14 de enero de 2013

¡Keaton habla! (y no lo hace tan mal)


Ya nos hemos asomado alguna vez en Circo Mélies a la bibliografía sobre Buster Keaton, en la pluma de Joan M. Minguet Batllori [http://www.circomelies.com/2008/07/todas-las-pelis-de-keaton.html], Eduard José [http://www.circomelies.com/2008/06/ms-de-keaton.html] y Jean-Pierre Coursodon [http://www.circomelies.com/2008/07/aprende-con-keaton.html].


También a la entraña del arte keatoniano [http://www.circomelies.com/2009/07/etaix-razona-keaton.html] y a algunos trabajos puntuales pero relevantes de su etapa silente, como Coney Island (Fatty en la feria, 1917) y The Playhouse (1921).



Hemos dejado correr, a la postre, lo que uno encuentra en otros sitios sobre el más excelso comediante de la pantalla para bucear en su complicada incorporación al cine sonoro con The Hollywood Revue of 1929 (1929) y Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934). Les proponemos seguir profundizando en esta última etapa a lo largo de los próximos días.


Treinta y siete años de carrera en la que no todo fueron abismos alcohólicos, matrimonios fracasados y decadencia creativa. Décadas de altibajos, de homenajes y de supervivencia, de “el que tuvo, retuvo” y de “aquí estoy yo… para lo que gusten mandar”.

¡Keaton habló! (y no lo hizo tan mal).


Filmografía sonora selecta:

Spite Marriage (El comparsa, 1929), Edward Sedgwick
The Hollywood Revueof 1929 (1929), Charles F. Reisner 
Free and Easy / Estrellados (1930), Edward Sedgwick
Doughboys / De frente, marchen (1930), Edward Sedgwick
Speak Easily (Piernas de perfil, 1932), Edward Sedgwick
Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934), Max Nosseck y Robert Siodmak 
The Gold Ghost (1934), Charles Lamont y Buster Keaton
Ditto (1937), Charles Lamont
Allez Oop! (1934), Charles Lamont
Grand Slam Opera (1936), Charles Lamont
Mixed Magic (1936), Raymond Kane
Pest from the West (1939), Del Lord
General Nuisance (1939), Jules White
Pardon My Berth Marks (1940), Jules White
The Spook Speaks (1941), Jules White
El moderno Barbazul (1946), Jaime Salvador
Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950), Billy Wilder
Limelight (Candilejas, 1952), Charles Chaplin
L'incantevole nemica (1953), Claudio Gora
Once Upon A Time, episodio de la serie The Twilight Zone (La dimensión desconocida, 1961), Norman Z. McLeod
The Railrodder (1965), Gerald Potterton
A Funny ThingHappened On The Way To The Forum (Golfus de Roma, 1966), Richard Lester

10 de enero de 2013

La fortuna es una rueda alada



Dedicada a Javier Sedano

Le silence est d'or (El silencio es oro, 1946), René Clair

La anécdota
Le silence est d'or es una mirada nostálgica al pionerismo cinematográfico y al París de principios de siglo. La anécdota, casi banal, recurre a la clásica trama del senex amans. Clair la toma de La escuela de las mujeres, de Molière: un hombre joven y otro mayor compiten por el amor de una mujer. 



El hombre mayor es Emile Clément (Maurice Chevalier), mujeriego inveterado y maestro en las artes de la seducción, que dirige los estudios cinematográficos Fortuna en el París del 1900. El joven es Jacques (François Perier) un tipo apocado y enamoradizo, que cree que ejerce de ayudante de cámara, auxiliar de producción y actor ocasional… lo que se tercie. La muchacha es Madeleine (Marcelle Derrien), hija del cómico Celestin (Roland Armontel), cuya madre burló a su marido después de haber dejado ese poso de cinismo en el corazón de Emile.



Ahora, éste debe ejercer de tutor de la joven… Pero termina enamorándose de ella. Siguiendo sus consejos, Jacques intenta seducirla… y también se enamora. Y, a partir de aquí, entra en funcionamiento ese recurso denominado “ironía dramática”, aquello que el espectador sabe pero uno o varios personajes ignoran. También, la propia naturaleza ilusoria del cine. Porque a Emile le gustan las farsas burlescas, con sus persecuciones, sus animales traviesos y sus andamios que se desploman, pero los especialistas —el voceador de la barraca cinematográfica— le recomiendan que haga películas tristes, que son las que de verdad gustan al público. 



