanca era el nombre por el que se conoció en España a Pearl White, la intrépida protagonista de The Perils of Pauline (Los peligros de Paulina, 1914). Otro día les hablamos de ella, hoy queremos hacerlo de su homóloga danesa Emilie Sannom, actriz en el Dangmar Teater junto a Asta Nielsen a principios del siglo XX, temeraria de la pantalla y paracaidista acrobática. En esta breve antología de escenas de riesgo de sus películas conservadas en la Cinemateca Danesa luce sus habilidades para la pirueta, el funambulismo, la acrobacia aérea e, incluso, el faquirismo. La pueden ver en línea por cortesía de Europa Film Treasues siguiendo este enlace. La ficha sitúa este montaje en 1923, cuando Emilie Sannom rodaba en Italia su última película: La fanciulla dell'aria (1923), dirigida por Alfred Lind, de la que proceden los planos finales.


Para entonces, había rodado un buen número de películas durante la década de los diez, compartiendo cartel en algunas de ellas con las estrellas de la Nordisk, Valdemar Psilander. También hizo películas de episodios. El montaje incluye fragmentos de Pigen fra hidalgo fyret (1914), Dilligencekusken fra san hilo (1914), For barnets skyld (1915) y la serie Panopta (1918-19). La captura con la que ilustramos este texto procede de Zigo (1914), que tuvo distribución internacional con el título de The Hypnotic Violinist. No se pierdan la proeza final, con salto en paracaídas para aterrizar en un campanario. En 1931, cuando la actriz contaba 44 años y se dedicaba profesionalmente a las exhibiciones aéreas, el paracaídas no se abrió. Tom Kristensen escribió un poema en su memoria que fue utilizado como epitafio. Decía algo así: “Nunca temió a la muerte; su único temor fue la vida en la tierra”.
Sr. Feliú
Filmens Vovehals (1923) 
Producción: Filmfabriken Danmarks (DN) 
Intérpretes: Emilie Sannom. 7 min. 
Blanco y negro + Virados.

27 de julio de 2009

Arturo Castilla


Biografía de Arturo Castilla, figura eminente del circo español, bilbaíno de pro, que en sus años mozos formó parte de los payasos Los hermanos Cape, para con el tiempo convertirse en el empresario más importante del circo en España, junto con su socio Feijóo y su amigo Carcellé. El Circo Price, el Circo Americano, el musical Barnum, el Circo de Moscú y muchos más son algunas de sus grandes empresas. A él se debe el compromiso que adquirió el Ayuntamiento de Madrid para construir un circo estable, así que le debemos estar muy agradecidos.

Bacigalupe, Carlos
Arturo Castilla que soñaba circos
Col. Bilbainos recuperados
Muelle de Uribitarte Editores, S.L., Bilbao, 2007
ISBN: 978-84-934774-9-3

25 de julio de 2009

La invisibilidad de Pierre Étaix


Si Pierre Étaix no era invisible hasta ahora lo era ciertamente su obra. El imperativo moral de ilustrarles sobre ella nos ha llevado a estudiarla en copias imposibles en las que uno debía adivinar lo que estaba más allá del ojo humano. Por eso, cuando hablamos de Yoyó y de Le Soupirant hubimos de recurrir a imágenes de archivo. Como Circo Méliés no se distingue precisamente por su apego a la actualidad no les extrañará que para nosotros esta noticia ocurrida hace aproximadamente un mes sea casi una primicia. La buena nueva es que por fin un tribunal ha dictado sentencia y Étaix ha recuperado el control de los cinco títulos que dirigió en los años sesenta y que permanecían condenados a la inexistencia desde hacía un par de décadas. Hace cuatro años Étaix y su compinche Jean-Claude Carrière emprendieron acciones legales y una campaña mediática para recuperar los derechos sobre estas cintas. Por fin, el mes pasado, el Tribunal Superior de Justicia ha dictado una sentencia que devuelve al autor la posibilidad de restaurar y difundir su obra. En el Festival de Cannes de 2007 se presentó la versión restaurada de Yoyó. El reportaje sobre la proyección en la Cinematheque, aquí: http://www.dailymotion.com/video/kil5tkQ4xVJ3XkiA3U Parece que, una vez superados los problemas legales, se emprenderán las labores de restauración del resto de los títulos bajo la supervisión de François Ede, el responsable de que pudiéramos ver la versión en color de Jour de fete. Por supuesto, esperamos ansiosos la edición en DVD de estos títulos pero tampoco estaría de más verlos en pantalla grande como pudimos hacer con algunas cintas de Jacques Tati hace tres o cuatro años. Oremus.

