13 de febrero de 2010

Dos magos ineptos y una Salomé espasmódica



The Hollywood Revue of 1929 (1929), Charles F. Reisner

La irrupción del sonoro en el cinematógrafo supuso el declive de algunos géneros y el despegue de otros. Si la comedia slapstick o el western vivieron sus horas más bajas, la comedia de salón traída directamente del escenario y el musical se enseñorearon de las pantallas. En este último género predominaban los dramas denominados de “backstage”, o sea, “entre cajas”. Las aventuras de una serie de personas que están poniendo en pie un musical y los mil obstáculos que surgen durante el montaje y ensayos hasta la noche del estreno. A la todopoderosa MGM se le ocurrió probar otra fórmula. ¿Y si rodáramos el espectáculo más grande jamás contado, con la intervención de nuestra galaxia de estrellas, sin preocuparnos por el argumento? El resultado fue The Hollywood Revue of 1929 (Hollywood Revue, 1929). Su éxito provocó que las demás productoras se lanzaran a rodar sus propias revistas musicales. La Paramount produjo Paramount on Parade (que tuvo también versión española con el título de Galas de la Paramount, 1930), la Warner The Show of Shows (Arriba el telón, 1929) y la Universal King of Jazz (El rey del jazz, 1930). Luego llegarían las operetas de Lubitsch con Maurice Chevalier, 42nd Street (La calle 42, 1933) y las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers. Las revistas poco menos que desaparecieron del mapa.


The Hollywood Revue of 1929 incluye la primera rendición cinematográfica del popularísimo “Singing in the Rain”, homenajes al vodevil como “While Strolling by the Park One Day”, a cargo de Gus Edwards y Joe Godwyn, acompañados para la ocasión por Polly Moran, Mary Dressler, Bessie Love y Cliff “Ukelele Ike” Edwards, y el número de producción en color “Orange Blossom Time” a cargo del Ballet de Albertina Rasch, en el que se apuntan los modos caleidoscópicos que Busby Berkeley llevará al paroxismo en la Warner. La cinta es un espectáculo visualmente apabullante y un derroche de escenografía y coristas de ambos sexos, con un par de secuencias (la escena del balcón de Romeo y Julieta interpretada por John Gilbert y Norma Shearer, y el número de gran producción final) rodadas en Technicolor bicrómico. Lo más rutilante del firmamento Metro se da cita en la cinta, con Jack Benny y Conrad Nagel como maestros de ceremonias. “Ukelele Ike” y Marie Dressler cargan con la parte burlesca del espectáculo musical, pero hay dos actuaciones exentas que son las que quisiéramos recomendarles hoy.


La primera ocurre mientras Jack Benny presenta a “la dama más exquisita y excitante de…” El telón se abre y podemos ver una mesita de magia con un tapete en el que se lee: “Laurel and Hardy Magicians”. Al lado, de espaldas, Stan y Ollie, ajenos a nuestra presencia, se dedican a esconder pañuelos y barajas en sus chaquetas. Todavía Ollie advierte a su compañero:
-Recuerda: no se te ocurra quitarte el sombrero.

Pero en cuanto Jack Benny les saluda Stan se lleva la mano al hongo en señal de cortesía y una paloma alza el vuelo.


Es sólo el anuncio de lo por venir. Ollie es un mago inepto y Stan un asistente más inepto aún. Sus piques conforman un crescendo de reproches, ofensas y empujones en el clásico estilo “a fuego lento” de la pareja. A partir de ahí una cascada de desastres que incluye un candelabro que se convierte en un florero, una baraja trucada, una docena de huevos, una cáscara de plátano y una gran tarta… Si les decimos que Jack Benny había conseguido quedarse por fin con el chaqué de Conrad Nagel ya se imaginarán ustedes el final.



La película presenta las mutaciones, los cambios de escena y las caídas de telón como si en un espectáculo estuviéramos. La orquesta interpreta un número musical a telón corrido. Luego vemos una serie de tableaux vivants del fondo del mar que no se inspiran en Méliès sino que pretenden batir a Ziegfeld y a Earl Carroll en su propio terreno. Una bailarina sale de una ostra gigante y ejecuta una danza antes de que la concha se sumerja en el foso. Un efecto fotográfico –un sencillo filtro colocado ante la lente de la cámara- simula la ondulación acuática del fondo del mar. Neptuno da la bienvenida a su hija más querida. Pero ahora surge de la concha una odalisca cubierta por unos velos. Comienza a bajar la escalera en el mejor estilo de vedette, pero los escalones se convierten en un tobogán y la bella Salomé resbala por ellas hasta llegar a un primer plano. Es… Buster Keaton.


Keaton nos deleita con unos pasos de danza orientalizante. Saca de una vasija un ofidio, que tampoco es una serpiente sino una ristra de salchichas. Le ofrece su pecho –nueva Cleopatra- para que hinque en él sus colmillos mortales lo que le provoca una serie de convulsiones que constituyen el tour de force de un baile acrobático. Culmina, cómo no, con una impresionante costalada.




The Hollywood Revue of 1929 (1929)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Charles F. Reisner.
Guión: Al Boasberg y Robert E. Hopkins.
Intérpretes: Conrad Nagel y Jack Benny (maestros de ceremonias), John Gilbert y Norma Shearer (Romeo y Julieta), Lionel Barrymore (el director de Romeo y Julieta), Buster Keaton (la princesa Raja), Stan Laurel y Oliver Hardy (Stan y Ollie), Karl Dane y George K. Arthur (Dane and Arthur), Marion Davies, William Haines, Joan Crawford, Bessie Love, Marie Dressler, Cliff “Ukulele Ike” Edwards, Polly Moran, Gus Edwards y Joe Godwyn, Charles King, Anita Page, Nils Asther, Gwen Lee, Renée Adorée, Nacio Herb Brown, The Brox Sisters, The Natascha Natova Company, Albertina Rasch Ballet, The Rounders, Biltmore Quartet, Ernest Belcher's Dancing Tots.
116 min. Blanco y negro + Color (Technicolor bicrómico)


2 comentarios:

angeluco10 dijo...

Geniales Laurel y Hardy (y Jack Benny por dejarse manchar el traje jajaja) pero Buster Keaton es sublime.

Sr. Feliú dijo...

O como los comediantes se resistían a hablar a pesar de encontrarse en una película 100% sonora.
En tanto que Laurel y Hardy realizaron la transición con toda fluidez, Keaton tuvo graves problemas para lidiar con la nueva concepción de un cinematógrafo al servicio de la palabra.
A ver si un día de estos nos animamos a hablar de su producción cortometrajística sonora.
Nuestro anfitrión y yo mismo le agradecemos una vez más su visita, Sr. F.