Al final, Emile usará de sus poderes de gran demiurgo cinemáticos para llevarle la contraria a los especialistas y proporcionar a la película de su vida un final razonablemente feliz.

La circunstancia
Tras una década alejado de su país, peregrino del cinematógrafo, René Clair regresa a Francia. Lo hace al finalizar la Segunda Guerra Mundial y con una comedia alejada de la vitalidad de sus películas silentes y de las que realizó a principios de los años treinta, en las que parecía que solamente él poseía el secreto del cine sonoro. 


René Clair rinde homenaje a sus mayores: Louis Feuillade, Alice Guy, Max Linder...
 

Estiliza la propuesta, pero en esta estilización hay tanta verdad… Tipos sainetescos técnicos cachazudos que jamás dan un palo al agua, bellas damas dispuestas al romance, visires de pega…— contra los que se recorte y defina la trama sentimental. Los decorados pintados, las salidas y entradas de cuadro… 


O el magnífico detalle de colocar en el decorado una rueda alada como símbolo del irónico nombre de la productora Fortuna, según era preceptivo en la época, como ya vimos al hablar de la Star Films  de Méliès.


El patético Celestin, el padre de Madeleine, es el contrapunto perfecto a Emile, con sus fracasos amorosos y sus colosales éxitos en teatros de variedades… del norte de África. Así, como quien no quiere la cosa, Clair vuelve al mundo de los músicos callejeros de Sous les toits de Paris (Bajo los techos de París, 1930) y muestra con deliciosa ironía las consecuencias de la infección sentimental de la música popular. La canción que nos hace felices si estamos enamorados, nos resulta profundamente insoportable en los momentos de desengaño.


El estreno estadounidense  
La RKO estadounidense tuvo, al parecer, cierta parte en la producción. O a lo mejor realizó un adelanto de distribución. La cosa es que René Clair, que no quería doblar la película ni subtitularla, concibió un ambicioso plan. Llamó a Robert Pirosh, con el que ya había trabajado en el guión de I Married a Witch (Me casé con una bruja, 1942), y juntos urdieron una especie de monólogo interior que Maurice Chevalier podía locutar en inglés. A partir de este monólogo, los espectadores angloparlantes podían deducir el sentido de los diálogos de los personajes, aunque no dominaran la lengua del autor de La escuela de las mujeres. Para que el truco funcionara, algunas escenas se rodaron en doble versión, dando cancha al explicador. Esta versión se estrenó el 22 de octubre de 1947 en el cine Bijou de Nueva York con el título de Man About Town. El gozo de Clair, en un pozo. La voz que debía guiar a los espectadores en la comprensión de la película, no hacía sino distanciarlos de lo que sucedía en la pantalla, como bien preconizara Bertold Brecht. El artificio, ¡ay!, no surtía efecto en el país de lo artificioso.


A España llegó tardíamente. Se estrenó en el cine Palace de Madrid en abril de 1951.


Le silence est d'or (El silencio es oro, 1946)
Producción: Pathé Cinéma (FR)
Guión y Dirección: René Clair.
Intérpretes: Maurice Chevalier (Emile Clément), Marcelle Derrien (Madeleine), François Périer (Jacques), Robert Pizani (M. Duperrier), Dany Robin (Lucette), Raymond Cordy (Le Frisé), Christiane Sertilange (Marinette), Roland Armontel (Célestin), Maud Lamy (la mujer en el tranvía), Paul Ollivier (Josephe, el contable), Jean Berton (un espectador), Max Dalban (Cricri), Jean Daurand (Alfred), Paul Demange (el sultán de Socotora), Pierre Duncan (el visir), Georges Bever (el ministro), Zélie Yzelle (la florista), Albert Broquin (un maquinista), Frédéric Mariotti (otro maquinista), Danielle Godet (una espectadora), Harry-Max (un espectador), Bernard La Jarrige (Paulo), Gaston Modot (Gustave), Philippe Olive (el agente), Léon Pauléon (el bailarín), Ribour (la bailarina), Albert Michel (Zanzi), Yvonne Yma (la portera), Bruno Balp, Robert Berri, Fernand Blot, Marcel Charvey, Maurice Derville, Cécile Didier, Paul Faivre, Édouard Francomme, Colette Georges, Fernand Gilbert, Jean-Jacques Lecot, Simone Michels, René Pascal, Jane Pierson, Nicole Riche, Georges Sauval, Tristan Sévère, Sylvain, Victor Vina, Eugène Yvernès.
86 min. Blanco y negro. 

