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20 de mayo de 2026

El alegre Andrés


Merry Andrew
(Loco por el circo, 1958), Michael Kidd


Tenemos una pequeña debilidad por Danny Kaye, un excelente actor de musicales que rezuma optimismo y vitalidad por todos los poros de su cuerpo, tanto que fue el primer embajador de UNICEF, y lo fue durante 32 años. Si además de cantar y bailar hace el payaso, como en Merry Andrew, tiene para siempre un lugar de honor en nuestra carpa, como en la Legión Francesa, de la que es miembro de honor precisamente por su dedicación a la organización infantil.



En Merry Andrew —una manera de designar a los payasos en Inglaterra, como Joey— Andrew Larabee, el personaje que encarna Danny Kaye, es un profesor un tanto reprimido por culpa de su padre (Noel Purcell), director del colegio y cabeza de una dinastía dedicada en cuerpo y alma a la enseñanza. Andrew, como profesor, no lo hace mal del todo, aunque sus métodos no convencen a su padre y él preferiría dedicarse a la arqueología, la actividad que es su verdadera pasión.



Durante las vacaciones Andrew se dirige a unas ruinas para tratar de encontrar una estatua del Dios Pan, un descubrimiento que le permitiría casarse con su prometida Letitia Fairchild (Patricia Cutts). En el lugar de la excavación está instalado el Circo Gallini que ha recibido la orden de abandonar el lugar, pues ha sido adquirido por Mr. Elmwood. Selena Gallini (Pier Angelli), sus cinco hermanos y su padre (Salvatore Baccaloni) confunden a Andrew con el nuevo propietario, así que cuando este les dice que a él no le molesta el circo mientras realiza la excavación, la familia Gallini decide quedarse y realizar sus funciones. Más tarde es el mismo Mr. Elmwood, conocido de Andrew, el que les concede una semana más, así que Andrew es considerado como un héroe por la familia Gallini y los demás artistas del circo.



Durante esa semana ocurre lo inevitable: Andrew se enamora de Selena, a pesar de la continua vigilancia de los cinco celosos Gallini. En el circo, Andrew aparece saliendo de un agujero en mitad de la pista durante el número de los leones mientras realiza la excavación. Más tarde tiene que sustituir al padre haciendo de maestro de ceremonias con un estrafalario disfraz que le hace volar y hasta despide fuegos artificiales. Al final es el mono el que encuentra la estatua pero Andrew, sin saber del hallazgo, tiene que volver a su rígida escuela y enfrentarse a su prometida y a su boda, organizada rápidamente por su padre. Pero el Circo Gallini también ha escogido como plaza una localidad cercana y Selena se acerca para llevarle la estatua del dios de la música.



Andrew, el mismo día de su boda, va al Circo Gallini en busca de unos estudiantes que se han escapado. En el circo, en cuanto es descubierto por los hermanos Gallini, comienza una disparatada persecución —los cinco Gallini quieren salvar el honor de su hermana casándola con el profesor— en la que Andrew hace de trapecista, equilibrista, acróbata, icario, portor…


La película resulta entretenida y las canciones son las justas. La familia Gallini, con su fuerte acento extranjero, da un contrapunto muy eficaz a la estirada familia Larabee y sus apariciones –siempre en grupo, de cinco en cinco– dan un toque especial de humor a la historia. Merry Andrew es el único largometraje dirigido por el famoso coreógrafo norteamericano Michael Kidd, responsable, ente otras, de las musculosas escenas de baile de Seven Brides for Seven Brothers (Siete novias para siete hermanos, 1954), de Stanley Donen.


Merry Andrew
(Loco por el circo, 1958)
Producción: MGM (EEUU)

Dirección: Michael Kidd

Guión: Isobel Lennart y I.A.L. Diamond sobre una historia de Paul Gallico

Música: Saul Chaplin. Letras: Johnny Mercer

Coreografía: Michael Kidd

Danny Kaye (Andrew Larabee), Pier Angeli (Selena Gallini), Salvatore Baccaloni (Antonio Gallini), Noel Purcell (Matthew Larabee), Robert Coote (Dudley Larabee), Patricia Cutts (Letitia Fairchild), Rex Evans (Gregory Larabee), Walter Kingsford (Mr. Fairchild), Peter Mamakos (Vittorio Gallini), Rhys Williams (Jefe de Policía), Tommy Rall (Giacomo Gallini)

103 min. Cinemascope. Metrocolor

16 de abril de 2026

La soprano ligera

 

La Malibrán (La Malibran, Sacha Guitry, 1944)

Guitry fue un hombre orquesta en el mundo del espectáculo y, por tanto, en muchas de sus películas es su motivo central como ya hemos visto. En este caso, su batuta se dirige a la ópera y más concretamente a una cantante española, o casi.


