Mostrando entradas con la etiqueta Un conejo en la chistera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un conejo en la chistera. Mostrar todas las entradas

28 de mayo de 2026

El profesor Thalès


La Nuit fantastique (1942), Marcel L'Herbier

Pongámoslo por delante. El título de trabajo de La Nuit fantastique era “La tumba de Méliès” y Marcel L’Herbier pretendía con ella rendir homenaje a nuestro santo patrón, el mago del teatro Robert Houdin. Sólo por eso La Nuit fantastique tendría un lugar preferente en la filmoteca de la carpa.

El sueño y la vigilia
Los historiadores suelen emparejar esta película con Les Visiteurs du soir, de Carné, y L’éternel retour, sobre un guión de Cocteau, como muestras del cine evasivo practicado por los cineastas franceses durante la ocupación nazi. Al cinéfilo contemporáneo le traerá a la memoria After Hours (Jo, qué noche, 1985), de Martin Scorsese. Pero La Nuit fantastique reviste algunas características especiales. Se trata de una obra esencialmente fantástica, refractaria a interpretaciones en clave, y su adscripción al romanticismo onírico, apenas deja resquicio para la lectura alegórica. La cinta se plantea desde el principio como un entretenimiento modesto, con ribetes humorísticos para los que, por otra parte, L’Herbier no parece especialmente dotado. Su motor sería un pensamiento de Blaise Pascal en el que éste ponía en duda la realidad de nuestra vida de vigilia, como contrapunto al tiempo que pasamos soñando. Ahí es nada.

Denis (Fernand Gravey), un estudiante de filosofía harto improbable dada su edad, se gana la vida trabajando por las noches en un puesto de flores del mercado central parisino. Mientras descabeza un sueñecito su cuerpo se desdobla y persigue a una evasiva dama de blanco. Su amigo Lucien (Bernard Blier), que estudia medicina, le recomienda reposo. Sólo así cesarán las alucinaciones. Pero Denis está convencido de que no hay tal. La dama existe; la pasada noche ha dejado caer un ramo de flores a su lado.

Esa noche vuelve a aparecérsele en sueños. En un clima fantástico de nieblas irreales y puertas que se abren solas, Denis sigue a la mujer al interior del “Au grand pére tranquille”. La dama, que se presenta como Irène (Micheline Presle), invita a Denis a compartir la mesa con su padre (Saturnin Fabre) y su prometido (Jean Parédès). Que el padre es mago profesional comenzamos a intuirlo cuando hace desaparecer la copa de Denis en el momento en que éste va a beber de ella. Se hace llamar profesor Thalès y le entrega una tarjeta para que acuda esa misma noche a su Academia de Magia. La mujer enigmática le pide que no olvide la cabeza.

En la Academia hay toda clase de aparatos mágicos, cajas misteriosas, guillotinas, sables, maniquíes descabezados… Irene obliga a Dènis a cambiar su ropa de trabajo por el esmoquin de uno de los maniquíes, si es que quiere acompañarla a le velada que está a punto de celebrarse en el Museo del Louvre. Tienen que llevar en una caja, una cabeza idéntica a la de Irène. Denis, convencido de que todo es un sueño, acepta.

El organizador confunde a Denis con un mago y le hace pasar al escenario donde el profesor Thalès y el prometido de Irène están preparando la trampa que la hará enloquecer definitivamente, porque de esto se trata: hay un plan criminal detrás de tanto misterio. Comienza el espectáculo del profesor Thalès: un truco de escamoteo con dos sarcófagos en el escenario. Irène se ofrece voluntaria. Denis, borracho, pero sabedor de lo que va a ocurrir, intenta retenerla. Irène, atada, es introducida en un sarcófago. Cae por la trampilla al sótano donde dos momias. Uno ignora si Louis Chavance, el argumentista, tenían en mente “la atacan Los habitantes de la casa deshabitada”, comedia con fantasmas de Enrique Jardiel Poncela, cuyo argumento en este tramo es muy similar, por mucho que Jardiel explore estas situaciones hasta la médula y La Nuit fantastique se pierda un poco en el apunte cómico bienintencionado. En el escenario, el profesor Thàles atraviesa con los sables el sarcófago y abre la puerta del otro, donde aparece Irène. Ahora entendemos la función de aquella cabeza decapitada a la que Denis dedicó algunos piropos. En plan héroe, agarra uno de los sables y se introduce en el primer sarcófago para acudir al rescate de la dama misteriosa.

