27 de agosto de 2026

La decadencia de Los Muchachos / 5

La Ciudad de los Muchachos que "el Cura", el Padre Silva, había fundado en 1957 junto a 15 chavales y una moto –según contaba él mismo– no sobrevivió a su muerte en 2011. Es cierto que mucho antes los chavales y no tan chavales de Benposta se habían rebelado y estaban inmersos en juicios y demandas varias que poco a poco hacía mella en la salud del padre Silva. sú único refugio eran sus pinturas, en las cuales expresaba toda su rabia y frustración con grandes y violentos brochazos.

La utopía, la pirámide de acróbatas y su mensaje social, se comenzó a derrumbar cuando la Xunta mostró interés por los terrenos donde estaba ubicada Bemposta, un emplazamiento cercano a la ciudad y muy goloso urbanísticamente hablando. La obra no se llevó adelante, pero dejó Benposta dividida para siempre. A paritr de ese instante, el grupo de rebeldes encabezados por Milocho, Zamorano, Ardilla y un sobrino del cura, Joaquín Silva, maniobraron para enfrentarse al padre Silva y a su hermano Pocholo, a los que acusaban de querer deshacerse de Bemposta para vender los terrenos. En este enlace podéis encontrar un artículo muy bien documentado sobre todo el proceso escrito por Cristián López.

El proceso de decadencia de Benposta fue un proceso lento pero inexorable, que lamentablemente arranca con el paso a la democracia y la transición. No son capaces de adaptarse a los tiempos. Benposta tenía su sentido en una España rural con un déficit educativo que la Ciudad de los Muchachos ayudó a cubrir, pero con la llegada de la democracia, esto cambió. En los años ochenta, el circo intentó una nueva aventura, esta vez en Madrid, en la Plaza de las Ventas, pero esta duró apenas cuatro años. 


Con la cúpula remendada y oxidada y algunas instalaciones reconvertidas en casas, en la actualidad Bemposta sobrevive como puede y su futuro está en un limbo del cual la Fundación Benposta Nación de Los Muchachos, la Asociación Cultural Padre Silva y la Asociación Internacional Benposteña  tienen mucha culpa porque sus posturas parecen irreconciliables. Otros grupos han surgido en medio de este conflicto: en 2016 nace Tod@s somos Benposta, para preservar su legado material e inmaterial, y en 2020, surge la plataforma Xuntos por Benposta con la intención de poner fin a todos los conflictos que rodean la antigua república de niños.

En este enlace nos encontramos con una galería de fotos de 2024 que nos acerca al estado actual de las instalaciones y en este otro enlace de el suplemento Tentaciones de EL PAÍS podemos hacer un recorrido muy interesante con los grandes hitos del circo 

Otras entradas sobre El Circo de los Muchachos y Benposta:

20 de agosto de 2026

Los Muchachos y la política / 4

El Circo de Los Muchachos (2024), Elías León Siminiani

Una de las cosas que hay que aplaudir en toda la historia de Los Muchachos es, sin ninguna duda, el compromiso político y social de todo el proyecto y la inquebrantable cabezonería del cura para que su ideario estuviese en los titulares de todo su proyecto. Su manifiesto, su lema piramidal, sus canciones, su estética e imagen corporativa era una invitación amable a postulados pacifistas, solidarios y comprometidos con los más desfavorecidos, la corriente cristiana más cercana a las teorías de la Teología de la Liberación.


El último de los tres ejes que definen el proyecto Benposta, como el mismo explica en una de las grabaciones del documental, es una implicación directa,  revolucionaria en ese momento, de los chavales acogidos en el proyecto con su propio futuro a través de la participación política, con procesos democráticos asamblearios y el objetivo de desterrar el determinismo social y ser protagonistas de su propio crecimiento como seres libres, comprometidos con la justicia social y la paz mundial.


La Ciudad de los Muchachos estaba organizada asambleariamente, algo inédito y bastante revolucionario para la época. Como se puede ver en los gráficos que adjuntamos era una nación de muchachos con su propio gobierno, una Junta de gobierno formada por el alcalde y los delegados de las diferentes áreas (Hacienda, Enseñanza, Salud pública, Industria y Comercio, Vivienda, Orden público y Espíritu ciudadano) que vendrían a ser como los ministros.

