25 de febrero de 2010

Los Rudi-Llata


Primer número de unos cuadernos de circo editados por Arts des 2 Mondes. Dedicado a los payasos Rudi-Llata, hace un breve, intenso y bien documentado recorrido por la carrera artística de estos payasos, una troupe vital que contagiaba buen humor allá por donde fuese.

Denis, Dominique
Les Rudi Llata, Clowns Universels
Editions Arts des 2 Mondes, 2004, Francia

23 de febrero de 2010

La Muñeca del Espacio


La muñeca del espacio
(2006), David Moncasi

En 2007 tuvimos la suerte de conocer a Carmen Sánchez, la protagonista de este documental. En la Escuela de Circo Carampa, Carmen, se subió a un trapecio –para ella, "eso" no era un trapecio– unas horas antes de que le dedicaran un homenaje en el nuevo Teatro Circo Price. Carmen, una ex-trapecista octogenaria que se quedó ciega por culpa de un medicamento mal prescrito, revive sus ilusiones y nos cuenta su energética forma de enfrentarse a la vida cada día desde su residencia de Sitges.

Casada con Pepi Rudi-Llata, a los 37 años tuvo que abandonar la pista debido a su ceguera. Guardando en su memoria las imágenes de ésta ha sabido mantener un espíritu de superación casi circense. El "más difícil todavía" no lo realizó en la cúpula del circo con sus acrobacias en el trapecio, lo realiza cada día, en la playa de Sitges, en su casa, en el hogar del jubilado…

Carmen había sido conocida como La Muñeca del Espacio y durante algunos años su figura volaba en lo alto de muchos circos por toda Europa. Más tarde se incorporó a la troupe de payasos Rudi-Llata, los payasos de la película Feurwerk (Sueños de Circo, 1953), el film en el que debuta la actriz Romy Schneider.

Junto con las otras mujeres de los payasos, componen la troupe Los 8 Rudi-Llata, con los que recorre toda Europa cosechando grandes éxitos en Francia, Suecia, Inglaterra, España, Alemania, Suiza, Bélgica… En 1971 los Rudi-Llata se despiden de la pista en la XIV Gala de la Piste organizada en el Cirque d'Hiver de París, después de 35 años de carrera.

Los hijos de Pepi y Carmen, José (Pepito) y Carmen, siguen la tradición familiar con una nueva formación de Rudi-Llata. Trabajan en Francia en un pequeño circo ambulante, el Cirque de Paris, donde han recuperado una entrada original de los famosos payasos: El Restaurante Automático. Moncasi graba a los hijos ensayando el sketch y el viaje de su madre hasta Francia para ver el estreno del número. Aquí nos encontramos con otro de los protagonistas del documental, un torturado Pepito que todavía sufre el hecho de que su madre se quedara ciega justo después de nacer él y que encarna a la perfección el perfil de nuestro payaso afligido y triste, en este caso obsesionado casi patológicamente con su propio destino, que muestra su lado más misántropo mientras se enfrenta con el día a día de un pequeño circo.

David Moncasi, el director y guionista, se enamoró de la peripecia vital de Carmen cuando la conoció casualmente en un bar de Sitges. Decidió realizar el documental sin prisas y contar la historia de un modo indirecto. Se centra en el presente, dejando que el pasado se asome con naturalidad. Carmen se encarama a una escalera para quitar las cortinas, cocina con autonomía –aunque comer es la actividad que menos le gusta–, hace punto, gimnasia diaria, natación y baila con unos espectaculares zapatos de tacón.

Además de los premios que ha cosechado el documental (http://www.golem.es/lamunecadelespacio/), la Carabela de Plata obtenida en Huelva 2005 y el segundo premio en el madrileño Documenta 2007, la protagonista obtuvo el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine Digital de Barcelona (DIBA) de 2006.


La muñeca del espacio (2006) 
Producido por: Golem Distribución SL y Estación Central de Contenidos SL (ESP)
Guión y Dirección: David Moncasi 
Montaje: Antonio Frutos y Javi Frutos 
Fotografía: Josu Larunbe, Fernando Martín y David Moncasi 
Música original: Gat & Madish 
76 min. Color

20 de febrero de 2010

El amante gitano de Galina Brezhnev

Stanley Laudan, polaco de nacimiento, músico de gran talento y autor de varias canciones muy populares en Rusia, nos cuenta una entretenida historia de corruptelas, lujo y excesos sexuales de la última época de Brezhnev en el poder de la Unión Soviética.

