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10 de abril de 2026

No quiero que me envidien


Deburau (1951), Sacha Guitry 

Retomamos algo que habíamos dejado a medias cuando hablamos de Les Enfants du Paradis (Marcel Carné, 1943): la figura del maestro de la mímica y de la pantomima Jean-Gaspard Deburau, la estrella indiscutible del Théâtre des Funambules del famoso Boulevard du Crime de París a principios del siglo XIX.


Nacido en Bohemia en 1796, Deburau llegó a París en 1811 formando parte de una compañía de saltimbanquis. Jean-Gaspard Deburau era trapecista, pero un accidente le obligó a dejar el trapecio. En 1819, apareció por primera vez en público como mimo, interpretando el papel de Pierrot, bajo el nombre de "Baptiste", y modificando en parte el vestuario tradicional del personaje, cambiando el sombrero de lana blanca y la gorguera por un bonete negro. Entró a formar parte de la compañía Los Funámbulos, donde se hizo popular y trabajó hasta el final de sus días siendo él mismo testigo del declive de la figura de Pierrot.


Precisamente este declive es el que se retrata en esta película, una obra teatral escrita por Sacha Guitry en 1918, que el mismo autor llevaría al cine —como muchas otras obras dramáticas de su cosecha— en 1951. La película de Sacha Guitry es un fiel reflejo de la obra teatral, pues Guitry mantiene la mayor parte del libreto, muy poético, y su estructura de actos. 


Guitry quiere plasmar la decadencia de un ídolo el mismo año de la última representación de "Deburau" en los teatros, queriendo así que su obra no cayese en el olvido y, de paso, hacer una reflexión sobre su propio descenso a los infiernos después de haber sido condenado —acusado falsamente—después de la II Guerra Mundial como colaboracionista del ejército alemán durante la ocupación.


Su primera incursión cinematográfica data de 1915, cuando rodó Ceux de chez nous, una respuesta nacionalista francesa a un manifiesto alemán donde se exaltaba la cultura germánica, que contaba con la participación de artistas franceses como Auguste Rodin, Claude Monet, Anatole France o Auguste Renoir, entre otros. Guitry tomó notas de sus palabras y, durante las proyecciones públicas, las repetía en alto, inventando, en cierto modo, la voz en off. No volvió a rodar otra película sino hasta 1935, cuando, por influencia de su joven esposa Jacqueline Delubac, comenzó a plasmar en el cine sus propias obras. En tan solo tres años, Guitry dirigió diez películas.


El Deburau interpretado por Guitry es, por supuesto, bastante diferente del Deburau de Les Enfants du Paradis: el Deburau de Guitry está lleno de energía y nos deleita con un texto muy bello en verso. Sin embargo, el tono no es ligero: aquí, el juego del amor es triste, el que hace infeliz, y el tema del actor envejecido obligado a ceder el paso tal vez tuviera un significado especial para Sacha Guitry en 1950.


Según su biógrafo Jacques Lorcey, Sacha comenzó su carrera artística a los 5 años como Pierrot y la acabó con ese mismo personaje cerca de los 70 años.


Pueden ver la película en este enlace ruso: https://m.ok.ru/video/2409264515833




Deburau (1951)
Productora: Compagnie Industrielle et Commerciale Cinématographique (FR).
Dirección: Sacha Guitry, asistido por François Gir y Georges Lautner.
Guion: Sacha Guitry, basado en su propia obra "Deburau", creada por Yvonne Printemps y él mismo en 1918, y reestrenada por los mismos en 1926.
Escenografía: René Renoux.
Vestuario: Fernand Sursin.
Fotografía: Noël Ramettre.
Sonido: Fernand Janisse.
Música original: André Messager.
Adaptación musical: Louis Beydts.
Montaje: Raymond Lamy.
Producción: Raymond Borderie y Jean Bérard.
Intérpretes: Sacha Guitry (Jean-Gaspard Deburau), Lana Marconi (Marie Duplessis), Michel François (Charles Deburau, Robert Seller (Sr. Bertrand), Jeanne Fusier-Gir (Sra. Raboin), Georges Bever (Laurent), Jean Danet (Armand Duval), Jacques de Féraudy (el doctor), Jean Duvaleix (Robillard), Luce Fabiole (Sra. Rébard), Yvonne Hébert (la cajera), Henry-Laverne (el pregonero), Andrée Guize (una señora), Henri Bell (un periodista), Claire Brilletti (Clara), Christine Darbel (Honorine), Jacques Derives (Laplace), Françoise Fechter (Justine), Max Moran (Ménard).
Blanco y negro. 93 minutos.