7 de enero de 2013

Corazón de music-hall


Lady Paname (1950), Henri Jeanson

Henri Jeanson es uno de esos guionistas-dialoguistas que dieron brillo al cine francés de los años treinta y cuarenta. Periodista, comediógrafo, anarquista, gran amigo del actor Louis Jouvet, el arte de Jeanson se medía por sus afilados diálogos y un cierto cinismo sobre la condición humana. Colaboró con la plana mayor de los directores de su quinta: Carné, Duvivier, L’Herbier… Una sola vez se puso tras la cámara y fue para dirigir este guión propio.


Lady Paname es una película irregular, más deudora de la brillantez de los diálogos y de la caracterización de su reparto coral que de la puesta en escena. Esto provoca ciertas arritmias mediado el metraje cuando los conflictos sentimentales que atañen a prácticamente todos los personajes necesiten tiempo para desarrollarse. El único que resulta inmune al virus del sentimiento amoroso es el fotógrafo anarquista Bagnolet (Louis Jouvet) que utiliza este seudónimo para que nadie lo relacione con su hermano, cuya condición de diputado considera la mayor ignominia que pueda caer sobre un ser humano.


El amor de la cantante Caprice (Suzy Delair) por el compositor Jeff (Henri Guisol), el de su hermano Marcel (Pierre Trabaud), un ladronzuelo, por la prostituta Janine (Huguette Faget), e, incluso, el del famoso chansonier Marval (Raymond Souplex) por su señora, cuya ausencia somatiza en afonía galopante, son el entramado sentimental sobre el que se sustenta un rendido homenaje a la música de los años veinte y a los espectáculos de music-hall, a la calle Faubourg Saint- Martin, que viene a ser, según Jeanson, el equivalente parisino a Tin Pan Alley.


Todo comienza cuando la primera cantante del famoso Teatro Olympia —construido en 1888 por el catalán Josep Oller, promotor también del Moulin Rouge—, Mary-Flor (Germaine Montero) decide plantar al empresario Milson (Henri Crémieux). Entre los oropeles del éxito y el consuelo de la botella, elige la botella. Milson contrata entonces a Caprice a la que convierte en una estrella en la primera noche, gracias al repertorio de Jeff. Hay una canción dedicada a la primavera que tiene gafe. Cuantos la han ensayado han salido malparados. Por eso Marval consiente en que se la quede la recién llegada. Pero el tiro le sale por la culata porque todas las desgracias caen sobre él, mientras las actuaciones de Caprice, rebautizada como Lady Paname, se convierten en un éxito clamoroso.


Buena parte de la acción se desarrolla entre cajas, en los camerinos, tras los decorados, ofreciendo un cuadro vívido y entrañable del teatro popular de la época. Además de los ensayos y canciones interpretadas por Caprice y Marval tenemos ocasión de ver en acción a un equilibrista en monociclo, a una familia de acróbatas llamados Les Apollo y a una pareja que realiza un espectacular número aéreo.


Postdata.- Entre las pinceladas que redondean el ambiente, la aparición de un hombre con barba que invita a Caprice y a una amiga a pasar un buen rato en su chaletito de Gambais antes de apoyar a un carca en su denuncia de la ola de pornografía que inunda París. Si la tranquila villa de Gambais es tristemente célebre es porque allí residía hasta que lo condujeron a la guillotina Henri-Désiré Landru.