21 de julio de 2009

Sebastià Gasch

Esta antología de textos refleja una visión panorámica del circo que se presentaba en España y Europa durante los dos primeros tercios del siglo XX. El escritor catalán siempre estuvo muy vinculado al circo y al music-hall a los que dedicó varias de sus obras. Esta selección de escritos circenses se publicaron en diferentes medios de comunicación cuando el circo todavía tenía un hueco entre las páginas de los rotativos.

Jane, Jordi y Joan M. Minguet
Sebastià Gasch, el gust pel circ (Antología de textos)
Edicions El Mèdol, Tarragona, 1998
ISBN: 84-89936-12-9

El circo que yo he visto

Uno de los libros sobre circo publicados por la Librería La Avispa con la ayuda del Ministerio de Cultura. Aunque el libro no es ejemplo de edición, los recuerdos de Antonio Alberich nos ayudan a situar el circo español durante la posguerra. Son muchas las notas transcritas por este gran amante del circo y así recata a muchos artistas perdidos entre los programas de cientos de circos y nos sitúa en el atrevido mundo del circo de esa época.

Alberich Sarmiento, Antonio
El circo que yo he visto. 50 años de circo
Colección El Circo/3
Editorial la Avispa S.L., Madrid, 2000
ISBN: 84-95489-17-1

Pierre, el soñador


Le Grand amour (El gran amor, 1969), Pierre Étaix
 
Nueva visita a nuestro mentor Pierre Étaix. Y, en esta ocasión en compañía, nada menos que de Annie Fratellini.


Escenas de un matrimonio
Es curioso que, la única vez en que Étaix trabaja mano a mano con su señora, cocinen a cuatro manos esta sátira descarnada sobre la institución conyugal y los efectos sedantes del vínculo.






El matrimonio de Pierre (Pierre Étaix) y Florence (Annie Fratellini) está hecho de rutinas desasosegantes. En una ciudad de provincias, donde el cotilleo es la norma y la asfixia moral está a la orden del día, el matrimonio envejece frente a la televisión con su medio vasito de cerveza –moderación ante todo- y las llamadas de la suegra interrumpiendo cualquier momento de intimidad. De hecho, cuando Pierre descubre a Florence tejiendo un jerseycito rosa, resulta que es para el perro.


Durante la ceremonia de su boda con Florence, Pierre recuerda a las mujeres que han pasado por su vida. Primero, al terminar el servicio militar, fue Martine… Bueno, Martine e Iréne (Magali Clément). Luego vino la colegiala Thérèse (Josette Poirier), que recién salida del internado religioso, vestida aún de uniforme, se pone a hacer la calle. Tantas otras… Cualquiera de ellas podría haberse convertido en su esposa y Étaix lo pone en escena retratándose ante el altar con una larga fila de novias.

Hasta el día en que conoció a Florence. Menudean las visitas al domicilio burgués de los Girard y pronto Pierre está atrapado en la telaraña. Su futuro suegro le enseña la fábrica en la que trabajará y le presenta a Louise (Jacqueline Rouillard), la vieja y eficiente secretaria que se hace cargo de todo. La revisión del álbum de fotografías familiares ofrece de nuevo la oportunidad para insertar unos cuantos gags de buena ley como el parecido de Florence con un abuelo bigotudo o la confusión sobre una foto de la señora Girard cuando era joven, lo que permite que Pierre se dé cuenta de qué es lo que le espera junto a su mujer.


El tono evocador de la narración de Pierre sufre pequeños altibajos porque los recuerdos no son nítidos. Las escenas se repiten para corregir situaciones, lo que siempre conlleva un gag. Después de cambiar cuatro veces la versión de la localización en que encontró a Florence por vez primera –¿era en la terraza del café de Paris o en el salón?- el camarero le espeta que se decida de una vez porque está harto de servirle cafés.


Pero ya está bien de vueltas atrás en el tiempo. Pierre y Florence se han casado. La vida ordenada y metódica de los buenos burgueses está narrada por un grupo de cotillas provincianas que vienen a dar, apesadumbradas, a la suegra el parte de las supuestas infidelidades. Basta con que haya saludado educadamente a una joven en el parque para que la bola del chismorreo eche a rodar. Las versiones de lo ocurrido acumulan detalles escabrosos. Cuando Pierre regresa del trabajo se encuentra con que Florence ha hecho las maletas.

