17 de enero de 2013

El fin de una era




Spite Marriage (El comparsa, 1929), Edward Sedgwick

Spite Marriage es la última película silente protagonizada por Buster Keaton. Él mismo figura como productor pero es evidente que en el seno de la todopoderosa Metro-Goldwyn-Mayer ha perdido autonomía y, lo que es peor, gracia.

Sedgwick y Keaton
Prácticamente toda la producción de Keaton en M-G-M fue dirigida por Edward Sedgwick. Provenía éste de una familia dedicada al vodevil y en su infancia y juventud realizaba un número acrobático en compañía de sus padres y sus dos hermanas. Se hacían llamar “The Five Sedgwicks”. Cuando el padre enfermó, el joven Edward formó compañía propia y no pasó mucho tiempo antes de que decidiera que el futuro estaba en el cinematógrafo.



Primero como actor y más tarde como director participó en seriales y en westerns de Tom Mix y Hoot Gibson, antes de ser contratado por la Universal. En 1926 recala en M-G-M. En el estudio del león una de sus últimas películas antes de comenzar su relación con Keaton es Circus Rookies (1928).

Aunque el Gran Cara de Palo no tiene nada que ver con ella aprovechamos para contársela porque entra de lleno en nuestro negociado.


Oscar Thrust (Karl Dane) tiene un gorila apodado “Bimbo, el devorador de hombres” (Fred Humes [http://monsterkidclassichorrorforum.yuku.com/topic/39304/The-Sign-of-the-Cross-gorilla-by-Gemora?page=2#.UIE-rq427Ps]) y bastante antipatía por Francis Byrd (George K. Arthur), un reportero enamorado de la trapecista La Belle (Louise Lorraine). La Belle es hija del dueño de la carpa, míster Magoo (Sydney Jarvis). Thrust torpedea todos los intentos de Francis por ingresar en el circo. El joven queda como un cobarde ante la trapecista. Durante un viaje en tren, Thrust encierra a Bimbo en el departamento de Francis, pero el gorila escapa y persigue a la trapecista por el techo del convoy. El maquinista, aterrorizado, salta del tren en marcha. Bimbo lo conduce a toda velocidad hacia un desastre seguro. ¿Conseguirá el tímido Francis detener a la bestia, salvar la vida de los pasajeros y lograr el amor de La Belle? ¿Qué final le aguarda al malvado Thrust entre los hercúleos brazos de Bimbo?


La siguiente película de Sedgwick es The Cameraman (El cameraman, 1928), en la que de nuevo hay un simio, aunque de menor tamaño.

Su relación con Keaton se prolonga más allá de este ciclo de ocho títulos (más la supervisión de tres versiones en otros idiomas) que abarca desde esta cinta hasta What! No Beer? (Queremos cerveza, 1933).


A finales de la década, con una carrera también declinante en M-G-M pero aún contratado por el estudio propone, junto a otros viejos compañeros como Clyde Bruckman, la contratación de Keaton como gagman. De este modo colaborarán en dos de los últimos empeños profesionales de Sedgwick como director: Nothing But Trouble (1944), cinta también crepuscular de Laurel y Hardy, y A Southern Yankee (1948), del pujante Red Skelton.

Keaton y Sedgwick
Desde que se vio obligado a desarrollar sus películas en formato largo, Keaton suele recurrir a un mismo esquema: un tipo más o menos inútil tiene que llevar a cabo una tarea que le supera… conseguir el amor de la chica, por ejemplo. Sin embargo, gracias a su inventiva y a su voluntad de salir airoso de las peores situaciones consigue finalmente superar todas las trabas que se oponían a que consiguiese su objetivo. Sus armas: el tesón, el ingenio y un cuerpo de acróbata.


Keaton se empeñó en rodar Spite Marriage como película sonora, lo que no quiere decir necesariamente “hablada”. El estudio sólo condescendió a postsincronizarla con una partitura musical y algunos efectos de sonido, pero sin contar con el actor. Funcionan adecuadamente los aplausos de Elmer (Buster Keaton) al aparecer su admirada Trilby (Dorothy Sebastian) en el escenario, o, en un guiño al nuevo espectador del espectáculo sonoro, los dos medios cocos con el que el maquinista simula el galope del caballo.



En la columna del “debe” la banda continua de risas enlatadas durante la larga escena en que Elmer boicotea involuntariamente la representación al sustituir al barbudo soldado nordista que besa a la protagonista.



Además, el guión descansa sobre una trama melodramática y Keaton se ve obligado, por primera vez, a encarnar a un tipo sentimental y un tanto melancólico, casado con una actriz que lo único que pretende es provocar los celos de su galán. Comienza así a decantarse por un esquema que se repetirá en varias de sus películas sonoras: una torpe historia, melodramática en el peor de los casos, cuajada de diálogos en la que las rutinas y los gags keatonianos se insertan sin ninguna continuidad, provocando incluso una quiebra en el perfil caracterológico de un personaje que nunca necesitó sicología para hacernos reír durante hora y media.


Desde las oficinas de los ejecutivos, se le exige a Keaton que rellene sus minutos de presencia en pantalla con golpes, caídas y batacazos, obviando que el auténtico arte del comediante reside en su capacidad para desafiar las leyes de la física en un mundo demasiado grande para él. No es tanto que la gracia sea un estado de lo mismo y que Keaton la haya perdido de un día para otro, no. Se trata del descentramiento que supone el apartar al cómico del centro de la pantalla, considerando sus habilidades insuficientes para atraer al nuevo público del cine parlante. Los gags entonces, en lugar de coadyuvar a construir un personaje central capaz de enfrentarse a las situaciones más peliagudas, son meros respiros bufos en el desarrollo de un argumento cien veces visto.




En medio de este desbarajuste Keaton cuenta con cinco minutos de gloria. Cinco minutos de pantomima brillante con la colaboración de Dorothy Sebastian, para nada una especialista en humor físico. La escena tiene lugar en el dormitorio cuando Elmer trata de acostar a Trilby, que ha bebido más de la cuenta. Nada de lo que podamos contarles haría justicia a este prodigio de ritmo y humor, así que nos ahorramos la exposición. Disfruten de ella si se les pone a tiro.



Spite Marriage es un producto híbrido, anuncio de los tiempos que se avecinan. El cine parlante amenaza con arrollar a quien no se someta a las nuevas normas. La técnica no tiene ninguna culpa, pero en los grandes estudios reina el miedo ante el cambio tecnológico y es preciso amortizar las inversiones a la mayor brevedad. Poco importa quien caiga en el camino. Lo de Keaton en Spite Marriage tampoco se puede llamar caída. Si acaso, un tropezón del rey del batacazo.


Spite Marriage (El comparsa, 1929)
Producción: Joseph M. Schenck para Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Edward Sedgwick.
Guión: Ernest S. Pagano, a partir de un argumento de Lew Lipton.
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer), Dorothy Sebastian (Trilby Drew), Edward Earle (Lionel Benmore), Leila Hyams (Ethyl Norcrosse), William Bechtel (Nussbaum), Jack Byron (Scarzi), Pat Harmon (el capitán del barco), Sydney Jarvis (un espectador), Theodore Lorch (el regidor).
76 min. Blanco y negro.


No hay comentarios: