16 de mayo de 2020

Mirando hacia atrás con ira



The Entertainer (El animador, 1960), Tony Richardson 
EL DRAMATURGO británico John Osborne dio nombre a toda una generación con “Look Back in Anger”: los jóvenes airados. Este movimiento teatral y literario tuvo su par cinematográfico en el grupo que había promovido el movimiento documentalista conocido como “Free Cinema”. Los nombres propios se encuentran en cualquier enciclopedia: Karel Reisz, Lindsay Anderson, John Schlesinger, Tony Richardson…
Richardson precisamente fue uno de los responsables del montaje en el Royal Court Theater de la obra seminal de Osborne. Ocurría esto en 1956. La obra supuso un gran éxito pero también un estruendoso escándalo. Laurence Olivier, siempre atento a lo que se cocía, decidió que no quería dejar pasar aquel tren y se puso en contacto con el joven dramaturgo para que le hiciera un traje a medida. Y Osborne parió un drama en el que los viejos comediantes funcionan como iconos de lo que los jóvenes airados denunciaban: el apolillamiento del imperio.

¿La excusa? El teatro de variedades en decadencia ante el empuje televisivo, el tono rijoso teñido de patriotismo de sus números, la realidad de una guerra contemporánea con la movilización de tropas hacia Suez. Con estos mimbres tejió Osborne su ácido retrato de la realidad contemporánea.

Jane Rice (Joan Plwright), profesora en un centro de arte, regresa al hogar familiar en la ciudad costera de Morecambe después de una disputa con su novio. El panorama es desolador. Su padre, Archie Rice (Laurence Olivier) es un cómico en decadencia con un espectáculo rutinario de chicas y canciones que mantiene a pesar de su poco éxito en el Teatro Alhambra. Él mismo expone su programa de vida: “Siempre he buscado algo... He buscado una cerveza que durase toda la noche sin acabarse, que te emborrachase bien y que fuera barata. Votaría por el hombre que me ofreciera eso”.

Archie sigue empeñado en montar el espectáculo que le otorgará fama y dinero, mientras que sus continuos amores adúlteros y sus sarcasmos han sumido a su segunda mujer, Phoebe (Brenda De Banzie) en el alcoholismo. Con ellos viven el padre de Archie, Billy (Roger Livesey), artista de music-hall retirado, y los dos hermanos de Jane. Frank (Alan Bates) echa una mano a su padre en el teatro, en tanto que Mick (Albert Finney) debe partir como soldado a la campaña de Suez.

Archie colecciona amantes jóvenes, como si así pudiera detener el tiempo que se le acaba. En un concurso de belleza se las arregla para seducir a la joven Tina (Shirley Anne Field). No contento con eso, convence a los padres de la chica para que inviertan en su nuevo espectáculo. Billy, ante la amenaza de Archie de abandonar a Phoebe, les abre los ojos a los inexpertos inversores. La situación es catastrófica, porque Archie se ha dedicado a pulirse el dinero antes de tenerlo en la mano.

Mick muere en el campo de batalla y Frank propone a toda la familia viajar al Canadá, donde el hermano de Archie tiene un hotel. Pero el cómico se las arregla para enredar a su padre en un nuevo espectáculo: mujeres desnudas y la sabiduría del viejo music-hall es lo que necesitan para triunfar. No les cuento el final, pero ya se pueden imaginar que Archie lo tiene bastante complicado para convertir sus sueños en realidad. 

Aunque la película le valió una interminable serie de premios a Laurence Olivier –además de casarse con su joven protagonista, Joan Plowright- hoy es una de las más olvidadas de aquellos años, enterrada entre la programática Look Back in Anger (Mirando hacia atrás con ira, 1958), la contundente The Loneliness of the Long Distance Runner (La soledad del corredor de fondo, 1962) y la exitosa Tom Jones (Tom Jones, 1963).

