4 de noviembre de 2026

El vértigo del sueño


Flesh and Fantasy (Al margen de la vida, 1943), Julian Duvivier

La estructura del largometraje entrelaza tres relatos independientes en los que se reflexiona sobre el destino, conectados por una conversación en un club de caballeros entre Doakes (Robert Benchley) y Davis (David Hoffman). La excusa, el malestar de Doakes a causa de una predicción sobre su destino. Davis le relata tres historias que tienen que ver con su situación y de las que puede sacar algunas lecciones.


Tres historias
La máscara de Mardi Gras. La tienda de máscaras ya es una señal de que nos vamos a acercar a los bordes. Una tienda así solo puede existir en algunos sueños. Es por eso que Henrietta (Betty Field), una costurera acomplejada por su aspecto físico —pero que es guapa, eso lo puede ver cualquiera—, recibe una máscara mágica y hermosa del misterioso tendero del sorprendente lugar. Al usarla durante el carnaval de Nueva Orleans, enamora a Michael, un estudiante de leyes (Robert Cummings). Pero, como en el cuento de Cenicienta, tendrá que devolver la máscara antes de las 12 de la noche.


El crimen sugerido, la segunda historia, está basada en un relato de Oscar Wilde: El crimen de lord Arthur Savile (1887).
En el cuento no faltan el humor, la ironía ni el talento dramático que se conjugan a partes iguales para crear una pequeña obra maestra de la narración corta. La anécdota: la imperiosa necesidad de cometer un crimen a la que se ve empujado un joven hasta ese momento desocupado. Tanto el tema como la atmósfera anticipan, en sus momentos más melodramáticos, El retrato de Dorian Gray y, en los más ligeros, La importancia de llamarse Ernesto y Un marido ideal. En el desarrollo de esta anécdota, Wilde se siente tentado por los fuegos de artificio. Para la exposición, aprovecha una de esas reuniones sociales de la aristocracia londinense que tanto le gustaban, construye pero una vez expuesto el tema, el escritor corre hacia la resolución, sacrificando la parte central del relato. Esto, que resultaría un inconveniente para adaptarlo en formato largo, no resulta relevante para la construcción de un sketch.


El quiromántico Septimus Podgers 
(Thomas Mitchell) está realizando una auténtica demostración de sus poderes adivinatorios en una fiesta de alto copete. Allí conoce a Marshall Tyler (Edward G. Robinson), un respetable abogado, que, maravillado, solicita una lectura de manos más en profundidad. Un poco obsesionado, ya en casa de Podgers, rodeado de gatos, le obliga a que le diga lo que ve en su mano y este le profetiza que cometerá un asesinato. Esto desencadena una espiral de paranoia y obsesión psicológica que encaja a la perfección con el perfil e interpretación de Edward G. Robinson, que nos guía con maestría hasta el desenlace. Y del desenlace al circo, directamente.

El sueño del funambulista. Paul Gaspar (Charles Boyer) es un funambulista de circo atormentado por una pesadilla recurrente en la que cae al vacío tras ver a una enigmática mujer que luce unos llamativos pendientes con forma de lira. Gaspar realiza su número como si estuviese borracho y es conocido artísticamente como «El caballero borracho del alambre».


El conflicto estalla cuando, a bordo de un barco transatlántico, conoce en la vida real a esa misma mujer, Joan Stanley (Barbara Stanwyck), quien oculta sus propios secretos. ¿Que será más peligroso: retomar su número a pesar de sus miedos o salir a cenar con la enigmática Joan?


El mayor atractivo de la última sección del tríptico es precisamente ver interactuar en pantalla a Charles Boyer y Barbara Stanwyck. Ella esconde algún secreto y eso ensalza su aura de femme fatale trágica. La excelente fotografía de la película revela la química que se dispara entre ambos conduciendo el último acto hacia un romance pasional y fatalista. ¿O no tan fatalista?


El filme está considerado una joya oculta del cine de los años 40. Destaca principalmente por la soberbia dirección de fotografía en blanco y negro a cargo de Stanley Cortez y Paul Ivano, quienes utilizaron juegos de espejos, sombras expresionistas y reflejos para sumergir al espectador en un entorno onírico y misterioso. Otras célebres producciones del mismo tinte, como la británica Dead of Night (1945), se vieron favorecidas por su éxito.