Por encima de ellos estaban, no podía ser de otra manera, el padre Silva, su hermano Pocholo y el administrador Milocho, que eran los que verdaderamente llevaban todos los asuntos de importancia y las cuentas de las diferentes actividades que se realizaban en Benposta, y principalmente las cuentas del Circo.  

El padre Silva estaba considerado como comunista, y así aparece en algunos titulares de periódicos. Era un revolucionario alimentando una hermosa utopía, pero como era cura y la utopía era para niños no molestaba demasiado. Los chavales, con el cura al frente, fueron recibidos por Franco, que seguramente no había sido informado de qué iba la vaina.

Pero la vaina iba de que el primer programa que emitió BenpostaTV era un homenaje al pueblo chileno en el que se denunciaba el golpe de estado de Pinochet y se aplaudía la labor de la oposición militante en contra de la dictadura.

La vaina iba de chavales que tenían la libertad para hablar de sus asuntos en una televisión que no era controlada por ningún poder público. La vaina era una nación de muchachos con reglas democráticas en un país que todavía estaba dirigido por un dictador.

El circo vivió momentos muy delicados, por no decir peligrosos, en sus estancias en Chile y Argentina en el año 1976, justo después de la muerte de Franco y con sendas dictaduras instauradas en estos dos países. De Argentina fueron expulsados acusados de ser peligrosos izquierdistas, compañeros de viaje de ETA y con un programa circense al servicio de una ideología comunista. El padre Silva muestra orgulloso los papeles de su expulsión en una de las grabaciones.

Por otro lado, el padre Silva era muy dado a realizar golpes de efecto y era un buen comunicador, igual que el responsable de Relaciones Públicas, José María Sánchez Bustos. En 1976, estando en Bruselas, organizan una de sus famosas pirámides frente al edificio europeo e intentan entrar por las ventanas. Los titulares de los periódicos se hacen eco de la noticia. El circo, como siempre atento a lo que trae el futuro, se había hecho europeísta antes que España. 

Otras entradas sobre El Circo de los Muchachos y Benposta:

7. La película japonesa sobre Benposta

11 de agosto de 2026

Roko, el hipnotizador que hacía creer a los trabajadores que eran pájaros


Covek nije tica (El hombre no es un pájaro, 1965), Dusan Makavejev

BIENVENIDOS a la República Federal Socialista de Yugoslavia. La Yugoslavia de Tito, liberada de la hegemonía soviética. La Yugoslavia líder del Movimiento de Países No Alineados.

Mientras que en todo el mundo, de Francia a Brasil, proliferaban las “nuevas olas” cinematográficas, en esta Yugoslavia el movimiento recibió el nombre de “ola negra”, tanto por su opacidad narrativa como por su pesimismo con respecto a la política oficial. Como en el caso de los impresionistas, esta etiqueta nefanda fue asumida con orgullo por los así tachados entre los que se encontraba Dusan Makavejev. Desde mediados de los años cincuenta había dirigido varios cortometrajes entre los que destaca Parada (1962) en los que se toma a chacota los preparativos del desfile del 1 de Mayo.

Para su primer largometraje, Covek nije tica, entrelaza tres historias que ocurren en una ciudad metalúrgica del sudeste de Serbia: la de un hipnotizador, la de un trabajador brutal, Barbool (Stole Arandjelovic), acusado de homicidio, y la de un ingeniero maduro, Jan Rudinski (Janez Vrhovec), que debe dirigir el montaje de unas máquinas y vive una breve historia de amor con la joven peluquera Rajka (Milena Dravic).

La película se abre con una supuesta conferencia sobre los fracasos en la vida amorosa a cargo del “hipnotizador” más joven de los Balcanes, Roko Cirkovic. Mediado el metraje comprendemos que la conferencia de Roko era el preámbulo a su actuación en el pueblo. Pide voluntarios a los que hace creer que son cosmonautas y luego pájaros. Los voluntarios baten los brazos como si fueran alas. Los habitantes del pueblo no pueden contener las carcajadas.

El ambiente del pueblo es descrito brutalmente en un bar en el que la exuberante Fátima solivianta a los trabajadores con sus provocadoras interpretaciones de canciones balcánicas.


La cosa degenera en una trifulca y la muerte de Fátima. Barbool (Stole Arandjelovic), uno de los bronquistas, es detenido aunque pronto se demuestra su inocencia. Barbool es un auténtico bárbaro, alienado por el trabajo en la fábrica, pero que, al tiempo, golpea a su mujer (Eva Ras) y la engaña. En la factoria, Barbool es una especie de titán. La situación es ridiculizada por Makavejev que introduce a un grupo escolar que recibe explicaciones de un profesor: para el Estado Barbool es el trabajador ejemplar, un hacha de la productividad.