Denle ustedes una oportunidad porque, aunque hija de su tiempo, The Entertainer es un hermoso epitafio de un mundo que agoniza.
Sr. Feliú




The Entertainer (El animador, 1960) 
Producción: Woodfall Film Productions (GB) 
Director: Tony Richardson. 
Guión: Nigel Kneale y John Osborne, basado en la obra homónima de Osborne.
Intérpretes: Laurence Olivier (Archie Rice), Brenda De Banzie (Phoebe Rice), Roger Livesey (Billy Rice), Joan Plowright (Jean Rice), Alan Bates (Frank Rice), Daniel Massey (Graham), Albert Finney (Mick Rice), Shirley Anne Field (Tina Lapford), Thora Hird (Mrs. Ada Lapford), Miriam Karlin (una soubrette), Geoffrey Toone (Harold Hubbard), MacDonald Hobley (la estrella de TV), Anthony Oliver (el entrevistador), Max Bacon (Charlie Klein), George Doonan (Eddie Trimmer).
105 min. Blanco y negro.

19 de marzo de 2020

Galería de stripteuses 2

Lenny (1974), de Bob Fosse

Hot Honey Harlow 
De la tradición del burlesque surge también Hot Honey Bruce (Valerie Perrine), la mujer del cómico Lenny Bruce, encarnado en la pantalla por Dustin Hoffman. La película de Bob Fosse parte de la biografía de Lenny escrita por ella después de la muerte del humorista por sobredosis. Las entrevistas filmadas con Honey, la madre de Lenny y su representante sirven para puntuar la afluencia verborreica de Lenny. El guión recorre la carrera del joven cómico judío desde los pequeños clubs de striptease de Nueva York, a Los Ángeles y Hawai. Durante este periplo Lenny se transforma, de simple imitador del actor Jimmy Durante, conocido como “narizotas”, en un comediante militante contra el puritanismo y el sistema judicial norteamericano. Esta evolución es paralela a la de la caída de Honey Bruce en la drogadicción a consecuencia del tratamiento derivado de un accidente automovilístico. En un momento, cuando su familia se traslada a California, Lenny trabaja como humorista en el club Duffy. Allí hace las presentaciones de Cindy la contorsionista o de Baby Babylon “and his travelling rush”, dos stripteuses de nombres sonoros. La actriz Valerie Perrine conocía el percal de primera mano. Tejana, hija de un militar que iba de destino en destino, había cursado un curso de psicología antes de iniciar su carrera como showgirl en Las Vegas. Después de una etapa de hippismo se estableció en Hollywood donde debuta en Matadero Cinco (Slauughterhouse Five, 1972). Por su interpretación en Lenny fue candidata al Óscar como mejor actriz.
Sr. Feliú
Hemos encontrado estos dos archivos que, de momento, nos pueden acercar a la auténtica Hot Honey Harlow. En el primero de ellos, podemos ver a la artista interpretando el papel de novia en una delirante película. En la segunda queremos reconocer a la stripteuse hacia el minuto tres, pero confieso que puede tratarse de una alucinación producida por mis ganas de encontrar algo de ella.
Sr. Méliès

8 de febrero de 2020

Hacer visible lo invisible

No es necesario esperar para emprender, ni tener éxito para perseverar 
Étienne Decroux

É
TIENNE Decroux es, como ya hemos dicho anteriormente, un visionario, un revolucionario de la teoría y la práctica teatral del siglo XX. Es el ejemplo perfecto de la fusión, generadora de energía vital, de la creación y la reflexión. Es también, y sobre todo, un gran pedagogo que ha dejado su impronta en numerosos creadores contemporáneos que han pasado por sus clases.

Eugenio Barba compara a Étienne Decroux con los maestros de teatro asiático donde técnica y ética iban estrechamente unidos y afirma que es el único maestro europeo que ha elaborado un sistema de reglas comparable a las reglas del teatro tradicional oriental. El mimo corporal dramático es, sobre todo, el arte del actor. El actor, independientemente de cualquiera que sea su ambición artística, ha de estar sobre todo presente en escena, y esta presencia se mide a través de su cuerpo. Éste es su medio de expresión. El cuerpo es el que sostiene el traje, es lo primero que verá el espectador, el cuerpo es el que lleva la voz. Es el esqueleto, la mano en el guante. El objetivo del mimo corporal dramático es de introducir el drama dentro del cuerpo.