Lady Paname (1950)
Producción: Spéva Films (FR)
Guión y Dirección: Henri Jeanson.
Intérpretes: Suzy Delair (Caprice Bosset “Lady Paname”), Louis Jouvet (“Bagnolet”), Henri Guisol (Jeff), Henri Crémieux (Milson), Raymond Souplex (Marval), Jane Marken (madame Gambier), Claire Olivier (Léa Bosset), Camille Guérini (Auguste Bosset), Véra Norman (Oseille), Pierre Trabaud (Marcel Bosset), Monique Mélinand (Costa, la pianista), Germaine Montero (Mary-Flor), Huguette Faget (Janine), Maurice Régamey (Fred, el chulo), Odette Barencey (la señora de los aseos), Jane Helly (madame Marval), Georges Douking, Odette Laure, Maurice Nasil y Les Apollos.
106 min. Blanco y negro.

3 de enero de 2013

Magia en negro y blanco


Daïnah la métisse (1931), Jean Grémillon

Transatlántico… Palabra que evoca un decó esdrújulo. Metáfora de la lucha de clases a golpe de sextante. Clima asfixiante y baile de máscaras al paso de la línea del Ecuador.


Una línea que Daïnah (Laurence Clavius), la mestiza, la mulata, traspasa una y otra vez. En el camarote, su marido (Habib Benglia), un mago llamado Smith, negro como la noche.


En los salones, una ronda de cortejadores blancos, babeantes ante su declaración de que lo único que mueve el mundo es desear y sentirse deseada.


En cubierta, el maquinista Michaux (Charles Vanel) que sale a tomar el aire después de una jornada en el infierno y a la vista de la mujer siente palpitar un deseo que no se para en barras.


Baile de máscaras en el que Daïnah terminará rechazando a cualquier compañero de baile para entregarse a la danza frenética y solitaria que provoca en ella el jazzbandismo.


Máscaras grotescas para los burgueses; una máscara que deja ver el auténtico rostro de Daïnah y, al tiempo, la aprisiona.


Smith en su número de magia, que es antes que nada una demostración de lirismo cinematográfico, evocación de un impresionismo silente rápidamente caído en el olvido con la llegada del sonoro.


El rostro negro del mago bañado por la luz. Agua, peces de colores. Bola de cristal, paloma, daga. El vuelo de la daga atravesando el salón. Explosión mélièsiana. Escamoteo del propio mago… Magia en negro y blanco.


Daïnah la métisse (1931)
Producción: Gaumont-Franco Film-Aubert (FR)
Director: Jean Grémillon.
Guión: Charles Spaak, de una novela de Pierre Daye.
Intérpretes: Laurence Clavius (Daïnah Smith), Habib Benglia (su marido), Charles Vanel (Michaux), Gabrielle Fontan (Berthe), Gaston Dubosc (el capitán), Maryanne (Alice), Lucien Guérard (el doctor)
50 min. Blanco y negro.

31 de diciembre de 2012

Protofeminismo en el parque de atracciones de Blackpool


Hindle Wakes (1927), Maurice Elvey

Nos alertaba don Roberto Amaba, con motivo de la entrada sobre el rodaje en Blackpool Pleasure Beach de The Open Road (1924-1926), de la utilización de este mismo parque de atracciones como localización en la versión de 1927 de Hindle Wakes. Corrimos prestos a esa cornucopia audiovisual que es el YouTube y enseguida dimos con un fragmento de la película de Maurice Elvey que, para desgracia nuestra ha sido borrado: En su lugar hemos encontrado un gif en twiter que aunque no nos complace del todo nos sirve para contemplar la principal atracción y sentir el mismo vértigo que sus protagonistas: https://twitter.com/i/status/885889044823113728



Maurice Elvey
Porque míster Elvey se siente émulo de E.A. Dupont y su seminal Variete (1925), y no duda en colocar la cámara en cuanta barquilla lanzada a velocidad vertiginosa se le ponga a tiro (de cámara). Aunque , según Rachel Low en su History of British Film, estas tomas podrían haber sido rodadas por Basil Emmott, un colaborador de John Grierson, que como todos ustedes saben es el creador de la escuela documentalista británica.


