24 de julio de 2008

El pretendiente


Le soupirant (El pretendiente, 1963) Pierre Etaix

A principios de la década de los sesenta del pasado siglo Etaix y Carriere inician una carrera independiente: después de dos cortos debutan en el largometraje con Le soupirant (El pretendiente, 1963). Probablemente de aquí surja la convención de comparar el trabajo de Etaix con el de Keaton, porque El pretendiente parte de la misma base que aquellas Siete ocasiones (Seven Chances, 1925): un hombre debe casarse pero ninguna mujer parece estar interesada en él. Aquí acaban las similitudes, salvo porque la máscara de Etaix se asemeja a la keatoniana. Ambos son hombres que nunca ríen.

Pierre (Pierre Etaix) es un hombre enfrascado en los estudios de astronomía al que la juventud se le ha pasado entre librotes. Es un tipo anticuado en su indumentaria, en su romanticismo feroz, en sus gustos… Sus padres constituyen una pareja perfectamente burguesa, para la que las apariencias están por encima de todo. En su casa se hospeda una joven nórdica, Elke (Karin Vesely), que parece ser el primer objetivo de Pierre cuando sus padres le urgen a tomar una decisión. Sin embargo, la barrera del idioma es infranqueable. Como en las películas de su maestro Tati el lenguaje es para Etaix vehículo siempre de incomunicación. Etaix deja de lado el diálogo chispeante que se suele asociar con la comedia francesa y encadena situaciones visuales llenas de inventiva y humor. Declara: «No creo que el sonido sea una desventaja en sí mismo, sólo implica que la esencia del humor debe cambiar. No es tan malo, porque te obliga a experimentar, pero detesto el humor verbal y monocorde del vodevil».

Por ello recurre a la pantomima. No a esa pantomima arty, injustificada, inane. Aquí se trata de la fantasía. Pierre crea a su mujer soñada gracias a sus gestos. Merced a un hábil trabajo de planificación y montaje, vemos materializarse ante nuestros ojos a las féminas que pueblan sus fantasías. Baila con una de ellas y la cámara le sigue y busvca luego su presencia en el espejo donde el espectador descubre que está bailando con un jarrón. Y así.

Ha llegado la hora de volver a la realidad. Pierre observa en la calle a varios cortejadores y su modo de abordar a las mujeres. Lo intenta, pero todos los ensayos resultan infructuosos. En la calle, en un club nocturno… Aquí consigue por fin atraer la atención de la exuberante Laurence (Laurence Lignères), pero resulta ser una alcohólica que le va a complicar bastante la vida. En su casa, ve en la televisión la actuación de Stella (la cantante France Arnel). La fantasía de Pierre vuela de nuevo. Llena su habitación de postales, recortes y fotos de tamaño natural de su amor platónico. En un apunte daliniano, uno de los cajones del armario, es la espetera de Stella.


Acude a verla al Olympia y luego intenta colarse en su camerino, a pesar de la vigilancia estricta de los guardaespaldas. Es aquí donde Etaix nos deja entrever el mundo del circo y de las variedades que son su principal interés. Por supuesto, nada es gratuito en esta película en la que todo está de más. Ante la presencia de un guardaespaldas, Pierre se lía con los cigarrillos. Cuando tiene dos en la boca se da cuenta de que allí está prohibido fumar. ¿Qué mejor, entonces, que hacerlos desaparecer? Su público no somos nosotros, sino el apático guardaespaldas que no está dispuesto a dejarle pasar. Buscando un sitio donde esconder las flores, comprueba como una silla se le deshace pieza por pieza entre las manos. Un augusto se la lleva llorando. Inadvertidamente, deja escapar a las palomas del mago. Una de ellas va a posarse sobre la pértiga del alambrista y éste se pega una costalada. Con el consiguiente revuelo consigue colarse por fin en el camerino de Stella. Allí hay un jovencito. ¿Otro pretendiente? ¡Qué va! El hijo de la artista.
Desengañado de todo Pierre saca la lengua al mundo entero, sólo para darse cuenta, al llegar a casa de que Elke, que está a punto de regresar a su país, le ama. Corre a la estación tras ella. Lo han adivinado: final feliz.

Tanto El pretendiente como las tres siguientes películas de Etaix se estrenan en España: Yo-Yo (Yoyo, 1964), Tant qu'on a la santé (Mientras haya salud, 1965) y Le grand amour (El gran amor, 1968). En cambio, Pays de cocagne (1971) y sus nuevas aproximaciones al cine de finales de la década de los ochenta, permanecen inéditas. En El gran amor, Etaix elige como compañera de reparto a Annie Fratellini, la nieta de Paul Fratellini. Un año después contraen matrimonio. En 1974, cuando el cine ha pasado a un segundo plano en sus vidas, ambos fundan la Escuela Nacional de Circo. La pareja aparece en Los clowns (I Clown, Federico Fellini, 1970).


Sr. Feliú


El pretendiente (Le soupirant, 1962)
Producción: C.A.P.A.C. (FR)
Dirección: Pierre Étaix
Guión: Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix.
Intérpretes: Pierre Étaix (Pierre), Laurence Lignères (Laurence), Claude Massot (el padre), Denise Péronne (la madre), Karin Vesely (Elke), France Arnel (Stella), Lucien Frégis (el pintor), Anna Abigaël, Dominique Clément, Patrice Laffont, Pierre Maguelon, Roger Trapp.
83 min Blanco y Negro

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