El mimo corporal debe aplicar al movimiento físico esos principios y valores de la vida que están en el corazón y en el alma del drama: pausa, vacilación, peso, resistencia, sorpresa y emoción. El mimo corporal dramático quiere representar lo invisible, las emociones, tendencias, dudas, los pensamientos. Decroux considera la actitud más importante que el gesto o el movimiento y define a este último como una sucesión de actitudes. Decroux decapita al actor cubriendo su rostro, lo que le obliga a pasar de una expresión de rostro y manos (cara-máscara) a otra expresión global del cuerpo (cuerpo-máscara).

 

Las piezas que hemos incrustado desde youtube.com forman parte de las grabaciones realizadas por Robert-Jaques Loiseleaux en el Estudio de Boulogne. Era el año 1967 y Decroux estaba plasmando para la posteridad sus Éléments de la Grammaire Corporelle. Estas filmaciones y muchas más piezas, como algunos extractos de su espectáculo grabados en el Carnegie Hall en 1960, entre los que se encuentra la famosa creación Les Arbres, se pueden encontrar en el dvd que acompaña la publicación de la que hablamos en esta otra entrada.

24 de enero de 2020

Dinamarca en blanco y negro

Døds spring till hest fra cirkuskuplen (The Great Circus Catastrophe, 1912), Eduard Schnedler-Sørensen

Ya hemos comentado en alguna otra ocasión que el cine danés es uno de nuestros referentes en la época del cine mudo. Algunas de las primeras películas circenses que conocemos provienen de su factoría. Durante los primeros años del cine, en lo que llamaron la edad de oro del cine danés (1909-1914), Dinamarca destacaba por su capacidad de producción y por un enfoque liberal y sin tapujos de las relaciones sexuales en melodramas eróticos que pronto se pusieron de moda en el país.
La película que nos ocupa no es un melodrama erótico solamente. También es una de las primeras películas catástrofe de la historia del cine, anticipándose unos cuantos años a películas como El coloso en llamas (1974) y otras de la misma índole que abundaron en la década de los setenta.

The Great Circus Catastrophe, la película de la que hablamos hoy, ha llegado a nuestras manos gracias al buen trabajo del Danske Filminstitut que está recuperando y editando muchos de estos primeros celuloides. En esta ocasión es un DVD dedicado al actor Valdemar Psilander (1884-1917) con varias películas entre las que se encuentra esta pieza del director Eduard Schnedler-Serensen, autor con cierta experiencia en aliñar catástrofes con turbias historias de amor. Psilander es una de los galanes del cine mudo danés y, a pesar de su temprana muerte, protagonista de más de ochenta películas de la Nordisk Films Kompagni
.
El Conde Willy von Rosenörn (Valdemar Psilander), acuciado por las deudas, se ve obligado a subastar su mansión familiar. Busca consuelo en el Café de Artistas donde pronto despierta el interés de Mademoiselle Doré (Mrs. Raeder), la resuelta amante del Director del circo (Aage Hertel) donde esta piensa patrocinar una función de caridad.

Al mismo tiempo despierta el deseo de la inocente y tímida Miss Evelyn (Jenny Roelsgaard), una bailarina del circo, lo que provoca una candente relación entre las dos mujeres y despierta los celos del responsable del coliseo. Este descubre las intenciones del conde, que aunque no quedan muy claras, al conocer su mal estado financiero desde la primera secuencia, podemos imaginar que son también de índole crematística. En ese mismo momento se produce un fuego en el hotel. Todos escapan, a pesar de las normas de seguridad, por el ascensor. El conde y Miss Evelyn quedan atrapados y huyen hasta la azotea para buscar salvarse en una claustrofóbica secuencia dentro del ascensor. Una vez en la azotea deciden escaparse del fuego y del humo a través de los cables eléctricos que van de una casa a otra. Una delirante decisión que los salva.

El conde descubre a su vez que la señora Doré –a quien adoramos por su cinematográfico nombre– es demasiado liberal y que mantiene su romance con el director. Pero ya es un poco tarde, el conde ha prometido a la mademoiselle participar en su función benéfica con un arriesgado número de salto con un caballo: jinete y caballo son izados en un montacargas de madera hasta la cúpula del circo desde donde se lanzan al vacío de la pista.

