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21 de julio de 2026

Diabolique, el tragafuegos del infierno


L’acqua… il fuoco (2003), Luciano Emmer

La carrera de Luciano Emmer ha sido de un prolífico que aturde. Realizador de pretigiosísimos documentales de arte en los años cuarenta del pasado siglo, artífice de algunas de las mejores comedias corales italianas durante la siguiente década, realizador televisivo y documentalista en los setenta… En la primera década del presente siglo, cumplidos ya los ochenta años, tan longevo como entusiasta, Emmer se embarca en una nueva etapa de dirección de largometrajes... Uno de los últimos es L’acqua… il fuoco.


La cinta se construye sobre estos dos principios telúricos para contar la historia de tres mujeres que desafían a su destino. Las tres están encarnadas –no hay término más apropiado- por la diva televisiva Sabrina Ferilli. Ella es Stefania, la turinesa abandonada por su marido a la que sus hijos plantan el día de su cumpleaños; Elena, la mujer que se tira al Sena y es rescatada por un clochard (Olivier Pagès); y Stella, factótum de un circo familiar en Luxemburgo, en el episodio que nos interesa.


El Cirque Etoile es apenas una roulotte aparcada en cualquier sitio ante la que se colocan unas sillas de tijera. El drama, tan íntimo como el circo en el que trabajan, es el de un payaso (Giancarlo Giannini) entregado de tal modo al alcohol desde que su mujer lo abandonara que no se tiene en pie para salir a actuar.


Suyos son el número del hombre-orquesta y el del tragafuegos infernal conocido como Diabolique. Su adicción llega a tal extremo que, a pesar de haber pedido un último trago de coñac, para poder salir a actuar, es capaz de tragarse el bebedizo con el que realiza su número.


Ha llegado a tal estado porque una mujer lo abandonó. Poco le importa tener a su lado a Stella, que hace lo que puede como organizadora general y como malabarista con unas mazas, y su hija Avril (Eloise Eonnet), que abre cada noche el espectáculo con su paseo por el alambre cuyo momento culminante es un salto mortal que no vemos. 
Participa en esta película nuestro amigo James Thierrée, nieto de Charles Chaplin y a quien hemos acompañado en otras aventuras fílmicas —Bye Bye Blackbird (Robinson Savary, 2005) y La Belle Verte (Coline Serreau, 1996)— y en otros encuentros circenses


Cuando David deba ser ingresado a causa de una cirrosis galopante y Avril decida que tiene que encontrar su propio camino en la vida, Stella deberá enfrentarse a la necesidad de sacar adelante “el circo más pequeño del mundo”.


L’acqua… il fuoco / L'eau... Le feu (2003)
Producción: Buskin Film (LUX) / Factory (LUX) / con el apoyo del Ministero per i Beni e le Attività Culturali (MiBAC) (IT)
Guión y Dirección: Luciano Emmer
Intérpretes: Sabrina Ferilli (Stefania / Elena / Stella), Giancarlo Giannini (David), Eloise Eonnet (Avril), Olivier Pagès (Bernard, el clochard), Valérie Kaprisky (Iris), James Thiérrée (Enrico), Domiziano Arcangeli. Massimo Tellini.
93 min. Color.