Si ustedes se atreven, aquí tienen un enlace para hacerse una idea:


Flesh and Fantasy (1943)
Director: Julien Duvivier
Guion: Ellis St. Joseph, historia de (episodio 1)
Oscar Wilde, story "Lord Arthur Saville's Crime" (episodio 2)
László Vadnay, historia de (segment 3)
Ernest Pascal, Samuel Hoffenstein, Ellis St. Joseph
Producción: Charles Boyer y Julien Duvivier
Composición musical: Alexander Tansman
Fotografía: Stanley Cortez y Paul Ivano
Montaje: Arthur Hilton
Dirección de arte: Robert F. Boyle, Robert F. Boyle y Richard H. Riedel
Intérpretes: Edward G. Robinson (Marshall Tyler - episodio 2), Charles Boyer (Paul Gaspar - episodio 3), , Barbara Stanwyck (Joan Stanle - episodio 3), Betty Field (Henrietta - episodio 1), Robert Cummings (Michael - episodio 1), Thomas Mitchell (Septimus Podgers - episodio 2), Charles Winninger (King Lamarr - episodio 3), Anna Lee (Rowena - episodio 2), May Whitty (Lady Pamela Hardwick - episodio 2), C. Aubrey Smith (Dean of Norwalk - Episode 2), Robert Benchley (Doakes), Edgar Barrier, David Hoffman (Davis), Peter Du Rey, Eddie Acuff, Frank Arnold.
Blanco y negro.

27 de octubre de 2026

Don Tancredo y el lanzador de cuchillos


Historia de un hombre (Clemente Pamplona, 1962)

Telmo —Ángel Ter en la única ocasión en que ejerció de protagonista absoluto— pierde su trabajo como camarero y se tiene que buscar la vida en diversas ocupaciones.


Telmo es un émulo de Keaton. Su rostro impasible le lleva a aceptar la apuesta de Sepepe, el cómico que actúa en Villa Romana, dispuesto a dar nada menos que dos mil pesetazas al espectador que pueda aguantar sus chistes sin partirse de risa.

—Quería decirle que su número es muy bueno, y que tiene usted mucha gracia.

—Entonces, ¿por qué no se ha reído?

—Cuando le faltan a uno dos mil pesetas para tener dos mil pesetas, puede estar serio aunque le metan una pluma en la nariz... Si me río, no como.

—Yo pretendía que se riera, para comer yo... Es una pena el dinero. Nos esclaviza, nos obliga a hacer cosas que no nos gustan.


Estos ramalazos de humanismo salpican el guión del académico Lázaro Carreter, que sigue la rigurosa estructura episódica de la novela picaresca.


Sus futuras ocupaciones suponen un grave riesgo para su vida. El ser hombre-anuncio de Primavera en Capri con atuendo inadecuado en pleno invierno —situación humillante tomada del sainete de Arniches Es mi hombre— es una minucia comparado con la oferta de servir de blanco para un lanzador de cuchillos.


Aparte del catarro —el frío, el hambre y la miseria están omnipresentes en la película— el empleo le cuesta el amor de Lolita. Don Iván (Luis Peña), profesor de esgrima y vecino de Telmo, le había hecho creer a la chica, hija de un notario, que era un prestigioso médico para que se casara con él y que su amigo saliera de la miseria.


Un empresario con pocos escrúpulos (Rafael Luis Calvo) le incita a ponerse en la diana contra la que lanza sus cuchillos Richard (Gabriel Llopart). El que sea un borracho impenitente desde que asesinara a su mujer en uno de los números tampoco incita a la confianza. Para no poner en peligro la vida de su nuevo blanco, el artista opta por la vía expeditiva.

El empresario le ofrece entonces el puesto de Don Tancredo en el espectáculo cómico-taurino de la compañía Estrellas de Oriente.


