14 de agosto de 2020

Galería de stripteuses 3

Lily Carmen 
Esta Carmen dedicada al striptease en el Japón posbélico no es, desde luego, la de Merimée. Lily Carmen (Hideko Takamine) y su amiga Akemi (Toshiko Kobayashi) se toman unas pequeñas vacaciones y van a descansar al pueblo de la primera. Todo el mundo está pendiente de su sofisticación y sus costumbres desenvueltas. Se supone que son actrices de teatro. Esto, que en su momento cayó en la familia como una bomba, ahora se ha convertido en símbolo de estatus. El padre de Lily Carmen se ve obligado a perdonar. Tanto más cuando todo el pueblo alaba el mundo del arte y de la alta cultura, opuesta a sus tradiciones folklóricas y fiestas locales. Se juega aquí, como en tantas películas japonesas de posguerra, con la contraposición entre tradición y modernidad. La desenvoltura de Lily Carmen y Akemi se leen como signos de la nueva vitalidad desarrollista. Los partidarios de la tradición resultan barridos por este huracán. Maruju (Bontaro Miyake), el usurero del pueblo, se aprovecha para montar una función única. El éxito como bailarinas de las chicas supone la vergüenza suprema para su familia.

En conjunto, la película es una comedia de costumbres amable, con buenas dosis de blandura. Las puntadas satíricas no hacen mucho daño. Si la película supuso un éxito memorable en Japón fue por ser la primera rodada en color mediante un procedimiento autóctono. Aunque Akemi pierde la falda durante una función escolar y cuando salen al campo ambas aprovechan para liberarse de la ropa, el número de baile exótico ejecutado en pareja, sólo podemos verlo una vez, casi al final de la cinta. El momento en que ambas se quitan los últimos velos permanece fuera de campo; vemos sus piernas desnudas y las prendas que caen mientras Keisuke Kinoshita sitúa la cámara para que podamos ver las mandíbulas desencajadas y los ojos desorbitados de los incrédulos campesinos que han ido a empaparse de arte. 

María y María (Las Marías Desnudas) 
Louis Malle utiliza el mismo recurso en ¡Viva María! (1965) cuando Marie (Brigitte Bardot) y Marie (Jean Moreau) van a despojarse de sus corpiños, descubren asombradas que los campesinos sanmiguelinos que han acudido a verlas se han quedado también completamente desnudos.

Como Viva María! se desarrolla en un ambiente circense —el coguionista es Jean-Claude Carrière, el cómplice de Pierre Etaix— volveremos sobre ella con más calma. 

Ángela 
Tan francesa como las dos Marías es Ángela (Anna Karina). Trabaja en el Zodiac, en París. Hace su número vestida de marinero mientras canta una canción. Allí bailan también Cheri-Bibi, con su penacho de plumas, capaz de hacernos descubrir la voluptuosidad salvaje del Amazonas, o Dominique, que realiza sus números con una sombrerera y un paraguas. Detrás de la cámara está Jean-Luc Godard. Como en todas sus películas de este periodo ésta es, ante todo, un rendido homenaje a su mujer, la modelo danesa Anna Karina. Ella es el motivo central: una mujer que es… una mujer, según reza el título español de Une femme est une femme (1960). El ambiente, que no el color ni el formato, le recuerdan a uno los cuadros de José Gutiérrez Solana sobre el descanso de las coristas. Hay tanto escenario como trastienda. Es aquí donde las chicas hablan de sus cosas: de la maternidad, por ejemplo. El drama mínimo de Ángela es que quiere tener un hijo como sea. Emile (Jean-Claude Brialy), su novio, es incapaz de comprender la urgencia. Ángela está dispuesta a pedírselo al primer hombre que se cruce en su camino y el primero es el canalla simpático de Alfred (Jean-Paul Belmondo). Cada tanto regresa al Zodiac, un local rectangular con mesas a ambos lados. En el escenario, un pianista. Las chicas se mueven –bailan sería mucho decir- entre las mesas. Todo en color, formato scope y sonido directo. Godard se enfrenta a estas nuevas herramientas con alegría infantil: nuevos juguetes que romper. La cinta se convierte así en la destrabazón de un musical en un momento en el que los géneros canónicos ya no son posibles. Cuando los intérpretes hablan la música se entremete en su conversación, buscando el ritmo del musical. Los personajes representan para el espectador, lo saludan. Godard utiliza un artilugio de mago, al modo de Méliès: Cheri-Bibi atraviesa un cajón vestida de calle y sale de él preparada para su número de amazona. 

