2 de febrero de 2010

Dos sesiones diarias, llueva o luzca el sol



Rain or Shine (Pasa el circo, 1930), Frank Capra

La Columbia fue uno de los estudios menos afectados por el crack de 1929. Al fin y al cabo sus producciones eran tan modestas que poco se les podía quitar. Por cada película A que Harry Cohn producía, se rodaban en el estudio una plétora de películas modestas que rondaban los sesenta minutos y servían de base a programas dobles en cines de todo el mundo. Esta situación cambiaría sólo ligeramente a partir de 1934, cuando Frank Capra lograra el Óscar por una de las primeras comedias
screwball: It Happened One Night (Sucedió una noche), con Claudette Colbert y Clark Gable.

Joe Cook, nacido López
Capra llevaba ya tres años trabajando en la Columbia y había realizado once películas en el estudio antes de afrontar la adaptación de este musical que se había estrenado en Broadway el 9 de febrero de 1928.

Cook –nacido López en 1890- trabajaba en el circo desde la primera década del siglo. Uno de sus reclamos publicitarios de aquellos años rezaba: “Master of all trades. Introducing in a 15-minute act, juggling, unicycling, magic, hand balancing, ragtime piano and violin playing, dancing, globe rolling, wire-walking, talking and cartooning. Something original in each line -- Some Entertainment”. Cuando debutó en Nueva York alguno lo calificó como el Leonardo da Vinci de las variedades.


Sus múltiples habilidades, pero sobre todo sus malabares, le valieron un contrato con Leon Errol, en cuyas "Vanities of 1923" debutó. A no mucho tardar Joe Cook frecuentaba al círculo del Hotel Algonquin, donde se daban cita los escritores más mordaces de Nueva York y el único Marx con inquietudes intelectuales… Harpo. En pleno crack bursátil Cook ganaba cuatro mil dólares semanales y se aseguró de que la Columbia le pagara cien mil por protagonizar la adaptación de “Rain or Shine”. Una vez terminada la película, regresó a Broadway y cosechó un nuevo éxito con “Fine and Dandy”. Para que vean cómo se las gastaba el amigo les recomendamos que visiten este blog (http://blog.modernmechanix.com/2008/09/01/simple-things-complicated-in-joe-cook-comedy) en el que se recupera un reportaje de la época que detalla uno de los números de Cook para esta revista, en plan profesor Franz de Copenhague.


Su segundo asalto a Hollywood se saldó con un contrato para rodar varios cortos con la modestísima Educational Pictures, en la que también estuvieron “Fatty” Arbuckle y Buster Keaton en horas bajas. Así que su participación en la adaptación de Zane Grey Arizona Mahoney (1937) es una triste guinda para una carrera cinematográfica que había comenzado con tan buenos augurios.

En el “Juggler's World” Vol. 38, N. 1, podemos leer que, a pesar de que el Parkinson le aquejaba desde 1942, su esposa decidió regalarle en 1954 seis bolas de malabares. “
As Joe is going to be 65 this March 29 I would like to surprise him with six new balls to work with. Despite his Parkinsons and the fact that he has trouble even handling his food alone, believe it or not, he can still juggle the balls”.

Capra y Cook
“Rain or Shine” había sido un éxito personal de Joe Cook y Capra contó con él, sin dudarlo. También con otros dos actores procedentes del montaje teatral: Tom Howard y Dave Chasen, el futuro restaurador estrella de Hollywood, que encarna aquí a un Harpo Marx redivivo. Eso sí, Capra tuvo que renunciar a las canciones pues Cohn fue taxativo en este punto: los números musicales encarecerían demasiado la producción. A cambio Capra consiguió rodar casi toda la película en localizaciones naturales lo que la dota de un realismo espectacular. La gran parada cuando el circo llega a la ciudad, el montaje de la carpa y el charivari de presentación de las atracciones están espléndidamente servidos al espectador, pero también hay acciones en segundo término que nos permiten ver a los artistas en acción. Nada trasluce que estemos ante una adaptación del escenario, y eso que el diálogo es abundantísimo, pero la forma en que están resueltas las situaciones nos muestran a un director seguro y consciente.

