3 de marzo de 2010

Diversión en Coney Island



Electrocuting an Elephant (1903)

Si no fuera porque Carol Reed y Orson Welles grabaron a fuego en nuestra memoria la noria del Prater vienés en
The Third Man (El tercer hombre, 1950), el primer parque de atracciones cinematográfico sería el Luna Park de Coney Island.

Calles y sueños
Paisaje de la multitud que vomita
Anochecer en Coney Island

Situada en el extremo sur de Brooklyn, la isla de Coney se convirtió en península, al tiempo que proliferaban primero los hoteles de lujo, luego los hipódromos y, más tarde, casinos y garitos de todo pelaje.

A finales del siglo XIX comienza la construcción de atracciones que conocen su definitivo impulso cuando el metro llega hasta allí (http://history.amusement-parks.com/amusementparkhistory.htm). El Capitán Paul Boyton estableció en Coney Island el primer parque temático del que tenemos noticia, el Sea Lion Park, que, haciendo honor a su nombre, contaba con cuarenta leones marinos y una atracción que se hizo popularísima, “Shoot-The-Chutes”, un gran tobogán por el que descendían a toda velocidad unos botes con el fondo plano que “aterrizaban” en un estanque produciendo un remojón a los curiosos.

Un poco más allá construyó George Tilyou el Steeplechase Park, cuya principal atracción eran un hipódromo mecánico con ocho caballos de madera. Siempre a la busca de innovaciones, el bueno de Tilyou se puso en contacto con Frederick Thompson y Elmer Dundy que habían presentado en 1901 un “panorama” –esos abuelos del espectáculo cinematográfico- titulado “Trip To The Moon”… un año antes de que Méliès filmase su alunizaje.

El año siguiente los propietarios del “viaje a la luna” decidieron que querían mayor margen de beneficios, pero como Tilyou no se avino a razones –que a él le parecerían sinrazones- Thompson y Dundy decidieron comprar al Capitán Boyton el Sea Lion Park e instalarse allí. Adiós a los leones marinos. Permaneció la catarata y se inauguraron muchas nuevas atracciones, pero sobre todo se instalaron miles de bombillas y una torre a modo de faro que convertían las propias instalaciones en un auténtico espectáculo. A tenor con su atracción principal, el nuevo parque de atracciones se abrió al público en 1903 con el nombre de Luna Park.

William Reynolds, político con intereses personales en la construcción –ya ven ustedes que el mundo gira para volver siempre al mismo sitio- levantó allí al año siguiente el tercer parque de atracciones: Dreamland. La estructura estaba calcada de la del Luna Park pero todo era a doble escala. Había hasta un circo –el Bostock- en el que el Capitán Bonavita se veía diariamente las caras con veinte leones hambrientos. Ya les decíamos que Dreamland era el reino del exceso. Sin embargo, el público prefirió el Luna Park. Cuando un incendio arrasó Dreamland en 1911 Reynolds había perdido el interés en el asunto.

En los terrenos, instaló Samuel Gumpertz una feria de fenómenos. Gumpertz, más conocido como el Zar de los Freaks, era conocido en gran medida gracias al éxito que obtuvo con su Lilliputia. Con una estación de bomberos a escala y los cuartos de baño del tamaño apropiado para sus diminutos habitantes los visitantes se paseaban como Goliaths cuidadosos mientras los pequeños realizaban sus tareas cotidianas. Gumpertz buscaba incansablemente gente exótica para exhibir en su lujosa barraca, así como personas con anomalías físicas. Realizó más de treinta viajes en busca de freaks e importó 3.800 atracciones de sideshow.


Son los cementerios, lo sé, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

El Luna Park siguió en activo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. El Steeplechase continuó hasta los años sesenta. Entre las atracciones que se podían disfrutar en el complejo denominado “Pavilion of Fun” estaba la ruleta humana, que nunca falta en cualquier película rodada en Coney Island. Se estima que en 1920 la playa y las instalaciones anexas podían recibir la visita de un millón de ciudadanos dispuestos a pegarse un baño, a tomarse una cerveza y un perrito caliente y a divertirse en cualquiera de las atracciones.