19 de junio de 2026

Enguibarov quiere ser payaso


Tchanaparh depi krkes (Road to the stage, 1963), Henrik Malyan

ESTA ES es la primera de las películas que protagonizó Leonid Enguibarov, uno de los payasos más amados y aplaudidos por el pueblo en la época soviética, que murió con tan solo 38 años y cuya leyenda ha ido ganando sabor con el tiempo. En la Europa occidental no se ha conocido bien su trabajo hasta la divulgación del espléndido documental Historia del Mimo (1987), una serie de cuatro películas dedicadas al arte de la Pantomima y en la que Enguibarov (1935-1972) cubre una parte importante del capítulo de payasos. Por motivos que apuntan a su afición a la bebida o a motivos políticos, este artista nacido en Armenia nunca viajó a Europa en las giras internacionales del circo soviético. Competía con otros grandes payasos como Nikulin, Martchewsky (recientemente homenajeado en el circo que él mismo dirige en Ekaterina), Karandash, Popov, que tuvieron mejor suerte o tenían mejor beber. Decían de él que tenía otoño en su corazón, por su mirada melancólica y su ensimismamiento creativo, y al ver su trabajo, tanto en la pista como en sus películas, lo vemos con claridad. Esta película, realizada para su especial lucimiento, nos muestra al joven payaso dominando diferentes técnicas en una historia que transcurre, casi en su totalidad, en el circo, por lo que tenemos la suerte de ver algunos números excepcionales, además del brillante y polifacético trabajo del artista protagonista: malabarista, mimo, equilibrista, payaso, acróbata, amaestrador, encantador de audiencias. "The lyrical character whom Enguibarov portrays arouses in his audience a kindly, radiant feeling, and the inimitable charm of the clown makes one remember him for a long tome with admiration and gratitude". ¿Se puede decir algo más bonito de un artista? Pese a la oposición de su familia, un joven decide ser artista de circo. Su estreno como payaso, con un maquillaje excesivo y cascadas sin sentido, provoca un silencio que se convierte, poco a poco, en una escandalosa protesta. 

Justo hacia la mitad de la película nos encontramos con una escena familiar: el payaso, maquillado, disfrazado y fracasado, es rechazado también por la chica quedando sumido en la más absoluta tristeza. ¿Os suena de algo? La chica de la que se enamora Leonid es Irina Shestua, auténtica artista de circo que se dobla a si misma en un espectacular número de doble barra rusa. Después del fracaso, el payaso emprende un viaje iniciático donde se encuentra al espíritu de Durov, al de Charlot y al de Marcel Marceau, que le indican el camino de su nuevo personaje. Así cualquiera, dirán muchos. ¡Ya me gustaría a mi tener esas alucinaciones!, digo yo. Enguibarov se queda dormido en una plaza y en el sueño obtiene los datos que le faltan para completar el personaje: enamorado, torpe pero ingenioso, melancólico, habilidoso, soñador y perdedor…


La E de la Enciclopedia rusa de Circo le dedica el dibujo de la capitular a su famoso número del violín: "One of the best mimic scenes staged by Leonid Engibarov is The Violinist. A fiddle has come by accident into the hands of a mischievous person. He has only seen others play the violin and so he presumtuosly attemts to imitate the playing of musicians. Although Engibarov fails in his combat with the violin, he wins another victory with his audience". Al final de esta maravillosa película podemos verlo. Entretanto, acomodémonos, para deleitarnos con el impresionante hipopótamo del amaestrador de animales exóticos Stepan Isaakyan (uno de los animales más difíciles de amaestrar a causa de sus malos modales), o su serpiente pitón; la vertiginosa bajada en equilibrio sobre la cabeza en un raíl deslizando sobre un cable inclinado (el mismo acto que utiliza Lon Chaney para suicidarse en la película de 1928, Laugh Clown Laugh); el vuelo de la trapecista y el majestuoso águila; los números de banquina, olímpicos, un equilibrio sobre escalera en percha que, con su puesta en pista del año 1963, se anticipaba muchos años al llamado nuevo circo; y el excelente y trepidante número de malabarismo. Una verdadera lección de auténtico circo



Tchanaparh depi krkes
(Road to the stage, 1963)
 
Producción: Armenfilm Studios (URSS) 
Director: Henrik Malyan y Levon Isahakyan 
Guión: A. Galiev y Aleksandr Yurovsky 
Intérpretes: Leonid Yengibarov (Leonid), I. Shestua (Ira), I. Danzas (la madre), H. Danzas (el padre), Varduhi Varderesyan (Maro), Karp Khachvankyan (Ashot), Vladimir Tatosov (Khachyan), Gen (Taryan), S. Isahakyan (entrenador), B. Asaturyan (un gemelo), R. Asaturyan (el otro) 
88 min. Blanco y negro

10 de abril de 2026

No quiero que me envidien


Deburau (1951), Sacha Guitry 

Retomamos algo que habíamos dejado a medias cuando hablamos de Les Enfants du Paradis (Marcel Carné, 1943): la figura del maestro de la mímica y de la pantomima Jean-Gaspard Deburau, la estrella indiscutible del Théâtre des Funambules del famoso Boulevard du Crime de París a principios del siglo XIX.