Étaix, como su maestro Tati, juguetea con el sonido. Durante la ceremonia, en la catedral, la amplificación de cualquier ruidito hace que la utilización del moquero se convierta en las trompetas que anuncian el fin del mundo y el lamento de la madre de la novia es, en realidad, el chirrido de los goznes la puerta producido por un invitado que llega tarde. Cuando Pierre y Florence se reconcilian después de su primera disputa, una melodía romántica ambienta la escena; no tardamos en descubrir que en la habitación contigua, monsieur Girard está realizando sus ejercicios de violín.


Del enamoramiento como fuente de gags 
Pierre y Florence no pueden vivir separados. Y sin embargo, él ya ha sido inoculado con el virus de la infidelidad. Un día, madame Louise le presenta a la secretaria que ocupará su puesto cuando ella se jubile: Agnès (Nicole Carfan). Trastornado por su belleza y juventud cuando regresa a casa Pierre deja el portafolio en el paragüero, el paraguas en el perchero y el sombrero en la lámpara.

Al día siguiente se levanta y acicala para salir a la oficina. No se ha dado cuenta de que es sábado y que no hay nadie en la oficina. Su única preocupación entonces es que al día siguiente será domingo.



Pierre le confía sus cuitas a su amigo Jacques (Alain Janey) y éste le contesta que si él estuviera en su lugar… A partir de ese momento vamos a ver a Jacques confesándole a Florence que en su vida hay otra mujer, partiendo todos los utensilios de la casa por dos para que ambos puedan quedarse con la mitad de los gananciales y seduciendo a Agnès en la oficina.

Pierre llama a la secretaria y enciende un cigarrillo. Después de su conversación con Jacques está dispuesto a declararse a Agnès. Sin embargo, como es el último día de Louise en la oficina, es ella la que entra en el despacho. Sin atreverse a mirarla, Jacques le confiesa su amor. Escena de crueldad intolerable salvada por el giro final: la vieja secretaria hace mohines hasta que con una sonrisa picarona cierra el pestillo.



Los nuevos intentos se ven continuamente interrumpidos por llamadas telefónicas. En la siguiente ocasión, cuando todo parece ir sobre ruedas, advierte que ella está tomando nota de todo porque cree que le está dictando una carta.

Little Nemo y Pierre 
Pierre es un soñador como la copa de un pino. No uno de esos a los que llamamos soñadores y que son apenas gentes con un mundo interior muy rico. Étaix opta por la línea dura, la de “Little Nemo”.


Los cinéfilos de última generación hallarán abundantes rastros del mundo de Michel Gondry en esta película. Por ejemplo: durante la noche, el lecho de Pierre se pone en marcha, sale de la casa y enfila una carretera rural. A un lado de la vía hay una vieja cama empotrada contra un árbol. Otro soñador arregla la suya tumbado bajo el somier. Dos más, chocan en un cruce y sus ocupantes emprenden una disputa. Pierre encuentra a la bella Àgnes haciendo autostop. La invita a subir a su cama y juntos siguen el viaje, abrazados. Se cruzan con un camastro remolque y con una cama de hospital que viene tocando la sirena. Un poco más adelante hay un atasco de catres y Pierre y Agnes deciden abandonar la carretera y conducir por el campo hasta el río. Pierre tiene una inmensa sonrisa de felicidad. Cuando Florence le pregunta si duerme, contesta que sí.


Finalmente, Florence parte de viaje. Pierre aprovecha para quedar a cenar con Àgnes, pero, tras una cena en la que se ve a sí mismo como un auténtico carcamal, decide que no merece la pena. Corre entonces a recibir a Florence en la estación… sólo para encontrarse con que un apuesto jovenzuelo carga con la maleta de su mujer.


Final agridulce, como toda la película. A uno le ha traído a la cabeza aquella comedia de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia que se titulaba “El caso de la mujer asesinadita”, en la que dos amantes intrigaban para deshacerse de sus respectivos cónyuges. Cuando por fin lo logran un cuadro rápido los muestra tiempo después en la intimidad del hogar. “Los dos bostezan como caballos”, sentencian Mihura y de Laiglesia. Son, ya les decía, los efectos sedantes del matrimonio.