Consiguen escapar de las momias y se refugian en casa del ciego Adalbert (Charles Granval). Denis le ha arrebatado al profesor un libro titulado “La clave de los sueños”, pero antes de que puedan descifrar su contenido Irène es secuestrada por los secuaces del profesor disfrazados de enfermeros. La conducen en ambulancia a la clínica de reposo del doctor Tellier (Marcel Lévesque). Denis les sigue en bicicleta. Iréne se va desnudando y arrojando prendas por la ventanilla para que él pueda seguir su rastro. En la clínica, la pareja consigue escapar por los tejados. No encuentran taxi pero, como están en el sueño de Denis, pueden viajar volando en bicicleta. Llegan así al Caveau des Ilusions, un extraño restaurante en el que los clientes son maniquíes y los camareros visten dominó y llevan antifaz. El profesor Thalés tiene aquí un despachito de nigromante. Hace beber un narcótico a la pareja. Sus sicarios devuelven a Irène a su casa y a Denis al mercado. Los compañeros le despiertan. Todos están convencidos de que ha sido un nuevo sueño de la fértil imaginación de Denis. ¿O no?

Igual da, porque convencido de que habita en un sueño, Denis ha abandonado toda inhibición. Durante esa noche ha puesto en riesgo su vida una y otra vez y se ha enfrentado a la locura sin otras armas que su convicción de que el amor es más fuerte que todo.

El espíritu de Méliès
El espíritu de Méliès que invocábamos al principio se manifiesta apenas en el viaje en bicicleta y en el histrionismo encantador de Saturnin Fabre. Podríamos reprocharle a L’Herbier la torpeza de desvelar los secretos de los trucos del profesor Thalès pero deberíamos de reconocer a renglón seguido su capacidad para crear climas irreales a partir de situaciones prosaicas… ¡Esa niebla que preludia los Poes de Corman!

Los efectos caleidoscópicos para visualizar la borrachera de Denis no son dignos del planificador imaginativo de L’Argent (1928), ni el desolado decorado del sótano egipciaco hace justicia al creador de L’Inhumaine (1924). Y, sin embargo, reconocemos su toque mágico en el interior de un taxi rodeado por la niebla en el que sólo una sugerencia sonora nos transporta en el espacio, o en la delicadeza con que Denis contempla la cabeza cortada en el interior de la caja. La magia, viene a decirnos L’Herbier, no está en el escenario, sino en nuestra fantasía… o en nuestros sueños, que vienen a ser su mejor vehículo.

Aquí la podrán ver si se atreven con este enlace.


La Nuit fantastique (1942)
Producción: UTC (FR)
Director: Marcel L'Herbier.
Guión: Louis Chavance, Maurice Henry y Marcel L'Herbier, sobre un argumento original de Chavance
Diálogos: Henri Jeanson.
Intérpretes: Fernand Gravey (Denis), Micheline Presle (Irène), Saturnin Fabre (el profesor Thalès), Jean Parédès (Cadet, su ayudante), Charles Granval (el ciego Adalbert), Marcel Lévesque (el doctor Tellier), Michel Vitold (Boris), Christiane Nère (Nina), Bernard Blier (Lucien), Roger Caccia (un loco que se cree un reloj), Zita Fiore, Paul Frankeur.
86 min. Blanco y negro.

3 de abril de 2026

Destino de tramposo

Le roman d'un tricheur (1936), Sacha Guitry

"La novela de un tramposo" es la única novela de Sacha Guitry, y también el título de una deliciosa película de Sacha Guitry que, en cierta manera, revolucionó la escritura cinematográfica y también, por qué no decirlo, el propio cine de Guitry, que hasta entonces había sido tildado de simple teatro filmado. Por el contrario, Le roman d'un tricheur es una película brillante y de gran influencia en directores como Orson Welles o François Truffaut.


Esta originalidad se manifiesta desde los créditos, completamente diferentes, en los que, primero se muestra fanfarrón («Esta película la he dirigido y producido yo mismo...») y luego muestra verdadero respeto por sus colaboradores. Guitry sustituye los títulos de crédito con los nombres del equipo por mostrarlos en pleno trabajo, así como al reparto que también enseña en su estado natural.