También Jan lo es a su modo. Conseguirá terminar el ensamblaje de las máquinas antes del plazo previsto por el Estado y por ello recibe su medalla en un acto con música clásica, un gran mural y asistencia de los camaradas trabajadores. Mientras tanto, Rajka cede a los requerimientos amorosos de un joven camionero (Boris Dvornik). Los coros triunfales ofrecen el adecuado contrapunto irónico a la escena. Cuando Jan se entera, demuestra que él también puede ser brutal.

Todo termina con la actuación del circo del Sindicato: “Diversión para la clase obrera”. Artistas talluditos dedicados a la danza de vientre, al lanzamiento de cuchillos, al alambre o a tragar serpientes… Una especie de mercado oriental ambientado con frenética música balcánica. Jan ha felicitado unos instantes antes a los músicos: su interpretación de Beethoven el día anterior, durante la ceremonia, fue ejemplar.

Sobre un plano general de la carpa instalada junto a la fábrica escuchamos de nuevo la voz del hipnotizador que nos suministra la moraleja de la historia. La hipnosis no es magia sino un sueño inducido. Bajo sus efectos un hombre puede, incluso, matar. Una vez más la metáfora del estado socialista —por muy alejado que se pretenda de la órbita de Stalin— es diáfana. Los hombres pueden creer que están volando, pero en esta situación nunca levantarán un palmo del suelo. Años después, desde el exilio, Makavejev lo proclamaría sin ambages: “Mi antiguo país pretendía ser una suerte de experimento social, pero en realidad tenía más de mezcla de prisión y de circo”. Covek nije tica es la plasmación literal de este aserto. 


Covek nije tica (El hombre no es un pájaro, 1965) 
Producción: Avala Film (YUG) 
Guión y Dircción: Dusan Makavejev. 
Intérpretes: Milena Dravic (Rajka), Janez Vrhovec (Jan Rudinski), Eva Ras (la mujer de “Barbool”), Stole Arandjelovic (Barbulovic “Barbool”), Boris Dvornik (el camionero), Mirjana Blaskovic, Ljiljana Jovanovic, Dusan Antonijevic, Danilo “Bata” Stojkovic, Predrag Milinkovic, Dusan Bajcetic, Dusan Janicijevic, Milan Lugomirsk, Bosa Stojadinovic, Mirko Todorovic. 
81 min. Blanco y negro.

4 de agosto de 2026

Un zangolotino de más

El viaje a ninguna parte (1986), Fernando Fernán Gómez

Hijo de la actriz Carola Fernán-Gómez, aprendiz de actor durante la Guerra Civil en la escuela de interpretación que los anarcosindicalistas tenían en Madrid, favorito de Enrique Jardiel Poncela, que escribió para él el papel del "Pelirrojo" en Los ladrones somos gente honrada, Fernando Fernán-Gómez decidió rendir su peculiar tributo al oficio de cómico con El viaje a ninguna parte. Elige para ello a una compañía de comediantes de la legua, los Iniesta-Galván. Es un mundo que no conoce de primera mano. Se ha movido en la precaria y tantas veces apicarada industria del cine y, cuando ha hecho teatro, ha sido en compañías comerciales o en aventuras artísticas como el Teatro de Cámara del Istituto Italiano di Cultura.


Eso sí, alguna vez se había tropezado en algún pueblo, durante el rodaje de alguna película, con una de estas troupes de proletarios de la interpretación, que si no trabajaban un día se quedaban sin comer y que tantas veces tenían que abandonar subrepticiamente durante la noche las casas particulares donde los habían alojado porque no podían pagar el modestísimo hospedaje pactado.


Carlos Galván (José Sacristán) es actor de una compañía de cómicos ambulantes conocida como los Galvanes, que se buscan la vida en pequeños pueblos durante la postguerra española. La compañía está compuesta por Don Arturo (Fernando Fernán Gómez), padre de Carlos y director y primer actor, Juanita Plaza (Laura del Sol) la compañera de amoríos de Carlos, Julia Iniesta (María Luisa Ponte), la otra pata de la compañía, Sergio Maldonado (Juan Diego), que ejerce también como gerente y Rosita del Valle (Nuria Gallardo). A ellos se les une Carlos Piñeiro (Gabino Diego), hijo perdido de Carlos Galván, un zangolotino al que no le entusiasma demasiado ser cómico.


