11 de abril de 2014

La tragedia del bufón


 
Un drama nuevo (1946), Juan de Orduña 

El gran éxito de Juan de Orduña en el seno de Cifesa es Locura de amor (1948), la adaptación de un drama histórico de Manuel Tamayo y Baus. Pero Orduña ya había adaptado una obra de este dramaturgo dos años antes para su propia productora: Producciones Orduña Films.


Un drama nuevo es un pentágono, que no un triángulo. Los cinco vértices aparecen en el genérico de cabecera compuestos en un mismo cartón cuyo centro ocupa el nombre de la actriz italiana Irasema Dilian, como la esposa infiel. En derredor suyo, Roberto Font, en el papel del marido engañado; Julio Peña, como el joven amante; Manuel Luna, en el papel de pérfido traidor, nuevo Yago; y Jesús Tordesillas como el mismísimo bardo de Stradford. Sin embargo, la composición de cartón no se corresponde con la estructura del drama. De haber sido fiel reflejo de la acción, el comediante de origen mexicano Roberto Font debería estar situado en el centro, pues a su alrededor giran todas las intrigas. El caricato de origen mexicano establecido en España lleva a su terreno el papel del bufón trágico, del payaso que debe hacer reír con el corazón roto. Pero su gracia bonachona, su tempo y su patetismo nada tienen de británicos. Su Yorick está pasado por el Paralelo. 


Alicia (Irasema Dilian), su mujer se desmaya cuando él, interpretando el papel de marido engañado en la nueva obra, la acusa de adulterio. Edmundo (Julio Peña), el hijo adoptivo, pretende escapar a España con ella aún a sabiendas de que así destrozará el corazón del hombre que lo ha criado. Walton (Manuel Luna), el primer actor de la compañía herido en su vanidad por la promoción del cómico, intriga para emponzoñar aún más la situación. Shakespeare (Jesús Tordesillas), su amigo del alma, intenta infructuosamente evitarle el dolor que le provocaría el descubrir la verdad.


Como la protagonista de Locura de amor, Yorick enferma de celos. Su mundo se derrumba ante la sospecha de la infidelidad. Shakespeare hace valer que quien paga, manda, y el conde de Southampton (Gabriel Algara) es el protector de la compañía de “The Globe”. Si en el arranque de la película hemos asistido a la escena del balcón de Romeo y Julieta entre Edmundo y Alicia, ahora podemos presenciar cómo Yorick, consumido por la angustia, debe ejercer de bufón ante el conde y su familia. Una nueva representación, en la que la vida y el drama se confunden, servirá de clímax al tercer acto. Cada personaje habrá de cumplir con su destino trágico.


Orduña, que ha mantenido hasta este momento el juego de la representación dentro de la representación, patina un poco en su afán melodramático. La interpretación de Font resulta más altisonante que la del personaje que interpreta. Es un pequeño borrón que se corresponde con la parte más endeble del argumento, la voluntad de Tamayo y Baus de dejar bien claro que no estamos en la decadente Albión sino que nos jugamos los cuartos (dramáticos) en la España de Calderón.


Dinámica y ligera en el primer acto, progresivamente sombría en el segundo, la película se resiente en el tercero de este desajuste antes del doble duelo que tiene lugar en el escenario y entre cajas.

¡Llora tu pena, bufón! Es el precio de haber querido ser un gran trágico.



Un drama nuevo (1946)
Producción: Producciones Orduña Films (ES)

Director: Juan de Orduña.

Guión: Manuel Tamayo, Alfredo Echegaray, Juan de Orduña, del drama homónimo de Manuel Tamayo y Baus.

Intérpretes: Roberto Font (Yorick), Manuel Luna (Walton), Irasema Dilian (Alicia), Jesús Tordesillas (William Shakespeare), Julio Peña (Edmundo), Ricardo Acero (el autor), Fernando Aguirre (el apuntador), Gabriel Algara (Conde de Southampton), José Franco (Lord), Nicolás D. Perchicot (Pedro), Antonio Casas (Jorge), Fortunato Bernal, María Cañete, Ricardo Marín, Mary Rosa (la bailarina.

