30 de agosto de 2008

Miss Mara


Número dos de la colección El Circo, editada por la Librería La Avispa de Madrid, establecimiento especializado en teatro, que durante varios años estuvo publicando volúmenes dedicados al circo con la colaboración del Ministerio de Cultura. Las ediciones no estaban especialmente cuidadas, pero el caso es que se publicaron. En esta ocasión, Simón González trenza la biografía de Mara Papadopoulos, una de las dos grandes trapecistas españolas que triunfaron en Estados Unidos —la otra es Pinito del Oro. El número de Mara en el trapecio de fuerza envolvía a todo el público en una atmósfera de suspense y admiración difíciles de ver en una pista de circo. Mara es protagonista de la película de Jonas Mekas, Notes on the circus (1964) y también ocupa un puesto destacado en el documental Rings around the world (1966) presentado por Don Ameche. Su vida es un recorrido heroico desde un circo familiar andaluz hasta la mejor pista del mundo. Su determinación, su temple, su capacidad de sacrificio y su pasión artística hacen de su vida una fuente inagotable de inspiración.

GONZÁLEZ, Simón
Una vida apasionante en la vida del trapecio
Editorial J. García Verdugo, 1999, Madrid
ISBN: 84-95144-23-9

29 de agosto de 2008

Mekas y Mara


Notes on the circus (1966), Jonas Mekas

Jonas Mekas nace en 1922 en Lituania. En 1944, preso por los nazis, pasa 8 meses en un campo de trabajos forzados. Tras la Guerra estudia filosofía en la Universidad de Mainz y en 1948 emigra con su hermano Adolfas a Estados Unidos, estableciéndose en Brooklyn, Nueva York. Dos semanas después de su llegada consigue dinero prestado para su primera cámara, una Bolex 16-mm, y comienza a filmar momentos de su propia vida. Descubre el cinema avant-garde y a los personajes importantes de la época, como Andy Warhol, Timothy Leary, Allen Ginsberg, Nico, Salvador Dalí… Nueva York es un hervidero de vanguardias. Jonas Mekas se convierte en uno de los máximos exponentes y defensores del cine experimental americano. "Su tenacidad en la defensa de los nuevos cineastas desde la revista que él mismo creó, "Film culture", y el semanario "The Village Voice", donde colaboraba, permitieron a este cine encontrar huecos en donde se hablara de él y, por consiguiente, salas donde se exhibiera", nos cuenta David Gutiérrez Camps, en su magnífico artículo "Jonas Mekas y el underground neoyorkino: una actitud nueva".

En 1960 promueve la firma del First statement, declaración que en 1960 hicieron algunos cineastas independientes —entre ellos, Mekas, Frank, Markopoulos y Bogdanovich—, en 1962 crea su propia cooperativa, The Film Makers, con la que realiza y produce películas que de otra forma nunca hubieran llegado a realizarse y el Film Makers Showcase, para poder distribuirlas. Más tarde, en 1970, crea los archivos Anthology Film Archives, que hoy en día es la mayor y más completa cinemateca dedicada al cine experimental. En la actualidad, a sus 86 años, Jonas Mekas sigue muy activo y desde 2007 su página web (
www.jonasmekas.com) ofrece una película al día en un macroproyecto en colaboración con Apple.

Notes on the circus es un montaje vertiginoso del Circo Ringling Bross and Barnum & Bailey de doce minutos de duración. La trepidante sucesión de imágenes, acompañadas por una divertida banda sonora de música medio country, nos presentan una función única resumida, condensada en imágenes esenciales, desnudas, pobres, si se quiere, libres y revolucionarias para el autor. Una de estas imágenes, que se repite, por su fuerza, plasticidad y riesgo, es la trapecista Mara Papadopaulos, de la que ya hemos hablado cuando hemos comentado Rings around the world. Mara y sus hermanos Los Tonitos, equilibristas sobre el alambre, estuvieron contratados por este gran circo americano durante algunos años. Jonas Mekas pasaba por allí y decidió inmortalizarlos a su manera: descarnadamente, sin artificios. Elefantes, caballos, malabaristas, trapecistas, una función de circo atrapada en el movimiento veloz de una cámara que busca más allá del encuadre.

