31 de octubre de 2008

El profesor Winckler contra el inspector Calas



L’alibi (Coartada, 1937), Pierre Chenal

Dedicado al Abuelito

L’alibi es un policiaco entretenido con un argumento endeble urdido por el comediógrafo francés Marcel Achard y dirigido sin alardes por Pierre Chenal.

-¿Cómo es posible construir sobre cimientos tan poco firmes? –se preguntan ustedes.

Y uno les contesta que tampoco es tan complicado cuando se cuenta con dos presencias tan potentes como las de Louis Jouvet y Erich von Stroheim.

Jouvet es el gato: un policía empeñado en resolver el caso de un gángster de Chicago asesinado en París (Philippe Richard), sin importarle por qué medios. Stroheim, el ratón: el asesino –no destripo nada porque ocurre en los primeros compases de la película- que paga la complicidad de una chica de alterne (Jany Holt) para que le proporcione una coartada.

Jouvet es una institución en Francia. Su asma crónica le hace declinar los diálogos con una cadencia peculiar. Pero es, sobre todo, su disposición a encarnar tipos ambiguos o siniestros a los que sabe hacer merecedores de toda nuestra simpatía lo que le convierte en un actor grande entre los grandes. Siempre corre riesgos y su sentido del humor –todo lo retorcido que quieran- nunca cae en lo pueril.

Stroheim es un habitual de estas páginas. Los amantes de “the man you love to hate” tendrán ocasión de disfrutar cuando lo vean armado de bastón, despojándose de la capa junto a la cama de Helene, en un remedo –acaso paródico- del mismo gesto ejecutado tantas veces ante la cama de una muchachita vienesa en varias de las películas que él mismo dirigió en el Hollywood silente.

Aquí interpreta a un mentalista, el profesor Winckler. Su número de adivinación es un tanto rutinario pero Stroheim lo ejecuta con una venda cubriéndole los ojos. Una piedra preciosa ocupa el centro. Su vestuario es de raso blanco inmaculado, con calzón corto y capa. Como adminículo inexplicable: un espadín. También pasa consulta en su casa. Su estudio es un delirio kitsch.

Ver a su asistente oriental (Foun-Sen) haciéndole la pedicura en el baño llevará al delirio a los fetichistas (que seguro que entre ustedes hay más de uno).

Los enfrentamientos intelectuales, verbales, entre Jouvet y Stroheim, sabiamente dosificados a lo largo del metraje, son como contemplar a dos púgiles en plena forma en el combate por el título de los Pesos Medios. Se tantean, amagan, fintan y lanzan el golpe con precisión milimétrica.


El momento más emotivo de la película tiene lugar durante una conversación en el night club Femina. El profesor Winckler recurre al inglés –con el mismo acento germano que su francés- para explicar la historia de su éxito profesional en Londres, el amor intenso que sentía por su mujer y la razón de su odio por el asesinado. Si de una cualidad puede alardear un actor es de saber escuchar cuando toca... y Jouvet escucha como nadie.

Como contrapunto, el ritmo sincopado del combo de Bobby Martin, un trompetista norteamericano que anduvo de gira por Europa durante los primeros años treinta. La cantante es la señora Martin, Thelma Minor. Sus cabales interludios o punteos musicales –a los que se da ocasionalmente una extensión inusitada en una película de género- son un motivo más para disfrutar de
L’alibi.

Sr. Feliú

L’alibi (Coartada, 1937)
Producción: B-N Films (FR)
Director: Pierre Chenal
Guión: Jacques Companéez y Herbert Juttke, sobre un argumento de Marcel Achard.
Intérpretes : Erich Von Stroheim (Profesor Winckler), Louis Jouvet (comisario Emile Calas), Jany Holt (Helene), Albert Préjean (Laurent), Margo Lion (Dany), Philippe Richard (Gordon), Florence Marly (la amiga de Gordon), Maurice Baquet (Gérard), Vera Flory , Genia Vaury, Roger Blin, Pierre Labry, Jean Témerson.
84 min. Blanco y negro.

2 comentarios:

El Abuelito dijo...

Muchas gracias señor Feliu. Será adecuadamente correspondido. Y yo que creía -y ya me parecía bastante- que los papeles de Stroheim en el mundo del espactáculo se limitaban al Gran Gabbo y al Gran Flammarion!

Por cierto y abusando de confianza, ¿sería posible conseguir copia de Verbena, de Neville? Su comentario despierta reflejos pavlovianos en mi cinéfago estómago... por mi parte pongo a su disposición los fondos no escasos del Desván... los caminos de la otredad acaban por confluir...

Sr. Feliú dijo...

Haremos todo lo posible.
Sin embargo, mis comentarios sobre la película proceden de un visionado único realizado en el Cine Doré con motivo del centenario de Edgar Neville, hace casi diez años.
Lo dicho. Moveremos todas nuestras influencias para satisfacer su malsana curiosidad.
Feliz visita al caposanto, sus nietos