29 de septiembre de 2014

Planeta Libre


La Belle Verte (Planeta Libre, 1996), Coline Serreau

Milá (Coline Serreau, la también directora, guionista y compositora de la película) es una joven madre de un planeta idílico en el que sus habitantes son seres evolucionados que practican el asambleismo, la telepatía, el trueque de alimentos y que viven felices y en armonía con la naturaleza. Por alguna razón todos sus habitantes le tienen algo de manía a la tierra, pero Mílá tiene el impulso de ir y decide realizar el viaje estelar. El motivo: ella es un cruce entre humano y extraterrestre por culpa de su padre, que en uno de sus viajes se enamoró.


Una vez en la tierra, Milá, vestida como salida de Los Miserables, y los dos hijos mayores —que la siguen, tras las huellas de su padre—, se enfrentan a la polución y al comportamiento de los ciudadanos de París, una visión inocente, en realidad todo lo inocente que queramos que sea una visión antisistema y neorural, de las costumbres de un urbanita.


La película es un canto a la tribu, una oda a la vida en armonía con la naturaleza y los aspectos cómicos de la historia se sustentan en la capacidad de todos ellos de desconectar a los humanos y hacerles actuar de manera extravagante: una orquesta de música clásica que se desmanda, un final inesperado en un partido de fútbol….


Al mismo tiempo se relata la vida paradisiaca de los habitantes de este planeta verte y su afición por los juegos circenses. La familia de Milá, por ejemplo, se dedica al trapecio pero otros son expertos equilibristas o acróbatas. Una razón que, añadida a la participación de James Thiérrée como uno de los jóvenes aventureros y enamoradizos, y de su jovencísima hermana Aurélia, nos resulta suficiente como para formar parte de nuestra colección. Además, la directora del film, la polifacética artista Coline Serreau, estudió en la Escuela de Circo de Annie Fratellini y en 2008 publica junto con Charlotte Erlih, un libro dedicado a su escuela: L'académie Fratellini: Le cirque de plain-pied.


La Belle Verte (Planeta Libre, 1996)
Producción Les Films Alain Sarde / TF1 (FR)
Dirección : Coline Serreau.
Guión: Coline Serreau.
Música: Coline Serreau.
Intérpretes: Coline Serreau (M
ila), Vincent Lindon (Max), James Thiérrée (Mesaje), Samuel Tasinaje (Raoul), Marion Cotillard (Macha), Claire Keim (Sonia), Catherine Samie, Paul Crauchet y Didier Flamand.
99 min. Color

25 de septiembre de 2014

Feria provinciana



Las ferias (1966), Paulino Viota

Armado de una cámara de súper-8 el joven cántabro Paulino Viota vela sus primeras armas como cineasta. Escoge para ello el formato reportajístico y como tema las atracciones del ferial que todos los años, a mediados de julio, toma la Plaza de las Estaciones de Santander.


Viota tiene dieciocho años y, por ende, la conciencia de las limitaciones de la vida provinciana. En verano el aburrimiento se combate a base de feria y playa. La escapada hasta el Sardinero constituye un interregno en el discurrir cotidiano de la vida en la feria. Sin embargo, algo hay de medioburgués en el ritmo de vida y las actividades playeras que no están al alcance de los que optan por la diversión mecánica de las atracciones.


Policías y soldados de uniforme alternan con las cuadrillas de jóvenes, las parejas de novios y la chavalada omnipresente. Durante unos días, los añiles, rojos y amarillos chillones de la feria tiñen de color la ciudad lluviosa y cenicienta.


Pero los protagonistas anónimos de este documental no son tanto los ciudadanos que se acercan a las atracciones, como los feriantes.


No en vano, el documental dedica buena parte de su metraje a mostrar cómo hay que montar los puestos bajo una lluvia inclemente si se quiere hacer caja desde el primer día, las mañanas dedicadas a la molicie o las reparaciones, y el laborioso proceso de desmontaje en pos de la siguiente feria.


