17 de marzo de 2010

Las atracciones de Brighton



Brighton Rock (1947), John Boulting

Los gemelos Boulting
En el cine británico de posguerra los creadores cinematográficos a cuatro manos crecían como setas. Sería el clima. O acaso el paraguas que les ofrecía sir Arthur Rank para distribuir sus películas. De este modo se asentaron varios tándems de directores-productores-guionistas que actuaban desde una relativa independencia. Los que más veces dieron en la diana fueron los arqueros Powell y Pressburger, pero no deben olvidar ustedes a Sydney Gilliat y Frank Launder ni a los gemelos Boulting.

Habitualmente uno de los Boulting dirigía y el otro producía. En Brighton Rock le tocó a John lidiar con los actores y a Roy quedarse en la oficina. Ambos tenían ciertas preocupaciones sociales. John había luchado en España con las Brigadas Internacionales y durante la Segunda Guerra Mundial se incorporó al equipo cinematográfico de la RAF para la que rodó un docudrama sobre la tripulación de un bombardero titulado Journey Together (1945). El protagonista… Dickie Attenboroug.

Ustedes conocen a Lord Richard Attenborough porque dirigió esos monumentales biopics sobre Gandhi (1982) y Chaplin (1982), pero en 1947 todavía lo llamaban Dickie. El joven actor se había ganado la simpatía de todos los británicos como el joven marinero que muere al final de In Which We Serve (Sangre, sudor y lágrimas, 1942), la película de esfuerzo bélico que supuso el debut en la dirección de David Lean bajo la tutela de Noel Coward. 1947 fue un gran año para él. Protagonizó dos adaptaciones de policiacos de Graham Greene que le dieron oportunidad de desarrollar el tipo para el que sería utilizado habitualmente como actor: un individuo atormentado, apocado y siempre dispuesto a la traición. Los apuntes de sadismo dependían del argumento. The Man Within (1947) relata una historia de delación y lealtad entre criminales. Pero Brighton Rock es otra cosa. La cinta se basa en una novela de Greene que aquí se tituló “Brighton, parque de atracciones”, así que ya saben ustedes porque la proyectamos en nuestra carpa.

El Infierno de Dante, túnel del terror
Una cartela dictada seguramente por las trabas censoriales o por la prudencia del productor se encarga de advertirnos de que Brighton es ahora –o sea, en 1947- un tranquilo sitio de recreo a menos de una hora de Londres: un lugar para la diversión familiar. La historia que vamos a contemplar tuvo lugar en la época de entreguerras, cuando las pandillas de delincuentes se enseñoreaban de la ciudad, antes de que la policía limpiase de indeseables esta bella ciudad de Sussex.

Más vale así, porque no hace falta descender a las cloacas ni internarse en oscuros callejones nocturnos. En Brighton Rock el crimen convive con las actividades cotidianas, a pleno sol, en el pub donde los honorables ciudadanos se dedican a pimplar cerveza, en la calle donde realizan sus actividades cotidianas… Y en el parque de atracciones situado en el pier, uno de esos largos espigones que se adentran en el mar, que fueron orgullo de la arquitectura victoriana.

Hasta allí llegan Pinkie (Richard Attenborough) y sus secuaces en pos de Fred (Alan Wheatley), un antiguo compinche que los traicionó. Entre la gente Fred se siente protegido. Se sienta en una hamaca (cuesta 3 peniques) con una mujer llamada Ida (Hermione Baddeley), cantante en un espectáculo de pierrots. Mientras esté junto a ella los hombres de Pinkie no se atreverán a hacerle nada. Entran en el Palacio de la Diversión, un pabellón de atracciones en el que hay varias barracas. Si Fred estuviera un poco menos aterrorizado se lo habría pensado dos veces antes de entrar en el túnel del terror (literariamente bautizado como Dante’s Inferno). Nunca saldrá vivo de allí. Pinkie busca su coartada en el puesto de tiro al blanco. Cuando gana el premio rechaza el chocolate y el tabaco; prefiere la muñeca.

Rose (Carol Marsh), la camarera de un café, es la única que puede desmontar su coartada. Pero Ida, después de que la policía dé el caso por cerrado decide seguir investigando por su cuenta. Pinkie propone entonces matrimonio a Rose, para asegurarse de que no hablará. La sexualidad equívoca de Pinkie, que éste sublima con la violencia sicopática, y las creencias religiosas de Rose –impuestas casi siempre por Graham Greene a sus personajes- sirven a los hermanos Boulting para trenzar un argumento repleto de sadomasoquismo y necesidad de expiación.

El hipódromo, los hoteles de playa y los pubs alternan con interiores de pensiones sórdidas y comisarías, fotografiadas con gusto y precisión por Harry Waxman. Los lugares de esparcimiento público favorecen una y otra vez encuentros casuales que culminan con amenazas veladas o estallidos de violencia. Pero es en el pier, a pleno sol, donde todo adquiere un aire más ominoso. La actuación de los pierrots no resulta menos tensa que el viaje por el Dante’s Inferno.

El clímax, también en el espigón, en una noche tormentosa. Una mujer con una pistola, los bobbies con sus capitas charoladas por la lluvia, la estructura del muelle dibujando motivos geométricos en los fondos y el rugido del mar, que llama a los atormentados a descansar en su seno.

En la resolución, una monja y el disco que Pinkie grabó para Rose en una cabina de la galería atracciones. Otra vuelta de tuerca.

Tres apostillas
Uno. El noir a la americana tiene su marca de fábrica, como el polar francés. Hasta la aparición de Brighton Rock los británicos practicaban el whodonit al estilo de Agatha Christie y la película de procedimiento policial, cuyo mejor ejemplo será, un par de años después, por la producción de la Ealing The Blue Lamp (1949). Brighton Rock supone el punto de partida de un género perfectamente distinguible: la película criminal británica.

Dos. Los Boulting continuaron su carrera a lo largo de los años cincuenta y encontraron un nuevo filón al final de la década con una serie de sátiras protagonizadas por Peter Sellers, Ian Carmichael y Terry-Thomas. Es la cara más amable del dúo y la más accesible. En
Twisted Nerve (Nervios rotos, 1968) intentaron recuperar el clima de Brighton Rock a partir de un libreto de Leo Marks, el guionista de Peeping Tom (El fotógrafo del pánico, 1960).

Tres. Hay un
remake de la cinta en marcha también titulado Brighton Rock. Llegará a las pantallas el año que viene. Si la ven, échenle un ojo al Palacio de la Diversión. A lo mejor es la ocasión para que contemos con una edición en DVD del clásico del policial británico que lanzó al estrellato a Dickie Attenborough.


Brighton Rock (1947)
Producción: Associated British Picture Corporation (GB)
Director: John Boulting.
Guión: Terence Rattigan y Graham Greene, basado en la novela homónima de éste.
Intérpretes: Richard Attenborough (Pinkie Brown), Carol Marsh (Rose Brown), Hermione Baddeley (Ida Arnold), Harcourt Williams (Prewitt, el abogado de Pinkie), William Hartnell (Dallow), Wylie Watson (Spicer), Nigel Stock (Cubitt), Alan Wheatley (Fred Hale / Kolly Kibber), Victoria Winter (Judy), Reginald Purdell (Frank, el ciego), George Carney (Phil Corkery), Charles Goldner (Colleoni), Lina Barrie (Molly), Joan Sterndale-Bennett (Delia), Harry Ross (Bill Brewer).
92 min. Blanco y negro.


1 comentario:

El Abuelito dijo...

Habrá que esperar pues a ese remake, a ver si se animan a sacar este original... tiene una pinta soberbiá, atormentada y oscura...