27 de agosto de 2008

El Gran Mentallo


El hombre con rayos X en los ojos (X, The Man With the X Ray Eyes, 1963), de Roger Corman

¿Recuerdan ustedes al Gran Mentallo?
Yo no he podido olvidarlo.
Trabajaba en una feria, un side-show, al que le condujo una ambición de conocimiento que raya en la blasfemia.Pero es que estamos en el mundo de los científicos alocados de la serie Z.
¿Les resulta un poco confuso? Empezaré con una confesión personal.
Uno iba, mediada la década de los sesenta, a un colegio religioso. Igual podía haber tres mil alumnos que cinco mil. La cosa es que el colegio contaba entre sus instalaciones con un gran salón de actos, con su patio de butacas, su gallinero, su pantalla y su cabina de proyección. Por una módica suma –pongamos, un duro- podía uno asistir los sábados a un programa doble. Yo lo hacía regularmente. De este modo asistí a la proyección de El hombre con rayos X en los ojos, sin que se me ocurriera preguntarme quién era aquel Roger Corman que dirigía la película. Lo que entonces me importaba era la aventura fascinante del doctor James Xavier, empeñado en que el ojo humano fuera capaz de alcanzar toda su potencialidad. “El ser humano es prácticamente ciego; sólo es capaz de ver un diez por ciento del espectro luminoso”. No les cuento si además en el colegio te llamaban “cuatro ojos”, como era mi caso. Probablemente yo no alcanzara más allá del cinco por ciento del mencionado espectro.

Sin embargo, el doctor Xavier (Ray Milland) trabajaba en una solución, una especie de colirio destinado a abrir los ojos del mundo. Ante la ceguera de sus colegas, se ve obligado a probar en sus propios ojos. Su visión se acrecienta. Lo malo del colirio -¿de la sed de conocimiento?- es que genera adicción. Cuando el doctor Brant (Harold J. Stone) intenta detenerle, Xavier le empuja. Cae por la ventana. El doctor se ha convertido en un fugitivo de la justicia. En su proceso de degradación el primer paso es trabajar como mentalista en una feria, con el redundante apodo de “The Great Mentallo”. Para su número de clarividencia se cubre los ojos con una venda que tiene un ojo ciclópeo bordado en el centro.

El feriante Crane (el comediante Don Rickles) se encarga de explotarlo convenientemente en cuanto se entera de que guarda un secreto. De este modo, en un paso más en su descenso al infierno, el doctor Xavier ejerce de curandero. No les voy a contar el final, uno de los más eficaces, de la historia de la serie Z fantástica y a la altura del de El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold.


Volvamos al colegio. El doctor Xavier lo mismo es capaz de diagnosticar correctamente a una enferma a la que un cirujano podría matar que acude a una fiesta en la que ve a todo el mundo desnudo. A pesar de que los cuerpos están convenientemente velados por plantas y muebles, los buenos curas pusieron una púdica mano ante el objetivo durante escena logrando así que nuestras inocentes mentes infantiles imaginaran lo peor.

Sr. Feliú




El hombre con rayos X en los ojos
(X, The Man With the X Ray Eyes, 1963)
Producción: Alta Vista Productions (EEUU)
Dirección: Roger Corman
Guión: Robert Dillon y Ray Russell.
Intérpretes: Ray Milland (Dr. James Xavier, The Great Mentallo), Diana Van der Vlis (Dr. Diane Fairfax), Don Rickles (Crane), Harold J. Stone, John Hoyt.79 min. Pathécolor.


15 de agosto de 2008

Los secretos de Fregoli



Una interesante biografía de este polifacético artista que nos acerca a su lado más emprendedor e innovador: su auténtica pasión por el cinematógrafo, su apuesta decidida por este nuevo entretenimiento que le convierten a principios del siglo XX en la primera gran estrella del séptimo arte. Contemporáneo y coetáneo de George Méliès, mientras Méliès es conocido como el cineasta ilusionista, Fregoli es recordado como el ilusionista cineasta.

NOHAIN, Jean & François Caradec
Fregoli (1867-1936) : sa vie et ses secrets
Editions de la Jeune Parque, 1968, París


Music-Hall y cine: Fregoli


Aquí tenemos un interesante documento realizado en 1981 para la serie de televisión The Amazing Years of Cinema, presentada por Douglas Fairbanks Jr.

Fairbanks nos cuenta la gran deuda que tiene el cine con los artistas de variedades, music-hall y circo y cómo las primeras películas eran presentadas en los programas de estos establecimientos, que rápidamente incorporaron esta novedad a sus atracciones.
Esta primera parte del documental es una auténtica maravilla. Tenemos, nada más y nada menos, que al genial artista Leopold Fregoli, filmado por él mismo en 1897 con una extraña patente llamada Fregoliograph. Y descubrimos así que el internacionalmente famoso transformista fue también uno de los pioneros del cinematógrafo.

Fregoli conoce a Auguste Lumière en el Théâtre des Célestins de Lyon y de este encuentro nace un entusiasmado romance de Frégoli por este nuevo aparato, que comienza a utilizar en sus propias representaciones con películas dirigidas por él mismo. Según esta página web, desde 1897 a 1899 realizó unas doce películas con las que contribuyó notablemente a la difusión de esta nueva industria en Italia, además de conformarle una excelente y novedosa segunda parte en sus espectáculos con la exhibición de pequeños cortos protagonizados por el artista.


Más adelante Fairbanks nos presenta a Gilbert Saroni, un conocido actor de vaudeville en un divertido papel de vieja criada, filmado por Edison en 1898, aunque en IMDB todas sus películas aparecen como posteriores a 1900. Y para rematar tenemos la grabación íntegra de Big boots dance (1899) y un extenso comentario sobre Harry Relph, del que ya hemos hecho un comentario recientemente. Pero aquí nos encontramos con una nueva intervención temprana de Little Tich como actor en la película de Georges Méliès, Le Raid Paris-Monte Carlo en deux heures (1905).

Elephant Man


La primera edición de este libro se publicó en 1980. En otoño del año anterior, con el libro en imprenta, se estrenó en Broadway un musical protagonizado por David Bowie sobre la vida de Merrick. En verano de 1980 se estrena en Londres una versión del mismo musical y un poco más tarde David Lynch presenta su famosa película. A partir de este año, el interés por este héroe, protagonista involuntario de una gira mediática, crece hasta el límite cuando Michael Jackson expresa sus deseos de adquirir el esqueleto de Joseph Merrick.

HOWELL, Michael & Peter Ford
La verdadera historia del Hombre Elefante
Turner Publicaciones S.L., Madrid, 2008
ISBN: 978-84-7506-853-4

El Hombre Elefante


Las historias alrededor de Joseph Merrick, el famoso Hombre Elefante de la Inglaterra victoriana, combinan elementos de la fábula y los mitos, de la tragedia y el melodrama, de los freakshow y de la farsa. Los autores examinan como este fenómeno ha sido construido y reconstruido por los diferentes interesados en diferentes momentos de la historia, buscando qué revela de los intérpretes, artísticos o científicos, de las audiencias o de sus biógrafos.

GRAHAM, Peter W. & Fritz H. Oehlschlaeger
Articulating the Elephant Man: Joseph Merrick and his interpreters
The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1992
ISBN: 0-8018-4357-X

8 de agosto de 2008

Dos feriantes


El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) David Lynch

No, hoy no vamos a dedicar nuestros esfuerzos al personaje titular, por más que los merezca. La tragedia del fenómeno John Merrick está trazada con tiralíneas por David Lynch en su segunda película, tras la desasosegante Cabeza borradora (Eraserhead, 1977). Vamos a centrarnos en los dos personajes que se interesan (interesadamente) por él.

En primer lugar está sir Frederick Treves, un cirujano del Hospital de Londres, en cuya investigación se basa parte del guión. El responsable de los monstruos es un personaje netamente dickensiano, Bytes. Encarna al feriante Freddie Jones, curtido en el teatro pero de extracción más popular que su rival. Y es que sir Frederick está interpretado con la oportuna flema por Anthony Hopkins, al que ya no podemos separar de su identidad de Aníbal el Caníbal, aunque, como tantos de sus compatriotas es un actor formado en el teatro clásico, a la sombra de Richard Burton y Laurence Olivier. En el hospital hay rencillas, envidias, celos profesionales… Cuando vemos al doctor Treves por primera vez, deambula por una feria: tragafuegos, magos orientales y, por supuesto, una barraca de fenómenos. Situémonos en la Inglaterra victoriana. Sin abandonar los paisajes industriales en que se desarrollaba su primera película, Lynch recurre a un referente indiscutiblemente británico: las películas del terror de la casa Hammer Films. Esta productora reverdeció los días de gloria de los viejos monstruos de la Universal (Drácula, Frankenstein, la momia, el hombre lobo…) y creó un nuevo star system en el que Christopher Lee y Peter Cushing alcanzaron estatus mítico durante los años sesenta. Lynch recurre al director de fotografía más renombrado de entre los colaboradores de la Hammer, Freddie Francis.