Todos estos atractivos no pasaron desapercibidos para los operadores cinematográficos. Desde finales del siglo XIX las principales productoras enviaron allí a sus empleados para que obtuvieran vistas espectaculares de las atracciones tanto de día como de noche. Esto último era bastante infrecuente dada la escasa sensibilidad de la película en aquellos años, pero el derroche luminoso del Luna Park invitaba al experimento.

Little Egypt y The Aerial Slide At Coney Island, ambas de 1897, son los primeros títulos de los que tenemos noticia. Shooting the Chutes at Luna Park (1903), de William Heise, muestra atracción más emblemática del parque. Más curiosa debía de resultar –no la hemos visto- King & Queen, the Great High Diving Horses (1989), que como su título indica era una película de caballos lanzándose de una altura considerable a la laguna de esta atracción.

A Summer's Day at Coney Island in 1903 ofrece una vista general de los parques y a una pareja de comediantes, Rube and Mandy, haciendo payasadas en las principales atracciones.



La misma pareja interfiere en la actuación del Profesor Wormwood con uno de sus perros amaestrados. La escena lleva por título
Professor Wormwood's Monkey Theatre y se rodó, según los documentalistas, el 31 de agosto de 1903. Nos gustaría haber podido echar un vistazo al interior, donde no sólo actuaban los monos titulares de la barraca, sino perros, gatos y hasta lémures amaestrados.



Por supuesto, no faltan en estos años las filmaciones de actualidades sobre los varios incendios que se produjeron allí, pero el siniestro más inquietante fue preparado y obedece a una estremecedora puesta en escena.

Llegaban los rumores de la selva del vómito
con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,
con árboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.

El 4 de enero de 1903 fue electrocutada la elefanta Topsy, después de haber sido condenada por haber provocado la muerte de tres hombres. Edison, ya lo saben ustedes, había inventado el hermano mayor del Cinematógrafo, que era el Kinetoscopio. Aparte de sus mil patentes, promocionaba en aquellos días el uso de la corriente alterna frente a sus competidores de Westinghouse, que abogaban por la corriente continua para un invento que ambos habían auspiciado: la silla eléctrica. Cuando ya se había diseñado el patíbulo colosal en el que Topsy sería ahorcada, Edison propuso a las autoridades ejecutarla con su método. De paso, rodaría una película para su Kinetoscopio. El resultado se titula
Electrocuting an Elephant (1903).

Les dejamos que lean la descripción que hace de la cinta el Catálogo de Edison y, si después de eso, aún quieren ustedes verla –o arden en deseos de hacerlo, que de todo habrá- ahí les dejamos el enlace:

Topsy, the famous "Baby" elephant, was electrocuted at Coney Island on January 4, 1903. We secured an excellent picture of the execution. The scene opens with keeper leading Topsy to the place of execution. After copper plates or electrodes were fastened to her feet, 6,600 volts of electricity were turned on. The elephant is seen to become rigid, throwing her trunk in the air, and then is completely enveloped in smoke from the burning electrodes. The current is cut off and she falls forward to the ground dead”.

www.youtube.com/watch?v=Gr6xBz-h99U



Me defiendo con esta mirada
que mana de las ondas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.

Veinticinco años después visitará Coney Island el granadino Federico García Lorca. De sus impresiones líricas y mareantes, recogidas en “Poeta en Nueva York”, hemos ido entresacando los versos que nos han servido para puntuar nuestro recorrido. Así concluye el poema:

Pero la mujer gorda seguía delante
y la gente buscaba las farmacias
donde el amargo trópico se fija.
Sólo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes
la ciudad entera se agolpó en las barandillas del embarcadero.

Electrocuting an Elephant (1903)
Producción: Edison Manufacturing Company (EEUU)
Documental: la elefantaTopsy.
1 min. Blanco y negro.

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