15 de mayo de 2012

Las maravillas del circo de Joe E. Marvel



Thirteen Women (1932), George Archainbaud

Desde el mismo inicio de la película un rótulo advierte al espectador sobre el poder de la sugestión que, según algunas autoridades siquiátricas, puede conducir al suicidio y al crimen. Hay que tomarse este rótulo completamente en serio para disfrutar de Thirteen Women.

 

Doce mujeres que asistieron en el pasado al mismo colegio de señoritas deben pagar ahora por haber humillado a una compañera medio hindú, medio javanesa, que vayan ustedes a saber por qué se llama Ursula Georgi (Myrna Loy). Ésta se ha aliado con el adivino Swami Yogadachi (C. Henry Gordon) para enviar horóscopos falsos a sus excompañeras en los que se predicen toda suerte de desgracias para ellas y sus familias. Una a una van cayendo, víctimas de la autosugestión. Y, si se resisten, aún queda la mirada mesmerizante de Ursula para llevarlas a la muerte. Laura Stanhope (Irene Dunne) deberá luchar, además, por salvar la vida de su hijito, asistida por el oficial de policía Barry Clive (Ricardo Cortez). 

 
Eso sí, como la susodicha Ursula no se dedica a realizar exhibiciones públicas de su poder en ferias ni en saraos, si hemos proyectado la película en la carpa ha sido porque su primera víctima es June Raskob (Mary Duncan). June forma junto a su hermana May (Harriet Hagman) una célebre pareja en el trapecio volante.


Cuando June recibe la nota letal las hermanas Raskob se encuentran de gira con el circo de Joe E. Marvel, donde comparten pista con las actuaciones anónimas de las écuyères interpretadas por Aloha Porter –Miss California en 1926- y Audrey Scott –una veterana especialista que figuró en innumerables películas a lo largo de treinta años de carrera y que en 1969 publicó sus memorias con el título de “I Was a Hollywood Stunt Girl”-. Los trapecistas que concibieron y ejecutaron los saltos en la película fueron Clayton Behee, Eddie DeComa, Buster Bartell y Eddie Viera. Entre otras audacias asistimos a un doble mortal en el que la impresionable June debe ejercer de portor. No es necesario subrayar que esa función supondrá el final de la carrera de las “maravillas de Joe E. Marvel”. 


Como decíamos al principio, no hay resquicios para el humor en la cinta del destajista parisino afincado en Hollywood George Archainbaud. Estos temas, que Hollywood solía tratar con cierta sorna, son en Thirteen Women motivos para crear situaciones mórbidas en las que priman los primeros planos de las mujeres que protagonizan la práctica totalidad de la trama, mientras que los hombres son apenas peones en la trama. Además, estamos en 1932, antes de que la industria del cine acepte finalmente imponer el “código Hays” en su producción, por lo que los suicidios, accidentes mortales y crímenes se suceden a velocidad vertiginosa. 


No obstante, la celebridad de Thirteen Women se debe casi exclusivamente a la presencia en su reparto de Peg Entwistle, la chica que se arrojó al vacío desde lo alto de la H del letrero que domina Hollywood. Tomó la decisión, dos después del estreno, sin que mediara el poder hipnótico de excompañera alguna, acaso consciente de que iba a convertirse en metáfora del fracaso en la ciudad de los sueños.


Thirteen Women (1932) 
Producción: RKO Radio Pictures (EEUU) 
Director: George Archainbaud. 
Guión: Bartlett Cormack y Samuel Ornitz, de una novela de Tiffany Thayer. 
Intérpretes: Irene Dunne (Laura Stanhope), Ricardo Cortez (Barry Clive), Jill Esmond (Jo Turner), Myrna Loy (Ursula Georgi), Mary Duncan (June Raskob), Harriet Hagman (May Raskob), Kay Johnson (Helen Dawson Frye), Florence Eldridge (Grace Coombs), C. Henry Gordon (Swami Yogadachi), Peg Entwistle (Hazel Clay Cousins), Edward Pawley, Blanche Friderici, Aloha Porter, Audrey Scott. 
73 min. Blanco y negro.



7 de mayo de 2012

La ordenanza 253





Jeanne Eagels (1957), George Sidney 

La ordenanza 253 castiga los delitos de obscenidad e indecencia en el estado de Kansas. Así que cuando la Princesa Dardanella muestra su “secreto” a la selecta concurrencia la policía irrumpe en la feria de Sal Satori (Jeff Chandler) y se la lleva detenida con su sucinto vestuario.


Para sacarla del trullo el locuaz Sal hace que el juez compare la belleza clásica de la Venus de Milo con la carnal de Jeanne Eagels (Kim Novak), pues este es el verdadero nombre de la odalisca sicalíptica.
 -Olvídese de los brazos, claro –puntualiza al babeante juez.


La ilusión de la Jeanne ficticia –porque existió una Jeanne auténtica, de vida igualmente trágica– es convertirse en una auténtica actriz de Broadway, triunfar en esa calle 42 en la que los hermanos Marx, Fannie Brice y W.C. Fields ocupan las marquesinas. Lo conseguirá a costa de lo que sea.


Aunque tenga que olvidar a Sal, que le ofrece una vida estable, cuyo primer jalón es una montaña rusa en Coney Isalnd.


Aunque tenga que pasar por encima de la estrella malograda Elsie Desmond (Virginia Grey) y robarle “Rain”, una obra de Somerset Maugham que supondrá su consagración.


Pero como en todo biopic hollywoodense la ambición pasa factura, la vida de la señorita Eagels se convierte en un torbellino de orgías, alcohol, drogas y adscripción a la lista negra del sindicato de actores. Sólo la ayudará a salir del pozo el fiel Sal, que tiene grandes proyectos y un teatro de variedades. Allí acaba sus días la Jeanne Eagels ficticia, interpretando escenas de sus obras más conocidas y compartiendo escenario con la foca Sammy y otros ocho números de variedades selectas.


Como las estrellas siguen brillando mucho tiempo después de haberse extinguido Sal entra en el cine con los morbosos espectadores que acuden a ver su última película.


Como película, Jeanne Eagels nos ha resultado bastante insatisfactoria. Pese a la suntuosa reconstrucción de las barracas de feria y los parques de atracciones que tanto nos atraen, George Sidney no es capaz de exprimir un guión más atento al regodeo sádico en la caída de la actriz que a las posibilidades de la historia. Eso sí, aquellos de ustedes dados a la mitomanía cinematográfica pueden disfrutar de una escena en la que Frank Borzage dirige a la estrella en la silente Man, Woman and Sin (1927) que en realidad fue dirigida por Monta Bell.  


Jeanne Eagels (1957) 
Producción: Columbia Pictures EEUU) 
Director: George Sidney. 
Guión: Daniel Fuchs, Sonya Levien, John Fante. 
Intérpretes: Kim Novak (Jeanne Eagels), Jeff Chandler (Sal Satori), Agnes Moorehead (Nellie Neilson), Charles Drake (John Donahue), Larry Gates (Al Brooks), Virginia Grey (Elsie Desmond), Joe De Santis (Frank Satoris), Murray Hamilton (Chick O'Hara), Heinie Conklin (Joe, un empleado de la feria), William 'Tex' Carr (el comefuegos), Gene Lockhart. 
108 min. Blanco y Negro.