19 de febrero de 2013

La vieja escuela




Pardon My Berth Marks (1940), Jules White

La secuencia en el coche-cama de Pardon My Berth Marks constituye un testimonio sin palabras de que, a pesar de los estragos del tiempo, Keaton seguía siendo un maestro de la pantomima y el ritmo.


Clyde Bruckman, cómplice necesario
Aprovechamos la brevedad de esta entrada para contarles de uno de los cómplices de Keaton a lo largo de toda su carrera: Clyde Bruckman.

Periodista de profesión, Bruckman se incorporó a la troupe de Keaton como gagman en 1923. Su primera película con él fue The Three Ages (Las tres edades, 1923) y siguió a su lado en las duras y en las maduras. Entre estas últimas, firmando los guiones Sherlock Junior (El moderno Sherlock Holmes, 1924), The Navigator (El navegante, 1924) y codirigiendo The General (El maquinista de la General, 1926).


También trabajó junto al Gordo y el Flaco en el estudio de Hal Roach entre 1927 y 1928, dirigiendo la celebrada The Battle of the Century (1926). Colaboró con Harold Lloyd en dos de sus primeras películas sonoras: Feet First (¡Ay que me caigo!, 1930) y Movie Crazy (Cinemanía, 1932). Y dirigió uno de los cortos de W.C. Fields en el estudio de Sennett The Fatal Glass of Beer (1933) y el largometraje Man on theFlying Trapeze (1935). Éste fue su último trabajo tras las cámaras. A partir de entonces, tuvo que conformarse con sentarse a la máquina de escribir.


Bruckman y Keaton siguieron colaborando en la Metro-Goldwyn-Mayer y compartieron estrecheces en Columbia Pictures. Cuando Keaton se marchó, Bruckman siguió trabajando para Jules White en las películas de los tres Stooges. Sus guiones recurrían una y otra vez al refrito. Al fin y al cabo, las películas de dos bobinas siempre había vivido de viejos gags reciclados. No era de esta opinión Harold Lloyd, que demandó a la Columbia por plagio hasta en cinco ocasiones. En 1955 le rescindieron el contrato.


Su muerte es una de esas hermosas leyendas de Hollywood. Fracasado profesionalmente, divorciado de mala manera y harto del olvido momentáneo que le ofrecía la botella, entró en un restaurante sabiendo que no podría pagar la cuenta. Tampoco le preocupaba. Al terminar de comer, se encerró en el aseo y se descerrajó un tiro con un revólver que le había prestado su amigo Buster.

Pardon My Berth Marks (1940)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Jules White.
Guión: Clyde Bruckman.
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer), Dorothy Appleby (Mary Crissman), Richard Fiske (Ted Crissman), Vernon Dent (el editor), Ned Glass (el hombre de la estación), Bud Jamison (el maquinista), Fred “Snowflake” Toones (el mozo del tren), Stanley Brown (un reportero), Eva McKenzie (Ma), Cy Schindell (Al Spumoni), Lynton Brent, Jack “Tiny” Lipson, John Tyrrell.
20 min. Blanco y negro.

2 comentarios:

angeluco10 dijo...

Lo peor de suicidarase es hacerlo en un lugar público y hacer pasar un mal trago a personas que pasaban por allí,de todas formas puedo entender perfectamente la desesperación de Clide Bruckman.

Sr. Feliú dijo...

Es el tópico sino del payaso triste, don angeluco. Hacer reír a los demás mientras la desolación te devora.

Hace no mucho se suicidaba el maestro Monicelli, dircetor de comedias inolvidables, en un acto tan épico como ético.

trágicamente suyos, el profesor Javier y Sr. Feliú