También Freddie Jones ha intervenido en dos productos tardíos de la productora El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969) y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Dracula, 1973).

En este ambiente hammeriano, El hombre elefante radiografía la rivalidad entre estos dos hombres por la posesión de tan preciada pertenencia. Para el doctor se trata de su prestigio profesional, para Bytes de su supervivencia. Éste la enmascara como sociedad comanditaria. Argumenta que la barraca es el único medio de vida del que dispone el fenómeno. Pero, frente al humanismo científico del que hace gala sir Frederick, el feriante enarbola su bastón, como un signo de exclamación que subraya su brutalidad.

Sin embargo, ¿qué otra cosa que una exhibición pública es el momento en que el doctor Treves da a conocer a sus colegas “su” descubrimiento? En una escena ejemplarmente planificada, en la que el horror se ve pero no se muestra, el hombre elefante es sólo una sombra sobre la que los punteros van señalando deformidades y ulceraciones. El buen doctor apunta incluso el hecho de que los órganos sexuales de Merrick no están afectados por la hipertrofia que afecta a otras partes de su anatomía.

La película es la crónica de su redención. De la barraca al palco. Su muerte es plácida, después de asistir como espectador a un espectáculo teatral. Pero antes ha debido regresar al infierno de la barraca, donde, ahora sí, hemos conocido el horror en toda su profundidad; un horror hecho de abusos y sordidez.

Sr.Feliú

El hombre elefante (The Elephant Man, 1980)
Producción: Brooksfilms (EEUU)
Dirección: David Lynch
Guión: Christopher De Vore y Eric Bergren.
Intérpretes: Anthony Hopkins (Dr. Frederick Treves), John Hurt (John Merrick), Freddie Jones (Bytes), Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Hannah Gordon, Helen Ryan, John Standing, Dexter Fletcher, Lesley Dunlop, Pat Gorman, Claire Davenport.
124 min. Blanco y Negro.

6 de agosto de 2008

Les folies du Music-Hall



Originalmente publicado en París en 1960, esta traducción está magníficamente ilustrada con numerosas fotografías en blanco y negro de las principales estrellas del Music-Hall. Un recorrido apasionante de plumas y lentejuelas entre las páginas de un espléndido libro.

DAMASE, Jacques
Les Folies du Music-Hall: a
history of the Music-Hall in Paris
Spring Books, Hamlyn Publishing Group, 1970
SBN: 600-35410-5

5 de agosto de 2008

Little Tich


"Little Tich, que nous m´avons pas vu a Paris depuis des années, est un excentrique: mais quel comédien, quel mime, et comme sa personalité dépasse toutes les classications!"
Frejaville, Au Music Hall, 1922

"Il est impossible de décrire le numéro de Little Tich, tout son numéro venaint de lui-même, de sa silhouette unique, de ses gestes, de des physionomies. Il était irrésistible"

Jacques Charles, Cent ans de Music Hall, 1956

¿Cómo descubre un mal estudiante de Imagen a este genial artista de finales del siglo XX completamente desconocido en España? Muy sencillo: en un documental sobre Jacques Tati titulado Tati, sur le pas de Mr. Hulot, realizado por Sophie Tatischeff (en realidad, la hija del cineasta) en 1986. En él, Tati confiesa que la película del acto de Little Tich, con su personaje Big Boots que incluimos al final de esta entrada, ha sido su inspiración, tras lo cual protagoniza una apasionada defensa de este gran cómico excéntrico, como ya hizo en el prólogo de la biografía de Little Tich editado por Elm Tree Books: "The film of his Big Boots act, the only one I know of, remains as a foundation for everything that has been realized in comedy on the screen. (…) Film enthusiasts today could then understand that, without Little Tich, The comic film would never have attained its degree of intelligence and that this is owed to him, the giant of creation" (R. Findlater, Little Tich, 1979).

