8 de agosto de 2008

Dos feriantes


El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) David Lynch

No, hoy no vamos a dedicar nuestros esfuerzos al personaje titular, por más que los merezca. La tragedia del fenómeno John Merrick está trazada con tiralíneas por David Lynch en su segunda película, tras la desasosegante Cabeza borradora (Eraserhead, 1977). Vamos a centrarnos en los dos personajes que se interesan (interesadamente) por él.

En primer lugar está sir Frederick Treves, un cirujano del Hospital de Londres, en cuya investigación se basa parte del guión. El responsable de los monstruos es un personaje netamente dickensiano, Bytes. Encarna al feriante Freddie Jones, curtido en el teatro pero de extracción más popular que su rival. Y es que sir Frederick está interpretado con la oportuna flema por Anthony Hopkins, al que ya no podemos separar de su identidad de Aníbal el Caníbal, aunque, como tantos de sus compatriotas es un actor formado en el teatro clásico, a la sombra de Richard Burton y Laurence Olivier. En el hospital hay rencillas, envidias, celos profesionales… Cuando vemos al doctor Treves por primera vez, deambula por una feria: tragafuegos, magos orientales y, por supuesto, una barraca de fenómenos. Situémonos en la Inglaterra victoriana. Sin abandonar los paisajes industriales en que se desarrollaba su primera película, Lynch recurre a un referente indiscutiblemente británico: las películas del terror de la casa Hammer Films. Esta productora reverdeció los días de gloria de los viejos monstruos de la Universal (Drácula, Frankenstein, la momia, el hombre lobo…) y creó un nuevo star system en el que Christopher Lee y Peter Cushing alcanzaron estatus mítico durante los años sesenta. Lynch recurre al director de fotografía más renombrado de entre los colaboradores de la Hammer, Freddie Francis.

También Freddie Jones ha intervenido en dos productos tardíos de la productora El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969) y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Dracula, 1973).

En este ambiente hammeriano, El hombre elefante radiografía la rivalidad entre estos dos hombres por la posesión de tan preciada pertenencia. Para el doctor se trata de su prestigio profesional, para Bytes de su supervivencia. Éste la enmascara como sociedad comanditaria. Argumenta que la barraca es el único medio de vida del que dispone el fenómeno. Pero, frente al humanismo científico del que hace gala sir Frederick, el feriante enarbola su bastón, como un signo de exclamación que subraya su brutalidad.

Sin embargo, ¿qué otra cosa que una exhibición pública es el momento en que el doctor Treves da a conocer a sus colegas “su” descubrimiento? En una escena ejemplarmente planificada, en la que el horror se ve pero no se muestra, el hombre elefante es sólo una sombra sobre la que los punteros van señalando deformidades y ulceraciones. El buen doctor apunta incluso el hecho de que los órganos sexuales de Merrick no están afectados por la hipertrofia que afecta a otras partes de su anatomía.

La película es la crónica de su redención. De la barraca al palco. Su muerte es plácida, después de asistir como espectador a un espectáculo teatral. Pero antes ha debido regresar al infierno de la barraca, donde, ahora sí, hemos conocido el horror en toda su profundidad; un horror hecho de abusos y sordidez.

Sr.Feliú

El hombre elefante (The Elephant Man, 1980)
Producción: Brooksfilms (EEUU)
Dirección: David Lynch
Guión: Christopher De Vore y Eric Bergren.
Intérpretes: Anthony Hopkins (Dr. Frederick Treves), John Hurt (John Merrick), Freddie Jones (Bytes), Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Hannah Gordon, Helen Ryan, John Standing, Dexter Fletcher, Lesley Dunlop, Pat Gorman, Claire Davenport.
124 min. Blanco y Negro.

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