Historia de un hombre recibió la infamante clasificación en Tercera, que excluía cualquier ayuda económica y la expulsaba del circuito de salas de estreno en las principales ciudades. Juan Jesús Cillán, el propietario de Antares Films, recurre, argumentando que tal clasificación supone su ruina, pero antes de que la administración pueda responder, el juzgado embarga el negativo y lo entrega a la distribuidora, que presenta un nuevo recurso. 
[Juan Villaba Sebastián: Clemente Pamplona, del primer plano al fundido en negro. Teruel: Instituto de Estudios Turolenses, 2004.]


Nada impide que los tres largometrajes y el documental producidos por Antares Films salgan a subasta en 1968.


Historia de un hombre (1962)
Producción: Antares Films (ES)
Director: Clemente Pamplona
Guión: Fernando Lázaro Carreter.
Fotografía: Eloy Mella.
Montaje: Juan Pisón.
Música; José Pagán y Antonio Ramírez Ángel.
Intérpretes: Ángel Ter (Telmo), Luis Peña (Iván), Rafael Luis Calvo (Calama), María Fernanda D’Ocón (Milú), Gabriel Llopart (Richard, el lanzador de cuchillos), Erasmo Pascual, Guadalupe Muñoz Sampedro, Pilar G. Ferrer, José Calvo, Tony Soler, Conchita Sarabia, Ricardo Canales, Juan Cortés, Jorge Vico, Rafael Cores, Elena María Tejeiro, Beni Deus, Rufino Inglés, María Hevia y la Agrupación Cómico-Taurina Estrellas de Oriente.
Blanco y negro. Formato académico (1,37:1). 78 min.

20 de octubre de 2026

El Hipódromo, en Hamburgo

Grosse Freiheit Nr. 7 (1944), Helmut Käutner 

Ha querido la casualidad —o nuestra insana curiosidad— que hayamos visto una escena de Grosse Freiheit Nr. 7 en un reportaje dedicado a la invención del Agfa-Color. En esta película Hans Albers regresó al ambiente portuario de su Hamburgo natal.
Hans Albers protagonizó las versiones alemanas de Quick (1932), y Fahrendes Volk / Gens du voyage (Payasos, 1938), estuvo junto a Marlene Dietrich en Der blaue engel (El ángel azul, 1930), fue un Sherlock Holmes apócrifo en Der Mann, der Sherlock Holmes war (1937) y encarnó al Barón de Munchhausen. Inmediatamente después de protagonizar esta película con la que Goebbels pretendía conmemorar las bodas de plata de la Ufa y, de paso, dejar chico al cine de fantasía estadounidense, se metió en la piel de un marinero retirado que canta y toca el acordeón.

El ministro de Propaganda se mostró mucho menos convencido con Grosse Freiheit Nr. 7. No es de extrañar, puesto que Helmut Kautner utilizaba el glorioso Agfa-Color para retratar un triángulo sentimental en el ambiente del barrio chino hamburgués. De fondo, el amor perdido y la nostalgia marinera. El primer término, quereres de pago y marineros borrachos. Poco edificante para las tropas que regresan de Stalingrado.

La escena que hemos visto muestra el ambiente del barrio de St. Pauli y se detiene en un club de variedades, El Hipódromo, en cuya entrada la efigie de Hannes Kroeger reclama la atención del público. Dentro, el propio Hannes (Hans Albers) con su acordeón al frente de una orquesta de señoritas.

El centro del club está ocupado por una pequeña pista circense por la que circulan ecuyeres de torneados muslos. Alguna le da de beber una jarra de cerveza a su montura. En la barra, los curtidos hombres del mar intercambian cigarrillos y requiebros con madamas orondas.

Hannes canta: “Ven, mi querida pequeña. / Sé mía, no digas que no. / Tú serás hasta mañana temprano, a las nueve, / mi pequeña más querida. / Si accedes te seré fiel / incluso hasta las diez. / Ahora, vámonos juntos de juerga. / De noche, en la Reeperbahn, / a las doce y media, / diviértete aunque no tengas una chica. / Siempre es posible divertirse / de noche, en la Reeperbahn, / a las doce y media. / El que nunca en la noche alegre / haya ido de juerga a la Reeperbahn / es un pobre infeliz / porque no te conoce… / St. Pauli, mi St. Pauli nocturno”. También canta la habanera “La paloma”, de Sebastián Yradier.