Rachel, Sherry, Diana, Margo… 
Mientras que el gerente del Zodiac es un tipo malencarado y escuchimizado, el propietario del Club Crazy Horse West en Los Ángeles tiene la simpatía y los rasgos de Ben Gazzara en Muerte de un corredor de apuestas chino (The Killing of a Chinese Bookie, 1976).

John Cassavetes conoce los clubs de striptease de Nueva York desde los años cincuenta, cuando era un actor televisivo prometedor y rodaba Shadows (1959) como película radicalmente independiente con los miembros de un taller de interpretación. También ha rodado en París Husbands (1970) con Peter Falk y Ben Gazzara. Aquí ha conocido a Alain Bernardin, el director del legendario Crazy Horse. Por ello Cosmo Vittelli (Ben Gazzara) ha bautizado a su club con el nombre de Crazy Horse West. Cosmo lo hace todo, presenta desde la escalera, recibe a los clientes, prepara las coreografías… Además, mantiene una relación con Rachel (Azizi Yohari), la chica de color del espectáculo. Cuando ésta le descubre haciéndole una prueba –y no hay ninguna ironía en esto porque Cosmo es un amante de la belleza pero también un profesional en lo suyo, tienen una pelea.

La pelirroja Margo (Donna May Gordon) y la rubia platino Sherry (Alice Friedland) eran auténticas strippers en Sunset Boulevard. Azizi Yohari había sido chica Playboy en junio de 1975. Sin embargo, las chicas quedan más definidas en los camerinos que en el escenario. A Cosmo le gusta subir allí y hablar con ellas mientras se preparan. No es el propietario del club sino una figura paterna preocupado por sus pupilas. Como en la película de Godard el voyeurismo está ausente de las representaciones. Mr. Sophistication (el guionista Meade Roberts), maquillado como una cabaretera, arrastra la letra de viejos estándares musicales mientras las chicas crean situaciones “picantes” puramente verbales. En una de sus improvisaciones, Gazzara grita: “¿Qué clase de antro es éste? ¿Es que aquí no se desnuda nadie?”. 

Cathy 
El colmo de la stripteuse “señora de su casa” es Cathy (Constance Towers), una buena chica que no quiere meterse en líos. Intenta convencer a su novio -el periodista protagonista de Corredor sin retorno (Shock Corridor, 1963), de Samuel Fuller- de que no ingrese en un siquiátrico para escribir un reportaje sensacionalista.

Cathy podría haber sido mecanógrafa pero el trabajo en el Club es el camino más rápido para conseguir el dinero con el que poder casarse y ser una perfecta ama de casa norteamericana. Por ahora canta con voz dulce ante un telón con corazones mientras se despoja de una boa de plumas. Sin embargo, los momentos más descacharrantes de su actuación tienen lugar en la cabeza del periodista, en sus fantasías delirantes, mientras duerme o recibe un tratamiento de electroshock.

Las compañeras de camerino de Cathy tienen nombres más sonoros como Bunny o Dolores, pero se dedican a hacer punto y a ponerse y quitarse las pestañas postizas como tantas de sus colegas de profesión (o al menos las que llegan a la pantalla). Posiblemente también ellas terminen siendo afables amas de casa.

Sr. Feliú

7 de agosto de 2020

Galería de stripteuses: Dolly Bell


Les bonnes femmes (Las buenas chicas, 1960), Claude Chabrol

Cuatro buenas chicas
Las cuatro “buenas chicas” del título trabajan en una tienda de aparatos eléctricos en París. Al contrario que sus homólogas romanas o madrileñas de estos mismos años, pizpiretas y dispuestas a encontrar el amor, dejar su trabajo y dedicarse a la maternidad en una sociedad atacada de consumismo, Jane, Ginette, Jacqueline y Rita se aburren mortalmente y sus escapadas amorosas, sus sueños de triunfo terminan siempre en decepción.