Bajo la vigilancia omnipresente del KGB y de las ambiciones políticas de sus informadores, Stanley Laudan regresa a la URSS para organizar diversos conciertos en Londres con el músico Katkachurian. En su viaje conoce a Boris Buryatsa, conocido como "el Gitano", amante de Galina Brezhnev, hija del todopoderoso –por el momento– Brezhnev, gran aficionada al alcohol, las joyas y a los amantes robustos. Su contacto con Boris le permite conocer a Galina y ésta le facilita, en primera instancia, el buen éxito de su empresa. Pero Boris está en el punto de mira de la siniestra KGB y en sucesivos viajes las cosas se complican.

El libro nos permite conocer un poco más a fondo a Galina Brezhnev, amante y protectora de artistas de circo soviéticos y sitúa políticamente el documental que hemos encontrado en internet y del que ya hemos hablado.

Laudan, Stanley
Galina Brezhnev and her gypsy lover
Quartet Book Limited, 1989, London
ISBN: 0 704302712 0

18 de febrero de 2010

La partener del lanzador de cuchillos


La foire aux chimères
(La feria de las quimeras, 1946), Pierre Chenal

Satanás y Ángela trabajan en una feria. Satanás lanza cuchillos. Ángela aguanta sin parpadear. Es ciega desde que cayó del trapecio.

La vida es mucho más prosaica. Satanás se llama Robert (Yves Vincent) y está liado con la écuyère. Ángela es Jeanne (Madeleine Sologne), una belleza casi fantasmal, envuelta en cendales blancos a la que una cabra guía por la feria. Quiere el destino —la casualidad aquí no tiene parte— que a esa feria acuda a celebrar su quincuagésimo cumpleaños el misántropo banquero Frank Davis (Erich von Stroheim). Tiene la parte derecha del rostro completamente desfigurada por una herida de guerra. Encuentro mágico el de la bella y la bestia, con música de organillo y el torbellino de la feria de fondo.

Frank Davis es odiado por sus empleados y rechazado por las mujeres. Cuando un empleado le pide disculpas por haberse burlado de él, Frank replica: —No se preocupe. Es usted un payaso… Y yo adoro el circo.

Noche de lluvia y relámpagos. Un único espectador en la carpa. El patético Frank con su ramito de violetas. En la pista, Clara (Claudine Dupuis), la écuyère. Luego, una fanfarria anuncia la presencia de Satanás y Ángela. Jeanne se presenta en lo alto de la cúpula, suspendida en el aire con las alas desplegadas. Robert, disfrazado de Mefistófeles de guardarropía, le corta las alas de dos certeros lanzamientos. Una vez en la pista, Ángela se sitúa ante el clásico panel contra en el que los cuchillos van marcando su silueta.

Frank propone a Ángela que le acompañe a su castillo. Sí, la bestia posee un castillo pero, como en los cuentos, no puede entrar solo. Pierre Chenal no ahorra subrayados, siguiendo así el guión de Jacques Companeez. Cuento de ángeles y demonios, de luz y tinieblas, amor carnal frente al amor puro, espiritual y el interés inmediato contra la generosidad suprema. Para conseguir el dinero con el que ella se pueda someter a la operación que le devolverá la vista, Frank cae en una espiral de degradación que le lleva la casa de juegos de Furet (Louis Salou, otro histrión de raza cuya fama procede de su interpretación del Conde de Montray en Les Enfants du paradis). Arruinado, el banquero termina firmando unos pagarés que no puede afrontar. Nada más fácil para él que emitir billetes falsos.

Entra la policía en escena. Hay una muerte. Frank le da a Jeanne todos los caprichos y paga la costosa intervención quirúrgica. Chenal echa el resto en la escena en que Jeanne finge que no ha recobrado la vista para no delatar la repugnancia que le produce la fealdad de Frank. En cambio, Satanás es bello, fuerte y joven como él solo. Clara escapó. Robert parte esa noche con la feria. Jeanne acude a la estación para despedirse de él, para “verlo” por última vez. Luego, regresa junto a la bestia. Patetismo trágico.

