5 de marzo de 2010

Fatty, Keaton y Al St. John en el Luna Park



Coney Island (Fatty en la feria, 1917), Roscoe “Fatty” Arbuckle

Coney Island o Fatty at Coney Island es una película de nuestro habitual Fatty Arbuckle, que da cancha a otros dos cómicos. El primero es su partenaire habitual en estos años, el principiante Buster Keaton. El otro, Al St. John, sobrino del director/actor, es un tipo mellado y zambo que, sin embargo, siente una atracción irresistible por las damas. El rijoso Al, le tira los tejos a la chica de Keaton (Alice Mann), lo cual resulta perfectamente comprensible, pero tampoco le hace ascos a la esposa de Fatty (Agnes Neilson) e, incluso, le mete mano a éste cuando se lo encuentra travestido.

Keaton aún no había definido plenamente su luego famoso estoicismo y cuando Al St. John se lleva a su chica, porque él sí que tiene para pagar los 10 centavos de entrada al Luna Park, vean qué cara pone “cara de piedra” Keaton:


Entre los tres –las damas son aquí mero objeto de deseo o excusa para el slapstick- orquestan una catarata de gags y acciones delirantes tomando Coney Island como decorado. La pelea entre Keaton y Al St. John en una atracción denominada “The Witching Waves” tiene toda la crueldad de los mejores dibujos animados de Tex Avery. En las inevitables cataratas “Shoot-The-Chutes” tenemos una visión desde la barquilla del terror que produce la caída vertiginosa en Fatty y la chica. La violencia del impacto es tal que ambos salen por los aires. Keaton ve llegada la ocasión de recuperar a la chica y se lanza al agua para salvarla.

Se ve que el remojón no ha sido suficiente porque, a continuación, Fatty orquesta una larga escena en una piscina cubierta, lo que da ocasión a uno de sus clásicos travestimientos. Ningún traje de baño masculino tiene su talla, pero sí uno femenino. En el vestuario se produce uno de esos momentos habituales en el cine cómico en el que se rompen todas las reglas del lenguaje codificado con efectos puramente humorísticos. Fatty le pide al cameraman que haga una pequeña corrección. La cámara hace una ligera panorámica hacia arriba y entonces Fatty, satisfecho, procede a quitarse los pantalones, sin dejar de lanzar miradas picaronas al objetivo.

Keaton hace mutis con Alice Mann antes del final, pero no se preocupen porque vuelve a aparecer con un bigotazo tremendo, haciendo de policía en la última escena, posiblemente la más cansina de la película por su insistencia en un único recurso. No estamos en el redil de Sennett y éste hubiera sacado a sus Keystone Kops a la calle en lugar de estos policías confinados en la celda. No obstante, Fatty se guarda para este momento un momento magnífico: aquél en que decide dejar encerrada a su esposa en la celda con el cuerpo de policía al completo.

La playa de Coney Island y las atracciones del Luna Park son un escenario ideal para que los cuerpos de sus protagonistas se descoyunten y realicen acciones inverosímiles. Coney Island es una incursión en la misoginia más exacerbada que no renuncia a la sal gorda e, incluso, a la escatología, pero es una comedia pletórica, modélica en su anarquía narrativa y con tres comediantes que conocen su oficio y disfrutan de él.

Esperamos que ustedes hagan lo propio.



Coney Island (Fatty en la feria, 1917)
Producción: Comique Film Company (EEUU)
Guión y Dirección: Roscoe “Fatty” Arbuckle.
Intérpretes: Roscoe “Fatty” Arbuckle (Fatty), Buster Keaton (su rival / el policía del bigotazo), Alice Mann (la chica), Agnes Neilson (la mujer de Fatty), Al St. John (el tercero en discordia), Joe Bordeaux, Jimmy Bryant, Alice Lake.
2 rollos. Blanco y negro.


2 comentarios:

angeluco10 dijo...

“The Witching Waves” las olas embrujadas o algo así,¿aún existen?.Me han llamado mucho la atención.
Como también me la han llamado los gags en los que cosas habituales resultan extrañas y cosas extrañas habituales.Por ejemplo"en las inevitables cataratas “Shoot-The-Chutes”",es algo fuera de lo común que dos personas caigan al agua por el impacto sin embargo aquí parece de lo más normal jajaja.
Es un corto divertido.

Sr. Feliú dijo...

Nos alegra de que el corto haya sido de su agrado.
El Luna Park ya no existe. La especulación inmobiliaria acaba con todo.
Sus seguros servidores, Sr. F. y el profesor Javier