17 de diciembre de 2010

Cuentos y fantasías históricas



La fée Carabosse ou le poignard fatal (1906), Georges Méliès

La dedicación de Méliès a los temas vernianos no es obstáculo para que aborde sistemáticamente otro tipo de argumentos que le dan pie a la creación de obras de gran espectáculo. Los cuentos infantiles y las fantasías históricas son territorio propicio para su fantasía desbordante.

Clásicos de la literatura popular
Sólo cinco cuadros componen Le Voyage de Gulliver à Lilliput et chez les géants [426-429] (1902). Méliès recurre a la novela de Swift para entregarse al juego de la alteración de las proporciones.



La légende de Rip van Winckle [756-775] (1905) es una trasposición bastante competa del “Rip van Winckle” de Washington Irving y de una ópera bufa inspirada en este relato que se había estrenado en París en 1884. Barbe-Bleue [361-370] (1900), en cambio, se apuntaba a la moda popular del grand guignol.

Méliès lo intentó incluso con el vate de Straford-on-Avon, a rebufo ddel film d'art. En 1907 realizó sendas reducciones de
Hamlet [980-987] y de la escena más famosa de Julio César [995-999] (1907). Ninguna de las dos se conserva.


Cuentos de hadas
Cendrillon [219-224] (1899), que Méliès subtitula “Grande féerie extraordinaire”, desarrolla seis escenas en veinte cuadros, enlazados mediante encadenados. En 1912, cuando ya estaba trabajando para Pathé, Méliès reelabora del cuento de Perrault en Cendrillon ou la pantoufle merveilleuse (1912), con mayor presupuesto pero acaso con menos encanto.


En la primera versión el cuento de hadas le ofrece la ocasión de ejecutar varios números de transformaciones durante las apariciones del hada. Sin embargo, lo más llamativo es la pesadilla que se organiza cuando dan las doce. Cencinienta llega a casa con sus harapos. Un señor de grandes barbas blancas –el Genio del Tiempo– sale de un reloj de pared y comienza a golpear la campana, inclemente. Al ritmo de las campanadas aparecen unas señoritas armadas con esferas de reloj circulares con las que realizan una coreografía que enloquece a Cenicienta. La heroína está interpretada por madmoiselle Barral, la reina, por Jehanne d'Alcy y Méliès se reserva el papel de inquieto genio de la hora fatal, amén de vestir, para las escenas finales, de doncel que prueba el zapato de cristal a las hermanastras.


Cendrillon fue el primer gran éxito internacional de Méliès. Prueba de ello son sus cartas a los exhibidores europeos y norteamericanos pidiéndoles que no acepten falsificaciones. Debido a su largo metraje y al coloreado manual el precio era bastante elevado y esto supuso la aparición de los primeros casos de piratería, vía plagio. Acaso por eso en una de las escenas de Jeanne d’Arc [264-275] (1900), en la esquina inferior derecha se puede ver la firma “G. Méliès-París”, especie de copyright que empezaba a hacerse necesario y que pronto sustituiría por la estrella de cinco puntas de la Star Film y el registro en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.


Al estreno de Rêve de Noël [298-305] (1900), a principios de diciembre de 1900 con criterio ciertamente oportuno, le sucede en breve otra pieza “feérica de gran espectáculo”, Le Petit Chaperon rouge [337-344] (1901). No se ha conservado esta “Caperucita Roja”, pero sí una carta de Méliès a los empresarios en la que explica algunos aspectos de la adaptación. El público en general aceptará de buen grado que el lobo se meriende a la abuelita, pero –piensa él– sentirá repugnancia al verle devorar a la linda niña, de modo que Méliès elabora un final alternativo, apto para todos los públicos.

Fantasías históricas
Jeanne d’Arc es una prodigiosa miniatura. Los mismos soldados pasan una y otra vez por la plaza, camino de la batalla, lo que permite al empresario Méliès publicitar la grandeza de sus decorados –indiscutible– y la contratación de quinientos figurantes para estas escenas... lo que no deja de ser un número más de prestidigitación. Se suma esta alquimia creativa a las apariciones del arcángel que empuja a Juana a combatir y, más adelante, en prisión, en los que Méliès incide una vez más en las transformaciones de probada eficacia.


El coloreado a mano demuestra la calidad que se había alcanzado en esta especialidad en chez Méliès. El color se utiliza con intención expresiva, nunca realista. Una buena muestra de ello es la escena en la que la doncella de Orleans es inmolada en la hoguera.

Una leyenda bretona
La fée Carabosse ou le poinard fatal [877-887] (1906) tiene como protagonista al hada malvada de la Bella Durmiente, aquella que, por no haber sido invitada a la fiesta por el nacimiento de la niña, la condenó a la muerte el día en que cumpliera quince años. Méliès trama un argumento completamente nuevo. Un trovador quiere conocer su futuro y acude al refugio de la bruja. Ésta le muestra un marco vacío y en él, hace aparecer, a la mujer que está destinado a amar. Pero la mujer está prisionera en un castillo, rodeado de peligros y, para colmo, el trovador está sin un doblón. Se le ocurre entonces llenar su bolsa de arena y entregársela a la bruja, que le deja partir. Pero al darse cuenta del engaño embruja un puñal y sale tras él.


Durante el camino el trovador se encontrará con peligros sin cuento. Al pasar junto a una abadía los espectros salen de sus tumbas y le acosan. Al llegar ante las murallas del castillo aparecen varios monstruos que no le dejan acercarse al foso. Pero allí recibe de nuevo la ayuda de un druida y del caballero de las nieves. Gracias a estos talismanes el trovador rescata a la dama y la lleva a la orilla del lago Azul. En ese momento aparece el hada Carabosse, dispuesta a ejecutar su venganza con el puñal envenenado. Una vez más la invocación de un espíritu benéfico, el druida, revierte la trayectoria del puñal y el amor triunfa.


La fée Carabosse ou le poignard fatal (1906)
Producción: Star Films (FR)
Guión y Dirección: Georges Méliès.
Blanco y negro coloreado a mano. 12 min.

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