Del lodazal en el que se instalan las atracciones al vertedero en el que escarban tullidos y menesterosos, la alegría impostada de la feria cumple su ciclo en el ciclo anual de la vida provinciana.

Las ferias (1966)
Producción, Guión y Dirección: Paulino Viota.
Documental.
24 min. Súper-8.



Obsesiones de un ventrílocuo


The Great Gabbo (El otro yo, 1929), James Cruze

En 1929, el actor y director de películas mudas, James Cruze, realiza The Great Gabbo, un musical protagonizado por el actor austriaco Erich Von Stroheim, un falso conde que tenía fama de déspota y que también participó en la dirección de esta película. 


El carácter y acento germánico del protagonista remarca la trastornada personalidad de Gabbo, un ventrílocuo que poco a poco va abandonándose a la voluntad de su muñeco de madera Otto, al mismo compás que crece su imposible amor por su partenaire Mary (Betty Compson). ¿Un melodrama romántico con tintes de película de terror, que además es un musical?  


Pues si, una mezcla insólita que no hace fácil el visionado de esta película, pero que produce una atracción incontrolable, una especie de hipnosis autodestructiva que compartimos con el protagonista, que nos hace llegar hasta el final de la historia. 


La canción del muñeco Otto, fabricado por Frank Marshall —el mismo artesano que realizó el famoso muñeco Charlie McCarthy del ventrílocuo Edgard Bergen— y algunas secuencias musicales son verdaderamente sobrecogedoras en el amplio sentido del término. El ambiente  de los números musicales es lo más parecido al temprano Broadway, Aquí podéis ver la película.



The Great Gabbo (1929)
Productora: James Cruze Productions (EEUU)
Director: James Cruze
Argumento: Ben Hecht con su novela "The Rival Dummy"
Guión: Hugh HerbertI
ntérpretes: Erich von Stroheim (Gabbo), Betty Compson (Mary), Donald Douglas (Frank), Marjorie Kane (Babe), Marbeth Wright (bailarina), John F. Hamilton (vecino), Helen Kane, Harry Ross (actor), George Grandee (voz de Otto)
92 min. Blanco y negro


22 de septiembre de 2014

Nuestro tatarabuelo y su varita mágica

Lulù (1923), Segundo de Chomón

Al parecer Chomón realizó esta película de animación de modo artesanal en una etapa tardía de su carrera y con la ayuda de su mujer y su hijo. La copia conservada por Piero Chomón, y salvaguardada en el Museo Nazionale del Cinema se puede ver aquí:



Lulù es una viñeta tan primitiva como deliciosa en la que encontramos ecos de su obra más célebre: Hôtel électrique [http://www.circomelies.com/2014/05/magia-golpe-de-manivela_16.html] (El hotel eléctrico, 1908). Sólo que esta vez no se trata de esa suerte de vida regalada lograda gracias a la electricidad, sino que el poder de mover los objetos a capricho reside en una auténtica varita mágica, que su propietario emplea, primero, para prepararse una opípara cena, y, luego, para enloquecer al pobre ladrón que ha tenido la mala suerte de ir a parar a su casa.


El buen burgués se sabe legitimado para esto y para propinar una paliza a distancia al caco. También para encerrarlo en un armario ropero con la connivencia de un agente de policía. La moral y el orden instituido respaldan sus acciones a pesar de que el autor del allanamiento parece no tener mayor interés que llenar un poco la panza. El buen burgués, con su traje y sus costumbres ordenadas, se constituirá en azote de delincuentes y defensor de la sacrosanta propiedad privada gracias al poder mágico de su varita.


No nos escandalizamos por ello. Tampoco por el hecho de que el buen burgués no sea otra cosa que nuestro tatarabuelo, el simio. Moraleja: la civilización no es más que un traje de tres piezas.

Lulù (1923)
Producción: Segundo de Chomón (IT)
Guión y Dirección: Segundo de Chomón.
Animación: muñecos animados.
8 min. Blanco y negro + Virados.