19 de diciembre de 2010

Fantasías lunares


Au clair de la lune ou Pierrot malheureux [538-539] (1904), Georges Méliès

Juan Eduardo Cirlot afirma en el imprescindible “Diccionario de símbolos” que la luna es representación de lo mudable y del principio femenino. Se asocia con la fantasía pues su luz baña los objetos con una luz espectral. De este modo, la luna deviene símbolo de la imaginación “
como reino intermedio entre la negación de la vida espiritual y el sol fulgurante de la intuición”.


La luna está tan presente en la filmografía de Méliès como en la discografía de José Alfredo Jiménez o en la poética de los bohemios. Uno de las fotografías conservadas de las pantomimas que tenían lugar en el foyer del teatro Robert-Houdini como complemento a las sesiones de magia muestra la imagen mil veces repetida de Jehanne d'Alcy encarnando a la diosa Febe (Phoebe en griego) columpiándose en los cuernos del satélite.

La luna a un metro
Esta estampa forma parte de La Lune à un mètre [160-162] (1898).


La película se divide en tres actos que se corresponden con los tres cuadros que la componen. El primero y el último tienen lugar en el observatorio del astrónomo. El diablo tentador y el espíritu -femenino- de la astronomía compiten por acaparar su atención. El cuadro central, juega con la distorsión que provoca el telescopio. Apenas se acerca a él, la luna se cuela por el balcón. Esta vez no es la diosa de la noche, propiciadora de la fortuna, sino la misma luna voraz que le sirviera de inspiración para la temprana Le cauchemar [82] (1896). Luna de aliento abrasador que igual vomita pierrots diminutos que devora al astrónomo. Luna esquiva, que, ahora así, toma la forma de Febe, y se deshace en un velo volandero entre los brazos del astrónomo.

Viaje a la luna
Las aventuras del profesor Barbenfouillis (Méliès) en su viaje a la luna, el choque del proyectil contra el ojo del satélite y el regreso a la Tierra son suficientemente conocidos como para no insistir en ellos. Además, pueden ver todos sus episodios aquí:


Si acaso trasladarles a ustedes que los expertos han hallado que no se basa únicamente en la obra de Jules Verne, sino que el encuentro con los selenitas procede de la novela “Los primeros hombres en la Luna” de H.G. Wells y que estaría directamente inspirada por una fantasía teatral del dramaturgo Adolphe Dennery, quien también había hecho versiones para el escenario de “La vuelta al mundo en ochenta días” y “Miguel Strogoff”.


Lo estricatamente mélièsiano es es ese cóctel de bufonería –el congreso de astrónomos– y lirismo –la tierra vista desde la luna–, de magia y acrobacia –la visita al reino sublunar de los selenitas– y efectos especiales –el amerizaje de la nave–. Méliès, Perico Chicote de la cinematografía, maneja los ingredientes con sabiduría de prestidigitador. Para las escenas submarinas se vale del truco de filmar a través de una pecera que ya había utilizado en Visite sous-marine du Maine [157] (1898) y volvería a utilizar en Le Royaume des fées [483-498] (1903).



Le voyage dans la lune [399-411] (1902) fue –y es– la película más famosa de Méliès. Su alto coste de producción, obligó al empresario a elevar mucho las tarifas: 560 francos costaba la versión en blanco y negro y 1000 la coloreada a mano. Méliès la cedió gratuitamente para un único pase a algunos empresarios y el público respondió postivamente, aumentando la demanda. Consciente del éxito, él mismo intentó varias veces asuntos similares. El viaje a través de lo imposible reproduce prácticamente escena por escena Le voyage dans la lune, pero ahora es el objetivo es el sol, por cuya boca se cuela un tren que puede volar gracias a unos dirigibles acoplados al techo.

Eclipse de luna
Eclipse de soleil en pleine lune [961-968] (1907) es bastante más tardía.


Enmarcada por una clase de astronomía dictada por un viejo sabio a un grupo de traviesos estudiantes, el eclipse es presentado a través de un arco ojival del laboratorio. Luego, se produce un corte y las nubes dejan al descubierto a un sol con rostro humano. Tal como había dibujado el profesor en la pizarra, la luna se desplaza hacia la órbita del sol. Lo curioso es que esta luna con cara de efebo regordete se deshace en deliquios según se aproxima a la estrella y el momento del encuentro se convierte en una especie de coyunda nada platónica de la que la luna sale totalmente satisfecha y el sol un tanto huraño.


Antes del desenlace cómico de la farsa marco, dos nuevos cuadros presentan el clásico desfile de representaciones planetarias antropomórficas en el que un belicoso Marte y un anciano Saturno compiten por los favores de la bella Febe y una lluvia de estrellas que se convvierten en bellas señoritas.

El amante de la luna
Au clair de la lune ou Pierrot malheureux [538-539] (1904) es un proto-vídeoclip de un tema musical popularísimo en Francia: “Au clair de la lune / Mon ami Pierrot / Prête-moi ta plume / Pour écrire un mot / Ma chandelle est morte / Je n'ai plus de feu / Ouvre-moi ta porte / Pour l'amour de Dieu”.


Pierrot ronda con su guitarra a la hija de un caballero (Méliès) que lo echa de allí a golpes. Contra el mal de amores -más tarde lo supieron los surrealistas- no hay nada como el sueño. Pierrot duerme. En el cielo aparece Febe en su columpio lunar y Pierrot enloquece: baila y canta, provocando de nuevo la ira del dueño de la casa. En su sueño –¿o está despierto?– Pierrot se reúne con su nueva amada burlando al furibundo padre. Aparece entonces una imagen tan emblemática como la más conocida de Un chien andalou (1929), de Buñuel y Dalí. La luna se ha transformado en un ojo inmenso en medio del cielo nocturno cuya mirada convierte al caballero en un anciano. Ya nos adevertía Cirlot de que Selene era patrona de todo lo mudable.


Concluida su carrera cinematográfica y antes de ser deshauciado de su casa, Méliès construyó un teatro en Montreuil-sus-Bois donde su hija Georgette dirigía algunas bufonadas y poemas líricos salidos de la pluma de su padre. Destaca entre ellos el L'amant de la lune, puesto en escena hacia 1920. Fiel a su imaginario hasta el final, he aquí a Pierrot enamorado por igual de la carnal Colombina y de la etérea Febe, mujer caprichosa a pesar de su naturaleza divina.

Au clair de la lune ou Pierrot malheureux (1904)
Producción: Star Films (FR)
Guión y Dirección: Georges Méliès.
Intérpretes: Georges Méliès (el padre), Jehanne d'Alcy (Febe).
3 min. Blanco y negro.

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