Con la adaptación de su única novela, Guitry crea un estilo cinematográfico inédito que sorprende por su ingeniosa narración. A excepción de una breve secuencia cantada (por Fréhel) y los diálogos en la terraza del café, la historia es narrada íntegramente por la voz en off del tramposo Guitry, siguiendo los diálogos de todos los personajes. A todo esto hay que añadir unos interesantes hallazgos narrativos en el montaje, lo que convierte a Le roman d'un tricheur en una película única, audaz, picante y divertida. Guitry consigue hacer un verdadero homenaje al cine mudo con una narración bien interpretada y llena de detalles y efectos musicales humorísticos.


Sentado en la terraza de un café, un hombre escribe sus memorias: cuenta cómo su destino quedó definitivamente sellado cuando, a los doce años, por haber robado dinero de la caja registradora de la tienda familiar para comprarse canicas, se le privó de la cena. Esa misma noche, toda su familia muere envenenada al comer un plato de setas. Solo en la vida y habiendo constatado así la inutilidad de ser honesto, decide aprovechar el engaño y la mentira para ganarse la vida. Al ver en su supervivencia una señal del destino, se convierte en un tramposo y ladrón profesional.


Le reivindicación que de esta película hiciera el director de la Cinémathèque Française condujo a los jóvenes críticos de Cahiers du Cinèma a fijarse en Guitry y en Marcel Pagnol —un dramaturgo que defendió el incipiente cine sonoro como culminación del teatro—, junto con Jean Renoir y Jean-Pierre Melville, como paradigmas del «cine de autor» en Francia... Mientras Pagnol había triunfado con un teatro popular y meridional, con base en Marsella, Guitry había sido siempre menospreciado como cultivador de la comedia de boulevard: picante, basada en el diálogo, de gran brillantez formal, pero vacía de contenido. Le roman d'un tricheur lo desmiente totalmente. Su moraleja es la amoralidad más absoluta, única moral aceptable en tiempos —aquellos y estos— de moralina e hipocresía. Thomas de Quincey la habría considerado un perfecto ejemplo “del asesinato considerado como una de las bellas artes”.

 

La película se encuentra en nuestra colección por una interesante lección de manipulación de cartas, donde la inspirada puesta en escena (el juego con el espejo para la aparición/desaparición de la carta en la manga) se combina con un deslumbrante sentido del ritmo. El mismo ritmo que se manifiesta en la secuencia de la puerta giratoria y los diferentes personajes que interpreta Guitry. En esta película Sacha Guitry se muestra como un experto manipulador de cartas y monedas, además de un excelente cineasta y actor.



Aquí pueden ver la película en su idioma original


Le roman d'un tricheur (1936)
Productora: Cinéas (FR)
Dirección : Sacha Guitry
Ayte. de dirección: Pauline Carton
Guión: Sacha Guitry
Director de producción: Serge Sandberg
Fotografía: Marcel Lucien y Raymond Clunie
Sonido: Paul Duvergé
Música: Adolphe Borchard
Decorados: Maurice Guerbe, Henri Ménessier
Edición: Myriam Borsoutsk
Intérpretes: Sacha Guitry (el tramposo), Marguerite Moreno (la condesa Beauchamp du Bourg de Catinax), Jacqueline Delubac (Henriette, la mujer del tramposo), Roger Duchesne (Serge Abramitch), Rosine Deréan (la ladrona profesional), Elmire Vautier (la condesa, joven), Serge Grave (el tramposo, niño pequeño), Pauline Carton (Madame Morlot, la prima), Fréhel (la pelirroja, cantante del cabaret), Pierre Labry (Monsieur Morlot, el notario), Pierre Assy (el tramposo, joven), Henri Peiffert (Monsieur Charbonnier), Gaston Dupray (el camarero), Adolphe Borchard (el pianista del cabaret), Fernand Trignol (el cura), Roger Royer (un jugador)
Blanco y negro. 81 min.


2 de julio de 2025

El prestidigitador asesino y el hombre mecánico que llora y sueña


City that Never Sleeps (La ciudad que nunca duerme, 1953), John H. Auer

Hayes Stewart (William Talman) empezó haciendo aparecer conejos de una chistera, luego decidió que era más lucrativo utilizar sus dotes de prestidigitador para extraer carteras de los bolsillos de los demás y ahora, tras estar al servicio del abogado corruptor Penrod Biddel (Edward Arnold), mete el conejo en la chistera y, tras un par de pases mágicos, saca un revólver y le mete una bala en el cuerpo a quien se cruza en su camino.


