11 de agosto de 2014

La otra cara del Cirque du Soleil



Lovesick (Lewis Cohen, 2008)

El programa doble de Circo Méliès lo completamos con otro documental que recoge durante más de dos años la creación del espectáculo estilo cabaret del Cirque du Soleil, Zumanity, a través de la vida y peripecias de varios de sus artistas.


Cuando propusieron a Guy Laliberté la creación de un nuevo espectáculo para el Hotel Casino New York-New York, el fundador del Cirque du Soleil sabía que no podía hacer un espectáculo que llevase la firma del Soleil y nada más. Primero, Laliberté quería hacer un espectáculo diferente que no compitiese con sus otros espectáculos en Las Vegas. Segundo, el hotel quería un show más atrevido, dirigido más claramente a un público adulto.


Feliz por este nuevo reto, Laliberté cuenta en el libro de Tony Babinski, Cirque du Soleil: 20 Years Under the Sun: “Our previous shows have all been family-oriented and politically correct, which is great, but we are human beings, we won´t hide it. We are a bunch of happy campers. We like to live new experiences. Zumanity deals with some of those experiences”.


El resultado es Zumanity —una combinación entre las palabras zoo y humanidad—, una exploración de la sexualidad, del deseo, de lo erótico, el primer espectáculo del Cirque du Soleil para mayores de 18 años. Una de las características del espectáculo, que le diferencia de la mayoría de espectáculos de contenido erótico que se pueden ver en la Ciudad del Pecado, es su naturaleza inclusiva, con artistas de todos los tamaños, formas, colores y tendencias, todo ello aderezado por el sugerente vestuario diseñado por Thierry Mugler.


El documental comienza con una frase del escritor y cantante Leonard Cohen: “There is a crack in everything. That’s how the light gets in”, que define de alguna manera la selección de los artistas que nos guiarán en la creación del show. Se trata del maestro de ceremonias, la drag queen Joey Arias, el musculoso latin lover Alex Castro, la bailarina británica Laetitia Ray a la que le da apuro mostrarse desnuda ante el público, Jonel Earl, la chica que maneja el látigo y que tiene pendiente un matrimonio y la troupe de payasos Spymonkey. Todos acaban de permanecer 2 meses en Montreal ensayando el nuevo espectáculo y se disponen a  viajar a Las Vegas para sumergirse de lleno en la creación dirigida por Andrew Watson, Dominic Champagne y René Richard Cyr.


El teatro ha sido construido específicamente para el espectáculo y a dos meses del estreno todavía está sin acabar. La ciudad es una locura llena de máquinas tragaperras y establecimientos donde se ofrece sexo en todas sus variantes. Los artistas se enfrentan a un reto que en muchos casos les superará, pero que les provoca la suficiente excitación para trabajar sin descanso y superar todos los contratiempos.

Las historias se entremezclan, los protagonistas nos muestran sus inseguridades, su egoísmo, sus sentimientos…, mientras los responsables del espectáculo se rompen la cabeza, por un lado para que no sea demasiado vulgar, y por el otro, para que no sea demasiado mojigato. Guy Laliberté pide que se vean más tetas y más culos y asevera: “vamos a hacer un show arriesgado, atrevido y provocativo”.


Se realizan varias versiones que se testan con público y que provocan más depresiones, más conflictos, más tensión, pero que van acercando el espectáculo hacia su versión final. Los artistas van liberándose poco a poco de sus prejuicios ayudados por algunas fiestas propuestas por Andrew Watson que cada día se encuentra más estresado.


Por fin llega la premiere, los artistas brillan en el escenario mientras sus parejas en la vida real se preguntan si hay algo más allá de lo que han visto sobre las tablas. Varios meses después sabemos el desenlace de todas las historias. La mayor parte de ellas con final feliz como corresponde al ideario del Cirque du Soleil, aunque el director del documental, Lewis Cohen, prefiere hacer hincapié en la más triste de ellas.