27 de agosto de 2008

El Gran Mentallo


El hombre con rayos X en los ojos (X, The Man With the X Ray Eyes, 1963), de Roger Corman

¿Recuerdan ustedes al Gran Mentallo?
Yo no he podido olvidarlo.
Trabajaba en una feria, un side-show, al que le condujo una ambición de conocimiento que raya en la blasfemia.Pero es que estamos en el mundo de los científicos alocados de la serie Z.
¿Les resulta un poco confuso? Empezaré con una confesión personal.
Uno iba, mediada la década de los sesenta, a un colegio religioso. Igual podía haber tres mil alumnos que cinco mil. La cosa es que el colegio contaba entre sus instalaciones con un gran salón de actos, con su patio de butacas, su gallinero, su pantalla y su cabina de proyección. Por una módica suma –pongamos, un duro- podía uno asistir los sábados a un programa doble. Yo lo hacía regularmente. De este modo asistí a la proyección de El hombre con rayos X en los ojos, sin que se me ocurriera preguntarme quién era aquel Roger Corman que dirigía la película. Lo que entonces me importaba era la aventura fascinante del doctor James Xavier, empeñado en que el ojo humano fuera capaz de alcanzar toda su potencialidad. “El ser humano es prácticamente ciego; sólo es capaz de ver un diez por ciento del espectro luminoso”. No les cuento si además en el colegio te llamaban “cuatro ojos”, como era mi caso. Probablemente yo no alcanzara más allá del cinco por ciento del mencionado espectro.

Sin embargo, el doctor Xavier (Ray Milland) trabajaba en una solución, una especie de colirio destinado a abrir los ojos del mundo. Ante la ceguera de sus colegas, se ve obligado a probar en sus propios ojos. Su visión se acrecienta. Lo malo del colirio -¿de la sed de conocimiento?- es que genera adicción. Cuando el doctor Brant (Harold J. Stone) intenta detenerle, Xavier le empuja. Cae por la ventana. El doctor se ha convertido en un fugitivo de la justicia. En su proceso de degradación el primer paso es trabajar como mentalista en una feria, con el redundante apodo de “The Great Mentallo”. Para su número de clarividencia se cubre los ojos con una venda que tiene un ojo ciclópeo bordado en el centro.

El feriante Crane (el comediante Don Rickles) se encarga de explotarlo convenientemente en cuanto se entera de que guarda un secreto. De este modo, en un paso más en su descenso al infierno, el doctor Xavier ejerce de curandero. No les voy a contar el final, uno de los más eficaces, de la historia de la serie Z fantástica y a la altura del de El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold.


Volvamos al colegio. El doctor Xavier lo mismo es capaz de diagnosticar correctamente a una enferma a la que un cirujano podría matar que acude a una fiesta en la que ve a todo el mundo desnudo. A pesar de que los cuerpos están convenientemente velados por plantas y muebles, los buenos curas pusieron una púdica mano ante el objetivo durante escena logrando así que nuestras inocentes mentes infantiles imaginaran lo peor.

Sr. Feliú




El hombre con rayos X en los ojos
(X, The Man With the X Ray Eyes, 1963)
Producción: Alta Vista Productions (EEUU)
Dirección: Roger Corman
Guión: Robert Dillon y Ray Russell.
Intérpretes: Ray Milland (Dr. James Xavier, The Great Mentallo), Diana Van der Vlis (Dr. Diane Fairfax), Don Rickles (Crane), Harold J. Stone, John Hoyt.79 min. Pathécolor.


1 comentario:

El Abuelito dijo...

También yo estaba en un colegio de curas por la época que usted dice. Allí daban cine igualmente, para que evitar que los inocentes niños marchásemos por las dudosas salas de reestreno (que fueron nuestra verdadera academia de cinematografía