Le grand amour (1969)
Producción: CAPAC (FR)
Director: Pierre Étaix.
Guión : Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix.
Intérpretes: Pierre Etaix (Pierre), Annie Fratellini (Florence Girard), Nicole Calfan (Agnès), Louis Maïs (Monsieur Girard), Ketty France (Madame Girard), Jacqueline Rouillard (Louise, la secretaria de Girard), Alain Janey (Jacques), Jean-Pierre Helga (Monsieur Bourget), Micha Bayard (la secretaria de Bourguet), Billy Bourbon (el borracho), Claude Massot (el camarero), Georges Montax y Luc Delhumeau (dos conductores de camas), Magali Clément (Irène), Marie Marc (la abuela Girard), Mad Letty (la madre superiora), Odette Duc, Renée Gardès, Denise Péronne, Jane Beretta y Paule Marin (las cotillas), Rolph Zavatta, Jean-Pierre Loriot, Emile Coryn, Sylvie Delalande, Stéphanie Drobner, Judith Pauwels, Georgina Pauwels, Sandra Fratellini, Gino Fratellini, Tino Fratellini.
87 min. Color (Eastmancolor).


20 de julio de 2009

Étaix razona a Keaton


L’Art de Buster Keaton par Pierre Étaix (2001) 

Con motivo de la edición de la integral de cortos de Keaton por parte de la cadena Arte se incluye una pieza breve en la que Pierre Étaix analiza la obra de uno de sus maestros. Se trata de un comentario ilustrado con fragmentos de varias películas de dos rollos, producidas entre 1920 y 1923, casi todas por la Comique Film Corporation. One Week (Una semana, 1920), Neighbors (Vecinos, 1920), The Haunted House (La casa encantada, 1921), Hard Luck (1921), The Goat (El chivo, 1921), The Blacksmith (El herrero, 1922), The Balloonatic (El aeronauta, 1923) y, sobre todo, Cops (La mudanza, 1922) sirven a Étaix para hablar de la impasibilidad de Keaton, de la perfecta construcción de sus gags, jugando siempre a burlar las expectativas de los espectadores, o de sus diferencias con Chaplin. Étaix glosa la perfecta sincronización de sus caídas y la dificultad de números acrobáticos como el de Neighbors, en el que una torre humana pasa de una casa a otra para que Keaton pueda secuestrar a su novia.

Hay otro gag memorable en Hard Luck. Keaton se arroja desde lo alto de un trampolín y, en lugar de caer al agua, se estrella contra el borde de la piscina abriendo un boquete. Los amigos no ven el fondo. Al cabo de los años, la piscina ha sido abandonada. De pronto, por el socavón aparece Keaton… ¡vestido de chino! Al poco, van apareciendo los miembros de la familia que ha formado en las antípodas.

Las afinidades entre Keaton y Étaix van más allá de que ambos sean dos payasos que nunca ríen. Étaix argumenta que esta cualidad permite al espectador que fije toda su atención en la expresividad, o sea, en el arte de la pantomima. Indaga en la herencia patente del “music hall” en la obra keatoniana, pero también en lo que tiene de específicamente cinematográfico. Para ello toma como ejemplo una brevísima escena en la que un policía persigue a Keaton. Descubre su sombra en el suelo. Sigue este rastro y la cámara asciende por un poste de la luz en cuya copa se encuentra el perseguido. El policía empieza a arrojarle piedras. Keaton coge su corbata y la utiliza como mosquetón, deslizándose por los cables. Todo para ir a caer de cabeza en un furgón policial.
Sr. Feliú
L’Art de Buster Keaton par Pierre Étaix (2001) 
Producción: Arte (FR) 
11 min. Blanco y negro + Color + Virados.

16 de julio de 2009

Tres caras de un payaso


Klovnen
(La tragedia del payaso, 1926), A.W. Sandberg


Valdemar Psilander, de quien les hablaba ayer el profesor Javier, protagonizó en 1916 un drama ambientado en el mundo del circo titulado Klovnen, clásica historia del payaso que debe hacer reír al público mientras su corazón está hecho trizas. Fue el primer éxito como director de Anders Wilhelm Sandberg (1887-1938), que hasta ese momento había estado haciendo películas cómicas para la Nordisk Films Kompagni.

La empresa de producción más importante de Dinamarca había sido fundada por el emprendedor Ole Olsen y su logotipo –un oso polar encima de un globo terráqueo- era garantía de buen cine en todo el mundo, al menos hasta que terminó la Gran Guerra. La Nordisk poseía una cadena de cines en Europa del Norte y una potente red de distribución a ambos lados del Atlántico.

A principios de los años veinte Sandberg emprendió una serie de adaptaciones de Dickens que también fueron muy apreciadas por el público. En el pico de su popularidad decidió rodar una nueva versión de Klovnen.