Además, el prestidigitador asesino está liado con la mujer de Biddel (Marie Windsor), así que el abogado quiere quitárselo de en medio y decide utilizar para ello a Johnny Kelly (Gig Young), un policía hijo de policía, que tendrá que decidir entre seguir siendo honrado y aguantar la matraca de su suegra o aceptar la propuesta de Biddel y darse la vida padre con la bailarina Sally “Angel Face” Connors (Mala Powers) en la soleada California.


Sally trabaja en el teatro chicagüense Silver Frolics: “Cuatro shows cada noche, sudor, más sudor, miradas lascivas
...” El dinero que el abogado ha ofrecido a Johnny resulta mucho más atractivo que los sueños de Greg Warren (Wally Cassell): convertirse en protagonistas de un sketch cómico sobre el matrimonio con el que girar por el circuito de variedades.


Greg está tan harto con Sally, porque su trabajo actual consiste en hacerse pasar, con la cara embadurnada de maquillaje metálico, por un hombre mecánico hecho de alambres, resortes y serrín. Tal es su tarea como reclamo en el escaparate del Silver Frolics. Al que averigüe su verdadera naturaleza, la regalan una entrada.


En la noche fatídica en la que se desarrolla toda la acción de la película, es testigo desde su escaparate de unos de los asesinatos del exprestidigitador. Si es un autómata, no pasa nada, pero si puede ver y testificar el mago no está dispuesto a que siga con vida. Acechado por la policía, escondido en el edificio de enfrente, acecha cualquier gesto delator del humanoide metálico...


City that Never Sleeps es una producción Republic Pictures, lo que equivale a plazos de rodaje apurados y presupuesto mínimo, pero Auer saca partido de las localizaciones naturales y de un guion ambicioso que otorga la voz en off, tan habitual en el noir, a la mismísima ciudad de Chicago.


City that Never Sleeps (La ciudad que nunca duerme, 1953)
Produccción: Republic Pictures (EE.UU.)
Director y productor asociado: John H. Auer.
Guion: Steve Fisher
Fotografía: John L. Russell.
Montaje: Fred Allen.
Música: R. Dale Butts.
Decorados: James W. Sullivan.
Intérpretes: Gig Young (Johnny Kelly), Mala Powers (Sally “Angel Face” Connors), William Talman (Hayes Stewart), Edward Arnold (Penrod Biddel), Chill Wills (el sargento Joe), Wally Cassell (Gregg Warren), Marie Windsor (Lydia Biddel), Otto Hulett (el sargento John “Pop” Kelly), Paula Raymond (Kathy Kelly), Ron Hagerthy (Stubby Kelly), James Andelin (el teniente Parker), Bunny Kacher (Agnes DuBois), Tom Poston, Philip L. Boddy, Thomas Jones.
Blanco y negro. 90 min.

12 de mayo de 2025

El aprendiz de mago


The Mad Magician (1954), John Brahm

Vaya por delante que The Mad Magician es una película discreta realizada con muy poca discreción, como corresponde a la última ola de la marea tridimensional que inundó las salas de cine durante el bienio 1953-54.


Buena parte de los responsables del gran éxito de la Warner dirigido por André De Toth en 3-D, House of Wax (Los crímenes del museo de cera, 1953), pasaron a la Columbia para realizar The Mad Magician. Productor, guionista, director de fotografía y actor principal intentaron repetir la fórmula en el más modesto estudio de Harry Cohn. De Toth, insatisfecho, con las posibilidades creativas del cine estereoscópico, declinó la oferta y la dirección fue asumida por John Brahm, experto en escalofríos, que una década antes había rodado dos obras maestras protagonizadas por el malogrado Laird Cregar: The Lodger (Jack, el destripador, 1944) y Hangover Square (Concierto macabro,1945).


Añorante de aquellos éxitos, Brahm no duda en rescatar de ambas películas escenas puntuales –la llegada a la pensión de The Lodger, la incineración pública de un cadáver de Hangover Square- que introduce como quien no quiere la cosa en el guión de Crane Wilbur. De modo que The Mad Magician termina siendo un pastiche de pastiches, del que sería mejor desconocer el contexto si se quiere disfrutar mínimamente.


