28 de julio de 2014

La risa ofende y halaga, sé benévolo al repartirla



Juguetes rotos (Manuel Summers, 1966)

Juguetes rotos es, junto a Las Hurdes / Tierra sin pan (Luis Buñuel, 1933) y Queridísimos verdugos (Basilio Martín Patino, 1973), uno de los más certeros retratos documentales de la España negra. Allí donde Buñuel escruta con mirada de entomólogo y Martín Patino escarba con hurgón de moralista, Summers y Tico Medina se acercan con humor teñido de melancolía a sus juguetes.


Summers indaga qué se ha hecho de los otrora héroes populares del fútbol, el boxeo, los toros o el espectáculo. Los púgiles Paulino Uzcudun, Luis Folledo y Ricardo Alís, el futbolista Guillermo Gorostiza y los toreros Pacorro y Nicanor Villalta reviven glorias pasadas.


Otros ni siquiera han llegado a saborear las tan cacareadas mieles del éxito, como ¡Oh, Gran Gilbert!, que todas las noches interpreta un espectáculo musical en la Bodega Bohemia de Barcelona y, a los ochenta y tantos años, todavía sueña con triunfar en Madrid.


El guión depositado en la Biblioteca Nacional corresponde probablemente a un estadio intermedio de la producción, antes de que se tomaran varias decisiones definitivas, y es muy clarificador de las pretensiones iniciales de Medina y Summers.


La película se debía articular en cuatro grandes bloques dedicados al fútbol, los toros, el boxeo y la belleza. De este último sólo queda el episodio de ¡Oh, Gran Gilbert!, que finalmente viene a funcionar como pórtico del montaje definitivo. Aquí podemos ver el documental en varias partes: 
[http://youtu.be/g4rkU93lHlY]

Juguetes rotos (1966)
Producción: Paraguas Films / Pefsa (ES)
Director: Manuel Summers.
Guión: Manuel Summers, Tico Medina.
Documental, con la intervención de ¡Oh, Gran Gilbert!, Guillermo Gorostiza, Paulino Uzcudun, Ricardo Alís, Nicanor Villalta Franci,sco Díaz “Pacorro”, Marina Torres.
80 min. Blanco y negro.



25 de julio de 2014

El infierno como atracción de feria




Dante's Inferno (La nave de Satán, 1935), Harry Lachman

Jim Carter (Spencer Tracy) trabaja como fogonero en el transatlántico S.S. Paradise pero pierde su empleo y se contrata como blanco con la cara pintada de negro en una barraca de pim-pam-pum. Es el principio de una carrera meteórica que le llevará a fundar un emporio de juego y juerga, encontrar el amor en la dulce Betty (Claire Trevor)… y a perder su alma.


Harry Lachman había sido pintor y escenógrafo antes de dirigir varias películas entre las que se cuentan Charlie Chan at the Circus (1936) y ésta de ferias y feriantes que ayer proyectamos en la carpa. Seguramente por eso, en la barraca del profesor “Pop” McWade (Henry B. Walthall), aparte de una decoración grotesca y grutesca priman los cuadros históricos: Cleopatra y el áspid, Salomé y la cabeza del Bautista, Alejandro y el nudo gordiano…


También un busto de Dante Alighieri, cuya Divina Comedia da nombre a la atracción.


La celebridad de la película se debe, antes que nada, a un montaje exento de diez minutos que reproduce los suplicios de los condenados en el infierno. Es una visión simbólica producida por la visión de los grabados de la versión ilustrada del libro.


El resto es una parábola sobre el capitalismo, así como suena. Típico drama de la Gran Depresión y de la hipocresía del final feliz made in Hollywood. Jim Carter logra el éxito sin pararse en barras. Su ascenso está sembrado de los cadáveres de sus rivales. Miente en un juicio y obliga a su mujer a cometer perjurio. Y todo con tal de montar un casino de lujo en el transatlántico del que fue despedido como fogonero.


Mucho se habló en los años setenta del cine de catástrofes como metáfora de la crisis de valores de la sociedad y del hundimiento del sistema de estudios. La industria del entretenimiento ya había recurrido a este mismo expediente en los años treinta. Probablemente la mejor ilustración del mismo sea King Kong (King Kong, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), la bestia atávica que deviene rey de Nueva York, pero también Madam Satan (Cecil B. DeMille, 1930) y San Francisco (San Francisco, W.S. Van Dyke, 1936).


Dante's Inferno multiplica el desastre. Primero, el del colosal palacio de los horrores montado sobre la estructura de la atracción de las cataratas. Luego, el de la Sodoma flotante. Según la Fox, la sociedad hedonista que vive por encima de sus posibilidades está condenada a suplicios eternos y a vivir en el espanto, en tanto que el empresario negligente y ávido de ganancia fácil salva su alma inmortal gracias a un acto heroico que le sirve para salvar su propia vida y la de su hijo.


Mejor no buscar paralelismos con el aquí y ahora.


Dante's Inferno (La nave de Satán, 1935)
Producción: Fox Film Corporation (EEUU)
Director: Harry Lachman.
Guión: Philip Klein, Robert M. Yost.
Intérpretes: Spencer Tracy (Jim Carter), Claire Trevor (Betty McWade), Henry B. Walthall (“Pop” McWade), Alan Dinehart (Jonesy), Scotty Beckett (Alexander Carter), Robert Gleckler (Dean), Willard Robertson (el inspector Harris), Morgan Wallace (el capitán Morgan) y Gary Leon y Rita Cansino (la pareja de baile).
89 min. Blanco y negro.