Nacido en Bohemia en 1796, Deburau llegó a París en 1811 formando parte de una compañía de saltimbanquis. Jean-Gaspard Deburau era trapecista, pero un accidente le obligó a dejar el trapecio. En 1819, apareció por primera vez en público como mimo, interpretando el papel de Pierrot, bajo el nombre de "Baptiste", y modificando en parte el vestuario tradicional del personaje, cambiando el sombrero de lana blanca y la gorguera por un bonete negro. Entró a formar parte de la compañía Los Funámbulos, donde se hizo popular y trabajó hasta el final de sus días siendo él mismo testigo del declive de la figura de Pierrot.


Precisamente este declive es el que se retrata en esta película, una obra teatral escrita por Sacha Guitry en 1918, que el mismo autor llevaría al cine —como muchas otras obras dramáticas de su cosecha— en 1951. La película de Sacha Guitry es un fiel reflejo de la obra teatral, pues Guitry mantiene la mayor parte del libreto, muy poético, y su estructura de actos. 


Guitry quiere plasmar la decadencia de un ídolo el mismo año de la última representación de "Deburau" en los teatros, queriendo así que su obra no cayese en el olvido y, de paso, hacer una reflexión sobre su propio descenso a los infiernos después de haber sido condenado —acusado falsamente—después de la II Guerra Mundial como colaboracionista del ejército alemán durante la ocupación.


Su primera incursión cinematográfica data de 1915, cuando rodó Ceux de chez nous, una respuesta nacionalista francesa a un manifiesto alemán donde se exaltaba la cultura germánica, que contaba con la participación de artistas franceses como Auguste Rodin, Claude Monet, Anatole France o Auguste Renoir, entre otros. Guitry tomó notas de sus palabras y, durante las proyecciones públicas, las repetía en alto, inventando, en cierto modo, la voz en off. No volvió a rodar otra película sino hasta 1935, cuando, por influencia de su joven esposa Jacqueline Delubac, comenzó a plasmar en el cine sus propias obras. En tan solo tres años, Guitry dirigió diez películas.


El Deburau interpretado por Guitry es, por supuesto, bastante diferente del Deburau de Les Enfants du Paradis: el Deburau de Guitry está lleno de energía y nos deleita con un texto muy bello en verso. Sin embargo, el tono no es ligero: aquí, el juego del amor es triste, el que hace infeliz, y el tema del actor envejecido obligado a ceder el paso tal vez tuviera un significado especial para Sacha Guitry en 1950.


Según su biógrafo Jacques Lorcey, Sacha comenzó su carrera artística a los 5 años como Pierrot y la acabó con ese mismo personaje cerca de los 70 años.


Pueden ver la película en este enlace ruso: https://m.ok.ru/video/2409264515833




Deburau (1951)
Productora: Compagnie Industrielle et Commerciale Cinématographique (FR).
Dirección: Sacha Guitry, asistido por François Gir y Georges Lautner.
Guion: Sacha Guitry, basado en su propia obra "Deburau", creada por Yvonne Printemps y él mismo en 1918, y reestrenada por los mismos en 1926.
Escenografía: René Renoux.
Vestuario: Fernand Sursin.
Fotografía: Noël Ramettre.
Sonido: Fernand Janisse.
Música original: André Messager.
Adaptación musical: Louis Beydts.
Montaje: Raymond Lamy.
Producción: Raymond Borderie y Jean Bérard.
Intérpretes: Sacha Guitry (Jean-Gaspard Deburau), Lana Marconi (Marie Duplessis), Michel François (Charles Deburau, Robert Seller (Sr. Bertrand), Jeanne Fusier-Gir (Sra. Raboin), Georges Bever (Laurent), Jean Danet (Armand Duval), Jacques de Féraudy (el doctor), Jean Duvaleix (Robillard), Luce Fabiole (Sra. Rébard), Yvonne Hébert (la cajera), Henry-Laverne (el pregonero), Andrée Guize (una señora), Henri Bell (un periodista), Claire Brilletti (Clara), Christine Darbel (Honorine), Jacques Derives (Laplace), Françoise Fechter (Justine), Max Moran (Ménard).
Blanco y negro. 93 minutos.

