12 de diciembre de 2014

El Gran McGonigle



The Old Fashioned Way (1934), William Beaudine
The Old Fashioned Way nos ofrece la oportunidad de convivir con una compañía teatral de la vieja escuela, asistir a una de sus representaciones y conocer los modos y artes de su pícaro director, el Gran McGonigle. Quienes hayan seguido nuestras incursiones en las peripecias de las compañías de cómicos itinerantes –las de Los farsantes, Ukigusa, Vita da cani o Luci del varietà- comprobarán que en todas partes cuecen habas.


El Gran McGonigle es un empresario sin un duro, incapaz de pagar los billetes de tren en el que escapa de una pequeña ciudad hasta su siguiente destino. Cuando el galán y cantante (Jack Mulhall) le dice que si le da dos dólares para un billete se larga de la compañía, McGonigle afirma imperturbable que si tuviera esos dos dólares ya habría formado una compañía nueva. Para su suerte encuentra un billete de litera y se lo queda, lo que nos permite contemplar a Fields en uno de sus números clásicos –“The Pullman Sleeper”, de 1921-, en el que intenta encajar su inmensa humanidad en uno de esos nichos en los que se pernoctaba en los ferrocarriles estadounidenses.


Perseguido por el sheriff, McGonigle consigue llegar con su compañía a Bellefontaine. Allí se instala en una pensión donde vive la terrible aficionada Cleopatra Pepperday (Jan Duggan). McGonigle hace lo que puede por rehuirla hasta que se entera de que dispone de una cuantiosa fortuna. Por desgracia tiene también un adorable nieto (Baby LeRoy, la Némesis fieldsiana) y un prometido que no es otro que el sheriff de la ciudad. Estos giros argumentales proceden de Two Flaming Youths, con esa facilidad que tenía Fields para reciclar viejas tramas y exitosos números de sus días de gloria en Broadway.


La mano derecha de McGonigle es Marmaduke Gump. Se trata de Tammany Young, al que los que sigan el ciclo Fields verán siempre a la sombra del Gran Hombre, desde su encuentro en Sally of the Sawdust. Tammany Young había comenzado a principios de los años diez del pasado siglo con Griffith y Mack Sennett. Llegó a tener, junto a Fay Tincher, una serie propia -“Bill y Ethel”- en la que Tod Browning cargaba con los papeles secundarios. También figura en el reparto de The Mighty Barnum (El poderoso Barnum, 1934). Desgraciadamente falleció en 1936 antes de cumplir los cincuenta años, poco después de finalizar el rodaje de Poppy.


Entre los aliados de McGonigle, su hija Betty (Judith Allen) y un estudiante enamorado de ella que pretende dejar la vida regalada y dedicarse al teatro (Joe Morrison) y que pronto encuentra acomodo por deserción del galán titular. Por desgracia, su padre llega a la ciudad dispuesto a hacer regresar a su hijo al redil.


Todo augura un fracaso más, pero el anuncio de la presencia de la estrafalaria señorita Pepperday en el reparto ocasiona un lleno fenomenal en la sala y la mayor recaudación en la historia de la compañía del Gran McGonigle, agobiado no obstante por embargos varios y acusaciones de estafa.



The Old Fashioned Way se hace acreedora de su título porque mientras esta trama tiene lugar entre cajas, en el escenario se desarrolla un completo drama en tropecientos cuadros titulado -¿casualmente?- “The Drunkard”, o sea, “El borracho”, “El trompas”-. Simon Louvish, el biógrafo de Fields, data esta obra anónima en 1844, dice que fue el primer drama americano en alcanzar las cien representaciones consecutivas y atribuye al mismísimo Phineas T. Barnum su exitosa reposición de 1853. Hermanos enamorados de la misma mujer, pérfidos canallas, muchachas repudiadas, hijos del engaño… En su rendición del caballero Cribbs Fields deja galopar su vena histriónica y su gusto por los modos arcaicos en lo que constituye un rendido homenaje al teatro de corte victoriano.


No contento con ello, en el fin de fiesta, el Gran McGonigle ejecuta el número de malabarismo que le ha hecho mundialmente famoso. Es nuestra mejor oportunidad de comprobar porqué Fields fue aclamado como el primer malabarista de su época y encabezó los carteles de las revistas de Ziegfeld.

The Old Fashioned Way (1934)
Producción: Paramount Pictures (EEUU)
Director: William Beaudine.
Guión: Jack Cunningham y Garnett Weston, basado en un argumento de Charles Bogle (W.C. Fields).
Intérpretes: W.C. Fields (The Great McGonigle / Squire Cribbs), Joe Morrison (Wally Livingston / William Dowton), Baby LeRoy (Albert Pepperday), Judith Allen (Betty McGonigle / Agnes Dowton), Jan Duggan (Cleopatra Pepperday), Tammany Young (Marmaduke Gump), Nora Cecil (Mrs. Wendelschaffer), Jack Mulhall (Dick Bronson), Samuel Ethridge (Bartley Neuville / Edward Middleton), Ruth Marion (Agatha Sprague / Mary Wilson), Richard Carle (el sheriff), Larry Grenier (Drover Stevens), William Blatchford, Jeffrey Williams, Donald Brown.
70 min. Blanco y negro.

2 comentarios:

El Abuelito dijo...

"Llegó a tener, junto a Fay Tincher, una serie propia -“Bill y Ethel”- en la que Tod Browning cargaba con los papeles secundarios."
¿Puede usted ampliar información? Desconocía esa faceta de Don Tod...

Sr. Feliú dijo...

Venerable Abuelito:
Como usted bien sabe nuestro tío Tod fue niño huido, feriante y actor de variedades antes de recalar en el cine. Esto ocurrió hacia 1914 en uno de esos periodos en que estaba en Nueva York sin contrato. Cayó entonces por los estudios de la Biograph para la que trabajaba un tal Griffith, ya un poco harto de que no le dejasen rodar películas de más de un rollo. Con él debutó el tío Tod como actor. Ese mismo año trabajó en varias comedias para la Komic Company. Dirigía habitualmente el actor Edward Dillon y otros comediantes contratados eran los mencionaos Tammany Young y Fay Tincher. La serie de Bill -con una veintena de entregas- provenía de una columna humorística de Paul West. En los periódicos Bill era el botones del diario para el que trabajaba West y en su adaptación cinematográfica el hombre para todo de un abogado llamado James Hadley (Browning), que tontea con la hermana de éste, Ethel (Tincher), que trabaja como mecanógrafa en la misma oficina.
Las tramas son sencillos enredos vodevilescos con abundante humor chusco.
En una foto he podido ver a Browning con bigotillo abalanzándose sobre Tincher con dos tenedores de trinchar carne y en otra, ataviado de sarraceno, con unas barbas inmensas y armado con un alfanje de tamaño natural, dispuesto a degollarla.
Si un día damos con alguna de ellas a lo mejor podríamos ampliar un poco más la información, porque ya le advierto que su primer título con Edward Dillon va sobre una sesión de espiritismo y que en otra encarna al jefe de una barraca de fenómenos.
Por ahora, esperamos haber satisfecho su curiosidad, sus nietos