En el Circus Bunding 
Vamos con el argumento del de Klovnen de 1926. El circo Bunding recorre el norte de Francia. Su propietario, James Bunding (Maurice de Féraudy), es un inglés que ha vivido toda su vida en Francia. Se trata de una pequeña troupe que viaja en carromatos. Además de la bonachona señora Bunding (Kate Fabian) y su hija Daisy (Karina Bell), que hace de funambulista y écuyère, la atracción principal es el payaso musical Joe Higgins (Gösta Ekman), un inclusero.

En el camino se encuentran con dos parejas que han organizado un picnic. Se trata del dueño de una de las casas de modas más importantes de parís, Marcel Phillipe (Robert Schmidt) y su diseñador jefe Pierre Beaumont (Eric Bertner), con sus respectivas acompañantes femeninas. En este primer tramo la película se construye mediante oposiciones: la ciudad y el campo, lo sofisticado y lo natural, los carromatos tirados por caballos contra el motor de explosión... El triunfo de la nobleza contra la afectación queda metaforizado por la avería del automóvil. Los del circo tienen que remolcarlos y el viejo Bunding no acepta una propina pero les obliga a pagar doscientos francos por butacas de preferencia para la función de la noche.

Durante la función, el modisto descubre a la amazona. Mientras éste le lanza un ramito de flores en el que ha escondido una esclava de oro, Beaumont realiza una serie de sketchs de unas danzarinas exóticas que realizan su número son unas boas y de unos trapecistas a los que no vemos. Llega entonces el momento de los payasos. Joe y su compañero ejecutan una rutina sencilla: Joe toca con su concertina una nota tan aguda que el augusto cae desmayado. Los mozos de pista lo retiran a hombros y, Joe, tras ellos, interpreta una parodia burlesca de la marcha fúnebre. Entonces toma la concertina y comienza cantar la “Canción del Payaso”, que embelesa a cuantos la escuchan. Es un momento de pura magia, que Gösta Ekman interpreta con sencillez un puntín afectada y Sandberg retrata con habilidad.

El resultado de este encuentro fortuito es que, pocos días después, cuando Joe se ha decidido a dar el paso y pedir a los señores Bunding la mano de su hija, se presenta allí el empresario del Cirque Excentric y le ofrece un contrato fabuloso en París. Joe acepta a cambio de poder ir con su novia y sus futuros suegros. 

En el Cirque Excentric 
En París, su triunfo es meteórico. Los luminosos repiten en el cielo nocturno de París el nombre de Joe Higgins. Todos se disputan al payaso cuya canción trenza finamente humor y tristeza. Joe es un trabajador infatigable lo que aprovecha Marcel para seducir a la ex amazona. No es difícil deslumbrar a la pobre chica en los salones de

Para celebrar las quinientas representaciones en el Cirque Excentric Joe realiza una función a beneficio de un orfanato. El número concebido para la ocasión es el más interesante del conjunto. Cuando el telón se abre, vemos una escenografía de aire cubista. A un lado, una grada con un puñado de caras-blancas dormidos. Joe va despertándolos con una varita mágica en un movimiento preñado de lirismo. Cuando los payasos despiertan, comienzan a tocar frenéticamente, como un jazz-band desbandado. Joe empuña la batuta y ejecuta una serie de volatines antes de tomar la concertina, trepar a una especie de peana e interpretar una vez más la canción del clown, “la canción de las risas y las lágrimas”.


Es su apoteosis como artista y su nadir personal, ya que esa misma noche va a descubrir la traición de Daisy. Estupendamente concebida pero fatalmente interpretada –al menos, para el gusto actual- la escena en la que Joe se prende al pecho la condecoración que le acaban de entregar las autoridades ante un enorme espejo. Mientras, entre cajas, Marcel besa a Daisy. La puerta de la sala donde se encuentra Joe se abre para que pasen los artistas. Un clown rencoroso, alza una de las decoraciones y Joe descubre así a su esposa en brazos del amante. Un rugido de dolor escapa de su pecho. Toma lo primero que encuentra y lo arroja contra el gran espejo que cae hecho añicos. Joe se tambalea ante el espejo roto. 