La última película de Sacha Guitry durante la Ocupación es una personal interpretación biográfica de la mezzosoprano María Felicia García, nacida en París en 1808 de padres españoles. Su vida es fértil en viajes, celebridades del Romanticismo y lances amorosos.


La voz de “el autor”, como él mismo gustaba denominarse, evoca desde los títulos de crédito la pléyade de personalidades que admiraron a la cantante: Alfred de Musset —interpretado por Jean Cocteau, amigo personal de Luis Escobar—, que le dedica una elegía; Ravel, Rossini o Donizetti, cuyas notas manuscritas sostienen las manos temblorosas de Guitry; y, por último, su máscara mortuoria, que nos sitúa desde el mismo pórtico en la inmortalidad del arte que el realizador invoca.



La condesa Merlin traza entonces un perfil biográfico de su amiga María, desde su misma cuna, cuando su padre, al escuchar su primer llanto, dictamina que es “soprano ligera”. El tramo inicial de su carrera queda reflejado, más que por sus actuaciones en el escenario, por el cortejo y matrimonio con Malibran —el propio Guitry—, que la aparta de los escenarios. El regreso, tras una anulación dictada deus ex machina por el mismísimo marqués de Lafayette, sellará su reconciliación con su padre, con quien canta el Otello de Verdi.


La narración de la condesa favorece el carácter episódico de la cinta, articulada mediante bloques autónomos. Si algo les sirve de nexo es su carácter de escenas íntimas en saloncitos y camerinos, con una claustrofóbica carencia de exteriores y escasas incursiones en los escenarios. Una de ellas es la emblemática interpretación de la Norma de Bellini. En cuanto a los raros exteriores de la cinta, están asociados a la historia de amor con Charles de Bériot, libre de todas las cautelas que impondrá la censura española a esta relación. El clímax ideado por Guitry tiene lugar cuando, para conjurar la muerte que siente próxima, María decide interpretar una composición propia titulada precisamente La morte.


Algunos historiadores han querido ver en La Malibrán una reivindicación de la herencia cultural francesa ante la Ocupación alemana. Sin embargo, el resumen biográfico que traza la condesa Merlin no puede ser más elocuente: “Española, nacida en París, debuta en Italia, continúa su carrera en Londres, contrae nupcias con un francés en Nueva York, luego se casa con un belga y muere en Mánchester. Nacerá, vivirá y morirá en gira”.


O sea, la pasión por el arte hasta sus últimas consecuencias y como modo de sobrevivir a la muerte, lo que propicia uno de los momentos más hermosos de la cinta de Guitry: cuando la Malibrán expira, su voz continúa resonando en una nota sostenida más allá del fundido en negro.

La Malibran (1944)
Producción: La Société des Films Sirius (FR)
Director: Sacha Guitry
Guion: Sacha Guitry
Fotografía: Fédote Bourgasoff yJean Bachelet
Ayudante de realización: René Delacroix
Sonido: René Lécuyer
Musica: Louis Beydts
Edición: Alice Dumas
Decorados: René Renoux y Henri Ménessier
Intérpretes: Sacha Guitry (Eugène Malibran), Géori Boué (Marie Malibran), Suzy Prim (la condesa Merlin), Mona Goya (Madame Garcia), Jacques Jansen (Charles de Bériot), Denis d'Inès (Berryer), Geneviève Guitry (la joven vecina), Marcel Lévesque (el viejo melómano), Jean Cocteau (Alfred de Musset), La petite Sylvie (Marie Malibran de niña), Mario Podestá (Manuel Garcia), Jean Weber (el rey de Nápoles), Jean Debucourt (el amigo de la condesa Merlin), Jacques Varennes (el general de La Fayette), Jacques, Castelot (Lamartine), Louis Arnoult (Vellutti), Madeleine Sibille (la cantante), Jeanne Fusier-Gir (la portera), Renée Thorel (Mme de La Bouillerie), Henry Houry (Rossini), Jean Chaduc (Victor Hugo), Louis Beydts (el pianista).
Blanco y negro. 95 min.