20 de enero de 2026

Payasos de Weimar



Quick (Quick, mi clown, 1932), Robert Siodmak

La comedia musical alemana de la República de Weimar tiene poco que ver con su homóloga norteamericana. Están, desde luego, los grandes espectáculos basados en operetas y en el universo de los Strauss, pero también las cintas de ambientación contemporánea con argumentos escapistas e influencia de la música de kabarett.
Der Kongress tanzt (El Congreso se divierte, 1931) serviría como ejemplo del primer modelo y Die Drei von der Tankstelle (El trío de la bencina, 1930), del segundo. En ambos brilló la minúscula estrella de origen británico Lilian Harvey. Su partener habitual, el incombustible Willy Frtisch. Eric Pommer, el mandamás de la UFA, probó en 1932 a emparejar a Lilian Harvey con otra estrella masculina del cine teutón: Hans Albers. El resultado fue Quick.

Hans Albers es Quick
“Quick” (Hans Albers) es el payaso de moda en una ciudad balnearia. Todas las noches actúa en el Teatro Apollo. Su número, desarrollado entre piruetas acrobáticas, se aprovecha de un sofisticado escenario móvil que incluye rampas, trampolines y camas elásticas. Además, Quick realiza sencillos trucos de ilusionismo y canta, acompañándose de la concertina, una canción de corte cabaretero con la que encandila a las damas. Está claro que si el teatro se llena cada noche es por las señoras.

Entre cajas su representante, Lademann (Paul Hörbiger), renegocia el contrato con herr Henkel (Karl Meinhardt). Si no duplica el sueldo de Quick éste aceptará la golosa oferta de un teatro madrileño. Pero a Quick todo esto se le da un ardite. Su atención está puesta en el palco donde cada noche se sienta la caprichosa Eva (Lilian Harvey), escapada de los brazos de su pretendiente, el bobalicón Dicky von Pohl (Willy Stettner), y del doctor Bertram (Albert Kersten), que cuida de su línea y de su astenia.

En resumen que Quick se ha enamorado locamente de Eva y Eva se pirra por Quick. Y, sin embargo, mujer de su tiempo, Eva prefiere el disfraz al hombre, el amor de una hora al matrimonio. Como Quick se ha hecho pasar por el director Henkel y Eva no lo reconoce sin su maquillaje ya tienen ustedes el embrollo servido. Para salpimentarlo están la celosa e irascible bailarina Marion (Genia Nikolaieva), un augusto alcohólico llamado Clock (Paul Westermeier), el señor Müller con sus monitos amaestrados, forzudos, bailarinas, acróbatas… Todo ese discurrir de la vida que se cruza en las escaleras tras el escenario. Nada más sabemos de ninguno de ellos.

Fiesta en el balneario donde se aloja Eva. Quick decide no actuar. En sustitución Dicky recitará sus poemas. Pero Quick se lo piensa mejor. Ya que Eva no ama a Henkel es Quick quien la seduce. Y Eva se deja seducir. Después de una noche de amor Quick está hecho polvo. Sin su maquillaje Eva no le ama. Todo se resolverá en el escenario, justo minutos antes de que el tren parta para Madrid.

Más allá del enredo boulevardier, del modernísimo diseño de la clínica y del ambiente de las variedades, de Quick se queda la cancioncilla “Gnädige Frau, komm und spiel mit mir” que el payaso canta con machaconería acompañándose de la concertina.


Jules Berry es Quick
Jules Berry tomó el papel de Quick en la versión gala, rodada al mismo tiempo que la germana. Él había protagonizado el estreno de la comedia de Félix Gandéra en el teatro de la Potinière en 1930. Su coprotagonista de entonces, Suzy Prim, tuvo que renunciar a favor de Lilian Harvey. Es posible que existiera mejor química entre el actor francés y la poliglota protagonista de ambas versiones, el caso es que mientras la alemana fracasó ante el público que prefería ver una vez más a Lilian Harvey emparejada con Willy Fritsch, la francesa aguantó sus buenas siete semanas de estreno en un cine parisino.

Escribe Adrian que Berry « sait rendre la côté merveilleux du clown blanc pailleté, bondissant, musical et imposer l’image de sa séduisante désinvolture, de sus gestes de mains, de bras, de ses attitudes toujours à la frontière de l’humour et d’une canaillerie vaguement inquiétante ». Nosotros ya se lo presentamos cuando hablamos de Le Jour se lève.