La decepción de su amor le lleva a la bebida. Miss Evelyn le suplica que no realice el número, pero el orgullo y el honor del conde están por encima de pequeños contratiempos. Finalmente realiza el arriesgado número y sucede lo inevitable: el caballo y el jinete yacen inmóviles sobre el serrín después de que una traca valenciana –más humo, más fuego– diera la señal para el salto. Pero después de todo, el amor triunfa. Miss Evelyn cuida al conde en el hospital después de su accidente.

Las secuencias de exteriores en esta película transforman este melodrama en un documental que nos muestra a la población danesa de principios de siglo. Los figurantes miran descaradamente a la cámara, sonriendo, mientras los bomberos intentan apagar un fuego de ficción. Aparecen agolpados, intentando entrar en el plano, y mirando sin ningún rubor a la cámara. Un retrato documental en sepia de la época que hoy, ante la "atrevida" inocencia de la trama, disfrutamos como uno de los encantos de la película.


Døds spring till hest fra cirkuskuplen
(The Great Circus Catastrophe, 1912)
Producción: Nordisk Films Kompagni (Dinamarca)
Dirección: Eduard Schnedler-Sørensen
Guión: Alfred Kjerulf
Intérpretes: Valdemar Psilander (Conde Willy von Roseñorn), Aage Hertel (Circus Manager Winge), Mrs. Raeder (Mademoiselle Doré), Jenny Roelsgaard (Miss Evelyn), Frederik Christensen, Alma Hinding, Frederik Jacobsen, Agnes Lorentzen, Axel Mattson, Lauritz Olsen y Valda Valkyrien
Muda. Blanco y negro. 45 min.

8 de enero de 2020

La militancia de un actor

estar en la mima es ser militante, un militante del movimiento en un mundo que está sentado.

Étienne Decroux

Étienne Decroux
París, 19 de julio de 1898
Billancourt, 12 de marzo de 1991

EL arte de Decroux tiene sus raíces en la renovación que el mundo del teatro vivía en la primera mitad del siglo XX. Su investigación se sitúa entre las de Craig, Stanislawski, Meyerhold, Copeau, Artaud, Brecht, Grotowski… En el teatro moderno podemos destacar a tres artistas y pedagogos que buscaron la esencia de este arte: el ruso Meyerhold y su biomécánica del actor, el polaco Grotowski con su entrenamiento físico y el protagonista de nuestra entrada, el francés Decroux con el mimo corporal dramático.

Nacido en el seno de una familia de artesanos, Étienne Decroux abandona los estudios a los trece años y comienza a ejercer todo tipo de oficios. Toda su vida reivindicó su pertenencia al mundo obrero y artesanal. "Hay gente de teatro que no ha visto nada de eso. Yo me pregunto, ¿cómo hacen para dirigir una obra de teatro? Esas cosas vistas y que incluso ejecuté, poco a poco se fueron metiendo en la cabeza, bajaron por el antebrazo, llegaron a la punta de los dedos y modificaron mis huellas dactilares".

Sus ideas políticas le sitúan en el anarquismo, cerca de las comunas de las que hablaba Proudhon. Aunque era poco amigo de camarillas o grandes formaciones políticas, tiene un alto concepto de la política y toda su vida estará marcada por esa pasión militante. Esta pasión le lleva a estudiar teatro para mejorar su dicción. Su ideal: oradores políticos que no tartamudeen. Muchos de sus enunciados tienen ese carácter político ya que Decroux traslada la potencialidad revolucionaria de la política al teatro: "La mima es un arte prometeico, incita a ponerse en pie".

De camarero en una escena de Le Corbeau (1943)

El Mimo Corporal Dramático 
Étienne Decroux, considerado el padre del mimo moderno, comenzó sus estudios teatrales en el Théâtre du Vieux-Colombier, fundado en 1913 por su primer maestro, Jacques Copeau. Es precisamente en esta escuela donde Étienne Decroux vive la experiencia que le hace convertirse en un hombre de teatro:

"Por tener menos de un año de estudios, yo no fui elegido para participar. Tranquilo en mi butaca, presencié un espectáculo inaudito. Era mima y sonidos. El todo sin una palabra, sin maquillaje, sin vestuario, sin iluminación, sin accesorios, sin muebles, sin escenografía. El desarrollo de la acción era tan sabio que teníamos muchas horas en tan sólo unos segundos y muchos lugares en uno solo. Teníamos simultáneamente ante los ojos el campo de batalla y la vida civil, el mar y la ciudad. Los personajes pasaban de uno a otro con toda verosimilitud. La actuación era emotiva, comprensible, plástica y musical. Era junio de 1924. Las obras que se realizan hoy en día asombran, pero no superan lo que hicimos ese día y nunca se logrará."