Su "viaje a ninguna parte" lo preside el hambre y la precariedad, un ambiente frío y pobre acentuado por la creciente popularidad del cine que poco a poco les va comiendo el terreno: "¡Me cago en el padre de los hermanos Lumiere!". Las dificultades y con ellas los momentos hilarantes se suceden a lo largo de la película mientras la compañía se va deshaciendo poco a poco, a medida que sus miembros deciden buscar otros horizontes. A pesar de esta decadencia la película retrata con mucho cariño y ternura la dignidad ser y sentirse cómico y el compromiso y entusiasmo de los actores y actrices con su profesión: "¿Suspender? Eso nunca."

Carlos recuerda, a veces con dificultad y mezclando realidad y fantasía, su trayectoria como actor y mezcla ese periodo de su viaje (los años cincuenta del siglo XX) con el posterior reconocimiento, veinte años después, y su triunfo en Madrid como actor de los principales teatros y producciones cinematográficas. Recuerdos de alguien que ha perdido la memoria pero que dibuja con gratitud y emoción sus andanzas como cómicos ambulantes, que ni siquiera tienen una furgoneta, rememorando situaciones, discursos o chascarrillos que son absolutamente deliciosos.


Fernán Gómez tuvo el acierto de escoger el jazz de Pedro Iturralde para hilar los recuerdos en una arriesgada apuesta que contribuye a crear una atmósfera muy especial. El elenco de actores está repleto de grandes nombres que muestran su profesionalidad en cada escena. Además de los ya citados cabe destacar al gran actor de teatro Carlos Lemos en el que sería su último papel cinematográfico, una película que bien podría ser la biografía de su propia vida. También participan Queta Claver que interpreta a Doña Leonor, la propietaria de una casa de huéspedes en Madrid, o Agustín González en el papel de Zacarías Carpintero, autor y promotor de un imposible espectáculo de revista titulado "Canuto, no seas bruto".


La genealogía del proyecto no ha podido ser más azarosa. Parte de una idea para una película irrealizada con Jaime de Armiñán. Cuando en 1983 Fernán-Gómez recibe la propuesta de Radio Nacional de España de escribir un serial, decide retomar aquella sugerencia argumental para escribir los episodios del "folletín radiofónico": https://www.rtve.es/play/noticias/20210827/escucha-serial/57670.shtml


La editorial Debate le propone entonces versionarlo en formato novelístico, a lo que el autor accede de buen grado. La novela se pública en 1985. Entonces, Julián Mateos y Maribel Martín, productores con su marca Ganesh P.C. de Los santos inocentes (Mario Camus, 1984) le proponen escribir, realizar y protagonizar la película. Debido a su estructura episódica e itinerante, Ferrnán-Gómez opina que tendría mejor desarrollo en una serie televisiva, como había hecho con El pícaro en 1974. Julián Mateos le convence con el argumento de que prefieren la película, sin que su duración vaya a ser un hándicap. El actor accede.


El resultado se alza en la primera edición de los Premios Goya, nada más y nada menos, con los premios a Mejor Película, Mejor Guion y Mejor Dirección.


El viaje a ninguna parte, 1986
Ganesh Producciones Cinematográficas en colaboración con TVE (ESP).
Dirección: Fernando Fernán Gómez
Producción:Maribel Martín y Julián Mateos 
Guion: Fernando Fernán Gómez
Música: Pedro Iturralde
Maquillaje: José Antonio Sánchez
Fotografía: José Luis Alcaine
Montaje: Pablo González del Amo
Protagonistas: José Sacristán (Carlos Galván), Laura del Sol (Juanita Plaza), Juan Diego (Sergio Maldonado), María Luisa Ponte (Julia Iniesta), Gabino Diego (Carlos Piñeiro), Nuria Gallardo (Rosita del Valle), Fernando Fernán Gómez (Don Arturo), Queta Claver (Doña Leonor), Emma Cohen (Sor Martirio), Agustín González (Zacarías Carpintero), Carlos Lemos (Daniel Otero), Miguel Rellán (Dr. Arencibia), Simón Andreu Solís, José María Caffarel, Carmelo Gómez, Tina Sáinz, Nacho Martínez, Mónica Molina, Cándida Losada, Antonio Gamero, Helena Fernán Gómez
Eastmancolor panorámico. 134 minutos



28 de julio de 2026

bye bye blackbird


Bye bye Blackbird (2005), Robinson Savary

Fue el trapecista Richie Gaona, en Los Ángeles, quien puso a Robinson Savary sobre la pista de James Thiérrée, que vivía a unos cientos de metros de su casa en París. Hasta entonces, el proyecto de Robinson, hijo de Jerome Savary, el fundador del Grand Magic Circus, avanzaba sin su pieza principal, el protagonista Josef. A partir de entonces, Bye bye Blackbird comienza a hacerse realidad.