Tras el bache profesional que supuso la posguerra Albers regresó una y otra vez en sus películas de los años cincuenta a este decorado. La ciudad le ha dedicado una estatua. 

Grosse Freiheit Nr. 7 (1944) 
Producción: Terra-Filmkunst (AL) 
Director: Helmut Käutner. 
Guión: Helmut Käutner y Richard Nicolas. 
Intérpretes: Hans Albers (Hannes Kroeger), Ilse Werner (Gisa), Hans Söhnker (Willem), Hilde Hildebrand (Anita), Gustav Knuth (Fiete), Günther Lüders (Jens), Ilse Fürstenberg (la madre de Gisa), Ethel Reschke (Margot), Erna Sellmer (Frau Kaasbohm), Kurt Wieschala (Jan), Helmut Käutner (Karl), Richard Nicolas (el almirante), Maria Besendahl (Frau Boergel), Justus Ott (Herr Wellenkamp), Gottlieb Reeck (Herr Puhlmann). 
111 min. Color (Agfa-Color).


13 de octubre de 2026

Circos en blanco y negro


El circo siempre ha tenido gran atractivo para los medios de comunicación. Su color, olor, vitalidad y cierta mística del riesgo a la muerte, hacen que los medios de comunicación se interesen por este espectáculo y que continuamente veamos por la televisión noticias o documentales relacionadas con el circo. Aquí tenemos dos ejemplos tempranos de esto. Dos documentales que circularon en la década de los años cuarenta del siglo XX y que nos muestran dos lados diferentes de esta vida nómada: la función, con sus aplausos, lentejuelas y serrín de la pista; y la vida diaria, el continuo ir y venir, el cuidado de los animales y el entrenamiento diario. 


En el primero podemos destacar un par de apariciones del payaso Emmet Kelly y el número de boxeo de Otto Griebling, así como el entusiasmo del narrador a la hora de presentar los diferentes números. 

Here comes the circus (1942)
Castle Films (USA)
Director: Howard Bretherton
Con la participación de: Emmett Kelly (Circus Clown), Otto Griebling (Circus Clown), Clyde Beatty (Animal Trainer), Betty Rich (Trapeze Artist), Dorothy Herbert (Blind-folded Horse Jumper), Jean Allen (Elephant Rider).
Filmado en el Cole Bros. Circus.
14 min. B&W


 

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En el segundo, realizado en el circo austriaco Rebernigg, nos sorprende desde el primer momento con un montaje eficaz y entretenido que ayuda a mantener el interés en el documental. El circo se despierta y sí, las primeras imágenes son para los tigres y leones bostezando y estirándose. Luego se teje la vida del circo con las atracciones, los diferentes números que tienen su momento de clímax en la escena del domador Karli Rebernigg con la cabeza en la boca del león. Una escena realmente impactante.

A circus wakes up (1949)
Argo Films (USA)
Filmado en el Circo Rebernigg
9 min. B&W

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6 de octubre de 2026

Fun at the circus


Fun at the circus (1955), Castle Films

Hay bastante material en internet sobre el Cole Brothers, el Bertram Mills y otros circos que operaban con fuerza en la década de los 50 en Estados Unidos y en Europa. Las principales productoras de documentales de la época tenían gracias al circo una gran cantidad de recursos que siempre atraía la atención del público y que daba una buena muestra de la actualidad —al menos artística— alrededor del mundo.


Las imágenes que proyectamos hoy están grabadas —si nadie nos lleva la contraria porque no está documentado en los créditos de la película— en el legendario Olympia de Londres (Olympia Exhibition Centre), un inmenso palacio de exposiciones e indoor inaugurado en 1886 en el distrito de Kensington. El Bertram Mills Circus realizaba sus giras de verano bajo carpas tradicionales itinerantes, pero su gran sello de identidad histórica y su espectáculo más fastuoso era su icónica temporada de invierno navideña, celebrada año tras año dentro de la enorme nave principal del Olympia.