Rita (Lucile Saint-Simon) es cortejada por un joven con pretensiones de poeta pero se deja querer por su jefe cada vez que llega tarde.


Ginette (Stéphane Audran) se presenta por las noches en el “Concert Pacra”, una de los más antiguos salones de variedades de París, sito en el número 10 del bulevar Baumarchais desde finales del siglo XIX. Marcel Pacra, un conocido empresario teatral, se hizo cargo de la sala en 1905 y cuando falleció, 20 años después, su mujer puso su nombre al salón. Los espectáculos alternaron siempre canción y variedades. En la película Ginette entona canciones italianas acompañada por la orquesta de Charly Boston (Dominique Zardi) pero la presencia en el gallinero de sus compañeras le impide continuar.


Jacqueline (Clotilde Joano) es la más reservada. Un motorista misterioso (Mario David) la sigue y la protege cuando los gamberros se meten con ella y con sus compañeras en la piscina.


Jane (Bernadette Lafont) es la más dispuesta a un rato de diversión sin complicaciones. Se ennovia con un soldado de permiso, y, sin embargo, acepta la invitación de Marcel (Jean-Louis Maury) y Albert (Albert Dinn) a subir en su Cadillac y arrastra a Jacqueline con ellos. En su deambular abúlico y etílico, de alegría impostada, de narices postizas y comida barata, recalan en el club de striptease donde actúa Dolly Bell.


¿Te acuerdas de Dolly Bell?
Tenemos escasas noticias de Dolly Bell. Nació –o al menos se presentaba al principio así- con el nombre de Bella Cuculi. Era una de las atracciones principales del Crazy Horse desde 1956. Alessandro Blasetti inmortalizó su número en Europa di notte (Europa de noche, 1959).


Participó también en algún otro título del filón que había abierto Blasetti e instruyó a Françoise Brion, que debía interpretar a una bailarina en La dénonciation (La delación, 1962), de Jacques Doniol-Valcroze. Pero si buscan ustedes en la red lo que encontrarán serán referencias a Eumir Kusturica, cuya primera película, Sjecas li se, Dolly Bell? (¿Te acuerdas de Dolly Bell?, 1981), le valió el León de Oro en el Festival de Venecia.


En la escena protagonizada por Dolly Bell en Les bonnes femmes Chabrol juega con el espectador.


Subvierte el “espectáculo” al centrarse en las reacciones que provoca en las dos parejas que han acudido al cabaret y no en el despojamiento de la artista al ritmo de un blues ortodoxo de puro tórrido. Planos de detalle del striptease alternan con encuadres en los que la stripteuse permanece al fondo del plano. Claro, que esta estrategia había quedado establecida en el momento en que Dolly Bell aparece en pantalla: su mano enguantada abre la cortina que vela su presencia a los espectadores yChabrol nos ofrece su punto de vista cuando irrumpe en el escenario. Durante un instante, no somos mirones sino
objeto de la mirada de la artista del desnudo.


Les bonnes femmes
(Las buenas chicas, 1960), Claude Chabrol
Producción: Paris-Films Production (FR) / Panitalia (IT)
Director: Claude Chabrol.
Guión: Paul Gégauff y Claude Chabrol.
Intérpretes:
Intérpretes: Bernadette Lafont (Jane), Stéphane Audran (Ginette), Clotilde Joano (Jacqueline), Lucile Saint-Simon (Rita), Mario David (André Lapierre, el motorista), Ave Ninchi (Madame Louise), Jean-Louis Maury (Marcel), Albert Dinan (Albert), Sacha Briquet (Henri), Claude Berri (André), Pierre Bertin (Monsieur Belin), Dominique Zardi (Charly Boston, el maestro de cremonias), Dolly Bell (la stripteuse)Serge Bento, Karen Blanguernon, Liliane David, Claude Chabrol, , Gabriel Gobin, Philippe Castelli, Jean Barclay, France Asselin, Charles Belmont, Simone Landry, Louison Roblin, Charles Bayard, Henri Attal, Laszlo Szabo.
92 min. Blanco y negro.