20 de marzo de 2026

Jerome Kern

Till the clouds roll by (Hasta que las nubes pasen, 1946), Richard Whorf 

Jerome David Kern (1885-1945) fue uno de los compositores estadounidenses más conocidos de principios del siglo XX. Escribió más de 700 canciones y más de 100 partituras completas para programas y películas durante una carrera profesional de más de cuarenta años.


Metro-Goldwyn-Mayer quiso en 1946 crear una serie de biopics de compositores americanos y este sería el primero de ellos. El propio Kern estaba involucrado en la producción, pero falleció antes de que la película estuviese concluida. De ascendencia judía, Jerome era un auténtico neoyorkino que muy pronto demostró sus habilidades como compositor y pianista. 


Till the clouds roll by es una aproximación con numerosos aspectos de ficción a la historia de este compositor. La película comienza con una lujosa representación de más de 15 minutos del que sería el principal éxito de Jerome Kern (interpretado por Robert Walker) en Broadway, el simpático musical "Show Boat", producido por Florenz Ziegfeld en 1927 y del cual se realizaron dos películas.


La historia se desarrolla a través del relato que el propio Kern hace de su vida a su chófer mientras está aparcado frente a la antigua casa de su mentor y amigo de toda la vida, James Hessler (Van Heflin). Los dos se conocieron en una época en la que en Broadway solo triunfaban los musicales de compositores británicos. Kern se une a Hessler en Inglaterra, donde escribe su primer éxito. Es una lástima que  Hessler y su hija (Lucille Bremer) nunca hayan existido y no sean más que un mero invento de los guionistas. En beneficio de éstos, el propio Kern afirmará sobre la película que no pudo ver: "If it tells the truth, it’ll be the dullest picture in the world”.


En todo caso, tras su fallecimiento, sus herederos no se mostraron tan entusiastas. MGM siguió adelante con el proyecto, pero se inventa en gran medida su vida para evitar una demanda judicial. La mayor de estas ficciones fue precisamente la relación de Kern con su amigo y mentor James Hessler, quien, junto con su hija ficticia, ocupa gran parte del metraje de la película.


De regreso a casa, los incansables esfuerzos de Jerry culminan en la producción de su primer espectáculo. Su carrera prospera y colabora con los mejores artistas del momento. Sin duda, el principal —y para ser sinceros, único— atractivo de la cinta son los números musicales, interpretados por estrellas de la MGM como Judy Garland, Lena Horne y Kathyrn Grayson. Un joven Frank Sinatra incluso participa en un gran final que no tiene demasiado sentido más que mostrar algunas de las canciones más famosas de Jerome Kern.


Hay una secuencia de la producción "Sally" en la que los elementos y escenografía circenses son protagonistas y que tiene a nuestra conocida Barbette como consultora especialista.


Después de los títulos de crédito pueden encontrar la película en Youtube. Que ustedes la disfruten.

Till the clouds roll by (1946)
Producción: MGM (USA)
Director: Richard Whorf
Busby Berkeley
Henry Koster
Vincente Minnelli
George Sidney
Guion: Myles Connolly, Jean Holloway, George Wells
Historia: Guy Bolton
Fotografía: George J. Folsey y Harry Stradling
Edición:  Albert Akst
Musica: Jerome Kern
Productor: Arthur Freed
Intérpretes: Robert Walker (Jerome Kern), June Allyson (Jane, ella misma), Lucille Bremer (Sally Hessler), Judy Garland (Marilyn Miller), Kathryn Grayson (Magnolia Hawks)
, Van Heflin (James Hessler), Lena Horne (Julie LaVerne), Van Johnson director de banda en el Elite Club), Angela Lansbury, Tony Martin (Gaylord Ravenal), Virginia O'Brien (Ellie Mae), Dinah Shore (Julia Sanderson), Frank Sinatra (él mismo), Mary Nash (Mrs Muller)
Technicolor. 132 min.

18 de julio de 2025

Los gnomos de jardín van al circo


Feuerwerk (Sueños de Circo, 1954), Kurt Hoffmann 

En 1908, el Cirkus Obolsky llega a una pequeña ciudad alemana. Su director, Sascha Obolsky (Karl Schönböck), es Alexander Oberholzer, el hermano del próspero fabricante local de gnomos de jardín, el burgués Albert Oberholzer (Werner Hinz). La familia Oberholzer, repleta de tías y buenos modales, se ve sorprendida por esta visita circense, sobre todo Anna (Romy Schneider) que queda fascinada por el circo y por su tío bohemio.