El argumento queda más o menos así: Smiley Johnson (Joe Cook) es el gerente del circo del fallecido John T. Rainey -“dos funciones diarias, llueva o luzca el sol”, según reza el título-. Mary (Joan Peers), la heredera, planea venderlo para hacer frente a las deudas, pero su novio Bud (William Collier Jr.) y Smiley la convencen de que no lo haga. Smiley es un charlatán de primera, capaz de convencer a Amos K. Shrewsberry (Tom Howard) no sólo de que no haga efectiva la deuda que tienen contraída con él sino de que invierta en el circo. Smiley se sale con la suya, gracias al apoyo de la seductora Frankie (Louise Fazenda), que ejerce de princesa oriental.


Sin embargo, cuando Bud les lleva a una cena en casa de sus acaudalados padres que podría ser la solución a la penuria en que se desenvuelven, Smiley, que también está enamorado de Mary, pierde los papeles. Ella le despide y Dalton, el jefe de pista (Alan Roscoe), y Fotz, el domador (Adolph Milar), aprovechan para adueñarse del negocio. Para ello empujan a la huelga a los artistas, que ya llevan unas semanas sin cobrar.

Ante la amenaza del fracaso, Bud hace regresar a Smiley, que convierte la función en un “one man show”. Si pasamos por alto su condición de esquirol, podemos disfrutar de sus números de equilibrio sobre una bola por un balancín, funambulismo con aros, acrobacia, malabarismo con cinco mazas… todo ello rodado de forma original por Capra, colocando la cámara donde mejor luce las habilidades del ejecutante. Se ve que acertó en su tiempo porque los críticos señalaron que, cuando la película se estrenó en el Globe neoyorquino, la gente se puso en pie para aplaudir las actuaciones. El hecho de que un actor realizara por si mismo todas aquellas proezas físicas asombraba a un público acostumbrado a que las estrellas fueran dobladas en estas escenas.


Dalton y Fotz azuzan entonces al público y la revuelta –que mezcla acciones de comedia chusca con ingredientes del cine de catástrofes- termina con un incendio que destruye por completo la carpa. Mary queda atrapada en su interior. Habiendo renunciado a los números musicales, Capra se sintió con fuerzas para exigir a Cohn que le permitiera rodar esta secuencia con varias cámaras, prendiendo fuego a una auténtica carpa. Quienes hayan leído nuestra crónica del rodaje de Circus World, ya saben los peligros que puede acarrear el amor por el realismo.


El final, pleno de melancolía, tampoco deja indiferente. Entretanto Capra ha servido varias secuencias de gran espectáculo –como la marcha de los carromatos bajo un diluvio o el incendio final-, movimientos atrevidos de cámara –como el espléndido travelling descriptivo que acompaña a Bud en su entrada a la pista central-, apuntes de su aprendizaje en la escuela del slapstick –como las caídas de la gorda del carromato o el gorila parlante que explica quién le ha dejado escapar- y chistes de buena ley –como la presencia de la gorda Carmencita en las proximidades de la jaula de los leones cuando el domador se queja de que necesitan seiscientas libras de carne diarias, el peso exacto de la gorda-.


Reciclaje y canibalismo
Otra película del estudio producida tres años después, es una buena muestra de la habilidad para el ahorro de la Columbia –entonces aún no se hablaba de reciclaje ni de sinergias-. The Circus Queen Murder (La farándula trágica, 1933) fue dirigida por Roy William Neill con intención de dar continuidad a una serie policiaca protagonizada por Adolphe Menjou, que encarna a Thatcher Colt, un fiscal cuya capacidad para leer en los labios le permite resolver los casos más enrevesados. El circo es de nuevo el John T. Rainey, de modo que en esta modesta cinta se pudieran utilizar los planos generales de la carpa y los carromatos.

Es probable que volvamos sobre ella porque entre las atracciones hay gorilas, vudú, unos tipos ataviados con el uniforme de los
Four Devils, un número protagonizado por caníbales y una bella trapecista (Greta Nissen) abatida por una flecha.



Rain or Shine (Pasa el circo, 1930)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Frank Capra.
Guión: Jo Swerling y Dorothy Howell, basado en la comedia musical homónima de James Gleason y Maurice Marks.
Intérpretes: Joe Cook (“Smiley” Johnson), Louise Fazenda (Frankie, “The Princess”), Joan Peers (Mary Rainey), William Collier Jr. (Bud Conway), Tom Howard (Amos K. Shrewsberry), Dave Chasen (Dave), Alan Roscoe (Dalton, el jefe de pista), Adolph Milar (Foltz, el domador), Clarence Muse (Nero), Nella Walker (artista del circo), Edward Martindale (Mr. Conway), Nora Lane (Grace Conway), Tyrrell Davis (Lord Gwynne).
90 min. Blanco y negro.


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