17 de julio de 2020

Las asistentes del Gran Sazarac

 
The Misses Stooge (1935), James Parrott 

En el argot del ilusionismo un “stooge” es un cómplice entre el público, un falso voluntario al que el mago recurre y con el que ha pactado un comportamiento determinado. 


Un final 
En The Misses Stooge, Thelma (Thelma Todd) y Patsy (Patsy Kelly) son despedidas del espectáculo de burlesque de Pinsky —canibalizado por Hal Roach de otra producción suya del año anterior, Apples to You! (1934)—, donde deberían bailar un número de claqué. Thelma tiene aspiraciones de grandeza y se ve a sí misma bajando por una gran escalera en un espectáculo de Belasco en Broadway. Cada una decide seguir su camino, pero por la noche se encuentran en el coche que las conduce a sus nuevas ocupaciones. Patsy es la ayudante del mago alemán que conocido como El Gran Sazarac (Herman Bing); Thelma, la “stooge”. 


La actuación tiene lugar en la aristocrática mansión de madame Patterbolt (Esther Howard). Toda la segunda parte tiene lugar durante el acto del Gran Sazarac, con Patsy saboteando el acto a base de torpezas. Cuando el mago queda fuera de combate por un incidente infortunado, Thelma, que levitaba en el aire, una vez retiradas las dos sillas en que se apoyaba, emprende libre vuelo por la casa, sale al jardín y termina suspendida sobre la piscina. Patsy intenta rescatarla desde el trampolín, con las consecuencias predecibles. La secuencia tiene suficientes elementos surreales como para funcionar a la perfección y su resolución resulta más que satisfactoria.


Pero la sesión de magia no ha acabado. El número de la dama desaparecida terminará también con resultados desastrosos y el “gran final” en el que el mago se introduce en una caja contra la que se disparará un cañón conduce a un desenlace tan abrupto como coherente con la inconexa trama: Thelma tropieza con el cañoncito y éste dispara contra los espectadores. La posición de la cámara, al fondo del salón corresponde a nuestro punto de vista. En lugar de satisfacer las expectativas del público –nosotros- buscando una solución al conflicto planteado, James Parrot, el director, opta por reducirlo/nos a cenizas. 


Tres finales 
La hija de inmigrantes judíos Patsy Kelly fue el recambio que Hal Roach buscó para su pareja de payasas femeninas ante la deserción de Zasu Pitss. La tensión entre Thelma y su nueva pareja es más que evidente en las 21 películas de dos bobinas que hicieron juntas. Generalmente Thelma está resuelta a conseguir algo y Patsy se empeña en ayudarla… con resultados desastrosos. 


Thelma Todd tuvo un final trágico made in Hollywood: asfixiada con el dióxido de carbono de su coche en diciembre de 1935. Como en otras ocasiones, hubo rumores de asesinato en el que habrían intervenido el alcohol, el sexo y el gangsterismo todos juntos o por separado. 


Hal Roach intentó emparejar a Patsy Kelly con otras compañeras y produjo para ella un vehículo estelar, Kelly the Second (1936), dirigido por Gus Meins y en el que le daba la réplica el mismísimo Charley Chase. Su notorio lesbianismo le valió el ostracismo en Hollywood y su carrera cinematográfica se estancó en 1943. La retomaría en los más liberales años sesenta con papeles de composición en películas como Rosemary’s Baby (La semilla del diablo, 1969) y regresó a los escenarios donde obtuvo un premio Tony en 1971 por su interpretación en el musical de Broadway “No, No, Nanette”. 