16 de octubre de 2025

El Gran César

La hora bruja (1985), Jaime de Armiñán

El Gran César (Francisco Rabal) y su cuñada y amante Pilar Esmeralda (Concha Velasco) viajan por España en un peculiar autobús en el que han montado su hogar y que sirve de escenografía para sus espectáculos de magia y cine con el que se ganan la vida. Mientras viajan por Galicia recogen a una bella muchacha llamada Saga (Victoria Abril) que revolucionará la vida de la veterana pareja.

Tanto Paco Rabal como Concha Velasco recibieron los premios de interpretación en el Festival de Valladolid de 1985, una edición que precisamente homenajeaba a Paco Rabal por su trayectoria. La película fue candidata al Óscar de Hollywood de 1985. 

El encuentro de este trío en tierras gallegas despierta a las meigas y envuelve la historia en una bruma de misterio. César es nieto de Constantina Comesaña, una famosa bruja gallega, y Maga es una bella meiga que vive del aire. Meiga o bruxa, no sabemos bien, Maga se convierte en el eje de una historia de amor heterodoxo, como muchas de las historias de amor que ha filmado el director Jaime de Armiñán, fallecido en 2024.


Jaime de Armiñán, escritor, novelista, autor teatral, director y guionista cinematográfico y televisivo, Goya de Honor en 2014 es el director de la famosa serie televisiva Juncal y de la película Mi querida señorita (1972), escrita junto a José Luis Borau, con la que consiguió su primera candidatura a los Óscar.


Jaime de Armiñán es, además, un gran amante del mundo circense, pasión que demuestra en algunos de sus proyectos y en el magnífico libro "Biografía del Circo", que publica en 1958 y que se ha reeditado en 2014. 


En este enlace  podrán ver el antes y el después de la proyección de esta película en el programa Versión española de TVE, en el que participa Jaime de Armiñán como invitado.


La hora bruja (1985)
Productora: Serva Films (ES)
Dirección: Jaime de Armiñán
Productor: Enrique Bellot
Guion: Jaime de Armiñan y Ramón de Diego
Fotografía: Teo Escamilla
Montaje: José Luis Matesanz
Dirección de arte: Antonio Cortés
Intérpretes: Francisco Rabal (César), Concha Velasco (Pilar), Victoria Abril (Saga), Sancho Gracia (Rubén), Asunción Balaguer (la monja), Juan Echanove (Telmo), Ernesto Chao (maestro), David Martínez, Pilar Rodríguez (farmaceútica)
105 min. Color

8 de enero de 2023

Nico, el payaso andariego y bonachón, rescata a Pedrito y a su perro Cañamón

Nobleza de corazones (Antonio Gil Varela “Varillas”, 1926)

 

Pusimos anoche de nuevo en marcha el proyector de la carpa para ver los escasos minutos que se han conservado de Nobleza de corazones. 

La película se enmarca en el activísimo plan de producción emprendido por el operador de actualidades Juan Andreu Moragas en el contexto de la activación de la industria cinematográfica en Valencia mediada la década de los veinte con cintas como Les barraques (Mario Roncoroni, 1925) o Nit d’albaes (1925) y Moros y cristianos (1926), dirigidas ambas por Maximiliano Thous para Producción Artística Cinematográfica Española (PACE). Tras el rodaje de un par de cortometrajes cómicos, la Andreu Films encadena filmaciones a lo largo de 1925 y 1926, ligadas algunas de ellas al floreciente negocio de las academias cinematográficas. Hasta seis títulos llegan a las pantallas consecutivamente y, a decir del severo Juan Piqueras [La Pantalla, núm. 71, 16 de junio de 1929], cosechando fracasos artísticos y económicos a partes iguales.
 

