22 de diciembre de 2010

Fantasías lunares 2: R.W. Paul y W.R. Booth




The '?' Motorist (1906), W.R. Booth

Pocos pioneros del cinematógrafo resistieron la tentación de viajar a la luna por su cuenta. Los británicos Robert William Paul y Walter R. Booth no fueron una excepción.


Paul era ingeniero y su relación con el invento de Edison –el Kinetoscopio para visión individualizada, no el Cinematógrafo cuyo meollo es la cruz de malta y la proyección que convierten el espectáculo en un rito colectivo– se debe a su condición de tal. Dos avispados empresarios griegos le pidieron que les fabricara una cámara idéntica a la del industrial estadounidense, reticente a ceder sus patentes para Europa. Paul resolvió el problema pero se encontró con que no tenía películas para mostrar. Ni corto ni perezoso se alió con el fotógrafo Birt Acres, y rodaron varias actualidades –Oxford and Cambridge University Boat Race, Rough Sea at Dover, The Derby– en la primera mitad de 1895. En dura competencia con los hermanos Lumière, Paul creó un aparato de proyección propio –bautizado Teatrograph– que se presentó en febrero de 1896 en el Egyptian Hall de Maskelyne. Hasta 1910, año en que decidió retomar su profesión de ingeniero, Paul inventó el Animatograph, rodó sus propias películas y se rodeó de un equipo solvente del que surgieron las primeras figuras de la industria cinematográfica británica.


A fin de explotar las invenciones de Méliès, a quien él mismo había vendido su primera cámara, se asoció con el mago Walter R. Booth. Juntos concibieron varias películas de trucos. La primera –Upside Down, or The Human Flies (1899)– es una curiosa muestra de un truco sencillísimo pero que, en su momento, causaba maravilla. El propio Booth oficia de mago antes de realizar el prodigio y desaparecer, dejando en situación comprometida a los asistentes a la sesión:



En cambio The Haunted Curiosity Shop (1901) es una película de transformaciones canónica, en la que echamos de menos el dinamismo de Méliès como maestro de ceremonias desde el interior del plano:



El título más celebrado y más completo de los ideados por Booth para el Animatograph de Paul es, sin duda, The '?' Motorist (1906).

Comienza con el atropellamiento de un guardia. Es un truco realizado ya unas cuantas veces a ambos lados del Canal de la Mancha –el propio Booth lo había probado en Extraordinary Cab Accident (1903)–, que da lugar a una prosaica persecución. Sin embargo, cuando, en su huida, el automóvil comience a subir por la fachada de una casa, las cosas empiezan a tomar otro cariz. Desde el tejado, el coche sigue su ruta mediante una encantadora combinación de sobreimpresiones y, sobre todo, maquetas. De este modo, los viajeros estelares recorren el perímetro de la luna y se pasean por el anillo de Saturno.


En su caída a la Tierra el coche cae –una nueva sobreimpresión– en el centro de la sala de un tribunal y la persecución continúa, pero, cuando los damnificados van a detener a los responsables del estropicio, el automóvil se transforma en un coche de caballos. Aprovechándose de la perplejidad de los perseguidores los automovilistas cogen, definitivamente, las de Villadiego.


Ese mismo año R.W. Paul cerró el kiosco y volvió a sus negocios. Booth se contrató entonces con el próspero Charles Urban. Émulo de Méliès hasta en esto, creó su propio estudio en el jardín de su casa en Isleworth realizó las primeras películas de animación británicas –The Hand of the Artist (1906), The Sorcerer's Scissors (1907) o When the Devil Drives (1907)– y fantasías vernianas sobre una de los miedos nacionales –la invasión de las islas– en The Airship Destroyer (1909) y The Aerial Submarine (1910).



En su último año allí Booth facturó un remake de su película más lograda, ahora con el título de The Automatic Motorist (1911).


The '?' Motorist (1906)
Producción: Paul's Animatograph Works (GB)
Dirección: W.R. Booth.
181 pies. Blanco y negro.


2 comentarios:

El Abuelito dijo...

¡Madre mía, detrás de la imprescindible serie sobre Meliés, vienen ahora sus coetáneos y discpulos! Esta carpa suya es una máquina de aprender cosas; ni de este señor y sus bombarderos aéreos, ni de doña Alicia Guy sabía yo nada, confieso mi ignorancia... ¡Qué maravillas entradas! ¡Qué cortos! ¡Qué estéticas sublimes! ¡Y con perritos amaestrados, encima...!

Sr. Feliú dijo...

Venerable Abuelito:

La competencia era tan tan feroz entonces como ahora. Cuando los empresarios del sector vieron que las películas de mesié Méliès eran reclamadas en todo el mundo decidieron facturarlas por sí mismo. Aquéllo sirvio para que nuestro paisano Chomón -que en breve pasará por la carpa- se instalara en París y fuera nuestro primer emigrante cinematográfico de lujo. Le seguirían Raquel Meller, Conchita Montenegro, Xavier Cugat, María Antonia Abad, Banderas y Pe.

Las derivaciones creativas nos llevarán, por supuesto, por otros caminos en los que de nuevo nos encontrarmos con Chomón, pero tambien con el checo Zeman, a quien usted tan bien conoce.

En fin, que ya iremos viendo por donde nos llevan las digresiones durante el nuevo año que deseamos colme todos sus deseos seniles.

Sus alborotadores nietos