Alexander, o Sascha, viene acompañado por una atractiva mujer llamada Iduna (Lilly Palmer), que inmediatamente se convierte —junto con la adiestradora de serpientes— en el centro de atención. Una situación un tanto tensa que parece olvidarse en cuanto Iduna canta la canción Oh, Mein Papa, una canción compuesta por Paul Burkhard en 1939 para el musical "Der schwarze Hecht" y que se convertiría en un éxito con la adaptación que Erik Charell realizó en 1950 para el musical "Das Feuerwerk".


La oveja negra de la familia Oberholzer es un feliz y atractivo galán que irrumpe en el salón de su acomodada familia con un circo lleno de color y sorpresas. El Cirkus Obolsky, en realidad el Gran Circo de los Hermanos Belli tuneado, es un circo a la antigua revestido de lujo —el trabajo de vestuario de Alfred Bücken es sobresaliente, igual que la ambientación— en el que podemos encontrar artistas de primera división como Los 7 Leotaris, Los Pilars, Pilade Cristiani o nuestros compatriotas Los Rudi-Llata, una troupe de payasos, músicos excepcionales, poco conocidos en España —como la mayoría de artistas de circo españoles— que en esa época triunfaban en Alemania y en toda Europa. 


Las entradas de Leo, Nolo, Pepi y Joselito, algunas de las cuales pueden verse en Internet, demuestran una maestría en el arte del payaso difícilmente igualable. Yo no me canso de ver al hilarante Pepi, pues siempre me ha parecido uno de los mejores payasos del mundo.


La película está ambientada en 1908 y sus principales actrices, la veterana Lilly Palmer, que volvía a su Alemania natal después de años de exilio en Inglaterra y Estados Unidos, y la jovencísima Romy Schneider compiten por el protagonismo de una trama en la que la joven Schneider, en mi opinión, sale vencedora. También me ha llamado la atención uno de los tíos de la joven, Gustav, interpretado por el sufrido y narigudo Rudolf Vogel, cómico y actor de carácter de gran presencia escénica.


La función de circo, que ocupa cerca de 15 minutos de la película, a la que asiste finalmente toda la familia del joven descarriado, tiene gusto y ritmo, y mucho color. Además de Los Rudi-Llata, tenemos la oportunidad de disfrutar del trapecio volante de los 7 Leotaris, los chimpancés de Pilade Cristiani, y un número de alta Escuela aderezado con la música que interpreta Lilly Palmer. Lilly Palmer, además, participa junto con un simpático falso caballo en una pieza que merece la pena ver.


La joven Anna sueña con el circo y su sueño se convierte en una serie de secuencias que la llevan del trapecio a la jaula de los leones pasando por el cable de equilibrio. La verdad es que hay bastante circo en Feuerwerk y el charivari final, así como la exhibición primera en el jardín de los Oberholzer, son un derroche de artistas y figurantes que añaden más color, si cabe, a esta película.



La película fue unánimemente aplaudida por la crítica alemana que se congratulaba por el "placer del entretenimiento del tipo alegre y contemplativo" que rezumaba la cinta, convirtiéndose en uno de los musicales favoritos de la posguerra alemana.


Feuerwerk (Sueños de circo, 1954), Kurt Hoffmann
Producción: New German Film Company (GER)
Director: Kurt Hoffmann
Guion: Herbert Witt , Felix Lützkendorf , Günter Neumann basada en la comedia de Erik Charell y Jürg Amstein "The Black Hecht".
Música: Paul Burkhard y Franz Grothe
Fotografía: Gunther Anders , Hannes Staudinger
Edición: Claus de Boro
Intérpretes: Lilli Palmer (Iduna), Karl Schönböck (Alexander Oberholzer), Romy Schneider (Anna Oberholzer), Claus Biederstaedt (Roberto), Werner Hinz (Albert Oberholzer), Rudolf Vogel (tío Gustav), Margarete Haagen (Kathi), Ernst Waldow (tío Wilhelm), Liesl Karlstadt (tía Berta), Kaethe Haack (Karoline Oberholzer), Lina Carstens (tía Paula), Michl Lang (Tío Fritz), Charlotte Witthauer (tía Alwine), Tatjana Sais (Madame Sperling), Willy Reichert (jefe de estación), Hans Clarín (un empleado de circo), Michael Cramer (su colega), Christiane Maybach (Jazmín), Klaus Pohl (Piepereit), Los Rudi-Llata, Los 7 Leotaris, Pilade Cristiani, Los Pilars
Color. 98 min.

