Blancanieves (2012), Pablo Berger
Ya saben ustedes,
espectadores habituales de la carpa, que en Circo Méliès somos querenciosos de
los celuloides rancios y que rara vez asomamos metemos el hocico en lo más
reciente. Sin embargo, dado que los modos y medios empleados por don Pablo
Berger en la creación de su última película beben parigualmente del cine
silente y de la iconografía de la España de Eduardini —que no es la de Merimée, aunque la protagonista de esta Blancanieves se llame
Carmen— nos hemos decidido a ir a un cine de estreno y contársela a ustedes.
Empecemos por el
final, en un barracón denominado “La feria de lo increíble”, donde don Carlos
Montoya (José María Pou) exprime hasta la última gota el contrato que firmara
la amnésica Carmen Altavilla (Macarena García). Actúa como asistente Rafita
(Jesús Dorado), el pequeño enamorado de la bella, y sirven de aperitivo al
espectáculo una serie de fenómenos entre los que tenemos ocasión de admirar la
monumental hermosura de una mujer apodada Tocino de Cielo (Itziar Castro).
Probablemente sea la
escena más redonda de la película y donde aflora el puntín de perversión que
hemos echado de menos en otros momentos. Pero, claro, en tocante a enanitos
toreros, el listón lo puso Gulliver (1976).
La cuadrilla de Blancanieves está comandada por el
gruñón Jesusín (Emilio Gaviria), que ejecuta una faena seria a una vaquilla
para dejarse luego revolcar por ella. En este espectáculo, organizado en la
plaza de un pueblo, con sus balcones corridos y sus carros, el único apunte de
toreo cómico es la actuación del picador —tronco y patas traseras de la montura—
y su caballo —patas delanteras y la cabeza del equino—, que, cuando la vaquilla
embiste, se abren para dejarla pasar de largo.
Hay un carromato
maravilloso en el que viajan los seis “enanitos toreros”, que así se denomina
la cuadrilla, antes de cambiarse el nombre por el de “Blancanieves y los 7
enanitos toreros” en una jugada promocional que homenajea a los hermanos Grimm
pero suspende en aritmética.
Y hay también una
venganza de los pequeños en los toriles de la plaza que busca su modelo en Freaks (La parada de los monstruos, 1931).
De todo lo demás
—que si los homenajes a Stroheim, que si las comparaciones con The Artist, que si los premios en San
Sebastián…— pueden leer ustedes en los mentideros cinematográficos.
Nosotros queríamos
sólo dejar constancia de la adscripción de Blancanieves
a nuestro negociado por derecho propio, circunstancia bastante desusada en el
cine contemporáneo, no ya español sino mundial. Y
recomendarles que vayan a verla, claro, ya que sus virtudes son muchas y la
osadía de sus creadores bien lo merece.
Blancanieves (2012)
Producción: Arcadia Motion Pictures (ES) / Mama (ES)
Director: Pablo Berger.
Guión: Pablo Berger, inspirado en el cuento de los hermanos Grimm
“Blancanieves y los siete enanitos”
Intérpretes: Macarena García (Carmen), Maribel Verdú (Encarna, la
madrastra), Daniel Giménez Cacho (Antonio Villalta, el padre), Ángela Molina
(doña Concha, la abuela), Inma Cuesta (Carmen de Triana, la madre), Sofía Oria
(Carmen niña), José María Pou (don Carlos Montoya), Ramón Barea (don Martín, el
apoderado de Antonio), Pere Ponce (Genaro Bilbao), Emilio Gavira (Jesusín),
Sergio Dorado (Rafita), Itziar Castro (Tocino de Cielo), Oriol Vila (el
príncipe azul), Carmen Segarra (la cocinera), Carlos Lasarte, Carmen Belloch,
Pere Vall, Pep Ferrer.
104 min. Blanco y negro.








