Aunque el propio Andreu se hizo cargo de la dirección en algunos casos —El místico (1926) o La garra del mono (1926)—, en otros prefirió delegar en el primer actor, como ocurre en Nobleza de corazones, encomendada al comediante Antonio Gil Varela “Varillas”. Había debutado este en los escenarios madrileños a finales de la década de los diez del pasado siglo, pero la fama le alcanza en 1922 cuando aparece por primera vez en la pantalla interpretando a Don Nuez, el principal contrapunto cómico en la adaptación de la zarzuela La reina mora que dirige José Buchs. El realizador cántabro recurrirá a él repetidamente a lo largo de su filmografía, tanto muda como sonora. No obstante, la ambición de “Varillas” le lleva a Estados Unidos en 1924 donde al parecer interpreta algunas películas cómicas y aparece acreditado en The Siren of Seville (Jerome Storm y Hunt Stromberg, 1924). Desencantado al comprobar que en Hollywood no atan los perros con longaniza regresa a España donde continuará su carrera de actor cómico compatibilizándola, en una pirueta digna del más excelso volatinero, con la de agente de policía en Madrid. Después de interpretar una vez más el papel de sevillano trapisondista en Dos mujeres y un don Juan (José Buchs, 1934), encarna de nuevo a “Don Nuez” en la versión de La reina mora que Eusebio Fernández Ardavín rueda para Cifesa poco antes de la sublevación militar de 1936.  Cuando la película se estrene, en el otoño de 1937, “Varillas” ha sido ya ajusticiado en la checa de Buenavista a consecuencia, al parecer, del celo demostrado en la represión de los ciudadanos de Vallecas que exteriorizaban su ira contra la carcundia clerical.

Además de la dirección artística de la cinta, “Varillas” encarna al protagonista, Nico, “payaso andariego y bonachón”, un papel dramático a los que tan aficionados son los actores encasillados en el papel de “graciosos”. Le acompañan en el elenco Eugenia Roca, “la conocida tonadillera que se ha revelado en este film como estrella de la pantalla”, “el gran característico” Emilio Mora, Rosa Sanz, “una damita joven con singulares condiciones para el arte de la película”, y, a falta de un niño prodigio que proporcione la nota cómico-sentimental, dos. Las gacetillas los presentan como émulos de Jackie Coogan “Chiquilín”; de hecho, Pepito Plaza figura en la publicidad como “el Chiquilín valenciano”.

Los siete minutos y pico conservados muestran a un hombre en automóvil preguntando a la gente un pueblo por algo. Suponemos que será por Pedrito (Pepito Plaza), al que inmediatamente vemos en un vagón de tercera vistiendo corbata y canotier, corriendo mundo en compañía de la pequeña compañía de cómicos ambulantes capitaneada por Nico (“Varillas”) y sus perros amaestrados.

A pesar de ello, la cabeza de Pedrito está turbada por el recuerdo permanente para Roberto, un niño desahuciado por la ciencia médica.

Un salto brusco nos traslada a un pueblo en el que los miembros de la troupe realizan el pasacalles montados en borriquillos. Nico rescata a Roberto, apedreado por una pandilla de arrapiezos pueblerinos, y entre todos lo trasladan a los alrededores del pueblo, donde han instalado su campamento. Allí le curan y se enteran de que el chiquillo sabe tocar el violín y que no tiene otra compañía en el mundo que su perrillo bailarín Cañamón (Sultán), lo que nos induce a pensar que este segundo fragmento precediera en la continuidad original al del viaje en tren. 

Cuando la película se estrenó, las gacetillas insistían en que se trataba de un guión original de Santiago Rusiñol. Los historiadores [https://diccionarioaudiovisualvalenciano.com/wp-content/uploads/2018/07/joan-andreu-moragas.pdf] han descubierto que, en realidad, el argumento se debía al propio Juan Andreu que, aprovechando la relación con el pintor y escritor catalán para adaptar a la pantalla El mistic (1926) a partir de su drama homónimo, obtuvo su permiso para atribuirle un asunto que recordaba lejanamente a otra célebre  obra de Rusiñol: L’alegria que pasa.