Estamos en los primeros años del siglo XX. Dos obreros emigrantes descansan sobre una viga suspendida a considerable altura. La imagen nos recuerda las fotografías de Charles Clyde Ebbets, que tanto se han difundido para decorar áticos de profesionales liberales. De repente, Josef (James Thiérrée) trepa por los cables con habilidad y se encarama en lo más alto para otear el horizonte. Se oye un golpe seco. Su compañero ha desaparecido.

Después del funeral, deambula por las calles hasta que se tropieza con un cartel del Dempsey Electric Circus. Josef se enamora a primera vista de Alice (la polaca Izabella Miko), la bella trapecista, melancólica, atrapada entre los cuidados de su obsesivo padre Lord Dempsey (Derek Jacoby, el mismo de Gladiator y Enrique V) y su relación mística con el trapecio. Josef es como un mono. Si puede trepar a algo allí que se va, así que, fascinado por el trapecio, consigue subirse después de realizar un acrobático camino por toda la cúpula de la carpa.

El primer encuentro directo de la pareja es de película de vampiros. Josef se ha hecho un pequeño corte en la mano arreglando un marco de la caravana de Alice. La joven se apresura a limpiarle la sangre chupándosela. Josef se queda tan perplejo como estaba y como si no hubiera pasado nada le pregunta si alguna vez ha pensado en trabajar con otra persona en las alturas. Ella se muestra extrañada y desconfiada de las habilidades de Josef.

Hay otra mujer, claro. Es Nina (Jodhi May), la ecuyere, hermana de adopción de Alice. Aunque también vive una extraña relación de dependencia con su padre adoptivo, el aristocrático y decadente Lord Dempsey, es una mujer más independiente y pegada a la realidad que la frágil Alice. Nina ofrece a Josef un trabajo en las cuadras mientras este se prepara para el gran número. Ha conseguido una audición. Las tres cabezas pensantes del circo, el propio Dempsey, Robert (Michael Lonsdale) y Jenkins (Carlos Pavlidis) hacen de jurado. Josef parece que se retrasa cuando aparece en lo más alto del circo. Desciende hasta donde reposa Alice y comienzan un dúo que maravilla a la singular audiencia.

Lord Dempsey está inspirado. Su petaca le proporciona pequeños éxtasis de gloria en los que se ve triunfando con este nuevo número en París, su próxima plaza. The White Birds, un número excepcional de trapecio iluminado por ¡quinientas bombillas eléctricas! El circo siempre ha estado a la cabeza en cuanto a las innovaciones técnicas aplicadas al mundo del espectáculo y Lord Dempsey es un iluminado, nunca mejor dicho. Un circo eléctrico parece un buen reclamo para esa época. Y seguiría siéndolo hoy en día.

El día del estreno en París, una tormenta amenaza con arrancar las lonas e inundar los circuitos eléctricos. Hay una buena entrada de público entre los que se encuentran algunos nobles, viejos amigos de Dempsey que vienen a ver a su hija y que desprecian al viejo maquillado.

El número se desarrolla como habían planeado. Las bombillas iluminan la carpa en círculos concéntricos a medida que los dos pájaros suben a las alturas. Hay cierta preocupación por el mal tiempo, pero también por lo imprevisible de la pareja.

De hecho se toman un descanso y salen al exterior de la carpa, en lo más alto desde donde les saludan unos fuegos artificiales. ¿Han huido? Dempsey se revuelve en el control. Robert mira preocupado a través de las cortinas. Pero no han huido, el número prosigue con un salto inverosímil de Josef al que sigue otro no menos imposible de Alice. La pareja vive un éxtasis de giros, piruetas y arrojes del trapecio. Josef pierde el control, o eso cree, y Alice cae matándose en el acto.