17 de junio de 2025

La princesa y la Big Band


Everything is Rhythm (1936), Alfred J. Goulding

Este temprano musical británico me ha animado la tarde. La simpatía del pequeño Harry Roy y la inocencia y buen gusto de los números musicales que se presentan en Everything is Rhythm me han cautivado completamente, he de reconocerlo. A Harry Roy lo conocía por "My Girl's Pussy", una canción divertida y de contenido explícitamente sexual que hace unos años me había llamado la atención —no me pregunten cómo llegué a ella—, pero lo que no me imaginaba, hasta tener la oportunidad de ver esta película, es que su autor era, además de un reputado clarinetista y director de Big Band, un excelente cómico, que llegó a interpretar dos películas, la que estamos comentando y Rhythm Racketeer (James Seymour, 1937).


Everything is Rhythm es una película que no llamará demasiado la atención de la crítica de la época pero que ha sabido sobrevivir con dignidad y que, con el paso del tiempo, se ha ganado el aplauso de todos los que amamos este tipo de música, además de  transmitir una felicidad y una despreocupación que pronto se vendría abajo con la la II Guerra Mundial. Es divertida y sólo pretende —nada más y nada menos— eso, entretener, además, por supuesto, de documentar una de las mejores bandas británicas de la época y uno de sus animadores más interesante: Harry Roy. 


La trama sirve como excusa para grabar los diferentes números musicales, entre los que destacan "You're the Last Word in Love", la pieza trepidante con la que comienza el film y que más tarde reinventan con cacerolas, "Cheerful Blues", con una puesta en escena simple y efectiva y la magistral interpretación del dúo de pianistas Ivor Moreton and Dave Kaye, "Make Some Music", con un atrevido y divertido montaje sobre el piano, y "Sky High Honeymoon", que remata la aventura por los aires.


Una de las cosas curiosa de la historia es que la princesa de la película (Elizabeth Brooke, aka Princess Pearl), la mujer de Harry Roy, era una auténtica princesa, la última del Reino de Sarawak, aunque en este caso ejerce de princesa de Monrovia, un estado imaginario y muy cinematográfico.


El caso es que Harry Wade (Harry Roy) y la Princesa Paula de Monrovia (Princess Pearl) se enamoran, y aunque sus mensajes de amor son boicoteados por Miss Mimms (Clarissa Selwynne), se vuelven a encontrar en una de las incontables giras de la exitosa banda. No hay mucho más —solamente la excelente banda sonora—, el destino es el destino y todos sabemos que el amor va a triunfar sí o sí.


Afortunadamente la hemos encontrado en archive.org y la podemos incustrar al final de esta entrada para disfrute de los melomaniacos. Que ustedes lo pasen bien.


Everything is Rhythm (1936)
Dirección: Alfred J. Goulding
Joe Rock Productions (UK)
Guion: Jack Byrd y Syd Courtenay
Historia: Tom Geraghty
Productor: Joe Rock y Stanley Haynes
Fotografía:  Ernest Palmer
Edición: Sam Simmonds
Director de arte: George Provis
Director musical: Cyril Ray
Canciones de Cyril Ray, Jack Meskill y Harry Roy
Vestuario: Reneé Grandville
Coreografía: Joan Davis
Intérpretes: Harry Roy (Harry Wade), Princess Pearl (Princesa Paula), Dorothy Boyd (Grethe von Essen), Clarissa  Selwynne (Miss Mimms), Robert English (Duke), Gerald Barry (Conde Rudolf), Phyllis Thackery (Lucy), Bill Currie (George Wade), Agnes Brantford (Mrs Wade), Syd Crossley (Camarero), Arthur Clayton (Manager), Ivor Moreton (Joe), Dave Kaye (Sam), Johnny Nit (bailarín de claqué), Mabel Mercer (cantante solista)
73 min. Blanco y negro




10 de junio de 2025

La Goulue


Louise Weber (1866-1929) es «La Goulue», la famosa bailarina de can-cán del Moulin Rouge, la artista mejor pagada de su época, inmortalizada por Henri de Toulouse-Lautrec en varios de sus carteles. La apodaron «La Goulue» (La Glotona) por su costumbre de beberse de un solo trago las copas de los clientes al pasar bailando entre las mesas. 