Casi nada dijimos sobre este esforzado director británico cuando comentamos The Clairvoyant (El vidente, 1934). Dejemos constancia ahora de su veteranía —lleva en activo desde 1913— y de que realiza numerosas adaptaciones literarias para una productora llamada Stoll antes de marcharse en 1924 a Estados Unidos contratado por la Fox Film Coroporation. De regreso al Reino Unido se establece como productor independiente y realiza, a finales del periodo mudo, unos cuantos melodramas en los que hace gala de su buen gusto visual: Human Law (1926), Palais de Dance (1928) y High Treason (1929). En este grupo se encuadra Hindle Wakes.


La acción se desarrolla en Lancashire. Los trabajadores de las factorías textiles de la localidad de Hindle sólo disponen de una semana de vacaciones a lo largo del año. Durante esos siete días la mano de obra ligada a la maquinaria de sol a sol descansa, los telares se detienen y las sirenas enmudecen. Esta semana propicia el breve romance interclasista entre Fanny Hawthorn (Estelle Brody) y Allan Jeffcote (John Stuart). El amor florece en el parque de atracciones de Blackpool y se consuma en una escapada a la cercana localidad de Llandudno.


Quiere el destino fatal que la coartada de la muchacha se descubra. Sus padres exigen una reparación moral al dueño de la fábrica y éste advierte a su hijo de la responsabilidad que ha contraído con la chica. Pero es ella la que hace valer su derecho a decidir sí quiere o no quedarse con él. Esta parte sigue el patrón de la obra teatral de Stanley Houghton, miembro de un grupo de dramaturgos de Manchester que abogaban por el realismo en la escena y por la presentación en el escenario de conflictos intergeneracionales.


Blackpool, parque de atracciones
Elvey monta en paralelo la presentación del modesto hogar de los Hawthorn y de la mansión de los Jeffcote. Luego, se da a la sinfonía maquinista durante las escenas en la fábrica. Y, finalmente, se gusta en la planificación y el montaje, según la película va ganando en dramatismo. El día en Blackpool, no obstante, queda como lo más memorable de la cinta. Los interiores se ruedan en estudio, pero contra lo que suele ocurrir tanto la fábrica como los exteriores —muy abundantes, sobre todo en la parte que nos interesa— están rodados en exteriores naturales. Carreteras, calles, estaciones, hoteles… Blackpool y su zona de recreo se ofrecen a nuestros ojos con una riqueza descriptiva impresionante.


Fanny y Allan se encuentran en  un puesto de tiro al blanco, flirtean ante el Maxim Flying Machine y sienten el vértigo del enamoramiento en la montaña rusa Big Dipper. En el salón de variedades y baile Palace se entregan al frenesí del jazz.


Una vez más, el parque de atracciones se convierte al tiempo en escenario y metáfora de la gran pasión que, como bien decía Wilde se diferencia del capricho en que éste dura toda la vida. Lo sorprendente es que esta vez es ella —y no él ni sus respectivas familias— quien toma la decisión.

Coda (de versiones)
La obra de Stanley Houghton fue adaptada de nuevo a la pantalla con la llegada del sonoro y, entonces fue Victor Saville, que ya había elaborado el guión de la versión de Elvey, el encargado de dirigirla.


En 1952 llegó a la gran pantalla la última adaptación cinematográfica que conocemos de la obra. En esta ocasión los protagonistas fueron Lisa Daniely, como la chica de los Hawthorn y Leslie Dwyer como el heredero de los Jeffcote.


Hindle Wakes (1927)
Producción: Gaumont British (GB)
Director: Maurice Elvey.
Guión: Victor Saville, basado en una obra teatral de Stanley Houghton.
Intérpretes: Estelle Brody (Fanny Hawthorn), John Stuart (Allan Jeffcote), Norman McKinnel (Nathaniel Jeffcote), Marie Ault (Mrs. Hawthorn), Humberstone Wright (Chris Hawthorne), Gladys Jennings (Beatrice Farrar), Irene Rooke (Mrs. Jeffcote), Peggy Carlisle (Mary Hollins), Arthur Chesney (Sir Timothy Farrar), John Rowal (George Ramsbottom), Alf Goddard (Nobby), Cyril McLaglen (Alf), B. Graham Soutten (Edward Hollins).
116 min. Blanco y negro.