9 de enero de 2009

Barbette

Ces merveilles d'equilibre. de force, de grâce: un jeu, un jeu presque divin, par son essence et sa signification

Judith Erêbe


Vander Clyde Broadway Barbette
Round Rock (Texas), 19 de diciembre de 1899
Round Rock (Texas), 5 de agosto de 1973

LA PRIMERA visión de un circo ha marcado la voluntad inamovible de convertirse en estrellas de la pista a muchos de los protagonistas que se proyectan en nuestra particular sala de cine. A Vander Clyde Broadway, un inquieto muchacho de un pequeño pueblo de Texas, le sucedió la primera vez que su madre le llevo a ver un circo, en Austin. Allí quedó fascinado por el funambulista y decidió que ese sería su futuro. Comenzó a practicar y a ahorrar el dinero que conseguía trabajando en la temporada de recogida del algodón. En cuanto terminó sus estudios comenzó su carrera artística.

Lo que nunca se imaginaría –ni su madre, ni él mismo– es que llegaría a ser musa de Jean Cocteau y otros grandes artistas y admiración del elegante mundo de las noches parisinas
de los años veinte. ¿Determinación? ¿Casualidad?

Vander Clyde responde a un anuncio de las Alfaretta Sisters y se presenta a un casting de trapecistas en San Antonio. Se trataba de sustituir a una de las hermanas, recientemente fallecida, en un número de doble trapecio y de anillas. A Vander Clyde le proponen participar en el número si no le importa vestirse de mujer, cosa que no debía ser muy extraña en el mundo del circo de la época por lo que parece, y este acepta con naturalidad. Se trataba de su gran oportunidad y no iba a dejarla escapar. Más tarde participa con la troupe Erford's Whirling Sensation en un número grupal de dental giratorio, o mandíbula de acero, en el que llevaban grandes alas de mariposa.

Il n'y a que Paris
Vander Clyde, excelente trapecista, funambulista y acróbata, comienza a desarrollar un número de su invención que intenta que no sea una mera imitación de la mujer, sino un ejercicio de mistificación y un juego del contraste masculino-femenino, usando el trapecio y el alambre como sus "vehículos", nos cuenta Francis Steegmuller en su libro sobre el poeta (Cocteau, Francis Steegmuller, Ed. Atlantic Little Brown, Boston, 1970). En este libro, Steegmuller nos cuenta su encuentro con Vander Barbette en 1966 y transcribe al propio artista: "I'd always read a lot of Shakespeare and thinking that those marvelous heroines of his were played by men and boys made me feel that I could turn my specialty in something unique. I wanted an act that would be a thing of beauty –of course it would have to be a strange beauty." Y así fue.

Su acto pronto tuvo éxito en todo Estados Unidos y la William Morris Agency tuvo el olfato de vender a Barbette en Europa. Primero en Londres y más tarde en el Alhambra de París, Barbette comenzó una fulgurante carrera que le llevaría a actuar en las principales ciudades de Europa, causando sensación en las más importantes salas de music-hall. La aristocracia y la élite cultural de principios de siglo se sentían cautivados con la interpretación de este joven texano al que creían francés de toda la vida.

"Le rideau s'écarte sur un décor utile: fil de fer entre deux supports, systeme de trapèze et d'anneaux pendus au cadre de la scène. Au fond, divan recouvert d'une peau d'ours blanc sur lequel, entre l'exercice de fil et l'exercice de trapèze, Barbette, enlevant sa robe gênante, jouera une petite scène scabreuse, veritable chef-d'oeuvre de pantomime, oú, parodiant, résumant toutes les femmes qu'il a étudiées, il devient la femme-type au point d'éteindre les plus jolies personnes qui le précèdent ou le suivent sur l'affiche."
Jean Cocteau


Jacques Damase en su espléndido libro "Les Folies du Music Hall" nos describe el final del número de Barbette de la siguiente forma: "Then Barbette leapt down on to the stage, gave a bow, tore off her wig and revealed a bony Anglo-Xason acrobat´s head: gasps from the astonished audience, shattered by the sudden brutality of the action". Un gesto-firma que servirá de inspiración a muchos otros artistas y que es también utilizado en la película Viktor und Viktoria (1933), la primera de una serie con el mismo nombre.

Solo hay Austin
En 1938, en lo más alto de su carrera, Barbette sufre un accidente actuando en el Lowe’s Theatre de Nueva York. Después de recuperarse, John Ringling North le contrata para hacerse cargo de las dirección aérea de las producciones durante varias temporadas. En 1942, Elly Ardelty, la diminuta aerealista anunciada como "The Russian Bird of paradise", inspiró la coreografía de Barbette que disfrazó a todas las
starlets de gatas. Trabaja también con el Beatty Circus, The Pollack Bros. Circus y otros. En 1948, Barbette creó Monte Carlo, un espectacular combinado de ejercicios aéreos que necesitaba una minuciosa preparación. Había escaleras giratorias, cuerdas volantes. pies giratorios, cintas, dentales, todo al mismo tiempo. "What was more amazing were the complex aerial skills that Barbette was able to pass along, in a relative period of time, to the showgirls, many of whom had never seen a circus before in their lives", recuerda Mary Jane Miller en el libro de Hammarstrom, "He could get you do things you never thought you could do."

Según el mismo Hammarstrom, en 1954 participa en el programa con la electrizante coreografía "Rocket to the Moon", en la que participa Pinito del Oro, aunque el mismo autor, una páginas más adelante, da la autoría de esta coreografía a Dick Barstow. En 1956 le encontramos de nuevo en el programa del Ringling Bros and Barnum & Bailey en el que coinciden con Pinito del Oro, Miss Mara y Tonito –Miss Mara nos ha prometido rebuscar entre sus papeles para facilitarnos más información. Barbette también participa en varias obras de Broadway, entre ellas Around the World de Orson Welles, y como consultor en varias películas: Jumbo, Till the Clouds Roll By, Big Circus, Night Tide, aunque en muchas de ellas no aparece en los títulos de crédito.

Según nos hace saber Steegmuller, Barbette no estaba demasiado a gusto en Austin en 1966: "I have to say that apart from my family everything about Austin offends me" y su trabajo como entrenador no parecía llenarle mucho en esa época, intentando enseñar una ligera idea de lo que un acto refinado puede ser o convenciendo a jóvenes trapecistas para que no mastiquen chicle durante su acto.

Barbette, el Enigma, lo siguió siendo durante toda su vida. Y durante su muerte, un suicidio con calmantes. Un descanso para sus golpeados músculos y huesos y una imagen última de plumas y mistificación para cerrar una historia fascinante, añadiendo un toque de poeta maldito, intérprete de una época maravillosa, digno doble de la Vizcondesa de Noailles, personaje al que interpreta en la película de Cocteau, Le sang d'un poète, en una escena en la que precisamente observan una partida de cartas que termina en suicidio. Quizás Barbette estaba observando desde ese palco, rodeada de lujo y vestida de Chanel, su propia muerte.

2 comentarios:

Rrose dijo...

Estupendo artículo. Se me ha vuelto usted a adelantar, porque tenía previsto publicar mi artículo sobre Barbette la próxima semana.

Gracias por la información. Colocaré en mi artículo un enlace a este.

Saludos ;)

El Abuelito dijo...

Un regalo, desconocía por completo al fascinante personaje