En España se estrenó la versión francesa con el título de
Quick, mi clown.

Quick (Quick, mi clown, 1932)
Producción: UFA (AL) / ACE (FR)
Director: Robert Siodmak.
Guión: Hans Müller, basado en una comedia de Félix Gandéra.
Intérpretes: Lilian Harvey (Eva Pertorius), Hans Albers (“Quick”), Willy Stettner (Dicky von Pohl), Albert Kersten (el doctor Bertram), Paul Hörbiger (Lademann, el representante), Karl Meinhardt (Henkel, el director del Apollo), Paul Westermeier (Clock, el augusto), Genia Nikolaieva (Marion, la bailarina), Flockina von Platen (Charlotte, la doncella), Käthe Haack (Frau Koch), Fritz Odemar (Oberkellner).
90 min. Blanco y negro.

11 de diciembre de 2025

Circus Capers

Circus Capers (1930) 

Milton y Rita, los falsos Mickey y Minnie Mouse 
Según nos cuentan en Classic Cartoons, estos ratones, dobles de los famosos héroes de Walt Disney, eran los protagonistas de muchos cortos de animación de los estudios Van Beuren en los tempranos años treinta. Su parecido resultaba tan evidente que Walt Disney denunció al estudio, consiguiendo jubilar a esta prometedora pareja. Por suerte, su breve carrera se sitúa justo antes de la fiebre censora del Código Hays y lejos de las manos de Walt Disney, así que en Circus Capers (1930) podemos disfrutar de una Minnie, perdón, una Rita muy besucona que finalmente pone los cuernos al infeliz ratón, lo que nos lleva a disfrutar una vez más de nuestra imagen favorita: un payaso triste cantando Laugh Laugh Laugh, la canción de la película de 1928 del mismo nombre (Laugh Clown Laugh, Herbert Brenon), con música de Ted Fio Rito y letra de Sam Lewis, número 1 del hit parade ese mismo año.

25 de septiembre de 2025

El payaso de Gotham City

Joker (2019), Todd Phillips

Los creadores de Batman y muchos otros personajes de las sagas de DC Comics, Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson, sabían que Joker tenía tanta personalidad que le hicieron protagonista. Seguro que imaginaron que tarde o temprano, un joven director de cine, harto de hacer comedias universitarias, escogería este personaje para darle una nueva vida y, por qué no, un nuevo origen. Ese joven director sería Todd Phillips.


Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) es un payaso de cumpleaños y aspirante a cómico que vive con su madre, Penny (Frances Conroy), en Gotham City, la metrópoli de Batman que hace equilibrios entre el crimen y la recesión. Arthur sufre ataques de risa incontrolables, provocados por un trastorno neurológico que requiere medicación. Después de que Arthur sea atacado por unos jóvenes en la calle mientras trabaja como payaso-anuncio, su compañero Randall (Glenn Fleshler) le da un revólver para que se defienda. Arthur entabla una relación con su vecina, la madre soltera Sophie Dumond (Zazie Beetz) y la invita a ver su número en un club de la comedia.


La pistola, la vecina, la medicación —o la falta de ella—, una nueva agresión en el metro… y ya la tenemos liada. El payaso se convierte en ídolo y aparecen cientos de Joker con máscaras y maquillaje que le defienden y apoyan. Además, contamos con el enfrentamiento en directo con su ídolo televisivo el cómico Murray Franklin (Robert de Niro) en una de las escenas más tensas de este hipnótico thriller psicológico y, para más inri, Arthur descubre que su madre guarda un secreto familiar que le incumbe directamente.