Para el último acto reserva Chenal una catarata de angulaciones de cámara enfáticas e iluminación expresionista. Fuego purificador, lluvia de billetes falsos y un Stroheim desatado. Seguro que no les decepciona.

De la pareja Chenal-Stroheim ya habímos visto por aquí L’alibi (1937), ¿se acuerdan?
La foire aux chimères (La feria de las quimeras, 1946) 
Producción: Cinéma Productions (FR) 
Director: Pierre Chenal.
Guión: Jacques Companéez y Ernst Neubach. 
Diálogos: Louis Ducreux. 
Intérpretes: Madeleine Sologne (Jeanne « Ángela »), Erich von Stroheim (Frank Davis), Louis Salou (Furet, el director de la casa de juego), Yves Vincent (Robert « Satanás »), Claudine Dupuis (Clara, la écuyère), Jean-Jacques Delbo (Lenoir), Dora Doll (la secretaria de Lenoir), Line Renaud (la cantante del Styx), Margo Lion (Marie-Louise, la casera), Annette Poivre (la suplente), Georges Vitray (el director), Pierre Labry (Gardel), Marcel Mérovée (Doudou), Denise Benoît, Howard Vernon, Jean-Paul Moulinot. 
105 min. Blanco y negro.

11 de febrero de 2010

Mr. Memory, artista mnemotécnico (Variedades en el Palladium II)


The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935), Alfred Hitchcock 

De toda la galería de inolvidables personajes que pueblan las películas de Hitchcock hay uno que siempre vuelve a mis recuerdos: Mr. Memory.

Mr. Memory (Wylie Watson) trabaja en un teatrito de variedades londinense. Cada día memoriza cincuenta hechos de modo que su cerebro –del que ha hecho donación en vida al British Museum- es un lugar prodigioso en el que se almacenan datos de toda procedencia: las noticias, publicaciones científicas, hechos históricos… Mr. Memory se ofrece a contestar cualquier pregunta. Claro que, esto supone bregar con el público del music-hall, siempre chascarrillero.

Las cuestiones se dividen entre proezas deportivas y preguntas como “dónde estará mi marido desde el sábado” o “cuántos años tiene Mae West”. -Lo sé, señor. Pero yo soy un caballero –responde imperturbable Mr. Memory.
En la trifulca consiguiente Richard Hannay (Robert Donat) se ve arrojado en brazos de una mujer misteriosa (Lucie Mannheim), cuyo asesinato será el desencadenante de la investigación sobre la organización criminal que se esconde tras el nombre de “los 39 escalones”.

El final de la cinta tiene lugar en otro teatro de variedades, éste ya con más empaque: el Palladium. La policía ya sabe que allí encontrará a Hannay, un falso culpable en la mejor tradición hitchcockiana. Mientras toman el edificio tenemos ocasión de entrever el final del número de unos payasos bailarines. Aquel año, el Palladium se había convertido en el hogar de un grupo de cómicos constituido por Jimmy Nervo y Teddy Knox, Charlie Naughton y Jimmy Gold, y Bud Flanagan y Chesney Allen. Habitualmente trabajaban en pareja. No hemos encontrado constancia de que sean ellos los que aparecen en escena pero en 1931 habían conocido el éxito con un espectáculo titulado “Crazy Week” y, cuando Flanagan y Allen se sumaron al equipo lo rebautizaron como “Crazy Month”, que es el luminoso que aparece en la fachada del teatro.

En cualquier caso, sirven de fondo a la búsqueda de Pamela (Madeleine Carroll) y Scotland Yard para dar con Hannay. Cuando por fin llegan a él, acaba de salir Mr. Memory al escenario. En un palco aguarda el siniestro profesor Jordan (Godfrey Tearle). Al escuchar la sintonía del número mnemotécnico Hannay comprende todo. Los secretos de estado abandonan el país en la cabeza de Mr. Memory. Por eso no falta ningún plano del Ministerio.

Hannay pregunta a Mr. Memory que son “los 39 escalones”. El pundonoroso artista no tiene más remedio que contestar… aunque ello le cueste la vida. Antes de expirar pregunta, como siempre: -¿Es correcto, señor? -Sí. -Tengo una memoria excepcional, ¿verdad? -Maravillosa.

Al fondo, las bailarinas entretienen al público, ajeno a la tragedia de este hombrecillo que se debe a su arte hasta el extremo de dar su vida por él. Otros no habrían llegado a tanto.