El disfrute lo proporciona, ante todo, el protagonismo de un Vincent Price deliciosamente histriónico y desquiciado. Él es Don Gallico, humillado y ofendido, cornudo y apaleado. Gallico es un mago frustrado, un artista sublime de la caracterización y el creador de los aparatos de magia escénica que la casa Illusions Inc. vende en exclusiva al Gran Rinaldi (John Emery). Pero Ross Ormond (Donald Randolph), su socio en la empresa, le ha hecho firmar un contrato leonino por el que renuncia a todas sus creaciones. No contento con eso, le ha arrebatado a su mujer, la bella y movediza Claire (Eva Gabor).


Cuando empieza la película Gallico está a punto de demostrar al mundo lo que es el auténtico talento. Se presenta en un teatro como “El Gran Gallico”, batiendo a Rinaldi en su propio terreno, caracterizado como su competidor y realizando sus trucos con la misma diligencia. Luego, cuando se dispone a presentar su nueva creación “La dama y la sierra circular”, Ormond y Rinaldi le obligan a suspender el espectáculo.


Lo que sigue es la escalada de crímenes del camaleónico Gallico… que el espectador encuentra plenamente justificables.


Pero, ¡ay!, el bien siempre acecha. La linda asistente del mago, la señorita Lee (Mary Murphy) está ennoviada con un diligente teniente de policía (Patrick O’Neal) que está a la última en técnicas forenses y pretende demostrar a sus superiores la eficacia del recién descubierto método de identificación mediante las huellas dactilares. Un macguffin como otro cualquiera para estirar la situación hasta el final de “grand guignol” en el que Gallico pondrá a prueba su nueva creación: “El crematorium”.


La ambientación en una Nueva York fin de siglo, los segmentos humorísticos proporcionados por la pareja de caseros (Lenita Lane y Jay Novello) y los consabidos momentos en que los objetos parecen salir de la pantalla –una demostración de un maestro del yoyó o un folleto del teatro de variedades- no terminan de compensar la funcionalidad de la fotografía, apartado en el cual destacaban sobremanera las otras películas firmadas por Brahm.


Si disponen ustedes de las correspondientes lentes ortopédicas aquí pueden ver un fragmento en el 3-D original:


En caso contrario tendrán que conformarse con ver la modesta versión plana que hemos insertado al final de la entrada. Que la disfruten.



The Mad Magician (1954)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: John Brahm.
Guión: Crane Wilbur.
Intérpretes: Vincent Price (Don Gallico, el “Gran Gallico”), Mary Murphy (Karen Lee), Eva Gabor (Claire Ormond), Donald Randolph (Ross Ormond), John Emery (El Gran Rinaldi), Patrick O'Neal (teniente Alan Bruce), Lenita Lane (Alice Prentiss), Jay Novello (Frank Prentiss).
72 min. Blanco y negro. 3-D.

2 de mayo de 2025

Los juguetes de Méliês

Hugo (La invención de Hugo, 2011), Martin Scorsese

Hemos tardado en ponernos a la faena, pero finalmente hemos cumplido y aquí estamos, dispuestos a proyectar Hugo, la primera película en 3D de Martin Scorsese, nominada a 11 Oscars y ganadora de cinco de ellos: Best Cinematography, Best Art Direction, Best Visual Effects, Best Sound Editing y Best Sound Mixing.

La película trata de un niño de 12 años, Hugo Cabret (Asa Butterfield), que vive en una estación de tren de París y subsiste cometiendo pequeños hurtos en la propia estación. Su trabajo es mantener los relojes de la estación a punto y dar cuerda a los mecanismos que los hacen funcionar. Su padre (Jude Law), relojero de profesión, ha fallecido en un incendio. El alcohólico de su tío (Ray Winstone) se hace cargo de los relojes y del niño y le lleva a la estación a vivir con él. Cuando su tío desaparece, Hugo se sigue haciendo cargo de los relojes sin comunicar a nadie la desaparición de su familiar.

Hugo vive en los intestinos de la estación rodeado de los engranajes que dan vida a los relojes. Por otro lado, sigue trabajando en el proyecto más ambicioso de su padre: la reparación de un autómata estropeado, un hombre mecánico supuestamente capaz de escribir con una pluma estilográfica. Para ello roba algunas piezas mecánicas en la juguetería de la estación, que casualmente es el establecimiento que regenta George Méliès (spoiler), maestro de la primera época del cine, cuyas películas supuestamente han desaparecido y al que todo el mundo considera muerto.