92 min. Blanco y negro.

 

8 de abril de 2014

La morsa voladora



Sold at Auction (1923), Charles Parrott

Si Mack Sennett fue pionero en la definición del slapstick, Hal Roach fue su más firme cultivador a lo largo de los años, realizando a satisfacción el tránsito de la comedia silente al sonoro y manteniendo durante años la fórmula de la comedia de dos rollos. Sus grandes estrellas fueron Laurel y Hardy, Harold Lloyd, el polifacético Charley Chase y la pandilla de arrapiezos Our Gang. Pero nos hemos tropezado en otras ocasiones con intérpretes con personalidad propia creados en su factoría, como lasprincesas del slapstick Marion Byron y Anita Garvin, ZaSu Pitts y Thelma Todd, el comediante judío Max Davidson y el bigotón Harry “Snub” Pollard, del que nos ocupamos hoy.


Harry Pollard adoptó este apellido tras haber trabajado en una célebre compañía infantil de variedades de Melbourne denominada Pollard's Lilliputian Opera Company. Una vez radicado en Estados Unidos entra en contacto con el cine gracias a Bronco Billy Anderson. Trabaja junto a Chaplin en algunas películas de 1915 y se convierte en pieza fundamental del equipo que realiza las comedias de Harold Lloyd para la Rolin Films de Hal Roach. Pero después de cuatro años de actividad conjunta, Roach piensa que Lloyd es capaz ya de volar solo y que Pollard bien puede protagonizar su propia serie.


Sold at Auction está dirigido por Charles Parrott, aliasCharley Chase y tiene el característico ritmo frenético que este sabía imprimir a las cintas de dos bobinas. El prólogo, que no tiene nada que ver con el resto de la película, ya nos predispone a la excentricidad que va a reinar durante el resto del metraje. Una madre abandona a su hijo en un canastillo a la puerta de una mansión. Veinticinco años después… el canastillo sigue en el mismo sitio y de él sale Pollard, ya criado, con su mostacho y su bombín.


El tráfico de Los Ángeles le convertirá inmediatamente en bala humana, lanzado por los aires una y otra vez hasta aterrizar en una sala de subastas donde intentan colocar un lote de botiquines de primeros auxilios. Su llegada resulta providencial. Los botiquines se venden como churros y Pollard se convertirá en puching ball humano con el que promocionar puños americanos y porras flexibles.


Durante sus desvanecimientos Charles Parrott utiliza recursos retóricos no muy habituales en el cine cómico, como una vela que se extingue a modo de metáfora visual del colapso o el propio fotograma que se deshace y se recompone cuando Pollard recobra el sentido. Más adelante, durante la segunda parte —un ir y venir para recuperar los muebles subastados por error— el efecto de los porrazos tendrá su correlato visual en la utilización del ralentí.


Aunque las escenas del aeroplano no están todo lo bien resueltas que debieran, Sold at Auction es una buena muestra del slapstick vertiginoso que seguía siendo el motor de las películas cómicas de dos bobinas a principios de la década de los veinte y una buena ocasión para conocer un poco mejor a Harry “Snub” Pollard, el tipo de los bigotes de morsa:


Sold at Auction (1923)
Producción: Hal Roach (EEUU)
Director: Charles Parrott “Charley Chase”.
Intertítulos: H.M. Walker.
Intérpretes: Harry “Snub” Pollard (el ayudante del subastador), Wallace Howe (el hombre que vende), James Finlayson (el comisario), Marie Mosquini (su mujer), Jack Ackroyd (“Whiskers”), William Gillespie (“Fearless” Felix, el aviador), Charles Stevenson (el subastador).
21 min. Blanco y negro.