Harry Relph (1868-1928), conocido como Little Tich, fue el décimosexto hijo de un granjero de Kent que a sus 77 años seguía ejerciendo de semental, pues es a esa edad cuando tuvo a nuestro héroe. Nacido con seis dedos en cada mano y en cada pie, y de piernas cortas, Harry era un niño un poco solitario. Su padre y casi todos sus hermanos eran demasiado mayores. Y aún así, una especial predisposición a hacer reír, remarcada por su especial físico, iba a marcar su camino en el mundo del espectáculo. Willson Disher va un poco más allá cuando afirma: "At his birth there was laughter. The whole parish of Cudham, near Sevenoaks, that summer of 1868, joked about the quizzical look of Mr. Relph´s new baby" (Willson Disher, Winkles and Champagne, 1938). Así que Harry, en cuanto tuvo oportunidad, y también necesidad, apenas con doce años, ya estaba ganándose la vida con sus canciones en los pubs y tabernas de la ciudad.

Después de estrenarse en los escenarios como cómico negro –"people thought you coudn´t be funny unless you had a burnt-cork face", nos dice el mismo Tich–, comienza una larga y próspera carrera en Drury Lane interpretando numerosos personajes y creando otros muchos. Entre los números que le dieron fama destacan, además del ya mencionado Big Boots, Miss Turpentine (una parodia de Louis Fuller (Serpentina) como bien nos descubre Rafaelle de Ritis) y la Señora española. Este último, uno de los más logrados y divertidos de su carrera, estaba sustentado en los casi 30 años de relación que mantuvo con Julia Amparo Celeste Recio, una española de Málaga que trabajaba en el cuerpo de baile del Olympia de París. "Tich bounced round and round the stage with a monumentally large comb stuck in a towering wig, wearing a splanged tutu, thrusting a rose in his mouth, clicking his castanets with a demented intensity, dancing a fandango –and dancing it with precise expertise, despite the comic business of getting mixed up with his mantilla. His ironic, malicious smile gave a darker shade to the portrait" (R. Findlater, Little Tich, 1979). Quizás el lado siniestro de esta parodia residía en el dominante carácter de la española, tercer matrimonio fracasado del artista, o en un profundo análisis del temperamento español que tan de moda estaba en los ambientes del Music Hall en esos años.

El documento que os presentamos está realizado por
Clément-Maurice para el
Phono-Cinéma-Théâtre en 1900. Pero hemos encontrado otro documento en el que aparece Little Tich, esta vez filmado por nuestro patrono Georges Méliês en el año 1905, la película de cuatro minutos Le Raid Paris-Monte Carlo en deux heures, en la que Little Tich recibe al victorioso rey de Bélgica, Leopold II, a su llegada a Montecarlo con su vehículo, después de numerosas peripecias. Próximamente en sus pantallas.


Biografía de un gigante



Mary Relph, la única hija de Harry Relph, conocido artísticamente como Little Tich, escribió en 1979, con la colaboración del escritor Richard Findlater, una biografía de su padre que nos desvela aspectos desconocidos hasta entonces de la vida de este genial artista.
40 años después de la muerte de su padre, Mary encuentra un verdadero tesoro en el trastero de su casa de Hendon: canciones. contratos, programas, dibujos, fotografías y recortes que ilustraban los 48 años de carrera artística de Little Tich. Mary volvió a descubrir a su padre entre los montones de recuerdos y, renovando una admiración y un respeto casi olvidados, decidió rendirle homenaje con este libro.
Su colaborador, Richard Findlater, es un especialista en temas teatrales y entre sus libros cabe destacar uno dedicado a la vida y obra de Joe Grimaldi, gran santo de los payasos ingleses, figura legendaria de una época apasionante, clave para entender la historia del espectáculo en general y el desarrollo de la pantomima y el número de payasos, de manera más específica (
Grimaldi, King of Clowns, Richard Findlater, MacGibbon & Kee, 1955).

