14 de enero de 2009

Antonio Casal, fugitivo de la rutina


Antonio Casal Rivadulla
Santiago de Compostela, 10 de junio de 1910
Madrid, 11 de febrero de 1974

CASAL representó al hombre común en un cine cuajado de héroes. En la inmediata posguerra, entre tanto ídolo bélico y tanto galancete envarado, Casal puso la nota de humanidad melancólica que ahora (y entonces) mejor representa aquella época.

Se quejaba a su primer maestro en las tablas, Jesús Tordesillas, de que cada vez que aparecía en el escenario la gente se echaba a reír. Tordesillas le quita hierro:
–Lo tuyo es un don. Aprovéchalo.

Rafael Gil lo hizo para el cine en una serie de comedias rodadas para la productora Cifesa a principios de los años cuarenta: El hombre que se quiso matar (1941) y Huella de luz (1942), de dos relatos de Wenceslao Fernández-Flórez, Viaje sin destino (1942)... Queda de aquella colaboración, ya se ha visto aquí, su protagonismo absoluto en El fantasma y doña Juanita.
En unas tempranas memorias cuenta Casal sus primeros contactos con el mundo del espectáculo. Estudia para marino en El Ferrol y contabilidad en la Escuela de Comercio de La Coruña. Es un decir, porque no abre los libros ni en fecha de exámenes. Sus padres se preocupan. Antoñito confiesa que él quiere ser artista.
–¡Artista! ¿Cómo artista? ¿Artista de qué?
–De lo que sea: de teatro, de cine, domador, trapecista, tonto de circo…
–Eso es lo que eres: tonto… pero de capirote.

Con ocasión de una visita del Circo Feijoó a su ciudad, Casal se ofrece para ayudar a colocar las sillas y lo que sea a cambio de un pase. Para “Cuentos de la pista” (Epesa, 1946) escribe un relato titulado “Tragedia íntima” que es como un vuelo fantástico a partir de esta anécdota autobiográfica. Y llega el momento de la fuga de casa en la mejor tradición del cómico vocacional. ¿O no? Casal no deja constancia de esta huida, pero la leyenda lo requiere…
Tanto da. La cosa es que la rutina no pudo con él. Primero fue el teatro, luego el cine y, finalmente, la revista. Al final de su carrera, no había ciudad por pequeña que fuera a la que no llegara la compañía de Casal y Ángel de Andrés con sus esculturales vedettes.

Antonio Casal: galán anómalo, maestro del patetismo, payaso contable, tronchantemente melancólico, paradoja hecha carne… fugitivo de la rutina.

Sr. Feliú



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CASAL. Antonio.
Mi vida.
Ediciones Astros, Madrid, 1943.

3 comentarios:

El Abuelito dijo...

Galán anómalo, usted lo ha definido bien, y estrella eterna y desvalida: siempre se le amará en Camarote de lujo, en la torre de los siete jorobados, hasta como madurito e improbable Don Juan en El diablo en vacaciones.... desconocía, nunca es tarde para aprnder, su faceta de empresario revisteril: maravilloso colofón.

Sr. Feliú dijo...

Y no olvide (olvidemos) "Huella de luz", en la que tuvo una vez más como pareja a la bellísima Isabel de Pomés.
Ni "Viaje sin destino", película recomendabilísima para un amante de los caserones encantados como usted. Su guionista, el humorista José Santugini, fue colaborador habitual de "Buen Humor" en los años veinte y de "Blanco y Negro" en los treinta. Durante la década de los cincuenta, la última de su vida, fue el guionista habial de Ladislao Vajda.
Gracias por la visita y el comentario, sus nietos

campanilla dijo...

Hola! quería mandar una felicitación por la web, me gusta mucho. Y además muy contenta de que se recuerde aquí al gran actor Antonio Casal. Yo soy una chica joven, de treinta y tantos, y este actor siempre ha sido muy entrañable para mí; y siento que la juventud de ahora no lo conozca, por lo menos la gran mayoría. Era un actor genial.
Un saludo, y gracias por recoger aqui tantos actores, actrices, peliculas,.... artistas en general que nunca deberían olvidarse y deberíamos mantener siempre en el recuerdo.