Una de las escasísimas críticas que hemos localizado dice que la película constituye “indudablemente un acierto” pero que habría estado mucho mejor si “hubiera podido contar el amigo Andreu con mejores elementos. Ahora bien, es un hecho que de todos modos conmueve y que la parte sentimental llega al corazón del público. Esto ya basta para que no regateemos nuestro elogio a la producción”. 

[Boletín de Información Cinematográfica, núm. 37, 1 de octubre de 1925.]

 

Nobleza de corazones (1926)

Productora: Andreu Films (ES) 

Director: Antonio Gil Varela “Varillas”

Guión: Juan Andreu Moragas. Intertítulos: Antonio Graciani.

Intérpretes: Antonio Gil Varela “Varillas” (Nico, el payaso), Eugenia Roca, Emilio Mora (Juan), Rosa Sanz, Feliu Sanz, los niños Pepito Plaza (Pedrito) y Roberto, y el perro Sultán (Cañamón).

Fotografía: Juan Andreu Moragas.

7: 30 min (conservados). Blanco y negro. 

4 de diciembre de 2021

La Carroza de Renoir


Le Carrosse d'Or / La carrozza d'oro (La carroza de oro, 1953), Jean Renoir


NO tengo nada más que elogios para esta magistral película de Jean Renoir, hijo del famoso pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir. Para mi ha sido una sorpresa desde el principio hasta el final. Renoir rinde un bellísimo homenaje al teatro de la mano de una compañía ambulante de la Comedia del Arte que recala en Lima, en el Perú del siglo XVIII.


La película no tuvo buena acogida, ni por parte del público ni de la crítica, en el momento de su estreno en ninguna de sus tres versiones. Producida en Cinecittà, los propios actores se doblaron en francés, italiano e inglés. Fue estrenada en París en 1953 y un año más tarde en los Estados Unidos en la versión preferida por su director. La película estaba destinada a un público angloamericano y la elección de la temperamental Ana Magnani (Camilla), que tuvo que aprender inglés a marchas forzadas, para el papel protagonista, no terminó de encajar del todo.

Con el tiempo, La carrosse d’or, se ve como un regalo para los ojos y para los oídos. Renoir, fiel discípulo de su padre, despliega un lujoso lienzo que llena de color y de vida. Cada plano, cada movimiento de cámara, cada recurso de la película es un cuadro acabado, impecable hasta el último detalle: los decorados, el atrezzo, el vestuario y ¡la música!. El mismo Renoir nos cuenta que fue un placer trabajar estrechamente con Vivaldi: "un magnífico colaborador que nunca protesta".

La llegada de una lujosa carroza de oro, un capricho del Virrey de Perú, coincide con la llegada de una compañía italiana de la Comedia del Arte a la población. Nada más comenzar, la variopinta trup –entre los que se encuentra el enigmático mago Dante en el papel del Arlequín– tienen que limpiar y acondicionar una abandonada corrala, con una exótica llama incluida, para poder actuar. La secuencia de planos encadenados nos lleva a la composición del cuadro perfecto para la representación. Renoir se deja ver desde el primer instante.

Este marco, una visión excesivamente romántica de la época colonial española, permite al creador adaptar vagamente la obra de Prosper Mérimée, "Le Carrosse du Saint Sacrament", para situar a la Colombina de la Comedia del Arte (Anna Magnani) frente a los deseos de tres hombres: el mismo Virrey Fernando (Duncan Lamont), el torero Ramón (Ricardo Rioli) y el oficial Felipe (Paul Campbell).


La primera representación no va demasiado bien cuando entra en la sala Ramón, causando la admiración entre el público e interrumpiendo la actuación de Camilla. Esta se pone a cantar de espaldas demostrando sus tablas y así consigue acallar a la sala. Cuando advierte la mirada del torero, le dice: "No me mire así: yo no soy un toro". La ocurrencia provoca la risa del maestro y, por consiguiente, la del resto del público. Otro momento de Camilla y Ramón –es, de los tres, nuestro romance favorito–es la faena del torero a través de los ojos y la expresión de la artista que, para la ocasión, se ha vestido de española de los tacones hasta la peineta.

La representación de la humilde compañía en el palacio del Virrey da un paso más en la reflexión última de la obra, "¿Dónde termina el teatro y comienza la vida?", llega a preguntarse Camilla al final de la película. Los llamativos trajes de los comediantes contrastan con las medias y trajes de la época, los sombreros y postizos de los saltimbanquis se quedan cortos ante los pelucones de los nobles y las cabriolas de los titiriteros no son nada comparadas con los sofisticados bailes de la corte.