Étienne Decroux, Paroles sur le mime (1963)

En Les enfants du Paradis (1945) con Jean Louis Barrault

Un gran pedagogo 
Cuando este teatro cierra sus puertas, prosigue su investigación y sus enseñanzas en el Atellier de Charles Dullin, donde define las líneas maestras de su nuevo lenguaje teatral. Allí trabaja durante dos años con Jean Louis Barrault creando varias piezas de mimo corporal. Barrault y Decroux coincidirán en Les enfants du Paradis interpretando precisamente a dos actores, Anselme Deburau y su hijo, el famoso mimo Jean-Gaspard Deburau, el Pierrot del Théâtre des Funambules de París. Durante estos años, muy intensos en el plano profesional, realiza una brillante carrera de actor tanto el teatro como en el cine.

En 1958 viaja a Estados Unidos donde imparte sus enseñanzas en diferentes universidades. Un año más tarde de su vuelta a Francia, en 1963, publica "Paroles sur le mime" y se instala en la casa construida por su propio padre en Bolougne-Billancourt, donde comienza a impartir clases a centenares de alumnos de todo el mundo durante más de veinte años, con una pasión y un rigor que aún recuerdan muchos de sus discípulos. Este trabajo se puede ver en el documental que abre la selección Enfin voir Etienne Decroux bouger…, una magnífica colección de documentos que ha editado La Maison d'à côte, junto con un libro sobre la historia del mimo. La promo del DVD la podéis ver más abajo.

Étienne Decroux fue el maestro de Marcel Marceau, Jean-Louis Barrault, Thomas Leabhart, Steven Wasson, Anne Dennis, Daniel Stein, Frederik Vanmelle, Raymond Devos, María Casares, Gerard Depardieu, Jessica Lange, Roberto Escobar e Igón Lerchundi, entre muchos otros. Eugenio Barba, gurú del Odin Teatre, describe a Decroux como un maestro oculto que a pesar de su gran influencia en actores y profesores de todo el mundo ha sido siempre superado en reconocimiento por sus alumnos.

Decroux adoptó al caballito de mar como logo porque es todo torso. Ni brazos, ni piernas. La articulación del torso, de la columna vertebral es la esencia del mimo corporal. Además el caballito de mar es un animal poético: ligero, elegante, misterioso…, que se mueve lentamente.

Aquí podemos ver al maestro en acción. Que Uds. disfruten.



Filmografía selecta:

Clochemerle (1948), Pierre Chenal 
Voyage surprise (1947), Pierre Prévert
Les enfants du Paradis (1945), Marcel Carné
Le Corbeau (1943), Henri-Georges Clouzot
Macao, l'enfer du jeu (1942), Jean Delannoy
La Belle étoile (1938), Jacques de Barocelli
L'Affaire est dans le sac (1932), Pierre Prévert

Sigue aquí

1 de enero de 2020

Historia del mimo



Sin ser exactamente una historia de los mimos, "Le silence des mimes blancs. Les mimes et l'Histoire (L'art des mimes dans l'histoire des mimes)" nos introduce en las particularidades de este olvidado arte en un peculiar viaje a través de la historia. Repleto de reflexiones sobre el hecho teatral y la pantomima, Daniel Dobbels nos acerca al universo del hombre de blanco, personaje teatral virgen e inalterable, que busca la sublimación de la interpretación, poético y corporal, tremendamente físico… La edición, que incluye un DVD con grabaciones del trabajo de Étienne Decroux, es un homenaje a Deburau, el Pierrot del Théâtre des Funambules que inmortalizó Marcel Carné en Les Enfants du Paradis.

DOBBELS, Daniel
Le silence des mimes blancs 
Éditions la Maison d'à côte, 2006 
ISBN: 2-930384-14-X