TICH, Mary
& Richard Findlater
Litle Tich: giant of the Music Hall
Elm Tree Books, London, 1979
ISBN: 0-241-10174-3

Winkles & Champagne



Entretenido libro de este gran escritor inglés, gran conocedor del mundo del espectáculo y autor también de Clowns and Pantomimes y Greatest Show on Earth, otros dos libros que deberían estar en una buena biblioteca especializada. En este caso, Willson Disher nos acerca de manera magistral al ambiente del Music Hall, desde sus etílicos comienzos en oscuras tabernas londinenses hasta su esplendor luminoso de las lujosas salas de París.


DISHER, M. Willson
Winkles and Champagne: comedies and Tragedies of the Music Hall
B.T. Batsford, London, 1938

3 de agosto de 2008

Les Folies Bergere


Les Folies Bergere… Un café-spectacle différent d'un café parce que l'on payera en dehors des consommations un droit fixe d'entrée de 1 F et 1,50 F. Différent d'un spectacle parce que, tout en ayant de vraies représentations théâtrales composées d'opérette, saynettes et chansonnettes, les spectateurs auront les mêmes libertés dont ils jouissent dans les cafés: boire et fumer…

PESSIS, Jacques & Jacques Crepineau
Les Folies Bergere
Fixot Sogemo, Rennes, 1990
ISBN: 2-87645-091-7

2 de agosto de 2008

Flo Ziegfeld



Flo Ziegfeld es otro de los grandes héroes del mundo del espectáculo de principios del siglo XX. La época era propicia para el entretenimiento –a pesar de la fragilidad de la salud y el recuerdo y la amenaza de numerosas guerras– y el atrevido y jóven Flo Ziegfeld emprendió la arriesgada tarea de proporcionárnoslo con altas dosis de diversión y talento.

CARTER, Randolph
The world of Flo Ziegfeld
Paul Eleck, London, 1974
ISBN: 0-236-31053-4

Ríe, Krusty, ríe


OTRA NUEVA versión de la obra de Leoncavallo que no podía dejar pasar. En esta ocasión tenemos a Bob Patiño, antiguo actor secundario de Krusty el payaso, cuyo nombre completo es Robert Underdunk Terwilliger. Durante su trabajo en el Show de Krusty tuvo problemas con el feo payaso y se marchó. Acabó en la cárcel por varios delitos provocados por su odio a Krusty, entre ellos intentar asesinar a Bart, pero de vez en cuando se fuga de ella y hace alguna de las suyas. Aquí le vemos interpretando la famosa ópera.


Ridi pagliacci


L´Opera Imaginaire (1993), varios autores

L'OPERA imaginaire producida para la televisión pública francesa, coordinada por Pascal Roulin en 1993, contiene doce extractos de algunas de las óperas más famosas llevadas a la animación por artistas europeos con distintas técnicas, desde la plastilina a las imágenes de síntesis 3D. Entre ellas hay piezas de José Abel (Tosca), Guione Leroy (La Traviatta), Hilary Audus (Fausto), Stephen Palmer (La Cenicienta), Raymond Krumme (La Flauta Mágica), Monique Renault (Rigoletto), etc. Un programa muy variado y atractivo para los melómanos y los devoradores de animación entre los que me cuento.

La música clásica y la ópera especialmente, son una buena fuente de inspiración para los animadores y muchos de ellos se han atrevido con las composiciones de los mejores autores creando, en algunos casos, verdaderas obras de arte. Opera Vox, por ejemplo, es una recopilación de mediometrajes de animación en la que hay que destacar la deliciosa puesta en escena de El Barbero de Sevilla dirigida por Natalia Dabizha y el expresivo e inquietante mundo del Rigoletto (1993) adaptado por el genial animador Barry J C Purves, con la ayuda de los personajes genialmente diseñados por
Ian Mackinnon y Peters Saunders.

La selección de L´Opera Imaginaire la abre un corto de Ken Lidster que reinventa "Vesti la Giubba" , regalándonos su peculiar visión de este clásico de Leoncavallo. Un excéntrico payaso, diseñado por Peter Saunders e Ian Mackinnon –como véis, unos auténticos maestros–, canta (Franco Corelli) desgarrado su desgracia ante la pérdida del amor. Llevado por el dolor, cegado por los celos, el payaso pone fin de manera trágica, y antes de lo esperado, al número del lanzador de cuchillos. Precisamente es éste otro personaje muy socorrido en las películas circenses y del que hablaremos más ampliamente en otra ocasión.