Al final de la película, después de una crisis de gobierno que casi le cuesta el puesto al indolente virrey, después de que Camille haya regalado la carroza de oro a la Iglesia y se haya peleado con sus tres pretendientes, le toca el turno a Don Antonio (Odoardo Spadaro), el road manager de la trup, que le dice a Camilla: “Tú no estás hecha para eso que llaman vida. Tu sitio está entre nosotros: los cómicos, los acróbatas, los mimos, los payasos, los malabaristas…. Sólo encontrarás la felicidad cada noche durante dos horas, en el escenario, como actriz… Esto es, olvidándote de ti misma. A través de los personajes que encarnes acaso termines descubriendo a la auténtica Camilla”.

Aquí la pueden ver mientras dure el enlace.

Le carrosse d'Or / La carrozza d’oro (La carroza de oro, 1953)
Producción: Hoche Productions (FR) / Delphinus (IT) / Paranria Film (IT)
Director: Jean Renoir
Guión: Jean Renoir, Jack Kirkland, Renzo Avanzo, Giulio Macchi, Ginette Doinel, basado en la obra “La carrosse du Saint-Sacrament”, de Prosper Mérimée.
Intérpretes : Ana Magnani (Camilla/ Colombina), Duncan Lamont (el virrey Fernando), Nada Fiorelli (Isabella), Dante (Arlequín), Riccardo Rioli (el torero Ramón), Odoardo Spadaro (don Antonio), Paul Campbell (Felipe).
100 min. Technicolor

4 de febrero de 2016

La strada de la pivellina


La pivellina (2009), Tizza Covi y Rainer Frimmel

Una mujer que está buscando a su perro por los alrededores de su casa, en el trailer Park de San Basilio, en las afueras de Roma, se encuentra a una niña pequeña abandonada en unos columpios. Patti (Patrizia Gerardi), una pelirroja al más puro estilo Anna Magnani, se la lleva a su trailer y la cuida, al mismo tiempo que sigue buscando a sus padres con la ayuda de Tairo (Tairo Caroli), un adolescente que vive cerca de ellos.


Patti y Walter (Walter Saabel) son artistas de circo con un pequeño show ambulante que mueven en una vieja furgoneta. Los números son lo que son. Realizados con inocencia y sin apenas público. Hay platos girando, lanzamiento de cuchillos, un número de perro y amaestramiento de cabras.


La película es un documento social. La historia, un pretexto para mostrarnos la realidad hostil —sin iluminación artificial— de unos artistas callejeros que se interpretan a sí mismos. La cámara viaja sobre los hombros del realizador para permanecer cerca de los actores y transmitirnos cómo sienten, cómo viven, cómo se descubren formando una pequeña gran familia que es capaz de derrochar bondad en cada acción, en cada decisión.


Los directores, la pareja austriaco-italiana Rainer Frimmel y Tizza Covi, convivieron con los protagonistas durante el invierno, una época de poca actividad para los aristas de circo y desarrollaban los diálogos sobre la marcha. "Teníamos claro un punto de partida y también un punto final muy concreto, pero los pormenores se podían desarrollar sin apreturas. Teníamos la suerte de trabajar con un grupo de personas maravillosas que no tenían ningún problema para vivir con la cámara de 16mm detrás de ellos". 


Tizza y Rainer son los creadores de la productora Vento Film con la que han realizado un documental que también nos interesa y que trataremos de encontrar lo antes posible. Se trata de Babooska (2005), un documental [https://youtu.be/VJeM0hZBAOg] que retrata la vida de la artista de circo Babooska Gerardi, familia de Patrizia Gerardi, la pelirroja protagonista de La pivellina, que también participa en el documental, al igual que Walter Saabel. 


