23 de julio de 2012

En el Panopticum


Actualizamos esta entrada para informarles de la reciente edición de esta película en DVD por Versus Entertainment.

  
Parte de una copia norteamericana: lleva intertítulos y textos en inglés y, en la cabecera, una cartela de The National Film Library. Blanco y negro con virados. Subtítulos opcionales en español. Partitura de piano durante todo el metraje. Duración: 83:26 mon.  Viene acompañada por un libreto ilustrado con un texto de Joaquín Vallet.



Das Wachsfigurenkabinett (El hombre de las figuras de cera, 1924), Paul Leni

En la Alemania de entreguerras la cosa estaba tan achuchada como ahora aquí. Así que si a uno le ofrecían un trabajo, por extravagante y a tiempo parcial que fuera, había que decir que sí. Eso es lo que le ocurre al poeta (Wilhelm Dieterle, que como director en Estados Unidos cambiaría su nombre por el de William). Su cometido: redactar historias cuanto más truculentas mejor para ambientar las visitas al Panopticum, el gabinete de figuras de cera de un parque de atracciones.




Hay cuatro figuras y probablemente hubiera cuatro historias, ya que uno ha visto fotos de los amantes con atuendo veneciano. Sin embargo, en la película tal como se conserva sólo hay tres episodios.


Los dos primeros cuentos surgen con facilidad de la fértil imaginación del poeta. Para justificar el brazo roto de la figura de Harun al Raschid, se imagina a sí mismo como un panadero en la antigua Persia. El amor por su esposa Zarah (Olga Belajeff, que no es otra que la hija del propietario del gabinete) le distrae de su cometido y ahúma al califa (Emil Jannings). Harun al Raschid envía el Gran Visir a dar su merecido al pandero pero éste olvida su cometido ante la belleza de Zarah. La coquetería de ésta excita los celos del panadero y la libidinosidad del califa, que esa noche sale disfrazado de palacio. Mientras el califa seduce a su mujer, el panadero se cuela en el palacio dispuesto a robar la sortija real para Zarah. Pero el brazo que corta para hacerse con la joya es sólo el de un muñeco de cera que el califa deja en su lecho cuando sale en sus correrías amatorias.


Hay que ver (para creer) a Jannings chupándose el dedo, con un bigote más grande que su turbante, poniendo ojitos a la coqueta panadera. O intentando introducir su enorme barrigón y se real pandero en el horno del obrador para ocultarse del marido celoso. Por su estructura episódica se suele comparar Das Wachsfigurenkabinett con Der Müde Todd (Las tres luces, 1924), de Fritz Lang. Sin embargo, a uno le trae a las mientes las farsas orientales de Max Reinhardt, si es que la versión de Lubitsch de Sumurun (Sumurun, una noche en Arabia, 1920) es fiel reflejo del espectáculo teatral.


Los histriones alemanes tienen en Das Wachsfigurenkabinett amplio campo para explayarse. El decorado invita a ello. Las cúpulas de Oriente son el correlato perfecto para las orondas figuras del califa y el visir. Los sótanos del Kremlin, de la segunda historia, obligan a Iván el Terrible (Conrad Veidt) a caminar constantemente encorvados.



El Cesare de Das Cabinet des Dr. Caligari (El gabinete del doctor Caligari, 1920) no se deja achantar por Jannings. Donde este ponía travesura y lujuria, Veidt expone tortuosidad moral y crueldad. Su do de pecho es el orgasmo abrazado a una clepsidra en el momento en que un prisionero torturado fallece al tiempo que cae el último grano de arena. El zar sospecha del fabricante de venenos real. Como venganza, éste escribe el nombre de Iván en uno de los relojes de arena. Un noble llega a la corte para recordarle al zar que ha prometido asistir a la boda de su hija. Iván le hace tomar su puesto en el trineo de modo que es al padre de la novia al que dan muerte las flechas de los rebeldes. Iván entonces rapta a la muchacha (de nuevo la hija del propietario del gabienete) y encierra al joven príncipe (otra vez el poeta) en sus mazmorras. Pero entonces descubre el reloj de arena con su nombre y, creyendo que ha sido envenenado, intenta detener el tiempo dándole la vuelta al reloj antes de que el último grano caiga al otro lado. Una y otra vez… hasta enloquecer.



Mientras el poeta idea la tercera historia, cae rendido por el sueño y la figura de Jack el Destripador cobra vida. El carnicero de Whitechapel no es otro que Werner Krauss, el mismísimo Caligari. Si en la película de Robert Wiene todo se justificaba por la locura del doctor, en Das Wachsfigurenkabinett es una pesadilla lo que toma cuerpo. En lugar de atenerse al rígido catecismo caligárico Paul Leni juega con sobreimpresiones de la feria sobre las figuras de los amantes, convirtiéndolos en habitantes del mundo de los sueños. Escapan del asesino en un decorado elusivo, de sobreimpresiones, dibujos y decoraciones con sombras pintadas. En el vacío más absoluto, sobre un fondo negro, el poeta intenta salvar a su amada. Pero la figura evanescente y multiplicada del Destripador toma su lugar.



Los juegos visuales mandan en este tramo, aunque tampoco estaban ausentes de los otros episodios. Baste mencionar el momento en que el panadero va a robar la sortija del califa y su rostro se multiplica en las facetas de la piedra preciosa. Sin embargo, el horror, el verdadero horror, no termina de cuajar en Das Wachsfigurenkabinett. Se trata más bien un vuelo fantástico de la imaginación, protagonizado por figuras sin alma, en decorados que sólo el cine —el arte de las sombras— puede recrear.


Así que, ya saben, amigos mileuristas, si les ofrecen trabajo en el Panopticum, sopesen antes si serán capaces de salir incólumes de sus propias fantasías.

Das Wachsfigurenkabinett (El hombre de las figures de cera, 1924)
Producción: Neptune-Film A.G. (AL)
Director: Paul Leni.
Guión: Henrik Galeen.
Intérpretes: Wilhelm Dieterle (el poeta / Assad, el panadero / el príncipe ruso), John Gottowt (el propietario del gabinete), Olga Belajeff (Eva, su hija / Zarah, la mujer del panadero / la hija del noble ruso), Emil Jannings (Harun al Raschid), Conrad Veidt (Iván El Terrible), Werner Krauss (Jack el Destripador), Georg John, Ernst Legal.
83 min (version restaurada). Blanco y negro.

2 comentarios:

El Abuelito dijo...

¿Qué le voy a decir? Para mí, una de las perlas que jalonan la carrera del malogrado señor Leni... y es cierto, el horror está ausente. Bien mirado, sigue estándolo en toda la obra del alemán. "El legado tenebroso" tiene mucho de comedia, como también "The last warning"... eso sí,en ambos casos su iconografía, como en estas figuras de cera, bebe -y aún más, crea- de las fuentes del fantástico, en visión muy europea. Aspecto externo de miedo tiene incluso la grande "El hombre que ríe", pero es más un un melodrama que otra cosa... Gustaba de lo macabro y no terminaba de creérselo del todo, tal es mi impresión ante los frutos de Pablo Leni... para este anciano, uno de los grandes directores de cinematógrafo de su tiempo.

Sr. Feliú dijo...

Gracias por su sabio comentario, venerable Abuelito.
Sus nietos están encantados de escucharle contar estas batallitas de su coétaneo, herr Peul Leni, del que desconocemos casi todo. Procuraremos solucionarlo y "El hombre que ríe" se proyectará tarde o temprano en la carpa.