Josef pierde la cabeza. Decide no bajar del trapecio. Se encierra en si mismo y en las alturas. Viaja subido al trapecio, porque si toca el suelo, Alice aparece y todo se vuelve más confuso. Pero no todo es como parece. ByeBye Blackbird nos sorprende al final lo suficiente como para no anticiparlo.

Josef es un pájaro enjaulado. Como en un relato kafkiano –la primera fuente de inspiración de esta película– la soledad habita en lo más profundo de su alma y sus alas al viento son símbolo de una libertad efímera. Un espejismo. Un sueño imposible. Inalcanzable.

  

Bye bye Blackbird (2005)
Producción: Samsa Film (FR)
Dirección: Robinson Savary.
Argumento: Robinson Savary, Patrick Faure y Arif Ali-Sham.
Guión: Arif Ali-Sham.
Intérpretes: James Thiérrée (Josef), Derek Jacobi (Lord Derek), Johdi May (Nina). Michael Ondsdale (Robert), Izabella Miko (Alice), Andrej Acin (Roberto), Chris Bearne (Lord Strathclyde), Ek (Djamako), Claire Johnston (Emma), Pavlidis (Jenkins), Claudine Peters (Miss Julia).
99 min. Color.

21 de julio de 2026

Diabolique, el tragafuegos del infierno


L’acqua… il fuoco (2003), Luciano Emmer

La carrera de Luciano Emmer ha sido de un prolífico que aturde. Realizador de pretigiosísimos documentales de arte en los años cuarenta del pasado siglo, artífice de algunas de las mejores comedias corales italianas durante la siguiente década, realizador televisivo y documentalista en los setenta… En la primera década del presente siglo, cumplidos ya los ochenta años, tan longevo como entusiasta, Emmer se embarca en una nueva etapa de dirección de largometrajes... Uno de los últimos es L’acqua… il fuoco.


La cinta se construye sobre estos dos principios telúricos para contar la historia de tres mujeres que desafían a su destino. Las tres están encarnadas –no hay término más apropiado- por la diva televisiva Sabrina Ferilli. Ella es Stefania, la turinesa abandonada por su marido a la que sus hijos plantan el día de su cumpleaños; Elena, la mujer que se tira al Sena y es rescatada por un clochard (Olivier Pagès); y Stella, factótum de un circo familiar en Luxemburgo, en el episodio que nos interesa.


El Cirque Etoile es apenas una roulotte aparcada en cualquier sitio ante la que se colocan unas sillas de tijera. El drama, tan íntimo como el circo en el que trabajan, es el de un payaso (Giancarlo Giannini) entregado de tal modo al alcohol desde que su mujer lo abandonara que no se tiene en pie para salir a actuar.


Suyos son el número del hombre-orquesta y el del tragafuegos infernal conocido como Diabolique. Su adicción llega a tal extremo que, a pesar de haber pedido un último trago de coñac, para poder salir a actuar, es capaz de tragarse el bebedizo con el que realiza su número.


Ha llegado a tal estado porque una mujer lo abandonó. Poco le importa tener a su lado a Stella, que hace lo que puede como organizadora general y como malabarista con unas mazas, y su hija Avril (Eloise Eonnet), que abre cada noche el espectáculo con su paseo por el alambre cuyo momento culminante es un salto mortal que no vemos. 

Participa en esta película nuestro amigo James Thierrée, nieto de Charles Chaplin y a quien hemos acompañado en otras aventuras fílmicas —Bye Bye Blackbird (Robinson Savary, 2005) y La Belle Verte (Coline Serreau, 1996)— y en otros encuentros circenses


Cuando David deba ser ingresado a causa de una cirrosis galopante y Avril decida que tiene que encontrar su propio camino en la vida, Stella deberá enfrentarse a la necesidad de sacar adelante “el circo más pequeño del mundo”.


L’acqua… il fuoco / L'eau... Le feu (2003)
Producción: Buskin Film (LUX) / Factory (LUX) / con el apoyo del Ministero per i Beni e le Attività Culturali (MiBAC) (IT)
Guión y Dirección: Luciano Emmer
Intérpretes: Sabrina Ferilli (Stefania / Elena / Stella), Giancarlo Giannini (David), Eloise Eonnet (Avril), Olivier Pagès (Bernard, el clochard), Valérie Kaprisky (Iris), James Thiérrée (Enrico), Domiziano Arcangeli. Massimo Tellini.
93 min. Color.