En el Cirque Jacques 
El tercer acto se rige por las reglas estrictas del melodrama. La mujer que abandona a su marido en pos de un amante que pronto se aburre de ella. Un encuentro abortado por el destino en la Plaza de la Ópera. La caída en el alcoholismo –delirium tremens incluido- del otrora famoso artista. Y el suicidio en el Sena de la mujer que deja una niña recién nacida. En un subrayado muy del gusto de la época, un luminoso con el nombre de Joe Higgins, se refleja en las oscuras aguas que acogen el cuerpo de Daisy. Tampoco al modisto le va mejor. Su nueva amante no tarda en arruinarle. Una noche, mientras pasea por los arrabales, encuentra el nombre de su antiguo rival en los carteles del modesto Cirque Jacques.

El mismo maquillaje habla de su declive moral. Al luminoso rostro con una ceja arqueada le sucede, después de la traición de Daisy, otro que acentúa la tragedia y en el que, al rastro simulado de sus lágrimas, se superponen las lágrimas verdaderas. En el último tramo, las cejas dibujan un acento circunflejo. Un collar de perro se adelanta en cincuenta años al punk.

Joe comparte camerino con un artista que exhibe sus habilidades con el rifle vestido de cowboy. De hecho, el número de Joe es poco más que una parodia del que realiza el tirador. Intenta acertarle infructuosamente a un huevo de dinosaurio y cuando tiene que ejecutar el tiro arqueándose, siente una punzada de lumbago y resuelve el asunto doblando el cañón del fusil en forma de U. Sin embargo, al descubrir al hombre que arruinó su vida entre el público, le roba la pistola al cowboy y con ella en la mano sale a la pista… Y hasta aquí les contamos. 

Sandberg contra la Nordisk 
Habían pasado diez años desde la anterior versión de Klovnen y el presupuesto se multiplicó exponencialmente. A pesar de eso, Sandberg quería más y la Nordisk no estaba dispuesta a correr tantos riesgos –de hecho, apenas dos años después Ole Olsen se declararía en bancarrota-. El resultado de la trifulca fue que Sandberg terminó la película a su gusto con sus propios fondos y rompió con la productora en la que se había formado como cineasta. Ese mismo año, 1926, viaja a Alemania donde dirige a los dos protagonistas de Klovnen -Karina Bell y Gösta Ekman- en Revolutionsbryllup (1926).

En España la película se proyectó en otoño de 1927 con el título de La tragedia de un payaso. Exclusivas Diana había adquirido un par de títulos tardíos de la Nordisk para su distribución en España. Las recensiones del estreno glosaban los viejos éxitos de la productora en las pantallas españolas, cuando esta marca equivalía a cine de calidad. El comentarista de “La Vanguardia” resume su visión de la película del siguiente modo: “El asunto brinda una vez más a los ojos del espectador, pero revestido de un ropaje nuevo y original, el contraste que ofrece la vida de esos seres llamados, por imperativo mandato del Destino, a hacer reír, alegrar a los demás unas cuantas horas del cotidiano luchar y en torno de los cuales se cierne implacable la adversidad, truncando sus más queridas ilusiones”. La sempiterna canción del payaso triste que ustedes conocen tan bien.
Sr. Feliú
Klovnen (La tragedia del payaso, 1926) 
Producción: Nordisk Film Kompagni(DN) 
Director: A.W. Sandberg. 
Guión: Poul Knudsen y A.W. Sandberg. 
Escenografía: Carlo Jacobsen y Poul Kanneworff. 
Intérpretes: Gösta Ekman (Joe Higgins), Karina Bell (Daisy Bunding), Maurice de Féraudy (James Bunding, el director del circo), Kate Fabian (Graciella, su esposa), Robert Schmidt (Marcel Phillipe), Eric Bertner (Pierre Beaumont), Edmonde Guy (Lilian Delrme), Karen Caspersen, Holger Pedersen, Peter Nielsen, Henry Seemann, Philip Bech, Ernst Van Duren. 
128 min (a 20 fps). Blanco y negro + Virados.

9 de julio de 2009

Sobre el Circo Sarrasani

En alguna de las entradas referidas a Harry Piel hemos hecho mención a este circo, un coloso del siglo pasado que tuvo una relación con el régimen nazi tanto en Alemania como en otros países tan alejados del escenario de la 2ª Guerra Mundial en Europa: Argentina. Además de estas relaciones, el libro, centrado en el periplo que realizó este circo por sudamérica, un inédito escenario para incontables anécdotas y sucesos de este gran circo en gira.

Bernstein, Gustavo
Sarrasani. Entre la fábula y la epopeya
Editorial Biblos, Buenos Aires, 2000
ISBN: 950-786-248-X