¿Cómo acabará todo? Lo mejor es que vean la película o que lean toda la trama en Wikipedia, porque yo no estoy dispuesto a descubrirles más intringulis. Solamente resaltar la magnífica interpretación de Joaquin Phoenix en el papel de payaso trastornado y la ironía de la canción Send in the Clowns, del musical "A Little Night Music", de 1973, escrita y compuesta por Stephen Sondheim:

Don't you love the farce?
My fault, I fear
I thought that you'd want what I want
Sorry, my dear
But where are the clowns?
Send in the clowns
Don't bother, they're here

 

Joker (2019)
Productora: Warner Bros. Pictures / DC Films / Village Roadshow Pictures / Bron Creative /  Joint Effort (USA).
Dirección: Todd Phillips
Guion: Todd Phillips y Scott Silver, basado en The Joker de DC Comics (Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson)
Producción: Todd Phillips, Bradley Cooper y Emma Tillinger Koskoff
Fotografía: Lawrence Sher
Montaje: Jeff Groth
Música: Hildur Guðnadóttir
Intérpretes: Joaquin Phoenix (Arthur Fleck), Robert De Niro (Murray Franklin), Zazie Beetz (Sophie Dumond), Frances Conroy (Penny Fleck), Brett Cullen (Thomas Wayne), Shea Whigham (Detective Burke), Bill Camp (Detective Garrity), Glenn Fleshler (Randall), Leigh Gill (Gary), Josh Pais (Hoyt Vaughn), Rocco Luna (GiGi Dumond), Marc Maron (Gene Ufland), Sondra James (Dra. Sally), Murphy Guyer (Barry O'Donnell), Douglas Hodge (Alfred Pennyworth), Dante Pereira-Olson (Bruce Wayne), Carrie Louise Putrello (Martha Wayne), Sharon Washington (Social Worker).
Color. 122 min.

28 de julio de 2025

Llora una vez más, payaso


La farándula (1935), Antonio Momplet 

La farándula es una película anómala. Debutó con ella en la dirección Antonio Momplet, pero cuando la película se estrenara en 1939, “adecuada” al nuevo entorno por el montador y nuevo productor, Momplet ya estaba exiliado en Argentina. Y eso que la gestación tampoco había sido fácil. Hasta tres estudios —los Orphea en Barcelona y los Lepanto y Cine Arte en Madrid— sirvieron de plató a un rodaje abrupto, en el que las escenas se iban rodando conforme se reunía el dinero necesario. No es por ello extraño que la peripecia dramática sea apenas nada, aunque La farándula sea un completo catálogo de las habilidades canoras o histriónicas de su cuarteto protagonista.

Por fama y prestigio encabeza el reparto Marcos Redondo. Además de popularísimo, sobre todo en Barcelona donde residía, Redondo es una de las figuras puntaras del arte lírico español del siglo XX. Ostenta dos récords: haber superado las trescientas funciones anuales durante la década 1924-1934 y haberse grabado en una tarde seis discos de dos caras. En La farándula, además de interpretar dos temas de hondo calado argumental —“Así es la vida” y “La frase de Pierrot”—, se atreve con largas cantatas de Il barbiere di Siviglia, de Rossini y con la circomélièsiana I pagliacci, de Leoncavallo.

La cosa comienza en el café bohemio de ciudad portuaria. En el pequeño escenario se suceden las actuaciones: un tanguista, los recitados cómicos de Berenguela (Amalia de Isaura), las canciones arrastradas de Rosa (Pilar Torres), los histrionismos del artista del hambre Ataúlfo Manzanos (Antonio Palacios) y el arte lírico de Lorenzo (Marcos Redondo).

Los cuatro deciden “formar compañía” y se echan al camino. Ahí se encuentran con el apuesto Carlos (Julio de Infiesta), que les propone trabajar en un pueblo cercano: Villa Sierra Alta. Allá que se van. Primero actúan en una fiesta en casa del alcalde bajo promesa de una suculenta merendola. Luego, en el coliseo local donde Lorenzo tiene un éxito apoteósico y llama la atención de un empresario que le ofrece realizar una gira internacional.

Se nota que el productor es montador, porque si ya los viajes en tren tiraban de material de archivo que era un primor, todo el triunfo del barítono se narra gracias a sucesivos encadenados de planos documentales de ciudades del mundo, mediante el expeditivo procedimiento de montarlas al ritmo de las melodías con las que suponemos que Lorenzo se ha hecho un nombre en el mundo de la ópera.