La pivellina (2005)
Producción: Vento Film (ITA - AUS)
Dirección: Tizza Covi, y Rainer Frimmel
Guión: Tizza Covi
Intérpretes:  Patrizia Gerardi (Patti), Tairo Caroli (Tairo), Walter Saabel (Walter), Asia Crippa (Asia)
100 min. Color

8 de diciembre de 2015

Abandonar Rímini


I vitelloni (Los inútiles, 1953), Federico Fellini

Es difícil rehuir el enfoque biográfico cuando uno se enfrenta a I vitelloni. ¡Hay tantas cosas aquí del Federico Fellini que abandona la indolencia de Rímini para buscarse la vida en Roma! Y sin embargo, el sentimiento que predomina no es la nostalgia por la juventud apenas perdida ni por las amistades que quedan atrás. Cuando uno ve la película no puede dejar de sentir un estremecimiento de melancolía en el que hay una nota discordante: la acritud del ajuste de cuentas que Fellini lleva a cabo con su ciudad. No en vano, Fellini abandona Rímini con apenas diecinueve años.


La acción se desarrolla a lo largo de un año, con sus hitos señeros: el verano con la elección de Miss Sirena, el carnaval con su gran baile, la llegada de la primavera y su compañía de revista… Fellini muestra los actos sociales que puntúan estas fechas. No sólo eso, sino que nos muestra su revés. Por eso, más que las aventuras sentimentales de Fausto (Franco Fabrizi), en cuyo devenir se hilvanan las ilusiones de Moraldo (Franco Interlenghi), las fantasías del enmadrado Alberto (Sordi), las inquietudes literarias de Leopoldo (Trieste), el entusiasta Riccardino (Fellino)… Más que los devaneos de Fausto, “guía espiritual” del grupo, decíamos, lo que cuenta son los ritos de los retoños de la pequeña burguesía provinciana.


La película arranca con la elección de Miss Sirena 1953, premio que recae en Sandra (Eleonora Ruffo), la hermana de Moraldo a la que Fausto ha dejado embarazada. Además, estalla una tormenta y la velada finaliza abruptamente.


Como el intento de que el viejo actor Sergio Natali (Achille Majeroni) monte la obra que ha escrito Moraldo y que culmina con una patética escena de seducción en la playa. Mientras tanto sus amigos coquetean en el café con las soubrettes de la revista. Fausto termina encamado con la primera vedette y todavía quiere creer que podría irse con la compañía, sin responsabilidades, siempre rodeado de mujeres estupendas.


Acaso la escena más célebre sea aquélla en la que Alberto les hace un corte de mangas a los peones que trabajan en la carretera. El insulto es el peor que se le puede ocurrir: “Lavoratori!”. O sea, trabajadores… Inmediatamente después el coche se cala y los “vitelloni” son apedreados por los currantes. Fellini retrata también al travestido Alberto estupidizado por el alcohol la mañana después del gran baile de carnaval. Es como si se empeñara en demostrar que toda alegría no puede acabar sino en profunda tristeza.


Pero más allá del esperanzador viaje de Moraldo a Roma —mientras los amigos quedan atrás en sus dormitorios, con sus sueños incumplidos— Fellini ha hecho que broten ante nuestra mirada momentos luminosos, como cuando Fausto y Sandra vuelven de Roma con un tocadiscos y Fausto y Alberto bailan el mambo en plena calle como hacía el bailarín de la compañía de revista de Wanda Osiris. Sordi estaba en ese momento de gira con la gran vedette y parte del calendario de rodaje y las localizaciones debieron amoldarse a sus compromisos. Una vez más, la realidad y la fantasía van de la mano.


I vitelloni (Los inútiles, 1953)
Producción: Cité Films / PEG-Films (IT)
Director: Federico Fellini.
Guión: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli.
Intérpretes: Franco Interlenghi (Moraldo), Alberto Sordi (Alberto), Franco Fabrizi (Fausto), Leopoldo Trieste (Leopoldo), Riccardo Fellini (Riccardo), Eleonora Ruffo (Sandra Rubini), Jean Brochard (Francesco Moretti), Claude Farell (Olga), Carlo Romano (Michele Curti), Enrico Viarisio (el padre de Moraldo), Paola Borboni (la madre de Moraldo), Lída Baarová (Giulia Curti), Arlette Sauvage (la mujer del cine), Vira Silenti (Gisella), Maja Nipora (Caterina), Achille Majeroni (el viejo actor Natali).
107 min. Blanco y negro.