Al parecer Hitchcok basó el personaje en un artista de variedades real que se presentaba con el nombre de “Datas, The Memory Man”. Suya era la muletilla del “¿Es correcto, señor?”. En realidad se llamaba William James Maurice Bottle y había nacido en Newnham (Kent) en 1875, hijo de un humilde zapatero. Debutó en el Crystal Palace en 1901. El “Evening News” escribió de él: "El joven moreno y atildado que actúa con el nom du theatre de Datas en el Palace es un Diccionario Haydn humano puesto al día, Durante seis semanas ha contestado, a la velocidad del pensamiento, a toda clase de preguntas y asuntos de interés público o histórico. No predice nada pero tampoco olvida ni una palabra que haya oído o leído”. Datas no donó su cerebro a ningún museo, sino que lo vendió por dos mil dólares a un médico estadounidense. Poco antes de morir, a los ochenta años, recitó de memoria los caballos que habían participado en una carrera celebrada en 1874. En “Funes el memorioso” Borges narró cómo esto constituía una maldición.

Postdata 
Repaso el libro de entrevistas que Truffaut le hizo a Hitchcock para ver si encuentro alguna anécdota, un detalle íntimo o una ironía del tío Alfred con la que dar brillo al comentario. Encuentro que Truffaut destaca precisamente esto mismo que me había llevado a escribirlo: el patetismo de Mr. Memory. Creía que era una idea propia y probablemente dormía ahí desde que lo leyera. Les aseguro que lo había olvidado.
Sr. Feliú
The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935) 
Producción: Gaumont British (GB) 
Director: Alfred Hitchcock. 
Guión: Charles Bennett, de una novela de John Buchan. 
Intérpretes:), Robert Donat (Richard Hannay), Madeleine Carroll (Pamela), Lucie Mannheim (Annabella Smith), Godfrey Tearle (el profesor Jordan), Wylie Watson (Mr. Memory), Pat Hagate (el presentador), John Laurie (John), Peggy Ashcroft (Margaret), Helen Haye (Mrs. Jordan), Frank Cellier (el sheriff Watson), Gus MacNaughton (el viajante de la pipa), Jerry Vernon (otro viajante), Peggy Simpson (la doncella). 
86 min. Blanco y negro.

9 de febrero de 2010

Es peligroso asomarse al interior (Variedades en el Palladium 1)


The Clairvoyant (El vidente, 1934), Maurice Elvey 

Es peligroso asomarse al interior. Tomamos el título prestado de Enrique Jardiel Poncela, que, por si ustedes no lo sabían, aparte de humorista excelso y comediógrafo de éxito, fue en su juventud autor de novelas de lo sobrenatural y lo oculto.
El Gran Maximus 
Los que vieron Nightmare Alley ya conocen el truco. La asistente del mentalista pronuncia determinadas frases con ciertas inflexiones que permiten al vidente, con los ojos vendados, describir los objetos que los espectadores le proponen. La asistente sería una especie de “batería eléctrica” que transmite al vidente la fuerza del pensamiento. Pero, ¡ay!, Rene (Fay Wray), la esposa y ayudante del Gran Maximus (Claude Rains), se ausenta del teatro accidentalmente. El número se va al traste, cuando Maximus entra en contacto telepático con una espectadora (Jane Baxter). Ella actúa como auténtico médium y Maximus adivina de modo natural el contenido de una carta en el bolsillo de un espectador burlón. Cuando está a punto de predecir un accidente ferroviario cae desvanecido.

Más tarde, en el tren, se encuentra de nuevo con la desconocida. Tira de la alarma. Es precisamente este tren el que descarrilará. El revisor los hace descender del convoy. El fatal desenlace se confirma. Los más importantes empresarios de variedades se disputan su contrato. James J. Bimeter (C. Denier Warren) le ofrece el más suculento: cuatro semanas en el Palladium londinense, a trescientas libras semanales… más gastos. Claro que, a cambio, exige auténticas profecías y no su superchería adivinatoria. Para ello es precisa la presencia de Christine, la médium, y esto despierta los celos de Rene. Ella preferiría volver al circuito provincial de variedades: -¿¡Por diez libras a la semana!? –se escandaliza Max.