Pero —¡ay!, llora, payaso—, Rosa, su sempiterna amada, se ha comprometido durante su ausencia con Carlos. Argumentalmente, poco o nada aporta la película salvo su abonamiento al tópico. Además, lo irregular de su rodaje y postproducción le otorgan un ritmo sincopado en el que algunas escenas parecen sucederse sin demasiada lógica mientras otras se remansan en largos desarrollos que alternan lo lírico con lo cómico. Registro de una época y un modo de hacer, los interesados en el arte lírico pueden disfrutar de la que creemos que es la única aparición de Marcos Redondo en la pantalla, después de haberse anunciado su debut en diversas ocasiones durante el quinquenio republicano. Nosotros hemos disfrutado con la interpretación desorbitada de Amalia de Isaura, una de las principales cultivadoras del cuplé cómico, que en esos años solía acompañar en los espectáculos a Miguel de Molina.

Una vez finalizada la contienda y tras los oportunos ajustes, La farándula se estrena en un par de salas de Barcelona, sin mayor repercusión.


La farándula (1935) 
Producción: Antonio Lasierra Ediciones Cinematográficas / Hispano Nacional Films (ES) 
Director: Antonio Momplet. 
Guión: Valentín R. González. 
Argumento: Antonio Momplet. 
Intérpretes: Marcos Redondo (Lorenzo Martínez), Amalia de Isaura (Berenguela), Antonio Palacios (Ataúlfo Manzanos) , Pilar Torres (Rosa), Julio de Infiesta (Carlos), José Baviera (el alcalde), Manuel Crespo (el agente), Modesto Cid, Alejandro Nolla, José Rivero. 
72 min. (la versión conservada). Blanco y negro.

24 de abril de 2025

Plácido Domingo es Canio



Pagliacci (1982), Franco Zeffirelli

Canio (Plácido Domingo) es el líder de una compañía de la Comedia del Arte que va viajando de una villa a otra. Nedda, su esposa, se enamora en secreto de un joven de la villa. Canio los descubre y persigue al amante pero no lo alcanza, cuestiona a Nedda en vano por el nombre del fugitivo, la amenaza para que se lo diga y, cuando está a punto de apuñalarla, lo detienen otros integrantes del circo informándole de que la gente está llegando para ver el espectáculo y que debe disfrazarse para divertir al público.


Ya hemos dedicado 5 entradas a esta ópera de Ruggero Leoncavallo en las que hemos traducido el libreto y hemos buscado diferentes cantantes de ópera para que ilustrasen los temas de los actos y disfrutar con la intensidad de cada uno de ellos y apreciar las diferencias interpretativas.


Ahora nos toca hablar de la magnífica grabación que Franco Zeffirelli realizó en 1982 en el Teatro de la Scala de Milán bajo la batuta del director de orquesta Georges Prête. El espectáculo está servido. Zeffirelli no solamente exige filmar la ópera como si fuese una película, sino que también pide que Nedda sea interpretada por Teresa Stratas, quien no había sido seleccionada para la producción teatral. Algunas de las secuencias están filmadas en el mismo teatro —las más multitudinarias, las que transcurren en exteriores—, pero otras, la representación de la compañía, están filmadas en un estudio, lo que da al resultado final un formato auténticamente cinematográfico. 


Pagliacci, ejemplo de ópera realista, está basada en una historia real: el padre de Leoncavallo, juez, presidió el juicio de un actor que, en un ataque de celos, asesinó a su esposa inmediatamente después de una actuación. La película, que se proyectó fuera de concurso en el Festival de Cannes de 1987, le llevó a Zeffirelli a ganar un Premio Emmy como Mejor Director en la categoría de Programación de Música Clásica. Más abajo podrán disfrutar del final de esta obra.


Pagliacci (1982)
Dirección: Franco Zefirelli
Dirección musical: Georges Prêtre
Escenografía: Gianni Quaranta
Edición: Giorgio De Vincenzo, Franca Silvi, Peter Taylor
Fotografía: Armando Nannuzzi
Libreto y música: Ruggero Leoncavallo
Orquesta del Teatro de la Scala de Milán
Intérpretes: Teresa Stratas (Nedda), Plácido Domingo (Canio), Juan Pons (Tonio), Florindo Andreolli (Beppe(, Alberto Rinaldi (Silvio), Ivan Del Manto, Alfredo Pistone, Coro del Teatro de la Scala de Milán
72 min. Color