Nos ha costado bastante descubrir los nombres de los artistas que aparecen anónimamente en la película, pero hemos sido capaces de identificar a algunos de los payasos, entre ellos al gran Coco, Nicolai Polakovs, el director y alma del equipo de payasos de Olympia, liderando las clásicas bromas, con sus zapatos gigantescos (¡registrados en el Libro Guinness por su descomunal tamaño!), un traje enormemente holgado, una característica peluca pelirroja con un resorte mecánico que se levantaba cuando se asustaba, siendo siempre la víctima torpe que recibía los tartazos de crema o los cubos de agua. Nacido en Letonia en el año 1900 se convirtió en el payaso más famoso y querido de todo el Reino Unido, hasta el punto de que la Reina Isabel II le otorgó la prestigiosa Orden del Imperio Británico en 1963. Junto a él, estaban algunos pequeños de los Schaeffer’s Midgets, los payasos Alby Austin, Jack Sloan y los que realizan el combate de boxeo, conocidos como Biff y Buff.

Podemos también distinguir el fastuoso número de caballos y ponies del Circo Schumann, al simpático mago y pickpocket Borra que realiza magia con cigarrillos, humo y bolas y una nutrida e interesante troupe de focas que queremos identificar como las Winston's Sea Lions del Capitán Harold W. Winston.


Igualmente, podemos apreciar entre su metraje la participación de Karl Kossmayer y su número del Burro Indomable y podemos deducir que el número de osos ciclistas también estaría a su cargo, aunque presentado por Wynne Shearme. En lo más alto del recinto se encuentran The Seven Eagles, una sufrida troupe de funambulistas haciendo pirámides a una altura considerable. A otra altura más razonable, una troupe de equilibristas haciendo, sobre el alambre, un equilibrio de cabeza a cabeza, ¿Son Los Arata? ¿Quiénes son? Dudamos también de los ágiles y veloces malabaristas, ¿son Los Crastons? Y de la pareja de chicas acróbatas que realizan sus saltos sincronizadamente. Del mismo modo, al amaestrador de elefantes le hemos puesto un nombre: Gindl.


En fin, ha sido un viaje entretenido y fructífero por el circo europeo de hace 70 años. Un blanco y negro que sabe transmitir muy bien el entusiasmo de los espectadores y la maravilla que suponía el circo para toda la sociedad.

30 de septiembre de 2026

Cuando el circo llegaba en tren


The Circus comes to town (1937), Adolph Cukor

Una auténtica lección de circo de la mano del genial Adolph Zukor, con la inestimable participación del domador Clyde Beatty y de toda la plantilla —y son muchos— del Cole Brothers Circus.
El circo llega en tren, vagones y vagones con los materiales, la lona, las gradas, los animales, las viviendas… En la futura pista están haciendo mediciones antes de que llegue todo el personal, una caravana interminable de personas con sus vehículos y sus animales.


Se extiende la lona, se clavan las picas y se levanta la carpa con ayuda de los elefantes y la caballería. Aunque hay una máquina percutora que ayuda a clavar las picas, la cuadrilla del mazo sigue rematando la tarea. La faena bien merece una comida sabrosa. Los circos sobreviven si tienen una buena cocina y unos buenos cocineros o cocineras. La logística es completamente militar.


La carpa es gigantesca, la cabalgata, interminable, el narrador, incansable. Los números, destellos de excelentes números en realidad, se suceden a un ritmo vertiginoso. Y como número final: los Jungle Cats de Clyde Beatty, con una doma directa en la que el domador se enfrenta cara a cara con sus animales. La icónica imagen del domador usando una silla de madera como escudo.



The Circus comes to town (1937),
Dirección y Producción: Adolph Cukor
Narrador: Ford Bond 
Escritor: Jack Kofoed
Cole Brothers Circus

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Circus Day in Our Town (1949), Encyclopaedia Britannica Films

Han pasado algunos años pero el estilo y el sentido del documental sobre el Cole Brothers Circus es el mismo. La música nos lleva en volandas, y las imágenes nos cautivan con el esplendoroso y atareado mundo del circo.


El Side Show ahora ocupa un lugar importante al lado de la carpa principal custodiada por las decenas de payasos. La calidad de los circos se medía por el número de payasos, no importaba que fuesen buenos —con un par buenos bastaba—, pero sí que fuesen muchos y saliesen uno a uno por la rendija de una lona.