5 de agosto de 2010

Entre Liliputienses 2



Gulliver (1976), Alfonso Ungría

Después de ver Gulliver
Escribíamos la nota anterior cuando Gulliver nos parecía una película invisible. Las cosas han cambiado. Hemos podido entrever Gulliver en una deleznable edición norteamericana en DVD cortesía de la compañía estadounidense Miracle Pictures, que tiene en su catálogo varias joyas del cine psicotrónico —suponemos que en dominio público— como The Bat (1959), Isle of Forgotten Sins (1943), The Ape Man (1943) o Black Dragons (1942).

En el DVD de Gulliver el cuadro se recorta por todos los lados, los títulos apenas se leen, tiene un sinfín de parones, drops de vídeo y de fallos de imagen en los que la pantalla se queda en gris. En las escenas nocturnas no se distingue apenas nada. En la carátula se ha sustituido la imagen de Fernán-Gómez por la de un mozalbete y la palabra “gente” aparece escrita con “j”. Una joya, vamos, como pueden ver en las capturas. Ahora, que esto se edite en Estados Unidos, en castellano, sin subtítulos y con errores ortográficos tan garrafales entra en el terreno de lo fantástico.


Lidiado el continente, vamos con el contenido. La película es tan esperpéntica como cabía esperar y bastante más brutal, zafia y conscientemente feísta de lo esperado. Escenas como la de la felación o la violación de Rosa por parte de los enanos liberados de la opresión de su jefe son brutales hasta lo doloroso.


Los espectáculos puestos en escena por los pequeños en su cuartel de invierno son espectáculos taurinos —una parte del elenco procede de la troupe de "El Chino Torero"— y el vodevil arrepistado. Cuando Martín “El Marquesón” (Fernán-Gómez) se haga con el poder intentará llevarles por la senda del teatro trascendente, los clásicos con lectura contemporánea y el toreo serio. Todo ello dará como resultado el ridículo más espantoso ante los empresarios teatrales (José Riesgo y Enrique Vivó), que buscan el espectáculo burlesco que asegure la taquilla, y, más grave, la cogida y muerte de uno de los toreros diminutos que provocará la venganza de los fenómenos en la línea canónica marcada por Freaks (La parada de los monstruos, 1932)


Gulliver se revela así como pieza clave en la evolución de Fernán-Gómez como cineasta. Una línea que enlazaría desde la también prácticamente invisible y zarzuelera Bruja, más que bruja hasta la desesperanza desaforada de Mambrú se fue a la guerra.


El rótulo final dedica la cinta “a los marginados de cualquier condición, a los extranjeros de ninguna parte”, algo con lo que nos sentimos plenamente solidarios.


Gulliver (1977)
Producción: Juan Manuel Muñoz P.C. (ES)
Director: Alfonso Ungría
Guión original: Fernando Fernán Gómez y Alfonso Ungría
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez (Martín Olazábal, El Marquesón), Yolanda Farr (Rosa), Enrique Fernández, José Jaime Espinosa, Rodolfo Sánchez, Mariano Camino, Santiago Pérez, Isabel Fernández y la troupe de "El Chino Torero", José Riesgo y Enrique Vivó (los empresarios teatrales), Manuel Pereiro y Antonio Canal (los policías).
97 min. Color (Eastmancolor).


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