The Last Performance (Magia roja, 1929), Paul Fejos
¡A quién se le ocurre buscarle las vueltas a
un mago con poderes hipnóticos enamorado! Y mucho más si el mago está encarnado
por Conrad Veidt, asesino sonámbulo a las órdenes del doctor Caligari, el
hombre que ríe con una mueca eterna, Iván el terrible o la encarnación del mal en Casablanca, el siniestro mayor Strasser.
En The Last Performance Veidt encarna al Gran Erik, atracción principal en los más reputados teatros de la vieja Europa y de Norteamérica. Tiene dos ayudantes: la bella Julie (Mary Philbin), de la que está perdidamente enamorado, y el siniestro Buffo (Leslie Fenton), locamente enamorado del maestro que lo controla gracias a sus poderes mesméricos. El triángulo se mantiene más o menos estable hasta que se incorpora a la pequeña troupe un ladronzuelo hambriento llamado Mark (Fred MacKaye). Julie se enamora de él, el Gran Erik pretende casarse con ella inmediatamente y Buffo, devorado por los celos, descubre al maestro la traición de la pareja.
Si en la primera parte hemos podido ver una
ilusión de magia con aparatos —un baúl suspendido en el aire que se abre al
disparar el mago un revólver— y una demostración de hipnosis colectiva, en la
venganza del mago tendrá papel principal el baúl atravesado por doce sables. El
truco queda a la vista del espectador porque esta vez es Buffo y no Julie quien
entrará en el baúl y Mark y no el Gran Erik, el encargado de clavar las
espadas.
The Last
Performance es una de aquellas producciones de estirpe
expresionista con las que la Universal probó sus primeros pasos en el horror
cinematográfico, antes de decantarse por las cintas de monstruos que hicieron
la fortuna de la casa. Podría haber sido interpretada sin mayor problema por
Lon Chaney o por el John Barrymore de Svengali (Svengali, 1931), pero lo cierto es que
Veidt “es” la película. Su histrionismo, sus ojos untados de carbonilla, la
gestualidad de sus manos nos retrotraen diez o quince años en la historia del
cine, al tiempo en el que la caracterización y la gestualidad eran la esencia
de la interpretación. Le acompaña Mary Philbin, proto-reina del grito,
compañera también de Veidt en The Man Who
Laughs (El hombre que ríe, 1927),
de Chaney en The Phantom of the Opera (El
fantasma de la Ópera, 1925) y de un gorila asesino en Merry-Go-Round (Los amores de un príncipe, 1923).
La otra gran baza de la cinta es una realización que recurre dinámica
e imaginativa que saca el máximo partido de cada situación por estática que sea
ésta, convirtiendo el metraje en un tour
de force visual. El húngaro Paul Fejos ha pasado a la historia del cine por
la delicadeza de Lonesome (Soledad, 1928), pero demuestra un
talento indudable para moverse en el registro de Paul Leni o Tod Browning.
Salta a la vista que la Universal no sabía a
qué carta quedarse con The Last
Performance. Se estrenó en versión muda con escenas viradas en color –ámbar
para los interiores, azul para los exteriores nocturnos- y con un último rollo
con sonido sincrónico. Al finalizar la producción Conrad Veidt y el estudio
decidieron no renovar el contrato en vista del rumbo 100% talkie que tomaba el cine sonoro. A las pantallas españolas
llegó con el bizarro título de Magia roja.
La versión que hemos visto tiene intertítulos en danés, carece de diálogos y
los planos coloreados brillan por su ausencia. No sabemos si será traducción
literal de la didascalia original o creación del redactor escandinavo, pero la
copia arranca con este estremecedor aviso: “Este
es un extraño cuento sobre Hipnotismo, Magia, un baúl y doce espadas afiladas”.
The Last
Performance (Magia roja,
1929)
Producción:
Universal Pictures (EEUU)
Director:
Paul Fejos.
Guión: James Ashmore Creelman. Intertítulos: Walter
Anthony y Tom Reed.
Intérpretes: Conrad Veidt (el Gran Erik), Mary Philbin
(Julie), Leslie Fenton (Buffo), Fred MacKaye (Mark Royce), Gustav Parthos (el gerente),
William H. Turner (el agente), Anders Randolf (el juez), Sam De Grasse (el fiscal),
George Irving (el abogado defensor), Walter Brennan (un payaso), Eddie Boland.
60 min.
Blanco y negro.




















