En 1937 Roach realizó una extraña maniobra ideológico-empresarial. El gobierno fascista de Benito Mussolini proscribe de sus pantallas el cine norteamericano después de un tira y afloja por doblajes, aranceles y otras fruslerías. Roach invita a su casa a Vittorio Mussolini, el hijo cinéfilo del Duce. Fruto de este encuentro es el nacimiento de la productora RAM Films (Roach and Mussolini) que pretende aprovechar las nuevas instalaciones de Cinecittà para realizar películas “con artistas italianos y la técnica norteamericana”. En principio se prevé la realización de doce cintas y se inician los preparativos para la adaptación de Rigoletto. Sin embargo, la política antisemita italiana es incompatible con la industria hollywoodense y MGM rompe su acuerdo de distribución con Hal Roach. A partir de 1938 firmará un nuevo contrato con United Artists pero la edad de oro de su estudio ha tocado su fin. Roach produjo algunas películas más, entre ellas éxitos como One Million Years B.C. (Hace un millón de años, 1940), dirigida por su hijo, y las tres entregas de la pareja invisible difunto redivivo Topper (1937, 1938 y 1941). Laurel y Hardy se pasaron a la 20th Century Fox. Roach recaló en la televisión, donde los cortos de Our Gang (en España, La Pandilla) tuvieron una segunda vida. Siguió pensando que Mussolini era un político “con lo que hay que tener” y falleció el día de su centésimo primer cumpleaños, en 1992. 


The Misses Stooge (1935) 
Producción: Hal Roach (EEUU) 
Director: James Parrott. 
Intérpretes: Thelma Todd (Thelma), Patsy Kelly (Patsy), Esther Howard (madame Patterbolt, la anfitriona), Herman Bing (Sazarac, el Mago), Rafael Storm (Duque de Gigolette), Henry Roquemore (Pinsky). 
19 min. Blanco y negro. 

17 de junio de 2020

El gato Félix en el circo y el sideshow


Felix Win's Out (1923), Otto Messmer

Messmer y Sullivan, Sullivan y Messmer
Sobre la paternidad del primer gato animado de la historia del cine hay alguna controversia. Los que aseguran que su creador fue el australiano Pat Sullivan hacen valer que habría inventado el personaje y que produjo centenar y medio de títulos para la Paramount con él como protagonista. Los defensores de la autoría del dibujante de Nueva Jersey, Otto Messmer, lo pintan atado a la tabla de dibujo y considerándose suficientemente pagado con la popularidad de su creación. La cosa es que el gato Félix ha seguido dando guerra en tebeos, televisión y, sobre todo, merchandising, y que la polémica tiene motivos económicos, lo que suele oscurecer el valor de los estupendos cortos de dibujos animados que ambos realizaron a lo largo de los años veinte.

Los dibujos del gato Félix de la época muda son, en general, magníficos despliegues de un onirismo descacharrante. Félix utiliza su cola de quita y pon como un accesorio que se puede convertir en cualquier cosa con entidad autónoma: un bastón, una llave, una lombriz… Sus aventuras tienen lugar en mundos fantásticos, cuando no viaja al espacio exterior o sufre toda clase de alucinaciones, lo que permite a Messmer entregarse a un frenesí de imágenes delirantes. Un ejemplo clásico de este tipo de historias es el clásico de 1930 Felix Woos Whopee en el que el gato se agarra un melocotón de cuidado. Aquí pueden ver los resultados.

Félix, la gorda y el esqueleto viviente
En enero de 1923 se estrena en Estados Unidos Felix Win's Out en la que el gato se enreda en varias aventuras circenses. Félix pasea aburrido. La ciudad es un muermo. Pero todo cambia en el momento en que ve la gran parada circense. Félix se ofrece al payaso para hacer un número en el que salta a través de un aro de papel. Pero sus aventuras no comienzan de verdad hasta que se da una vuelta por el sideshow. Espiando por una rendija de la carpa descubre la imposible historia de amor entre el esqueleto humano y la mujer más gorda del mundo.

Estos amores eran frecuentes en el mundo de los fenómenos, o al menos eso pretendían los feriantes. Como el número del esqueleto humano y el de la gorda solían compartir barraca por aquello del contraste no era raro que al llegar a una ciudad se orquestase un nuevo matrimonio entre ambos. No es el caso de Hannah Perkins y Jonh Battersby, que se casaron en 1870 y compartieron barraca durante muchos años. En noviembre de 1924, casi dos años después del estreno de Felix Win's Out, Pete Robinson –que había exhibido sus veintitantos kilos en los circos de los hermanos Ringling y de Barnum y Bailey y al que seguro que muchos de ustedes recuerdan en Freaks como el afortunado padre de un retoño con la mujer barbuda- contrae matrimonio en Nueva York con Baby Bunny Smith, una hermosa dama de 23 años y 212 kilos. La casera, una tal Mrs. Harris, actúa como testigo y hace las siguientes declaraciones a la prensa: 

Nunca he tenido inquilinos que den menos problemas a la hora de la comida. Son maravillosos. Ella se traga todo lo que él se deja en el plato. Están hechos el uno para el otro”.