Hija de un carpintero y una costurera, esta la abandonó cuando apenas tenía tres años, y a los siete perdió a su padre. A los 16 años, trabajando en una lavandería, se atrevía a tomar prestada la ropa que le entregaban para limpiar y se escapaba a los salones de baile por la noche. También fue prostituta y modelo de postales eróticas.


Auguste Renoir, la contrató como modelo y a través de él comenzó a posar para otros pintores, entre ellos Toulouse-Lautrec al que tenía hechizado por su vibrante energía. En 1889 debutó como bailarina en el salón de baile Moulin de la Galette y finalmente, en 1891, entró al Moulin Rouge, comenzando así una meteórica carrera que la convertiría en una famosa personalidad del mundo del espectáculo parisino. La Goulue es sinónimo de can-cán y del Moulin Rouge.

 
Esta mujer, descarada, sensual, vibrante, audaz y con agallas pateaba los sombreros de los clientes durante su rutina. Bailaba encima de las mesas y exhibía un corazón rojo bordado en su ropa interior. Protegida del comerciante de vinos y bailarín aficionado Jacques Renaudin (Valentin el deshuesado, 1843–1907), bailaban juntos en el Moulin Rouge el "chalut", la primera versión del can-cán. Muy pronto se convirtió en una estrella y el empresario Joseph Oller la incorporó a la gran cuadrilla del cabaret.


Decidida a sacar provecho de su fama, en 1895 rompió con Le Moulin Rouge para ser domadora de animales. Al año siguiente montó su propio salón de baile, donde quería representar danzas orientales y pidió a su amigo Toulouse Lautrec que le ayudara a decorarlo. La empresa acabó siendo un fracaso absoluto, sí que volvió a ser domadora junto con su esposo, que dejó su oficio de mago para trabajar juntos en las ferias y circos. En dos ocasiones fueron atacados por animales escapando por poco de la muerte. Finalmente, alcoholizada y deprimida, vivía en una caravana de circo y se dedicaba a vender cacahuetes, cigarrillos y cerillas,  en las calles de Montmartre, donde alguien finalmente la reconoció y por unos momentos volvió a disfrutar de cierto reconocimiento. En 1925, en la reapertura del Moulin Rouge, la invitaron a bailar un tango… Murió cuatro años más tarde


En este enlace pueden ver una pequeña historia e imágenes de la artista: https://dai.ly/xbsmcn y aquí abajo una animada historia del famoso baile can-cán:

4 de junio de 2025

Lautrec



Lautrec (1998), Roger Planchon

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa, conocido simplemente como Toulouse-Lautrec (Régis Royer), nace en el castillo de Albi, en medio de una fastuosa cena que ha organizado su padre para la ocasión. Sus padres, el conde Alphonse de Toulouse-Lautrec-Montfa (Claude Rich) y Adèle Tapié de Celeyran (Anémone), primos en primer grado, conforman un matrimonio de conveniencia en aras de conservar el patrimonio familiar indemne. A causa de esta endogamia, Henri tuvo problemas óseos desde pequeño y su altura nunca superó el metro y medio.


Roger Planchon, que también firma el guion, nos dibuja un Toulouse-Lautrec y un Montmartre desinhibidos, contestatarios, incluso revolucionarios en el campo del arte. Un Henri lleno de vida que acepta su condición con naturalidad y que tiene  la suerte de estar rodeado de mujeres, igualmente desinhibidas y libres, como Suzanne Valadon (Elsa Zylberstein). Suzanne, modelo y también pintora, cautiva al inocente e infantilizado Henri en Le Chat Noir, donde un apuesto Aristide Bruant (Jean-Marie Bigard), "el hombre de la bufanda roja y la capa negra", canta al amor y a la libertad.


Al mismo tiempo que vive su aventura de amor, libra una batalla artística junto al pintor Émile Bernard (Nicolas Moreau) en defensa de los colores de los impresionistas. La película, que carece de la vitalidad y el colorido —la pictoricidad— del Moulin Rouge de Houston, se adentra en otros campos, con algunas reflexiones sobre el camino del arte a finales del siglo XIX, y además nos presenta a otros genios de la pintura como Degas (Victor Garrivier), un empático artista que sabe reconocer el primer arte de Lautrec; a Auguste Renoir (Philippe Clay), que comparte modelo y amante con Henri; y un Vincent Van Gogh (Karel Vingerhoets), en una escena, en mi opinión, encajada con alfileres.


