3 de octubre de 2008

Del muro de la muerte al bólido infernal


Portrait d'un assassin (1949), de Bernard-Roland

Christina de Rinck (María Montez) conduce a los hombres a la muerte. Utiliza sus armas de mujer para conseguir que firmen con ella el contrato del “más difícil todavía”. Como agente de variedades ya ha destrozado la vida de varios hombres, entre ellos Eric (Eric von Stroheim), un trapecista patéticamente tullido. Ahora la ambiciosa de Christina se fija en Fabius (Pierre Brasseur), un feriante que ejecuta con la ayuda de Martha (Arletty) un número denominado “el muro de la muerte”.

Consiste éste en un cilindro vertical con fondo semiesférico. Fabius da vueltas en motocicleta a toda velocidad hasta que la coloca paralela al suelo casi a la altura a la que el público contempla el espectáculo, tras una barandilla. A pesar de las advertencias de Eric y de su propio miedo, Fabius acepta la propuesta de Christina para ejecutar el doble looping en automóvil en la pista del Circo Pfeiffer. Fred (Marcel Dalio) construye una rampa, como la de una montaña rusa, por la que un bólido se desliza a toda velocidad. Gracias a su diseño el bólido debería de ejecutar un doble mortal en el aire y caer en una pequeña colchoneta al otro lado de la pista.

Y hasta aquí contamos del argumento. Baste decir que la tragedia se ceba en el cuarteto protagonista.

La película arranca en una calle adoquinada, una noche en la que jarrea, con una mujer encapuchada y un hombre que la aguarda, pistola en mano, en una esquina. Al fondo, la feria. No se puede soñar con nada más prometedor. La escena parece sacada del universo del “realismo poético” francés previo a la guerra, a pesar de que ya han pasado tres años desde su final. Se procedió entonces a depurar a los artistas franceses acusados de colaboracionismo. Una de las acusadas fue Arletty, otrora una de las actrices más reputadas y queridas de Francia, amante de un oficial alemán. Por ello ha pasado cuatro meses en la cárcel y ha estado tres años sin trabajar. Su exordio ante el tribunal ha pasado a la pequeña historia del anecdotario cinematográfico: “Mi arte es francés –declaró -, pero mi culo es internacional”.

Arletty vuelve al cine con Portrait d’un assassin, pletórica, trágica, irreductible. Frente a ella, María Montez, la diva de los espectáculos de las mil y una noches concebidos por la Universal en Hollywood que, en horas bajas, ha decidido instalarse en Francia con su marido. Otro exiliado de la Meca del Cine, Eric von Stroheim, se coloca el collarín que ya había lucido en La gran ilusión (La grande illusion, 1937), el hermoso canto de Jean Renoir al internacionalismo y la camaradería en tiempos de guerra. Por su parte, Pierre Brasseur sostiene la película sobre sus espaldas.

La historia de amour fou se desarrolla, sin embargo, penosamente, con largas escenas dialogadas en las que los personajes del drama se van enfrentando de a dos. Y para colmo en interiores. De modo que no hay mucha ocasión de disfrutar de lo que el argumento anuncia una y otra vez: la emoción y el riesgo de los dos grandes números que, cuando llegan, saben a poco. El de la motocicleta en el “mur de la mort” debe su ejecución, sino su concepción a Paul Renard. Aún es habitual encontrarlo en ferias de todo el mundo y uno tuvo ocasión de escuchar su estruendo hace no mucho en un pueblos del norte de Portugal.

El número de “el bólido infernal”, “el salto de la muerte” o “el doble looping en auto” –que de los tres modos se promociona-, es idea de los hermanos Marcel y André Desprez, habituales de los circos europeos en aquellos años. Se anunciaba entonces con propiedad como el “Double Saut Périlloux Automobile”. Gaston Desprez, el hermano mayor, ejercía por esta época de empresario teatral. La guinda, para el aficionado, es que mientras Fabius aguarda en su camerino el momento fatal, en la pista del circo Pfeiffer actúan Les Fratellini y hay ocasión de disfrutar, aunque sea parcialmente, de una de sus memorables actuaciones.
Sr. Feliú



Portrait d'un assassin (1949)
Producción : UTC (FR) Director: Bernard-Roland.
Guión y diálogos: François Chalais, Henri Decoin, Marcel Rivet, Charles Spaak
Intérpretes : Maria Montez (Christina de Rinck), Erich von Stroheim (Eric), Arletty (Martha), Pierre Brasseur (Fabius), Marcel Dalio (Fred), Marcel Dieudonné (Prosper), Jules Berry (Pfeiffer), Eddy Debray (el jefe de pista), Les Fratellini (Les Fratellini).
100 min. Blanco y negro.

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