En presencia de Christine el Gran Maximus predice el caballo ganador del derby de Epsom. Pero pronto caerá en la cuenta de que este poder es una maldición. -No puedo renunciar a ello. Es un don de Dios. -O del Diablo –contraargumenta Rene.

¿Se debe Max a su don? ¿Es éste más fuerte que su amor por Rene? Ahí tienen el drama. Quedará expuesto en forma de juicio en los minutos finales, cuando Max sea acusado de provocar con sus predicciones un accidente en una mina.

Las vibrantes escenas de la excavación nos remiten a la siguiente película dirigida por Maurice Elvey, que el Abuelito les contó en su día: (http://eldesvandelabuelito.blogspot.com/2009/01/tunnel.html).

Charles Bennett, guionista de Hitchcok 
Sin embargo, buena parte del humor y el dramatismo de las situaciones proceden del magín del dramaturgo Charles Bennett, que a estas alturas de los años treinta se ha asentado como uno de los más prestigiosos guionistas del cine británico. Prueba de ello son sus colaboraciones con Hitchcock: Blackmail (La muchacha de Londres, 1929), The Man Who Knew Too Much (El hombre que sabía demasiado, 1934), The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935) –sobre la que pronto tendrá noticias-, Secret Agent (El agente secreto, 1936), Sabotage (Sabotaje, 1936) y Young and Innocent (Inocencia y juventud, 1937). Después de establecerse en Estados Unidos, regresó a Gran Bretaña como guionista de otra película en la que los médiums, la hipnosis y la magia blanca y negra, juegan un papel importante: Night of the Demon (La noche del demonio, 1958), de Jacques Tourneur.

Inmediatamente después, de vuelta en Estados Unidos, escribió para Irwin Allen el guión de The Big Circus (El gran circo, 1959), de Joseph M. Newman. Según cuenta el propio Bennett había un guión previo que no satisfacía al estudio que respaldaba la película. Rehizo el guión en un par de semanas. Poco trabajo, poco dinero, escasa satisfacción. 

El principio de una hermosa amistad 
Pero volvamos a The Clairvoyant. Claude Rains había sido reclamado por el cine estadounidense en 1933 para interpretar –¡tremenda paradoja!- al hombre invisible de Wells y Whale. Regresa temporalmente a su Londres natal para interpretar esta cinta junto a Fay Wray, la novia del gorila gigante. Rains da muestra del carácter excéntrico que ya había exhibido en The Invisible Man. Los momentos de gran intensidad se alternan con efusiones humorísticas cuando no directamente farsescas. Todo ello unido a su impecable acento convierten los ochenta minutos de película es una experiencia deleitable.

En Estados Unidos tuvo un estreno –acaso en 16 mm.- como “The Evil Mind” (la mente maligna o el intelecto diabólico, según gusten) y con este título consta en este archivo (http://www.archive.org/details/The_Evil_Mind) donde la pueden ver en versión original y ligeramente expurgada de metraje.

Con un tema análogo, aunque basada en una novela de Cornell Woolrich, se rodó en Estados Unidos The Night Has a Thousand Eyes (Mil ojos tiene la noche, 1948), donde Edward G. Robinson interpretaba a un vidente que se hacía llamar “The Mental Wizard”.
Sr. Feliú
The Clairvoyant (El vidente, 1934) 
Producción: Gaumont British (GB) 
Director: Maurice Elvey. 
Guión: Charles Bennett y Bryan Edgar Wallace, de la novela homónima de Ernst Lothar. 
Intérpretes: Claude Rains (el Gran Maximus), Fay Wray (Rene), Jane Baxter (Christine Shawn), Ben Field (Simon), Mary Clare (la madre), Athole Stewart (Lord Southwood), C. Denier Warren (James J. Bimeter), Felix Aylmer (el fiscal), Margaret Davidge (la dueña de la pensión), Donald Calthrop, Carleton Hobbs, Romilly Lunge, Graham Moffatt, Jack Raine, D.J. Williams. 
81 min. Blanco y negro.

6 de febrero de 2010

La predicadora y el ventrílocuo ciego


The Miracle Woman (La mujer milagro, 1931), Frank Capra 

Después de Rain or Shine Capra no parecía dispuesto a alejarse de la carpa. The Miracle Woman no es estrictamente una película de circo y, sin embargo, hace uso de un buen puñado de argumentos circenses: hay una mujer encerrada en una jaula con leones, un galán tímido que recurre a sus dotes de ventrílocuo para declararle su amor y, como en su anterior película, un incendio catártico y purificador. Sin embargo, el tema es bastante más complejo.

The Miracle Woman
se basa en una obra teatral de John Meehan y Robert Riskin titulada “Bless Your Sister”, inspirada a su vez en la figura pública de Aimee Semple MacPherson. La señora MacPherson fue la fundadora de la Iglesia Evangelista Cuadrangular. La devota canadiense comenzó predicando en plan itinerante, pero después de algunos problemas de salud y un par de matrimonios, dispuesta a hacer llegar su mensaje salvador al mayor número posible de personas, se estableció en Los Ángeles, construyó su iglesia, editó un periódico y obtuvo una licencia para crear su propia emisora radiofónica. Al parecer sus sermones, concebidos para satisfacer a los productores más exigentes de Hollywood, no carecían de ningún elemento que realzase su espectacularidad. En un edificio adjunto a la iglesia, la pía señora mantenía un Museo en el que se mostraban las sillas de ruedas y muletas que habían dejado allí abandonadas los sanados milagrosamente.

La puesta en escena que Capra realiza del espectáculo religioso apenas se diferencia de las actuales emisiones televisivas –no especialmente religiosas-. Los focos iluminan la fachada de la Iglesia de la Felicidad. Cientos de personas acuden allí cada día en busca de consuelo espiritual y son recibidas por imponentes acomodadores vestidos de blanco. Un coro y una orquesta interpretan himnos plenos de ritmo, juventud y manidas ideas de hermandad y amor. Tras el telón, el demiurgo Hornsby (Sam Hardy) se encarga de la puesta en escena. Cuando termina la música, se abre el telón y podemos contemplar una gran jaula llena de leones. Entonces aparece “Faith” Fallon (Barbara Stanwyck) en lo alto de una rampa, con una túnica blanca. Desciende lentamente, al ritmo de la música hasta el escenario y entra en la jaula. Claro que, entre cajas, Hornsby tiene dispuestos a un grupo de diestros tiradores pendientes de que ningún león se desmadre. La hermana Fallon predica una fe sencilla. En un punto de su discurso invita a los espectadores a entrar con ella. Nadie sufrirá ningún daño si viene con fe en su corazón. Pero, ay, el tipo contratado por Horsby para este cometido se ha emborrachado y duerme la cogorza en el patio de butacas. Inopinadamente, un militar ciego (David Manners) que ha decidido no suicidarse al escuchar por la radio a la hermana Fallon se ofrece como voluntario. Ella le promete la curación, a sabiendas de que no puede proporcionársela, pero el espectáculo ha surtido su efecto. Las gentes sencillas regresan a casa pensando que un mundo mejor es posible aunque sea en el Más Allá.

Mientras Hornsby celebra una fiesta, la hermana Fallon se entera de que John ha sido mago aficionado (es capaz de adivinar una carta incluso sin poder verla) y que tiene un compañero de piso llamado “Al”… que resulta ser un muñeco de ventrílocuo. Gracias a la ventriloquía se atreverá a declararle su amor y ella verá la verdadera luz y decidirá dejar atrás su vida de superchería y fraude. Antes del final, ya lo dijimos, el gran incendio con el que Capra orquesta uno de sus clásicos clímax.

The Miracle Woman le deja a uno el regusto un tanto agrio de la sobrecarga de elementos melodramáticos y la impostada “importancia” de su tema. Por lo demás, es una cinta clarividente en lo que respecta al poder de los medios de comunicación, a la impostura de los comunicadores y a las afinidades entre la espiritualidad de masas y el circo… mejorando lo presente.


The Miracle Woman (La mujer milagro, 1931) 
Producción: Columbia Pictures (EEUU) 
Director: Frank Capra. 
Guión: Jo Swerling y Dorothy Howell, basado en la obra “Bless You Sister”, de John Meehan y Robert Riskin. 
Intérpretes: Barbara Stanwyck (Florence “Faith” Fallon), David Manners (John Carson), Sam Hardy (Bob Hornsby), Beryl Mercer (Mrs. Higgins), Russell Hopton (Bill Welford), Charles Middleton (Simpson), Eddie Boland (Collins), Thelma Hill (Gussie). 
90 min. Blanco y negro.