El autómata, el verdadero protagonista de la película, está inspirado en uno fabricado por el relojero suizo Henri Maillardet,​ así como en el autómata "el escritor", de Jaquet-Droz.​ Hugo está obsesionado con arreglarlo pues considera que todo lo que hay en la tierra tiene un cometido y quiere devolverle la vida al autómata. Es una metáfora de la que se vale Scorsese para crear una película llena de corazón, como la forma de la llave que activa el mecanismo del muñeco, un corazón que está presente en todos los personajes del film.


Entre los secundarios está el inspector Gustav (Sacha Baron Cohen), con pata de palo y doberman, azote de niños huérfanos y que está a la caza de Hugo, pero que a la hora de la verdad sucumbe a los buenos sentimientos; está Lisette (Emily Mortimer), la adorable florista, objeto de deseo de Gustav; otro personaje de la estación es Madame Emile (Frances de la Tour), dueña del café de la estación que "suministra" los cruasanes a Hugo; el vendedor de periódicos (Richard Griffiths) que hace todo lo que está en su mano para acercarse a Madame Emile; o el generoso librero Monsieur Labisse (Christopher Lee). Todos ellos son personajes entrañables que contribuyen al buen desarrollo de la historia y que nos acercan emocionalmente a la historia.


Los actores protagonistas también están iluminados por la magia que rodea toda la película: Jehanne d'Alcy, esposa de Georges (Helen McCrory), Isabelle (Chloë Grace Moretz), la ahijada de Méliês y amiga de aventuras de Hugo y René Tabard (Michael Stuhlbarg), el historiador de cine y admirador de la obra de Méliès, acompañan muy correctamente a Hugo y a Papá George (Ben Kingsley) en la complicada tarea de descubrir el secreto del autómata y mostrar la verdadera historia que guarda celosa y amargamente Papá George.


La película, con un presupuesto que casi duplica las primeras estimaciones, es un gran  homenaje al cine y al gran maestro Georges Méliès, nuestro patrono. Martin Scorsese parece encantado con el reto —posa orgulloso en un plano como fotógrafo del matrimonio Méliès— y los escenarios se suceden con una belleza aderezada con toques de la estética steampunk. Las imágenes de París desde la torre del reloj, la gigantescas maquinarias de los relojes y las recreaciones de algunas películas de Méliès están rodadas con mucho gusto y resultan muy vistosas, gracias también a la tecnología 3D.   


La película nos cuenta que hay que perseguir nuestros sueños y que cada uno de nosotros y nosotras tiene un propósito en la vida por muy insignificante que pueda parecer este. Una película familiar llena de encanto que he disfrutado mucho. No se la pierdan. Está llena de magia.



Hugo (2011)
Productora: GK Films / Infinitum Nihil (EE.UU.)
Dirección: Martin Scorsese
Dirección artística: Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo
Producción: Martin Scorsese, Johnny Depp, Graham King y Timothy Headington
Guion: John Logan
Basada en la novela: La invención de Hugo Cabret, de Brian Selznick (2007)
Música: Howard Shore
Fotografía: Robert Richardson
Montaje: Thelma Schoonmaker
Vestuario: Sandy Powell
Efectos especiales: Rob Legato, Joss Williams, Ben Grossmann y Alex Henning
Intérpretes: Asa Butterfield (Hugo Cabret), Chloë Grace Moretz (Isabelle, ahijada de Georges Méliès), Ben Kingsley (Georges Méliès), Sacha Baron Cohen (Inspector Gustav), Jude Law (padre de Hugo), Christopher Lee (Monsieur Labisse, el librero), Helen McCrory (Jehanne d'Alcy, esposa de Georges), Michael Stuhlbarg (René Tabard), historiador), Marco Aponte (maquinista), Emily Mortimer (Lisette, la florista), Ray Winstone (tío de Hugo), Frances de la Tour (Madame Emilie, dueña del café), Richard Griffiths (el vendedor de periódicos), Ben Addis (Salvador Dalí), Emil Lager (Django Reinhardt), Robert Gill (James Joyce), Michael Pitt (operador).
126 min. Color.