La relación no es tan sencilla para la pareja de Felix Win’s Out. Cuando la gorda intenta sentarse en las rodillas del esqueleto viviente la silla se descuajaringa. Félix recurre entonces a la flauta del faquir para solucionar el asunto. Pero el empresario pone por delante el negocio y despide al gato. La venganza de Félix es terrible. Libera a nuestras viejas amigas, las pulgas amaestradas, que provocan una estampida de animales salvajes.

Felix Win’s Out no es uno de los títulos más imaginativos de la serie, pero la ternura con la que Félix contempla la relación entre los fenómenos y la convicción con la que ilustra que contra el aburrimiento cotidiano no hay nada como la vida del circo, la hace merecedora de toda nuestra simpatía. También de la de ustedes, seguro.


Sr. Feliú
Felix Win's Out (1923)
Producción: Pat Sullivan Cartoons (EEUU)
Director: Otto Messmer
Dibujos animados: el gato Félix, el esqueleto viviente, la mujer más gorda del mundo y una pulgas amaestradas.
1 rollo. Blanco y negro. Mudo.

16 de mayo de 2020

Mirando hacia atrás con ira



The Entertainer (El animador, 1960), Tony Richardson 
EL DRAMATURGO británico John Osborne dio nombre a toda una generación con “Look Back in Anger”: los jóvenes airados. Este movimiento teatral y literario tuvo su par cinematográfico en el grupo que había promovido el movimiento documentalista conocido como “Free Cinema”. Los nombres propios se encuentran en cualquier enciclopedia: Karel Reisz, Lindsay Anderson, John Schlesinger, Tony Richardson…
Richardson precisamente fue uno de los responsables del montaje en el Royal Court Theater de la obra seminal de Osborne. Ocurría esto en 1956. La obra supuso un gran éxito pero también un estruendoso escándalo. Laurence Olivier, siempre atento a lo que se cocía, decidió que no quería dejar pasar aquel tren y se puso en contacto con el joven dramaturgo para que le hiciera un traje a medida. Y Osborne parió un drama en el que los viejos comediantes funcionan como iconos de lo que los jóvenes airados denunciaban: el apolillamiento del imperio.

¿La excusa? El teatro de variedades en decadencia ante el empuje televisivo, el tono rijoso teñido de patriotismo de sus números, la realidad de una guerra contemporánea con la movilización de tropas hacia Suez. Con estos mimbres tejió Osborne su ácido retrato de la realidad contemporánea.

Jane Rice (Joan Plwright), profesora en un centro de arte, regresa al hogar familiar en la ciudad costera de Morecambe después de una disputa con su novio. El panorama es desolador. Su padre, Archie Rice (Laurence Olivier) es un cómico en decadencia con un espectáculo rutinario de chicas y canciones que mantiene a pesar de su poco éxito en el Teatro Alhambra. Él mismo expone su programa de vida: “Siempre he buscado algo... He buscado una cerveza que durase toda la noche sin acabarse, que te emborrachase bien y que fuera barata. Votaría por el hombre que me ofreciera eso”.

Archie sigue empeñado en montar el espectáculo que le otorgará fama y dinero, mientras que sus continuos amores adúlteros y sus sarcasmos han sumido a su segunda mujer, Phoebe (Brenda De Banzie) en el alcoholismo. Con ellos viven el padre de Archie, Billy (Roger Livesey), artista de music-hall retirado, y los dos hermanos de Jane. Frank (Alan Bates) echa una mano a su padre en el teatro, en tanto que Mick (Albert Finney) debe partir como soldado a la campaña de Suez.

Archie colecciona amantes jóvenes, como si así pudiera detener el tiempo que se le acaba. En un concurso de belleza se las arregla para seducir a la joven Tina (Shirley Anne Field). No contento con eso, convence a los padres de la chica para que inviertan en su nuevo espectáculo. Billy, ante la amenaza de Archie de abandonar a Phoebe, les abre los ojos a los inexpertos inversores. La situación es catastrófica, porque Archie se ha dedicado a pulirse el dinero antes de tenerlo en la mano.