También se ocupa Blanchon de la madre de Lautrec, bien interpretada por Anémone, figura principal en la vida del pintor, protectora y comprensiva con todos los excesos del pequeño gran artista. 


La verdad es que Planchon no ha realizado un biopic al uso. Ha querido adentrarse en diferentes universos completamente cinematográficos. En algunas escenas nos sorprendemos con un plano inspirado en un cuadro de Renoir o Degas y en otras nos muestra un fresco magnífico que rodea el aula de la academia de pintura de su maestro Pierre Cormon, que representa todas las leyes clásicas que están empeñados en romper algunos de los alumnos. 


En otras escenas juega con la pintura derramándose o con las planchas de papel saliendo de los rodillos de las máquinas litográficas. Y en otras, nos regala la presencia de Elsa Zylberstein, que ya fue musa de pintores en el Van Gogh (1991) de Maurice Pialat y la amante del Modigliani (2004) de Mick Davis.



Pero en medio de todo el batiburrillo que todavía estoy digiriendo, que alguien me explique el homenaje final que realiza en el entierro de Toulouse-Lautrec con la aparición de duendes, malabaristas y personajes salidos de un cuento de hadas…


Se ruega a las bailarinas de que no se olviden sus bragas
La película, en fin, rinde homenaje a los jóvenes pintores que enfrentaban el nuevo siglo con rebeldía y a un París que bullía de pasión, alegría y celebración de la vida, derramando la lujuria y los excesos alcohólicos por los adoquines de Montmartre. Los personajes del Moulin Rouge no serán tan coloridos como los de Houston, pero están planteados con maestría tanto por el director como por los propios actores y actrices, y la ambientación nos mete de lleno tanto en el barrio de los artistas, como en el lujo y ostentación del castillo de Albi.  


Mención aparte se merece una magnífica selección de canciones de Aristide Bruant, el cantante de Montmartre por excelencia del cual Santiago Rusiñol habla en su libro Desde el Molino (Barcelona, 1945):
   
Canta los crímenes de la Villette; canta el canal legendario de aguas enlutadas, con la guillotina en el fondo, elevándose en terrible silueta; canta las miserias en Menilmontant, con sus tortuosas callejuelas y sus solares desiertos, con la ortiga brotando del abandono, con su población miserable acampando alrededor del cementerio de Père Lachaise, en el que se ven desfilar los entierros como vagas apariciones; canta las hecatombes del matadero con el más ferviente realismo; canta las angustias de Saint Lazare con todos los horrores de aquel hospital inmenso; y con su voz cavernosa adquiere la solemnidad de un profeta que narra a su alegre auditorio las angustias todas, todas las desdichas que palpitan ignoradas, como en dilatado desierto, en este París que pone en música lo mismo sus glorias que sus más negras desventuras.


“Los pintores de finales del siglo XIX son auténticos héroes, gente admirable. Hacían una pintura que en ese momento era rechazada por todos y encontraron valor, la fuerza para pintar doce horas al día cuadros que nadie quería ver. Eran personajes heroicos. Guerreros, verdaderos héroes que tuvieron la fuerza de traer la modernidad a la pintura cuando nadie la quería.”
Roger Planchon


Lautrec (1998)
Director: Roger Planchon
Guion: Roger Planchon
Productor: Margaret Ménégoz
Musica: Jean-Pierre Fouquey
Fotografía: Gérard Simon 
Edición: Isabelle Devinck
Régis Royer (Henri de Toulouse-Lautrec), Elsa Zylberstein (Suzanne Valadon), Anémone (Condesa Adèle de Toulouse-Lautrec), Claude Rich (Conde Alphonse de Toulouse-Lautrec), Micha Lescot (Gabriel de Céleyran), Claire Borotra (Hélène), Helene babu (La Goulue), Jean-Marie Bigard (Aristide Bruant), Vanessa Guedj (Marie Charlet), Eric Civanyan (El obispo), Philippe Clay (Auguste Renoir), Karel Vingerhoets (Vincent van Gogh), Victor Garrivier (Edgar Degas), Rosetón (La patrona de la lavandería), Nicolas Moreau (Émile Bernard), Juliette Deschamps (Jeanne), Élodie Frenck (Madame Fourre-Tout) P'tite Pomme
126 min. Color