Mick muere en el campo de batalla y Frank propone a toda la familia viajar al Canadá, donde el hermano de Archie tiene un hotel. Pero el cómico se las arregla para enredar a su padre en un nuevo espectáculo: mujeres desnudas y la sabiduría del viejo music-hall es lo que necesitan para triunfar. No les cuento el final, pero ya se pueden imaginar que Archie lo tiene bastante complicado para convertir sus sueños en realidad. 

Aunque la película le valió una interminable serie de premios a Laurence Olivier –además de casarse con su joven protagonista, Joan Plowright- hoy es una de las más olvidadas de aquellos años, enterrada entre la programática Look Back in Anger (Mirando hacia atrás con ira, 1958), la contundente The Loneliness of the Long Distance Runner (La soledad del corredor de fondo, 1962) y la exitosa Tom Jones (Tom Jones, 1963).

Denle ustedes una oportunidad porque, aunque hija de su tiempo, The Entertainer es un hermoso epitafio de un mundo que agoniza.
Sr. Feliú




The Entertainer (El animador, 1960) 
Producción: Woodfall Film Productions (GB) 
Director: Tony Richardson. 
Guión: Nigel Kneale y John Osborne, basado en la obra homónima de Osborne.
Intérpretes: Laurence Olivier (Archie Rice), Brenda De Banzie (Phoebe Rice), Roger Livesey (Billy Rice), Joan Plowright (Jean Rice), Alan Bates (Frank Rice), Daniel Massey (Graham), Albert Finney (Mick Rice), Shirley Anne Field (Tina Lapford), Thora Hird (Mrs. Ada Lapford), Miriam Karlin (una soubrette), Geoffrey Toone (Harold Hubbard), MacDonald Hobley (la estrella de TV), Anthony Oliver (el entrevistador), Max Bacon (Charlie Klein), George Doonan (Eddie Trimmer).
105 min. Blanco y negro.

19 de marzo de 2020

Galería de stripteuses 2

Lenny (1974), de Bob Fosse

Hot Honey Harlow 
De la tradición del burlesque surge también Hot Honey Bruce (Valerie Perrine), la mujer del cómico Lenny Bruce, encarnado en la pantalla por Dustin Hoffman. La película de Bob Fosse parte de la biografía de Lenny escrita por ella después de la muerte del humorista por sobredosis. Las entrevistas filmadas con Honey, la madre de Lenny y su representante sirven para puntuar la afluencia verborreica de Lenny. El guión recorre la carrera del joven cómico judío desde los pequeños clubs de striptease de Nueva York, a Los Ángeles y Hawai. Durante este periplo Lenny se transforma, de simple imitador del actor Jimmy Durante, conocido como “narizotas”, en un comediante militante contra el puritanismo y el sistema judicial norteamericano. Esta evolución es paralela a la de la caída de Honey Bruce en la drogadicción a consecuencia del tratamiento derivado de un accidente automovilístico. En un momento, cuando su familia se traslada a California, Lenny trabaja como humorista en el club Duffy. Allí hace las presentaciones de Cindy la contorsionista o de Baby Babylon “and his travelling rush”, dos stripteuses de nombres sonoros. La actriz Valerie Perrine conocía el percal de primera mano. Tejana, hija de un militar que iba de destino en destino, había cursado un curso de psicología antes de iniciar su carrera como showgirl en Las Vegas. Después de una etapa de hippismo se estableció en Hollywood donde debuta en Matadero Cinco (Slauughterhouse Five, 1972). Por su interpretación en Lenny fue candidata al Óscar como mejor actriz.
Sr. Feliú
Hemos encontrado estos dos archivos que, de momento, nos pueden acercar a la auténtica Hot Honey Harlow. En el primero de ellos, podemos ver a la artista interpretando el papel de novia en una delirante película. En la segunda queremos reconocer a la stripteuse hacia el minuto tres, pero confieso que puede tratarse de una alucinación producida por mis ganas de encontrar algo de ella.
Sr. Méliès